«Error científico»

incertidumbreEsa es la expresión, «error científico», que utilizó el Ministro del Interior al hablar, forzado por alguna filtración, sobre el error de una forense policial al dictaminar que los dientes encontrados en el fuego de la finca de los abuelos paternos de Ruth y José eran de roedores. Es un error a juzgar por los informes ulteriores, solicitados a instancia de parte, y emitidos por expertos de más calidad científica que la que ostentaría la funcionaria policial. Claro que ésta no ha dicho nada y que, por otro lado, ha habido tiempo para cambiar los restos que ahora se han encontrado en la finca.

Por otro lado algún periódico se escandaliza, o quiere escandalizarnos, porque el juez de vigilancia penitenciaria, ante el tercer grado de interior y el informe desfavorable a la libertad condicional del fiscal correspondiente, decide acudir al hospital penitenciario Donostia donde está, de momento, Uribetxebarria Bolinaga. ¿Hay también aquí un error científico y los médicos del Donostia no saben juzgar bien la esperanza de vida o al menos lo hacen con menos precisión que los médicos forenses a los que escucha el fiscal?

No son malos temas periodísticos para estos días en los que los periodistas titulares vuelven a sus puestos y se desperezan charlando con los interinos. Pero también nos dicen algo sobre el país en que vivimos. La imposibilidad de reconocer la verdad se nos presenta sobre otras muchas incertidumbres que tampoco sabemos despejar o que, a lo peor, son producidas intencionadamente. Los nuevos datos sobre la evolución del PIB trimestral muestran que hace unas semanas se cometieron «errores científicos» en el cálculo de dicha magnitud mientras que ahora ya conoceríamos la verdad. Pero la verdad es que no sabemos o no podemos reconocer la verdad.

Esto mismo pasa con otras muchas cosas y la fe en la ciencia se va debilitando dejándonos totalmente huérfanos de certidumbres. O, como diría Daniel Innenarity en un artículo de título memorable y contenido de obligada lectura, estamos en un mundo expuesto a todos las vientos, un mundo frágil.

Segunda luna de agosto

Supongo que se sabe con exactitud cada cuanto tiempo se dan dos lunas llenas en un mes determinado, pero mi interés por el movimiento de los planetas y sus satélites nunca ha sido desmedido, ni siquiera cuando, estando de estudiante en Boulder, Amstrong (QEPD) dio aquel pequeño paso. Nunca le veo la gracia, cosa que no ocurre con las sugerencias silenciosas de nuestro satélite tan rico en ellas quizá por único. Esta noche se elevará silenciosa la luna por segunda vez este mes y se nos mostrará, si las nubes inoportunas no la ocultan, en todo su esplendor como cuando una madre todavía joven empuja a sus hijos a vivir la vida que solo ellos van a distinguir como propia y los despide desde el portal de su casa. Pasarán unos años y esos hijos volverán a ver esta segunda luna de agosto y se preguntarán que han hecho con el empujón materno aquel de hace tantos años. Con los ojos fijos en esa madre fecunda que resplandece por derecho propio, digan lo que digan los astrónomos, verán pasar la sucesión de imágenes de esos hechos que les han identificado como lo que son, unos hechos que ya no importan y se ven pasar como hoy pasan las imágenes de una película muda en un triste cine al aire libre a finales de verano. No significan nada.

Toby’s Room

El incendio de Madremanya ocurría a pocos kilómetros de Foixà. El viento soplaba del sur y el incendio amenazaba con cortar la carretera de Palamós a la altura de Bordils. Cuando, ya un poco nerviosos, charlábamos sobre la posibilidad de huir hacia el Norte se nos anuncia que hay otro pequeño incendio en La Escala. Suena como si estuviéramos rodeados y así nos sentimos cuando comenzamos a cenar con nuestros invitados. Reímos, un poco demasiado ostensiblemente, diciendo que siempre podíamos echarnos a la piscina y seguir charlando en una especie de cuentos de Canterbury o de Decameron a la ampurdanesa.

Yo, por si acaso había que entretener a los invitados en la piscina, pensé que podía plantear como tema de conversación un tema muy mío que se expresa muy bien en esta novela que estoy leyendo en el Kindle.

He aquí la frase crucial de la crítica que le hacía The Economist diciendo que la novela incluye entre otros temas, la

enduring tussle over whether the best way to success is through hard work or effortless charisma

Me quedo con esta manera de explicar lo que a mí me parece la gracia («effortless charisma»). El mundo rechaza a los tocados por la gracia y los mata antes de que nos enteremos los humanos que el esfuerzo no solo es penoso sino también muy poco estético.

Garicano y Fernández Villaverde en el FT

El lunes 20 en el FT Luis Garicano y Jesús Fdz. Villaverde publicaron un artículo más de los que suelen escribir, con o sin Tano Santos, y que luego o simultáneamnete aparecen en Nada es Gratis, el blog de FEDEA. Esta vez no ha parecido hasta ahora en NesG quizá, pensé, porque este blog está en parada biológica durante el verano y desde ayer en parada técnica. Sin embargo y antes de esta última, he visto que Antonio Cabrales se ha marcado un bonito post sobre la importancia de la investigación básica, esa que se hace porque sí y que por lo tanto necesita subvenciones) de manera que debe ser que ellos dos o la nueva dirección de FEDEA no quieren incoporar esta columna del FT cuyos principales hitos pueden conocerse aquí.

La posible discreción de FEDEA puede deberse a que el artículo del FT sobrepasa el ámbito propio de la Economía Aplicada a la que tendría que ceñirse NsG, excluyendo así la Política, excepto quizá en los casos de análisis de Economía Política. En efecto el artículo del FT puede leerse como una evidente tentación de expandir el propio campo de juego de sus autores o, quizá como su entrada en el activismo del que hablaba el otro día en el post sobre los Premios Nóbeles que apoyaban a Romney. Ese deseo de participar en Política (si se puede llamar así a ese activismo) ya se intuía en un artículo no muy antiguo de El Pais, esa vez con Tano Santos al que ya me referí en esta otra ocasión.

Como es de esperar sus críticas económicas están bien traídas e insisten más o menos en los mismos temas a los que ya se han referido otras veces en NesG o en distintos periódicos, en grupo o cada uno por su parte. Una pequeña novedad en el caso que nos ocupa es la acusación a Rajoy de intentar jugar un game of chicken en el que la matriz de pagos es totalmente distinta de la apropiada para lo que realmente está en juego. En efecto, como ellos dicen, siempre ganará el tanque contra un vehículo normal, no solo porque es más fuerte sino porque la amenaza de que España sea tan valiente como para forzar la posible disolución de la zona euro no es creíble en ningún sentido pues acabaría con el PP en la política interna. Quizá, sin embargo, digo yo, se podría ir un poco más allá si utilizáramos algunas ideas sobre lenguaje desde el punto de vista de la Economía tal como Rubistein hace en su colección de ideas de Economics and Language, y más concretamente sobre argumentación, y según las cuales lo importante es la capacidad de persuasión de una idea según se sea el primero o el segundo en utilizarla en una discusión.

Lo que más me llama la atención sin embargo es su ensanchamiento del campo discursivo hasta poder integrar en él el ámbito constitucional. Acusan en efecto, a Rajoy de propiciar el independentismo (de los sopechosos habituales, supongo) que, en estas circunstancias, podría tener éxito. Ya me pareció que esa actitud subyacía al anterior artículo enlazado más arriba. Suena como si ambos firmantes del reciente artículo en el FT estuvieran haciendo su preparación para saltar al ruedo de la política. No me parece mal, me parece ingenuo hacerlo desde el análisis económico.

Mordisquitos, Yorick y Hannibal Lecter

NibbleHace unos días adquirí una escultura nueva de Marc Barberá, a mi juicio un artista de raro talento que junta piezas de metal encontradas, uno diría que por casualidad, y las suelda luego en formas diversas. Los que conocen la sede madrileña de la FUE ya conocen El Torero y los que conocen mi casa en Madrid recordarán que, antes de entrar en ella, se encuentran ya con un recuerdo conmemorativo del ataque a las torres gemelas de New York, una figura grácil que oscila con el viento y nunca cae. Tengo otras dos piezas anteriores, pero para hacerse una idea de su trabajo lo mejor es entrar en su página. La pieza que he adquirido este verano no tiene todavía nombre pero Marc me da permiso para elucubra sobre la posible «identidad» de la calavera de yeso con gafas de motorista de los años treinta y una especie de bozal llamativo sobre todo por los restos de unos incisivos muy largos. Me da permiso pero se niega de primeras a reconocer de dónde viene su inspiración.

Así que me quedo elucubrando sobre lo que yo veo en esa pelotita amenazadora. Veo primero a Hannibal Lecter quizá porque a raíz de la adquisición pensaba yo sobre el ansia que revela la necesidad y deseo de «comerse el mundo». El canibalismo siempre me ha asustado lo suficiente como para tener que pensar sobre comerse el mundo a fin de tranquilizarme y el bozal de Hannibal siempre lo ví como una medida terapéutica, imprescindible en mi caso, pues ayuda a recordar que eso es algo tabú. Algo que recuerdo con la ayuda de una regla nemotécnica muy tonta consistente en pensar en Evel Knievel (aquel chalado cuya primera parte del nombre suena como «evil», que quiere decir Mal y cuya segunda parte es fonéticamente equivalente a «caníbal») de forma que el nombre del chalado que se jugaba la vida en sus espectáculos significa, como por casualidad, algo así como el par «mal, caníbal» recordándome que eso de comerse al prójimo no está bien pero puede ser un mal que nos aqueja a algunos que quizá deberíamos movernos por el mundo no solo con bozal, sino también con esposas como las que ha utilizado Marc para destacar dos ojos realmente saltones de su escultura.

Seguro que no era así la calavera de Yorick el bufón de la corte de Elsinor quien, en su día, había cuidado amorosamente de Hamlet que le recuerda tristemente a su vuelta de Inglaterra como se recuerda el paraíso perdido de la niñez con una mezcla de nostalgia y de rabia:«¡Ay! ¡Pobre Yorick! ¿Qué se hicieron de tus burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes que animaban la mesa con alegre estrépito? Ahora, falto ya de músculos, ni puedes reírte de tu propia deformidad…» Dejar de reír es el peor efecto de morir y uno está siempre a salvo de «la parca» mientras siga riendo.

Estas dos cosas conté a Marc para testar si iba por el buen camino en mi interpretación y recibí una contestación muy seria, reminiscente de las ideas de Barthes o Foucault sobre la autoría, recordándome que a su juicio lo importante no era lo que él tenía en la mente sino lo que evoca en las mentes de quienes contemplan la obra. Seguí hablando astutamente hasta que me habló de Nibble, o «mordisquitos», un personaje de Futurama, una suerte de ser vivo, medio humano, con una cabeza muy pequeña y que es un gran activo pues su metabolismo es tal que defeca un combustible potentísimo muy conveniente para los viajes interestelares de ese futuro en el que se recrean los autores de la serie los Simpson en esta otra serie.

Y aquí, de repente, descubro la clave de mi entusiasmo por la pieza. La única manera de ser eterno es ser ya una calaverita todavía amada y ya capaz de mover el mundo.

Gracias Marc.

Recuerdos de diván

Father of PsychoanalysisHace tanto calor que no voy a la playa y me quedo tumbado en un sofá disfrutando del aire acondicionado. La lectura de los periódicos del día ya ha concluido y ya no pienso en escuchar por tercera vez consecutiva los Gurrelieder de Schoenberg. Así que no tengo más remedio que repasar la prueba de la existencia de Dios de San Anselmo, un argumento que me dejó pasmado a los quince años y que ahora me recuerda Richard David Precht en su entretenido libro «¿Quién soy yo… y cuantos?». Pero no encuentro postura para enfocar bien las letras en este ambiente cerrado que he creado para sobrellevar este ataque de África. La mente me vuela al Sahel, pero es un pensamiento demasiado penoso. Poco a poco mi mente acaba divagando sobre todo y nada, un poco como en el diván que aquel tipo desagradable «inventó» en el número 19 de la Berggasse de la Viena de entresiglos.

Y me llegan estos dos pensamientos muy de diván. El primero se refiere a ese hueso de mi rodilla izquierda que nunca ha dejado de intrigarme. Apareció sin avisar cuando yo tenía unos 14 años y no era mi mejor momento. De hecho ese hueso que dolía un poco al ser apretado era mi consuelo cuando mis compañeros de curso ya me iban adelantando en las filas del cole debido a su mayor altura. Nunca llegué a ser el último de la fila, pero el periodo que ocupa mi caída de las primeras posiciones a las últimas es una de las peores épocas de mi vida. Ese huesecillo representaba para aquel adolescente un poco atormentado algo así como un dobladillo, una promesa de crecedera, que yo examinaba cada noche en la bañera diciéndome que ese material era la promesa de un futuro crecimiento que yo sabía que habría de llegar. Nunca llegó.

El segundo pensamiento de diván que que me llega como efecto de la calima que casi cubre el cielo se refiere a un examen médico general como de hace unos 12 años. A la luz de un análisis de sangre aquel médico poco profesional me anunció que o bien tenía el mal de Paget (algo que, una vez conocida su naturaleza, explicaría mi hueso del párrafo anterior) o bien una metástasis de un cáncer no diagnosticado. Que me volviera Madrid y que me revisaran bien mis médicos habituales, eso me dijo aquel doctor de esa afamada clínica privada. Ni que decir tiene que esa noche lo pasé fatal creyendo que era el comienzo del fin, pero creo que lo interesante es recordar que lo que mi pensamiento desbocado en la vigilia aterrorizada elaboró fue que, si me quedaba al menos un año de vida, aprendería a jugar al golf y asombraría a mis amigos golfistas. Sigo sin saber jugar al golf.

Supongo que esos pensamientos acuden a mi mente porque hoy es el aniversario de mi infarto, pero lo interesante es lo que esos dos pensamientos de diván revelan. Me importa más ganar, destacar, que seguir viviendo. Un enorme espíritu competitivo del que no sé si he sacado el suficiente partido. Creo que no.

Premios Nobel a favor de Romney/Ryan

RomneyHace un par de días apareció una noticia en algún periódico, no recuerdo cual, a raíz de la aparición en escena de Paul Ryan como candidato republicano a la Vicepresidencia, sobre el apoyo de cinco premios Nobel a la plataforma económica del partido republicano. Esta declaración de cuatrocientos economistas encabezados por esos cinco premios Nobel puede ser vista aquí. Agradezco a Horacio, en su comentario a un post anterior mío sobre desigualdad y la correspondiente llamada al activismo, el enlace a este blog de donde a su vez se enlaza a dicho programa.

Lo que está en juego es el papel de los economistas en la política económica, su posible activismo. La presencia pública de los economistas académicos ha aumentado mucho en los últimos años. Esto aparece como obvio si comparamos los blogs de hoy y la colaboración en los medios de los economistas con lo que ocurría en mi época de estudiante cuando los únicos casos de aparición pública de maestros contemporáneos eran los de Samuelson y Friedman en el Newsweek en donde alternaban semana uno, semana otro. Hoy multitud de economistas teóricos tienen a su disposición, y se aprovechan de esa oportunidad, no solo periódicos generalistas como el New York Times o especializados en finanzas como el FT y otros, sino tanbien pueden expresarse en blogs colectivos como VOXEU en Europa, NesG en España o en páginas personales como, por citar solo un par, la de Mankiw o la de Cowen.

A pesar de estas posibilidades recientes es cierto que, en general, no suele ocurrir en España o en Europa que grupos de economistas tomen postura política ante unas elecciones aunque la postura se refiera solamente a aspectos económicos. Si que empieza a ocurrir que grupos de economistas hacen conocer su opinión aunque no directamente sobre temas de impacto electoral. Pensemos en el consejo de sabios alemanes en relación a las cuestiones de la crisis del euro aunque hay que notar que sus ideas empiezan a diverger entre unos y otros en relación a esa crisis. Pensemos en Hans Wernr Sinn que ha tomado una especie de liderazgo en la movilización de la opinión de los economista alemanes. Un ejemplo de lo que comienza a hacerse en Europa fue el del FT hace unos días cuando ese profesor (HWS) y Friedrich Sell nos obsequiaron con una idea que ellos expresaban como la posibildad opt-in, opt-out. Que España, por ejemplo, se salga por dos años del euro, devalué tranquilamente y cuando haya encontrado su verdadero valor estable vuelva al club. Claro que también podría uno pensar por qué no se van ellos una temporada, consiguen vivir con un marco revaluado y se tragan el marrón de una caída instantánea en las exportaciones. Tendría la ventaja para ellos, añado yo, de que evitarían una buena parte de la presión inflacionista si esta existiera. Pero ni en el caso de la crítica situación europea es esa opinión una defensa cerrada de ningún candidato electoral. No es una opinión directamente política sino una opinión sobre la mejor alternativa dentro de un abanico de políticas económicas alternativas.

Pero volvamos al punto principal que somete a dicusión Andrew Watt en el Social Europe Journal que nos recomendaba Horacio, es decir al asunto del activismo. Pero antes pretendo explicar que, en mi opinión, en esos cinco premios Nobel prima más la ideología conservadora que sus indudables méritos derivados de sus aportaciones al análisis económico. Veamos. Respecto a Mundell nadie puede negar que sus ideas de economía internacional monetaria y especialmente su caracterización de un área monetaria óptima nos son cercanas en estos días de crisis europea, pero saber que Europa no era ni es una zona monetaraia óptima no nos consuela nada ni nos ayuda a la creación de una zona monetaria viable aunque no sea óptima. Su defensa del ideario Romney/Ryley nada tiene que ver con sus aportacionees económicas. Miremos ahora a Scholes. Sus aportaciones a la integración de la economía financiera en la economía general son muy bienvenidas y no deben ser olvidadas en el momento en que está en juego la regulación del sector financiero. Su fe liberal en contra de la regulación no debe hacernos olvidar su protagonismo en la crisis del aquella institución LTCM que en 1997 por poco genera una crisis como la actual. ¿Qué decir de Becker ese genio que tantas alegrías nos ha dado en multitud de campos diversos incluido el del crimen o el matrimonio? Pues nada nuevo excepto que su apoyo solo puede estar basado en su explícito conservadurismo y en su fe en el mercado libre más allá de lo razonable. Pensemos ahora en Lucas que admite públicamente que muchas de sus afirmaciones sobre política económica están basadas en su fe más que en sus descubrimientos. Entre estos destaca la idea de las expectativas racionales como un supuesto indispensable para la modelización de una economía en la que en cada instante se equilibran los mercados. Es una idea potente y merece una consideración en sí misma de forma que no se agote en la posibilidad de la multiplicidad de equilibrios pues ésta puede venir de otros orígenes y no es especialmente deseable. Tanto él (Lucas) como Prescott piensan, parece ser, que si elimináramos las intervenciones la economía funcionaría sin problemas insalvables de forma que lo urgente sería eliminar barreras al emprendimiento generador de crecimiento sin aceptar que esas barreras puedan ser consecuencias indeseadas de otras medidas que, menos fundamentales, son exigidas por la situación o la justicia. Creo que no será difícil admitir que estos cinco grandes economistas no solo se dejan guiar por sus instintos básicos, lo que no tiene porqué ser malo sino solo una heurística mejorable, sino también por la inercia de sus ideas sin admitir que en buena parte todas ellas son cosas de un pasado ya sobrepasado por los acontecimientos o por elaboraciones posteriores a sus descubrimientos.

Hechos estos comentarios a nadie extrañará que, por un lado, no me entusiasme el programa republicano y que, por otro me pregunte por qué el tipo de activismo de estos premios Nóbel ocurre en los USA y no en Europa.

Respecto al programa económico de Ryan, que no coincide punto por punto con la declaración de apoyo de los cinco Nobel y otros cuatrocientos economistas, pienso que puede ser criticado como lo hace Martin Wolf en el FT del fin de semana pasado:

Over the next decade, the Ryan plan is inadecuate and incomplete, Over the long run, it is incredible. It may be good politics. It is not good policy.

Sin embargo, aun admitiendo que los deseos de reducir impuestos y más tarde los gastos apara acabar reduciendo la ratio de endeudamiento me parece una política voluntarista y no muy bien pensada, y refiriéndome a los premios Nobel tengo que confesar mi aprecio por el hecho de que su activismo incluye el apoyo electoral.

Por qué no ocurre esto en Europa es pues parte de mi pregunta sobre el activismo de los economistas. Me hago eco de la sugerencia del último párrafo del post de Andrew Watt y me pregunto por ese puzzle intelectual. Watt sugiere que probablemente la idiosincrasia de la política americana (y especialmente el estado del Partido Republicano) juegan su papel en esto. Probablemente la clave esté en el papel profesionalizado y (en principio) no partidista del funcionariado europeo en contraste con el fluido «mercado de trabajo» para asesores administrativos en Washington.

Esta opinión nos lleva a la versión definitiva de la cuestión del activismo. ¿Cuales son las ventajas y los inconvenientes de una u otra forma de activismo? ¿Cómo compara la movilidad institucional de los americanos con la continuidad funcionarial de los europeos en caso de que esa caracterización de la diferencia fuera la apropiada? Yo pienso que esa diferencia no es tal y por lo tanto creo que la diferente forma de activismo hay que buscarla en otros lares. Quede esta convicción como una pregunta abierta a tratar de responder en otro momento.

Mirada descataratarizada

gato negroLes doy miedo a los gatos negros que retroceden de culo cuando fijo mi mirada descataratarizada en sus ojos amarillentos. Este es el único pensamiento de hoy durante mi paseo matinal por primera vez sin gafas de sol. Este paseo comienza puntualmente a las ocho A.M. con un cierto airecillo y se acaba a las nueve, solo una hora después pero con mi camiseta completamente bañada en sudor. Hoy lo he terminado justo a tiempo para comprar los «diaris» y una bolsita clandestina de rosquitas de anís que ingiero con excesiva rapidez en cuanto llego a casa y todos duermen todavía, algunos con el aire acondicionado en marcha. Comienza bien el día, tener un pensamiento es ya todo un éxito. Un éxito que puede agrandarse cuando estudie con cuidado la pertinencia de la comparación entre el número de conexiones neuronales (500 trillones) y el de las hojas de todos los árboles de la Amazonía que se supone es del mismo orden de magnitud que el de las susodichas conexiones. ¿Cuántas de esas he usado para alumbrar mi pensamiento sobre gatos negros?

Brendan Behan y el Athletic

Brendam BehanComenzaré por los recuerdos de un niño muy chico. Me dormía acunado por el rumor tranquilizador de una voz única que relataba cuentos sobre la resistencia heroica de los gudaris contra las tropas de Franco mucho mejor equipadas y con algunas otras ventajas especialmente después de la traición del ingeniero Goicoechea (el del Talgo) que se pasó al enemigo con los planos del cinturon de hierro que cerraba Bilbao. Otras noches cogía el sueño escuchando cuentos sobre las luchas de los irlandesdes por su independencia. Así que ya estaba preparado para admirar esa isla y a sus habitantes duurante los veranos de los años 60 y 61.

Dublín me enseño muchas cosas además de inglés. Los ojos verdes de las bellas morenas celtas, el primer beso, como premio o prenda de un juego pícaro, la ingeniosidad de los borrachines que dejan pequeña a la de los chirenes de Bilbao. Aprendí a montar a caballo en el Phoenix Park, viajé a Killarny escuchando durante el viaje en tren la canción escocesa que decía «..he was a soldier, scottish soldier…», etc. Las cafeterías de O´Conell st. y los cines donde se podía fumar y al final de la peli se cantaba el himno nacional mientras la bandera tricolor ondeaba en la pantalla. Vivía en el Norte, en Glasnevin, en Saint Mobhi road, no recuerdo el número, en casa de Mrs. Mulligan, no lejos del famoso cementerio. Me desplazaba al centro en autobús de dos pisos y color verde pasando por Drumcondra cuyo nombre siempre me pareció el no va más de lo irlandés. Los tíos de la entonces joven Mrs.Mulligan, Phillip y Martin, borrachines empedernidos me introdujeron en las jarras de Guinness y en las apuestas de las carreras de caballos en donde conocí a la inolvidable Maura Muldoon, la primera chica a la que di ocasión de darme calabazas.

Pues bien, en uno de esos cines de O´Connell st ví en 1960 o 1961 un pequeño documental sobre Brendam Behan pocos años antes de su muerte. En aquel momento solo me enteré de que era un buen escritor y un gran borrachín como los tíos de Mrs. Mulligan. Hace menos de dos años compré «Mi Nueva York» y ahora estoy leyendo «Mi Isla», maravillosamente ilustrados por Hogarth, donde descubro un cuento maravilloso («Una mujer sin Importancia») y una capacidad narrativa solo explicable por las pintas de cerveza además del viento y el salitre de esa isla mágica. Estando ya más allá de todo, incluyendo su juventud republicana, escribía, poco antes de morir, un párrafo como este dedicado a los escritores honoríficos (y yo añado, falsarios):

…son unos perfectos pelmazos,que critican a Inglaterra por cansinas razones históricas, en lugar de criticar su incomodidad, la mala calidad de sus licores, la falta de teléfonos o lavabos en sus pensiones, y el hecho de que está lleno de rústicos, galeses y escoceses, y de tontos de pueblo ingleses, y que es un lugar mediocre a excepción de unos cuantos actores y actrices elegantes y achispados cuya compañía no resulta inmediatamente accesible para los extranjeros

Esta opinión en labios de un luchador por la independencia encerrado durante años así como sus obras, especialmente «The Hostage», me recuerdan a algunas figuras del nacionalismo vasco que son muy capaces de expresar sus contradicciones, de asumirlas y de hacer de ellas toda una forma de vida además de un juego divertido. Quien no entienda esto jamás podrá entender la manera de ser de un club de fútbol como el Athletic que renucia a unos buenos dineros por no ceder a la simple presión mercantil de un jugador de calidad como Fernado Llorente. Me alegro de que «mi primo» Josu no ceda y además le auguro que el futuro es suyo pues no faltan ni cinco años para que se acabe el enredo del fútbol y volvamos a disfrutar de un deporte competitivo al tiempo que de grupo donde se pone en juego el honor con minúscula sin interferencias de televisiones y mercados trucados. Volveremos a cantar «We are all iron».

XVI : la importancia de la distribución

En el último post relativo a este cambio de relato que aquí se está proponiendo, comentaba el interés que, para sacar a la macroeconomía de su aparente impass, puede tener la introducción de la distribución personal de la renta en el marco conceptual central de la economía donde nunca ha estado. Escribía allí de un librito que adquirí en Hamburgo y que en su primera parte hacía referencia a algunos de los temas distributivos que pienso deben ser tenidos en cuenta.

No vendría mal comenzar por algunos datos. La relación entre el salario del más alto ejecutivo y el salario medio de una empresa era, como media, en 1980 de 42 veces. Esta ratio evolucionó hasta 343 veces en el 2010 tal como escribe Trias Sagnier en La Vanguardia del lunes 13 de agosto a fin de apoyar su tesis de que nos llega el activismo accionarial a caballo del Dodd Frank Act. Por otro lado el propio Acemoglou, junto con Robinson, cuyas ideas en ese Handbook presentaré brevísimamente un poco más abajo, nos ofrece unos datos apabullantes relativos al número de milmillonarios en los USA a lo largo del tiempo. En 1900 habían 22 billionarios con una renta conjunta que correspondía al 0.00008% de la reanta nacional total. Estas cifras se mueven sinificativamnete de la siguiente manera. En 1907 eran 16 y con un porcentaje de la renta del 0.00002. En 1982 habían 22 billionarios pero el porcentaje de renta que les pertenece permanece estable. Pero en 1992 el 0.0001% de la renta estaba en manos de 132 milmillonarios y,en 2010, el número de milmillonarios era de 403 según parece reportar Forbes. Si nos fijamos ahora en el 1% más rico de la población su porcentaje en la renta total pasa del 9% en 1970 al 23.5% en el 2007. Y respecto al 0.1 más rico esos mismos porcentajes pasan en esos 37 años del 3% al 12 % de forma que no es de extrañar que ya forme parte del lenguaje convencionl el referirse al 99% que somos nosotros y a «ellos» como alguien aparte. Estos datos contrastan con la ley de Pareto que corresponde a una ley potencial y que daría el 80% de la renta al 20 % de la población. Con estas cifras parece lógico que se vaya extendiendo la opinión de que la desigualdad algo habrá tenido que ver con la crisis o con la polític económica seguida para salir de ella. Pero todavía no sabemos exactamente cómo esta posible influencia ha funcionado o podría haber funcionado.

A continuación me hago eco de algunas ideas interesantes al respecto que aparecen en algunos artículos del Handbook de Janet Byrne.

Krugman y Wells autores de un popular libro de introducción a la Economía en dos volúmenes, micro y macro, introducen dos ideas interesantes en un ensayito muy corto. La primera es que la creciente desigualdad en los USA presumiblemente colaboró a la generación de la crisis mediante una desplazamiento de la distribución hacia las rentas provenientes del sector financiero y en contra de las que provienen del industrial reflejado todo ello en los correspondientes salarios. Los bancarios se escoraron hacia la derecha y fomentaron la desregulación que permitió la creación de productos exóticos cuya difusión y acumulación llevaron la economía a una situación de fragilidad. La segunda idea es que esta creciente desigualdad es responsable de la mala gestión de la crisis a través de la polarización político-económica que desoyó las ideas de Hyman Minsky (esto lo digo yo), no puso freno a las burbujas (no solo la inmobiliaria), hizo que se olvidaran ideas básicas y se jugara bien con ideas improvisadas, como las de la confianza u otras similarmente simples, o bien con los modelos macroeconómicos basados en el modelo de equilibrio general dinámico y estocástico que, muy a mi pesar, tengo que decir que no sabe cómo integrar la parte monetaria y financiera del sistema económico a pesar de que el Chapter 13 del famoso libro de Patinkin y toda la obra de Leijonhufvud debió haber alertado de que estas piezas eran fundamentales.

Rajan por su parte en un ensayo brevísimo saca las consecuencias de estos errores debidos a la desigualdad creciente volviendo a mencionar la polarización política y expliacando cómo la intención de calmar los ánimos de los desheredados llevó a hacerles «comer crédito» a falta de otra cosa. La parte original de su ensayito es el énfasis sobre el hecho de que la desigualdad creciente también ha generado una falta de adecuación entre las vacantes que el sistema generará y las habilidades que proporciona un sistema educativo ya obsoleto. A medio plazo salir de la crisis exige por lo tanto una puesta al día del sistema educativo en todos sus niveles.

Acemoglou y Robinson (autores de un libro de éxito sobre los estados fallidos por problemas institucionales) después de pasar revista a la historia de los cambios institucionales en los USA, distinguiendo las ideas conservadoras que tendían hacia la creación de instituciones «extractivas» de las progresivas o liberales de las que surgían instituciones «inclusivas» mucho más adecuadas para la creación de riqueza, nos avisan de que las cosas no cambian solas y de que solo el activismo puede cambiar la situación a la que nos ha conducido la falta de atención a la desigualdad, una llamada que no creo vaya a ser desatendida en los próximos años para apoyar ese nuevo relato que aquí se persigue.

Continuaré escribiendo sobre esta materia a medida que continúo con la lectura del Handbook de la Byrne o si se me ocurre algo más allá del sencillo uso del sistema fiscal o del citado activismo accionarial. De momento termino diciendo que estas ideas sencillas me han abierto los ojos. Hasta ahora pensaba, tal como he escrito muchas veces, que las TIC y la cada vez mayor importancia que tienen éstas en el valor de la producción haría que, además de poder ignorar al 1% o al 0.1% de los milmillonarios, cabría la posibilidad de que cada uno de nosotros pudiera ser milmillonario durante 15 minutos gloriosos. Ya no estoy tan seguro pues las ideas expuestas me obligan a reconocer que el inmovilismo que los superricos pueden forzar por razones de economía política y de captura del Estado pueden ser suficientes para frenar todo activismo. Tenemos dos piedras de toque. La postura alemana en la crisis del euro quizá y solo quizá pudiera ser vista bajo esta luz. Y, después de la elección de Paul Ryan como compañero de ticket electoral de Rommney, las elecciones presidenciales americanas del próximo noviembre van a ser un verdadero test de lo que aquí se ha insinuado.