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Martin Wolf y John Kay: rentas y confederalismo

Luis XIVTodos los miércoles compro el FT en papel. Me podría registrar y leerlo todos los días, pero necesito poder cortar la hoja de COMMENT para poder archivarla a fin de que esté disponible para poder ser usada más adelante. Así que ayer compré el FT para olisquear las columnas de Martin Wolf («Look beyond summits of salvation») y de John Kay («Lessons on rent-seeking from Hosni Mubarak to Louis XIV»).

Wolf habla de las tres posibles salidas para Europa, la federal, el status quo y el staus quo +, posición esta última en la que él pone su esperanza por ser efectiva (quizás) y posible políticamente (quizás). Kay nos habla de diferentes maneras de buscar y hacerse con rentas mencionando a Hosni Mubarak y a Luis XIV.

Con independencia de los detalles de ambas columnas, poniendo ambas columnas juntas se aprecia que el capitalismo no va a peor sino a mejor. Veamos.

El capitalismo ha tenido varias fases y cada una corresponde a distintas formas de organización política. En tiempos de Luis XIV la monarquía absoluta era un buen ejemplo de lo que llamaríamos puras rentas, favores del Rey a sus súbditos más fieles. En nuestros días, hasta hace unos pocos años, la figura del «cazador de rentas» ha devenido aceptable para la sociedad y ha servido para el mantenimiento de las diferencias sociales de manera poco transparente. Pero a partir de la crisis cabe pensar que en el futuro inmediato, el capitalismo vaya a virar hacia formas de hacer realmente competitivas e incompatibles con esas rentas que no responden a la productividad marginal de los ciudadanos-trabajadores.

Puesto que la crisis de la deuda en Europa impacta en todo el mundo es de esperar que esa evolución del capitalismo acarree cambios políticos de mayor o menor envergadura, especialmente en nuestro viejo continente. Más allá de los comentarios de Wolf. los analistas más valientes piensan en un federalismo tipo americano. Pero esto trae consigo un centro fuerte y único con un poder mayor que el que hoy detentan Alemania o Bruselas. Y un centro único, tal como se explicó aquí, genera rentas y apacigua la competencia que es, como el aire, necesaria para respirar y crecer.

Es hora pues de pensar en el confereralismo y su espíritu. Es multipolar y puede ser asimétrico. Las cuestiones del poder son menos corrosivas y las rentas no se generan tan fácilmente en una organización confederal. Además es escalable y, por lo tanto, puede reconocérsele hoy al País Vasco y establecerse mañana en Toda España, en toda Europa y, finalmente, en todo el mundo.

¿Qué se puede esperar de una confederación asimétrica mundial? Dos cosas simples. La primera es la disipación de rentas en general. La segunda que el poder esté muy distribuido y los arreglos solidarios sean aceptables a segmentos poblacionales que se arreglen entre sí. Como organizar los pagos, las instituciones financieras o la competencia fiscal es algo que decidirá cada grupo de países que han decidido poner juntos su imaginación y su trabajo.

Por este camino creo que, de verdad, el capitalismo iría a mejor.

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