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Premio Nobel a la UE

La UE gana el premio Nobel de la Paz. ¿Se lo merece? Sí. ¿Es oportuno? No. Es asombroso que setenta años más tarde parece que se han olvidado los odios y desvaríos que causaron millones de muertos y sembraron las semillas de otros odios. Matar esas semillas es la única manera de evitar la orgía caníbal de carne destrozada en medio de la llamada civilización. Y para eso nació la CECA en su día y más tarde la UE y, en su seno, finalmente por el momento, el tótem del euro. Preservar esa moneda, ese tótem, es la única garantía que podemos aportar de que la tentación de la orgía del mal no nos arrastrará una vez más. Salvar al euro como aparente prioridad es, sin embargo, poco oportuno pues pone en segundo plano la prioridad por excelencia: evitar la muerte que la pobreza acarrea consigo en una rambla de Almería, en una calle de la banlieu parisisna o en alguna parte de Grecia.

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