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¿Pueden disiparse las Rentas?

Capitalismo que vieneLas palabras son ambiguas. Pensemos en la palabra «renta». Para cualquier ciudadano la renta puede ser lo que paga el arrendatario como alquiler al arrendador o dueño del del piso que habita. Pero «rentas» pueden ser esos ingresos de los que vive o malvive o ahorra una persona que pertenece a las clases pasivas y que, por lo tanto, no trabaja aunque perciba bien una pensión, bien ingresos de capital como intereses o dividendos o bien, naturalmente, el alquiler de un posible piso en el que materilizó sus ahorros. Pero esa palabra, «renta», puede tener otros significados. Por ejemplo entre los economistas se entiende como «la renta de la tierra» la noción que acuño Ricardo la diferencia del precio del metro cuadrado en una tierra de mejor calidad agrícola o más cerca del centro de una ciudad con relación a otra de menor calidad o más alejada de ese centro.

De acuerdo con este último sentido podemos decir que una renta es para su perceptor cualquier cantidad que sobrepase el coste de oportunidad en el que incurre ese perceptor trabajando como trabaja. Es decir la diferencia entre el ingreso de hoy (incluyendo la renta) y lo que recibiría en la mejor oportunidad alternativa. Es pues renta, por ejemplo, la diferencia entre lo que gana un funcionario como consejero de administración de una empresa generosa y lo que ganaría como un simple catedrático o economista del Estado destinado ya sea en una universidad pública ya sea en un Ministerio. Igualmente es «renta» la diferencia entre lo que ingresa un notario concreto y lo que ingresaría como socio de un bufete de abogados especializado en Derecho Mercantil.

Este último ejemplo nos hace pensar que una «renta» puede ser positiva o negativa. En el caso del Notario si esa renta fuera negativa diríamos que su vocación de servicio público es tan grande que está dispuesto a pagar por ejercerlo. Con independencia de esta última observación, este último ejemplo nos hace ver que las rentas pueden tener que ver con el monopolio. Retengamos esto y continuemos tratando de acercarnos hacia la idea de disipación de rentas.

Si el Estado dejara de exigir una oposición para poder dar fe y dejáramos que la libre competencia determinara quienes son los individuos que dan fe de lo que sea porque son creíbles para la gente, habríamos eliminado la renta del notariado proporcionada por el Estado. Si la libre competencia es tal que realmente funciona, se eliminan los monopolios y se disiparían las rentas. En un mundo sin rentas por lo tanto todo el mundo gana de acuerdo con su productividad marginal, es decir lo que aporta a la comunidad con su trabajo que, en competencia, ha de ser igual a su coste de oportunidad.

Pero la cosa no acaba aquí porque hay muchas maneras de hacerse con rentas más allá de un privilegio monopólico otorgado por el Estado. El monopolio se puede alcanzar mediante la competencia libre eliminando a los competidores e incluso hacerlo limpiamente sin incurrir en prácticas rechazables moral o socialmente. Este sería el caso de un competidor que, debido a una nueva invención puede permitirse el lujo de bajar los precios y expulsar del mismo a los otros competidores. Esta manera de hacerse con «rentas» es difícil a no ser que exista una ley de patentes que conceda a ese inventor un monopolio al menos temporal. El rechazo clamoroso de ACTA en el Parlamento Europeo es una muestra de que el deseo de generar rentas puede ser frenado.

Pero no se puede acabar con esa esperanza. Sería demasiado optimista. Eso es lo que, de momento, evoca el caso Barclays, un escándalo que se irá aclarando los próximos días pero que de momento, nos hace ver que incluso la competencia puede ser insuficiente para disipar rentas ya que parece ser que un complot entre bancos puede ser suficiente para manejar el precio del dinero, o tipo de interés, en beneficio de unos y detrimento de otros. Los detalles importan y, por eso, dejo para otro día una discusión más informada de este caso. De momento basta con decir que en un mercado tan delicado la connivencia del regulador, con competencias delegadas del estado, puede ser necesaria para generar las rentas implícitas en la manipulación del libor. Y esto nos hace dudar de la posibilidad real de que algún día podamos conseguir la disipación de rentas.