El Americano Perfecto y lo agónico

the perfect americanMe gustó El Americano Perfecto, la última ópera de Philip Glass. Podría escribir sobre la relativamente rara música, sobre la orquestación límpida, sobre la puesta en escena como una versión encantada del baile de los siete velos, y sobre la textura tímbrica de los cantantes principales. O, desde luego, de la desagradable figura de Walt Disney, un caballero del sur con todas sus connotaciones. Pero lo que de verdad quiero es destacar la aparente imposibilidad de Glass de no enredarse, en este caso al menos, con los problemas de la propiedad intelectual, un tema que no creo haya formado parte nunca del libreto de una ópera. Asistir a la seguramente más reciente de las óperas puestas en escena y escuchar cantar sobre esta cuestión me reconcilia con este espectáculo que a veces parece atraer solo a los que se emocionan con el brindis de La Traviata.

Que el único personaje amable del libreto sea un dibujante acusado por Disney de ser un comunista y de haber tratado de organizar un sindicato es, convendrán conmigo, algo insólito. Especialmente cuando este hombre sureño lleno de ambición luciferina y especulador disfrazado de emprendedor no dibujó ni una sola de las viñetas que le hicieron un emperador del entretenimiento aunque sí que recibió, o lo hicieron sus herederos, todos los royalties. De esto hemos discutido mucho en este blog y el reciente elogio de Aaron Swartz no estaba alejado de esta preocupación permanente sobre lo que tan bien ilustra la captura de rentas como señal del capitalismo que declina, algo que todavía no acaban de ver intelectuales solventes como Savater quien, en su artículo de El País sobre este «Hacker bueno» se atasca en la calificación de robo, puesto que se trata de una violación del derecho de propiedad. El asunto consiste justamente en discernir si es bueno que ciertos «productos» sean apropiables.

Y sin embargo casos como el de WiliLeaks o el de Megaupload, deberían ser estudiados desde el punto de vista de nuestro hegemónico capitalismo que se ahoga en su propio éxito, inmovilizado ante lo que no entiende. Como dirían Laclau y Mouffe esta hegemonía que olvida a los marginados suscita antagonismos y éstos han de ser agónicos porque ya no podemos creer en la Verdad excepto en cuestiones meramente formales o en los pocos y estrechos casos en que la palabra parece corresponder a la cosa. Claro que pienso que el teorema de Pitágoras es cierto y, desde luego, debe ser verdad que lo que sea la penicilina cura infecciones. Pero no puedo creer, por ejemplo, que el Estado sea como la penicilina o que el equilibrio presupuestario sea necesario en el mismo sentido en el que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma del cuadrado de los catetos.

En efecto, sobre la forma de organizar la convivencia no excluyente no hay Verdad que valga y solo cabe el antagonismo que, para ser civilizado, ha de ser necesariamente agónico pues ha de corresponder a una conversación y no a un diálogo por utilizar la terminología utilizada en este post. Si además volvemos a leer la cita de Foucault del último post, convendremos que el autoritarismo, aunque sea el de la ciencia, no es de recibo. El autoritario no pone en juego su vida y no se puede decir verdad sin poner en juego la vida.

Creo que Rorty en algún lugar decía algo así como que la democracia va antes que la verdad o que la filosofía. No puedo encontrar la cita precisa, pero esta recensión del llorado Rafael del Aguila sobre un libro del maestro pragmatista es apropiada a lo que aquí se quiere decir. Algo, por cierto que el Walt Disney endiosado no hubiera podido entender.

Decir verdad y conversación

foucault-ditsComo complemento de las frases que cite del libro de Vattimo y Zabala, ofrezco hoy lo que escribí hace tiempo presumiendo de lector de contraportadas y que me permitía citar una frase clarividente de Foucault.

Esto es lo que dice Foucault:

Rien n´m est plus inconsistant qu´un regime politique quie est indifferantá la verité:mais rien n´est plus dangereux qu´un système politique qui prétend prescrire la verité. La fonction du “dire vrais” n´a pas à prendre la forme de la loi, tout comme il serais vain de croir qu´elle réside de plein droit dans les jeux spontanés de la communication. La tache du dire vrais est un travail infini: la respecter dans sa complexité est une obligation dont aucun pouvoir ne peut faire l´économie. Sauf á imposer le silence de la servitude.

Y esta fue mi traducción:

Nada es más inconsistente que un régimen político que es indiferente a la verdad: pero nada es más peligroso que un sistema político que pretende prescribir la verdad. La función “decir verdad” no tiene que tomar la forma de la ley, de la misma forma que sería vano creer que reside de pleno derecho en los juegos espontáneos de la comunicación. La tarea de decir verdad es un trabajo infinito: respetarla en su complejidad es una obligación que ningún poder puede escatimar. Salvo (que quiera) imponer el silencio de la servidumbre.

«Decir Verdad» es una tarea efectivamente infinita y cualquier brote de intento de haber llegado al final debe ser tomado como un peligro evidente de autoritarismo. Ese autoritarismo que ya esta en todo dialogo entre poderosos y que solo esta ausente en una conversación.

Una rectificación sin importancia

Un amigo me hace ver con pruebas documentales que la memoria me traiciona en esta materia de Amy Martin. En efecto en la Summer school del 2005 en la que Carlos figura como coorganizador no llego a ir a San Sebastian porque acababa de incorporarse a la Moncloa. Mis conversaciones con ambos, Carlos e Irene Zoe, ocurrieron el verano anterior que es cuando Carlos se sintió indispuesto. Esta corrección no cambia en absoluto el sentido de lo que dije. Y a ello me atengo

El ejemplar caso de Amy Martin

Amy MartinEn la penuria televisiva en la que nos movemos acabo muy a menudo contemplando asombrado algunas tertulias que ya están en su pensamiento mucho más alla del principal partido conservador español y apuntan maneras entre autoritarias y populistas. Les ha venido dios a ver con lo que llamaré casos L.B. y Amy Martin pues así pueden meterse simultáneamente con los dos partidos mayoritarios. Cito ambos casos para comenzar a fin de anunciar que de lo que quiero escribir es de pseudónimos y de scretos o si se quiere, en el caso que más me interesa, el de Amy Martin, del «negro» o del ghost writer, una figura que me interesa mucho, entre otras razones, por haber sido yo mismo y ocasionalmente un negro.

Me concentraré pues en el caso de Carlos Mulas y su exmujer Irene Zoe Alameda. Mi intención declarada es defender a ambos y criticar auna sociedad que no entiende la necesidad de salir de un armario del que nadie habla y que nada tiene que ver con la captura de rentas, de un armario que nos hemos fabricado a fin de identificarnos como alguien cuando lo que todos queremos es ser varios a la vez. Carlos e Irene se fabricaron un armario muy aceptado, e incluso bien visto, de economista y filóloga que se les quedaba estrecho ya cuando les conocía pues ambos son mucho más que eso.

Carlos estudió su licenciatura en la Carlos III, una institución puntera en Europa y que cuando Carlos comenzó su carrera iniciaba sus primeros y entusiastas años. No le dí clase directamente pero le detecté pronto y acabé acudiendo a él en varias ocasiones cuando ya había dado sus propios pasos como postgraduado y coqueteaba con la idea de largarse a hacer su doctorado en los EEUU. Se trataba de alguien que no se contentaba con una carrera estándar y que intentaba seguir sus propias inclinaciones hacia campos propios de la Economía Política o de la Economía Institucional o incluso de la Politología. Por esa razón y porque había mantenido contacto con él le pedí apoyo para organizar la Summer School de la FUE correspondiente al verano del 2004 dedicada al diseño y las consecuencias de las constituciones. Apoyó que proporcionó de manera totalmente desinteresada.

Desgraciadamente no pudo disfrutar mucho del resultado de su organización pues se puso muy malo en San Sebastián y tuvo que volver a casa a pesar de los cuidados de Irene Zoe y no antes de que yo tuviera ocasión de charlar con ellos sobre asuntos nada convencionales y muy ambiciosos intelectualmente. Se repuso bien y continuó su su carrera vital que yo diría le llevó a New York a estudiar con quien quería y sacar su doctorado. Me extraña por eso que se diga que es doctor por Cambridge pero es posible que su maitre à penser se desplazara a Cambridge (¿U.K. o Mass.?) y acabara presentando su tesis en esta Universidad.

A partir de aquella accidentada, para él, Summer School, dejé de verle aunque seguía sus progresos académicos y luego su trabajo de intelectual comprometido ya fuera en la Moncloa ya fuera en la Fundación IDEAS, dos instituciones a las que ha contribuido mucho. Hace unos pocos años retomamos contacto, pero a pesar de las buenas intenciones de vernos más a menudo ya solo he sabido de él por lo que escribía y muy bien por cierto. Hasta hace unos días.

No sabía nada de su separación matrimonial, pero se me hace difícil creer que dos personas como el Carlos e Irene Zoe que yo conocía, hayan sido crueles el uno con el otro. Es una materia que de la que no sé nada y que, en cualquier caso, no me correspondería juzgar o airear. Me atengo a lo que ha contado ella y para empezar me alegro de saber que ha podido seguir su camino y escribir y hacer cine. Pero de lo que me alegro todavía mucho más es de que haya salido del armario del que antes hablaba y se haya construido un seudónimo (que espero no sea único) y le sirva para desarrollar su verdadera personalidad que, como la de todos, es multívoca. Se puede pensar que exagero, pero a falta de más información, Amy Martin se me aparece como una heroína de la innovación personal. Y espero que, sea cual sea su papel en materia de euritos, Carlos haya colaborado en este experimento en liberación de las cadenas más sutiles que hay.

Si la Fundación IDEAS desea hacer algo más que lo que ha hecho hasta ahora, siendo lo que ha hecho encomiable, debería ir más allá de lo que parecería sensato y ser fiel a su mandato y, en estos tiempos «prerrevolucionarios» en sentido débil, atreverse a encarar de una vez lo que define nuestro mundo poniendo al frente de sus actividades a Carlos e Irene para que nos cuenten por qué y cómo quizá el camino de la libertad esté justamente y por ejemplo en la cinematografía nigeriana.

En la muerte de Aaron Swartz

aaron-schwartzLeí en The Economist su obituario y hoy El País se hace eco de su fallecimiento a la edad de 26 años. Le llamaban pirata pero, como ya dije hace muchos años, el pirata informático es el héroe de la innovación. Y Aaron fue un heroe. El obituario del semanario británico termina diciendo que una vez, con unos 16 años, escribió algo así como que no le importaría morir siempre que su disco duro…

…fuera hecho publico y disponible, sin nada borrado, sin nada retirado, sin nada secreto, nada cobrado, toda la informacion a plena luz como todo debiera estar

Su heroicidad mayor fue romper las barreras de seguridad de JSTOR (que se condolece por el fallecimiento de su pirata) hasta dos veces para poner a disposición de todo el mundo artículos científicos de manera que las universidades no tuvieran mas remedio que seguir pagando las correspondientes suscripciones a esas revistas que los contenían.

Como estos días doy los últimos toques un articulo que he escrito, tratando de citar con mucho cuidado las referencias utilizadas con fecha, volumen, y paginas que las contienen, me las veo y me las deseo para cumplir con mi tarea académica cuando esto no haría falta para nada si por el medio STOR no cegara artificialmente el acceso a los journals apoyando asi a las editoriales. Cualquiera que pase por este trance deberá reconocer conmigo que perderíamos menos tiempo si pudiésemos disfrutar del trabajo de un Hacker como Aaron Swartz.

Como homenaje voy a reproducir algunos párrafos de lo que escribí hace años con ocasión de la presentación del libro «De las Naciones a las Redes».

Veamos

El hacker pone en entredicho por primera vez la separación teórico-económica entre productor y consumidor. Un hacker es, en principio, un usuario privilegiado y experimentado de internet que explora un territorio nuevo lo mismo que los pioneros exploraban la frontera del far west. Pero esa exploración le lleva a convertirse en productor ya que, en su exploración, rompe los códigos cerrados (como el cowboy derriba las vallas de alambre de espino erigidas por los agricultores), [[ética hacker|elabora nuevo código e insiste en que éste está disponible para todos]]. Es decir son productores de código abierto además de usuarios.

Timothy Garton Ash nos daba en El País una pincelada de los valores que definen a una u otra faceta de los hackers aunque él no se refiere a éstos:

la faceta productiva se basa en que las personas se rijan por valores como el esfuerzo, la puntualidad, la disciplina y la voluntad de aceptar una gratificación aplazada. En cambio, la faceta consumidora se basa en que sean expansivas y dadas a permitirse caprichos, buscar el placer y vivir el momento.

Lo interesante de esta distinción es que hoy se puede aceptar la gratificación aplazada y simultáneamente vivir el momento. Y esta mezcla es muy de hacker.

Poniéndome más técnico diría que un hacker es un experto en el manejo de Internet, un usuario- productor que parece vehicular algunos valores que voy a tratar de destilar de las características personales de mis hackers favoritos y de algunas de las pocas publicaciones que existen al respecto. He aquí esos valores.

  1. La libertad es, sin ningún género de dudas, su valor primordial y es para un hacker más importante que la felicidad: jamás admitirán una solución informática, aunque sea perfecta, si no pueden observar sus interioridades y manipularla.
  2. No creen en los excesos de los derechos de propiedad intelectual (más allá del reconocimiento de autoría que reivindican con fuerza) y están dispuestos a compartir sus soluciones o sus creaciones para sentirse así como parte de una aventura colectiva en pos de la tierra de la abundancia en donde ya no importa la propiedad privada sino que sólo importa el acceso a las cosas buenas de la vida.
  3. A pesar de que se sienten hoy por hoy parte de un movimiento cultural que va más allá de las TIC, su individualismo y su orgullo de autor son proverbiales, de forma que sólo responden a incentivos intelectuales asociados al reconocimiento de su inteligencia creadora contribuyendo, de esta manera, al mantenimiento de la diversidad dentro de ese movimiento cultural amplio.
  4. Su racionalidad no es la funcional, sino que muestran rasgos importantes de racionalidad expresiva al ser una de sus máximas aspiraciones la de ser reconocidos como hackers.
  5. Como son a la vez usuarios y productores saben que la identidad es algo muy real con lo que se puede jugar, aunque no gratis, y no tienen más remedio que afrontar lealtades múltiples.
  6. Esto último hace de ellos seres contradictorios que se mueven a impulsos y mediante proyectos concretos al servicio de causas diversas a las que sirven con una u otra de sus lealtades o de sus identidades.
  7. Es justamente su doble condición de usuario y productor, además de la intangibilidad de su producto, lo que justifica su aversión al trabajo asalariado.

Es muy esclarecedor comprender cómo trabajan los hackers y deducir las consecuencias de esa manera de trabajar. Los hackers trabajan en red, es decir no están sujetos a ninguna jerarquía ni poseen un centro de referencia. Podríamos decir, siguiendo la terminología de Deleuze y Guatari, que conforman la figura postmoderna del rizoma que se opone a, y contrasta con, la figura moderna del árbol ya estemos hablando de ciencia, de tecnología o de relaciones industriales. Ahora bien, esa forma de trabajar tiene consecuencias importantísimas.

  1. Como no tienen más remedio que reconocer su doble personalidad de usuarios y de productores, los hackers resultan ser los personajes adecuados para potenciar en la red la formación de otras redes identitarias no centradas en aspectos técnicos sino referenciados a cualquier rasgo común. Es decir son los netweavers (o tejedores de redes) ideales.
  2. Esta proliferación de redes solapadas (ya que cada ciudadano puede pertenecer a varias) ensancha y completa los mercados lo que puede y debe traer consigo un incremento importante de la productividad.
  3. La última consecuencia de la manera en que trabajan los hackers es que el tejer y destejer de redes identitarias (el netweaving) va a acelerarse. En efecto, de acuerdo con Akerlof y Kranton, la permanencia de una identidad depende de los valores de unos parámetros que reflejan tanto el coste de separase de la comunidad como el castigo que hay que cumplir para reintegrarse en ella. Lo que la capacidad de tejer redes de los hackers va a traer consigo es un cambio en el valor de esos parámetros en la dirección de facilitar su formación y su liquidación. Algunas redes permanecerán bastante tiempo impulsadas por un efecto-red significativo; pero otras redes, y en última instancia todas ellas, acabarán deshaciéndose. En estas condiciones se facilita la formación temporal de teams productivos temporales que producirán esos nuevos bienes que mantienen al sistema económico mediante la destrucción creativa.

Y terminaba con un parrafito que ofrezco para cerrar este homenaje a la figura de un héroe.

En resumen quizá poco afortunado, un hacker es como el pirata de Sabina cuya vida el poeta elegiría entre todas las posibles: «La del pirata cojo, con pata de palo, con cara de malo, con parche en el ojo». Solo tienen de malo la cara, luego son leales a los miembros de su comunidad; pero derrotan como los toros peligrosos quizá porque son cojos o solo ven por un ojo; pero sí, son piratas como el corsario negro enamorado de Yolanda y condenado a vagar por el mundo por un pecado original cometido en el Piamonte.

Let us wake up to beauty

Snow White ate the apple... 2by ~Lilou1984Creo haber puesto al punto final a un trabajo que retoma, después de cuarenta años, el descubrimiento arqueológico del que escribí varios posts empezando por este y terminando por este otro. Podrá encontrase próximamente como un trabajo en curso con el mismo título que este post. De momento puede verse aquí casi terminado del todo. En espera de comentarios de referees profesionales, sería estupendo poder hacerme una idea de un aspecto diferente del trabajo. Me refiero a lo que acarrea de «venganza» generacional por el mero hecho de afirmar que las cosas habrían ido mejor si un filtro nada mágico no hubiera puesto a dormir a toda una manera de pensar en Economía por el mero hecho de la dificultad de su formalización. No solo se pretende despertar a la bella durmiente, sino despertar nuestros sentidos a esa belleza que solo se menciona en las explicaciones sobre la deriva de las ideas cuando se refiere a formalizaciones matemáticas y no a la llamarada deslumbrante de una idea.

XXXVI: Flexibilidad

defeat-the-kaiser-and-his-u-boats-eat-less-wheat-wwi-war-propaganda-art-print-posterLa fuerza del imperio británico estaba en la forma en que las distintas clases convivían como si pudieran hacerlo no encarando la lucha de clases, sino simulando que no la había. La debilidad alemana ha sido siempre la convicción de las soluciones óptimas son siempre posibles y, por lo tanto, pueden y deben ponerse en práctica. Los alemanes parecen partidarios del first best en cada problema y en toda ocasión. Los británicos parecen tener un gusto especial por las soluciones second best.

El problema con el first best es que si hay varios (y puede haberlos dependiendo de lo que entendamos por best) no pueden ser comparados entre ellos mostrando así de manera casi cruel que el concepto es casi contradictorio. La lucha entre uno u otro ha de ser a muerte: «todo» está en juego. La ventaja del second best es que ya sabemos a lo que renunciamos unos y otros y cabe un tipo de arreglo más o menos sostenible en el tiempo aunque puede romperse en cualquier momento y no por una lucha a muerte sino casi por experimentar nuevas aventuras o placeres desconocidos o experiencias exóticas pues, en realidad, «nada» está en juego.

De esta forma parece que el contraste es parecido al que podríamos establecer entre la seriedad de una sociedad germánica en la que la literatura es total, la filosofía tiene vocación eterna, la economía no es autónoma y la moral no tiene fisuras, y una sociedad anglosajona en la que la literatura es aparentemente frívola, la filosofía tiende al relativismo pragmático, la economía es como una mónada que de nadie recibe el ser y la moral es más o menos laxa. En el contexto económico actual, el contraste que intento describir se traduce en las recetas impuestas por Alemania en Europa frente a la práctica seguida en sociedades como la estadounidense.

¿Cómo es posible que en los últimos enfrentamientos hayan ganado siempre los anglos a pesar de comenzar las confrontaciones perdiendo? Pues porque la sociedad germánica es muy firme y tiesa pero se casca con cierta facilidad, mientras que la sociedad anglosajona es muy flexible y casi nunca se casca, sino que más bien utiliza su flexibilidad para darse impulso, como en el salto de pértiga. Si la sociedad germánica quiere darse impulso utiliza una garrocha que es tan poco flexible como mi cuello dento del que resuenan unas cervicales que se resisten a acomodarse al movimiento. Hay que ser un poco anglosajón para aceptar que pértiga y garrocha no solo no son siempre lo mismo, sino muy a menudo son bastante diferentes: nadie pica un toro con una pértiga.

Alemania y Japón hoy

Revista imperial de tropas

Ayer noche me tragué una vez más la película «Vencedores o Vencidos» (un título que no entiendo) con el corazón en un puño, la misma unción de siempre y con la misma duda de siempre sobre la legitimidad de los juicios de Nuremberg (su verdadero título en inglés) y sobre la primacía incondicional de la Verdad. Ni siquiera la excelsa presencia de la Dietrich consiguió despistarme y, como siempre, creo que entiendo el mirar para otro lado con el que se defienden los jueces juzgados.

Esta mañana me he enterado de la muerte de Nagisa Oshima, el director de cine japonés que realizó El Imperio de los SentidosThe Realm of the Senses») ese film que conseguimos ver en Biarritz y en el que el imperio del deseo obligaba al protagonista a mirar para otro lado cuando, en su camino hacia la diaria y deliciosa tortura, se cruza con un pelotón del ejército.

Japón y Alemania fueron aliados en la II guerra mundial y en algo se parecerán. Por ejemplo en ese mirar para otro lado, pero ahora ya no miran para el mismo lado, ese lado terriblemente autoritario que caracterizó a ambos, sino que cada uno renuncia a seguir la corriente indecisa del mundo y Alemania se dirige hacia el ahogo de los demás mediante la austeridad, mientras que Japón recupera sin remilgos las políticas de relanzamiento que tanto se ponen en duda por los estudiosos de los multiplicadores. ¿Podríamos explicar esta diferencia?

Parece, por un lado, que el nuevo gobierno japonés está teniendo éxito en el relanzamiento de la economía utilizando medidas convencionales como el aumento del gasto público. Krugman está encantado con estos resultados que le darían la razón en la batalla que se trae el solito con el mundo y que admiro mucho. Pero por otro lado meditemos un poco esta cita de Axel Leijonhufvud:

Fiscal stimulus will not have much effect as long as the financial system is deleveraging. Even if that problem were to be more or less solved, the government deficit would have to offset both the decline in industry investment and the rise in household saving – a gap that is rising as the recession deepens. Here, too, the public is skeptical and prone to conclude that a program that only slows or stops the decline but fails to «jump start» the economy must have been a waste of tax payers’ money.

Parecería sensato concluir que los buenos resultados de la política económica del nuevo gobierno conservador japonés son probablemente debidos al la limpieza del sector financiero y esto es bueno y malo. Bueno porque sabemos que es esa limpieza la que hace buenas las medidas de toda la vida a pesar de los gritos de los bien pensantes. Y malo porque, a juzgar por el ejemplo de Japón, esa limpieza lleva mucho tiempo de sufrimiento, como en la guerra. El tiempo es, en efecto, crucial tanto para la guerra como para las finanzas y, especialmente, para los bancos.

Bilbao-LA

zarraCon la edad cambias muchos hábitos como, por ejemplo, los gustos alimentarios y, a partir de ahí, desarrollas ideas justificadoras de esos cambios. Y así vas tirando en alimentación y en otros muchos campos.

Me gustaba el baloncesto y en Los Angeles me hice fan de aquellos Angeles Lakers de Magic Johnson en su competencia con el Jordan de los Bulls de Chicago y, en buena parte, lo hice en la esperanza de encontrarme con Jack Nicholson en su estadio. L.A. quedó atrás y hace años que no paso por allí. En consecuencia me ha dejado de interesar el baloncesto y no me acuerdo ni de Johnson ni de Nicholson.

El futbol ha sido mi escuela de vida y desde muy niño fui cada dos domingos a San Mamés en donde llegué a jugar como infantil del Indauchu. De manera que todavía llegué a ver a Iriondo,Venancio, Zarra y Gainza aunque no a Panizo. Mi primer gesto de rebeldía fue darme de baja a fin de convertirme en intelectual, pero nunca pude dormir bien después de una derrota. Llevo dos años teorizando sobre la falta de interés del fútbol actual y haciendo campaña para que el Athletic baje a segunda división y se niegue a subir en caso de que le tocara. Pero sigo sin poder dormir cuando, ahora ya cualquier día, las noticias de la noche me anuncian su derrota.

O sea que no siempre consigues ir tirando.

Jim Buchanan

Brad de Long dice algo importante en el breve obituario que le dedica a Buchanan:

I would go somewhat further: he got a lot right that desperately needed to be gotten right and that nobody else would have gotten right in his absence. He made a difference in economics at more than the margin, which is something you can say of very few economists.

Le conocí brevemente en unas sesiones que él y Tullok «regalaron» en Madrid hace muchos años en un momento en el que se quería entronizar aquí la Public Choice que algunos todavía confundían con la Social Choice. Siempre pensé que se me escapaba algo. De lo que estoy seguro es que Buchanan era un caballero del Sur, un confederado de la estirpe de Faulkner. Basta con ver la foto de uno y otro.

Ojalá le hubiera hecho más caso. Entre otras cosas para aprender cómo un caballero confederado mantiene sus ideas con independencia de por donde va la profesión. Si tienes algo que decir dilo sin miramientos aunque la profesión en general, o los jóvenes, vayan por otro lado.