en Artículos

XIX: Confederación y Steady State

Se acabó la transición y la política española se desencuaderna como un barco encallado que sufre los embates del mar. Artur Mas visita a Rajoy y nada se entiende a partir de ahí. Muchos recuerdan a Ibarretxe y su plan soberanista otros vuelven a las ideas federales, casi nadie recuerda el derecho de autodeterminación y hay como una nostalgia del centralismo nada fácil de explicar a no ser que acudamos a las rentas de la capitalidad. Por otro lado Europa quiere refundarse pero no sabe cómo pues las ideas viejas le parecen poca cosa y no encuentra nuevas. La fusión de estados y su fisión parecen cosas fantasmagóricas como si el statu quo hubiere alcanzado el extraño privilegio de lo natural.

Cuando se piensa el futuro político del mundo los hay que piensan como si estuviéramos frente al enigma del Universo y se atuvieran a la teoría del Big Bang tan acorde con nuestra visión temporal de todo con su principio y seguramente con un fin, aunque no sabemos cómo sería o si lo habría. Pero ¿si eso fuera solo pura inercia intelectual como me contaba poco tiempo antes de morir Fred Hoyle y lo sensato fuera renunciar a pensar en un principio y en un fin ya que no podemos verificarlos del todo, y nos limitáramos a alguna versión aggiornata de la Teoría del Steady State según la cual la estructura básica es, de siempre y para siempre, la misma?

Lo mismo pasa con la teoría del Estado. La teoría política nos proporciona desde hace cuatro siglos una variedad de explicaciones, desde Hobbes a Schmitt, respecto a su origen y en cuanto a su final se piensa que todo marcharía hacia un Estado único. Este es un ejemplo de inercia intelectual que es hora de desmontar. Quizá demos algunos pasos en una dirección alternativa si cambiamos de perspectiva y pensamos en la generalización de una confederación asimétrica de comunidades identitarias con acuerdos entre ellas y sin ninguna autoridad central. En esta perspectiva se me ocurre que podemos imaginar una perspectiva temporal en la que, en un primer movimiento, ocurriera como una especie de extensión de una confederación entre Estados como los actuales para, en un segundo movimiento, asistir a un desinfle de esa construcción mediante la disipación de Estados que, primero reducirían su tamaño y luego perderían su naturaleza de Estados y ganarían su categoría de comunidades.

¿Que esto es un nuevo feudalismo? Pues no lo creo.