en miniposts

Fogonazos XVI:El calcetín y el gato

bastetEn mis días taciturnos de la adolescencia, y ante mis silencios en la mesa, mi madre solía preguntarme sardónicamente: Qué, ¿te ha comido la lengua el gato? He recordado ese dicho cuando el otro día lo que se me comía el gato, o quizá fuese un ratón, era un calcetín. Era un día en el que había decidido alargar mi camino a la oficina para quemar azucar. Poco a poco el calcetín se me fue bajando escurriéndose debajo del talón. Pensé pararme para solucionar el trastorno, pero no lo hice inmediatamente. Sin embargo llegó un momento en el que el talón protestó. Paré, me acerqué a un banco, puse mi cartera sobre él y el pie dolorido sobre la cartera y entonces lo ví entre las rendijas del banco: era negro y me miraba resistiendo mi mirada descataratarizada.

Escribe un comentario

Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.