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Fogonazos. XXXI: De vuelta de París

Después de la extraña experiencia nocturna de hace dos días, y ya solos, teníamos la mañana libre antes de iniciar el regreso y la dedicamos a una de nuestras mayores aficiones en cualquier ciudad nueva o que no acaba de ser del todo conocida. Este último es el caso de París de manera que ya vamos cercando poco a poco el lugar óptimo. Creo que la rue Jacob está muy cerca de llegar a ser nuestro óptimo. Pero siendo más concreto me atrevería a decir que, si me dejan, me quedo, no con el Louvre o el palacio Real como residencia, sino con esa casita que alberga el museo de Delacroix en la rue Fustemberg.En ella se puede vivir, trabajar y cuidar la huera sin necesidad de estar en el campo. Y además siempre cabe una ronda por los alrededores al caer la tarde y siempre que no haga mucho frío para enredar en cualquiera de las librerías del barrio y que están entre las mejores que conozco. Me compro dos libros de los que ya les hablaré y me doy cuenta que se sigue traduciendo antes en la “cerrada” Fancia que en la “abierta” España.

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