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Boli y servilleta

lulu
Provisto de boli y de un cuadernito de servilletas he pasado dos días zascandileando por ahí con tiempos muertos en estaciones y aeropuertos, trenes y aviones, sin duda los mejores lugares para dejar que el pensamiento se piense a sí mismo sin direcciones predeterminadas. Así esperaba yo volver con servilletas hechas cuerpo.

En un viejo café lleno de jubilados y jubiladas, seguramente viudas, tomo nota de esta frase sacada de una crítica del FT a la puesta en escena reciente de «Lulú», la ópera resultado de la colaboración de Berg y Wedekind e inquietante visión de una época con el subconsciente al aire. Traduje allí en el café, después del bollo suizo mojado en un descafeinado con leche y sin cuidado la siguiente frase de la crítica (los enlaces son míos)

El epítome de… la belleza es una figura con forma de mujer de goma sin rasgos faciales, como una caricatura de Grosz de una pintura de Francis Bacon.

Releo y pienso: lo evanescente como volutas de humo se hace carne y comienza a descomponerse hasta convertirse en trozos de basura orgánica.

Recojo mis aperos de labranza del lenguaje y camino hacia la próxima reunión.

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