Acuerdo de madrugada

eurocumbreYa se nos contará mejor, pero de momento esta noticia que se produjo en la madrugada de hoy es como un suspiro de alivio. Creíamos que Merkel era de hierro, por convicción apoyada en intereses electorales, y que jamás admitiría que el país, España, no fuera avalista de los posibles impagados de la banca española que va a recibir 100.000 millones de euros. Esto merece dos comentarios rápidos. El primero es que todavía no sabemos las condiciones precisas del préstamo exceto por el hecho de ue no se tratará de deuda senior lo que quiere decir que los posibles inversores tendrán menos reticencias con la deuda española lo que, claro está, debía reflejarse en la prima de riesgo. Pero también se necesita conocer el tipo y el plazo de carencia y de maduración. El segundo es que la reputación de Angela ha sufrido un buen golpe y esto, a mí, no me parece tan buena noticia. Tendrá que recuperarla y para ello actuará de forma imposible de predecir en un momento que nadie garantiza que sea propicio para otras finalidades. Como aconsejaba Rubalcaba ahora tanto Monti como Rajoy deberían actuar y hablar con un perfil muy bajo.

Martin Wolf y John Kay: rentas y confederalismo

Luis XIVTodos los miércoles compro el FT en papel. Me podría registrar y leerlo todos los días, pero necesito poder cortar la hoja de COMMENT para poder archivarla a fin de que esté disponible para poder ser usada más adelante. Así que ayer compré el FT para olisquear las columnas de Martin Wolf («Look beyond summits of salvation») y de John Kay («Lessons on rent-seeking from Hosni Mubarak to Louis XIV»).

Wolf habla de las tres posibles salidas para Europa, la federal, el status quo y el staus quo +, posición esta última en la que él pone su esperanza por ser efectiva (quizás) y posible políticamente (quizás). Kay nos habla de diferentes maneras de buscar y hacerse con rentas mencionando a Hosni Mubarak y a Luis XIV.

Con independencia de los detalles de ambas columnas, poniendo ambas columnas juntas se aprecia que el capitalismo no va a peor sino a mejor. Veamos.

El capitalismo ha tenido varias fases y cada una corresponde a distintas formas de organización política. En tiempos de Luis XIV la monarquía absoluta era un buen ejemplo de lo que llamaríamos puras rentas, favores del Rey a sus súbditos más fieles. En nuestros días, hasta hace unos pocos años, la figura del «cazador de rentas» ha devenido aceptable para la sociedad y ha servido para el mantenimiento de las diferencias sociales de manera poco transparente. Pero a partir de la crisis cabe pensar que en el futuro inmediato, el capitalismo vaya a virar hacia formas de hacer realmente competitivas e incompatibles con esas rentas que no responden a la productividad marginal de los ciudadanos-trabajadores.

Puesto que la crisis de la deuda en Europa impacta en todo el mundo es de esperar que esa evolución del capitalismo acarree cambios políticos de mayor o menor envergadura, especialmente en nuestro viejo continente. Más allá de los comentarios de Wolf. los analistas más valientes piensan en un federalismo tipo americano. Pero esto trae consigo un centro fuerte y único con un poder mayor que el que hoy detentan Alemania o Bruselas. Y un centro único, tal como se explicó aquí, genera rentas y apacigua la competencia que es, como el aire, necesaria para respirar y crecer.

Es hora pues de pensar en el confereralismo y su espíritu. Es multipolar y puede ser asimétrico. Las cuestiones del poder son menos corrosivas y las rentas no se generan tan fácilmente en una organización confederal. Además es escalable y, por lo tanto, puede reconocérsele hoy al País Vasco y establecerse mañana en Toda España, en toda Europa y, finalmente, en todo el mundo.

¿Qué se puede esperar de una confederación asimétrica mundial? Dos cosas simples. La primera es la disipación de rentas en general. La segunda que el poder esté muy distribuido y los arreglos solidarios sean aceptables a segmentos poblacionales que se arreglen entre sí. Como organizar los pagos, las instituciones financieras o la competencia fiscal es algo que decidirá cada grupo de países que han decidido poner juntos su imaginación y su trabajo.

Por este camino creo que, de verdad, el capitalismo iría a mejor.

La paloma de Kant

KAntComo no tenemos ni idea de cómo comenzar a desbloquear los frenos que los tratados representan para la refundación de Europa, estos días proliferan los comentarios y los esquemas novedosos. Entre los primeros se encuentra esta entrada en VOXeu que me remite JO y, entre los segundos, cabe mencionar este en paticular que me recomienda JA. Merece la pena leer ambos. Por otro lado llama la atención la tardanza en tomar decisiones sobre materias que tienen aspectos financieros y que, por lo tanto, pueden incidir en la compra y venta de activos que pueden realizarse en segundos y que pueden distorsionar la asignación de recursos financieros.

«Hay demasiado rozamiento político» piensan muchos analistas y observadores; y se desesperan. Para deshinchar el pesimismo y suavizar la ansiedad es bueno recordar la cita de Kant del otro día, esta vez traducida al castellano por Ricardo Pesado:

La ligera paloma, que en vuelo libre corta el aire, cuya resistencia siente, podría imaginarse que lo lograría mucho mejor en un espacio vacío de aire.

Sabemos que la imaginación de la paloma está equivocada y es perniciosa, pero no hemos aprendido que la resistencia contra nuestros deseos es necesaria para alcanzar nuestras metas. Vivimos un momento privilegiado para comprobar si un día agradeceremos la resistencia de Angela forjada seguramente en el mismísimo Kant.

Recordemos esto cuando nos lleguen las primeras noticias de la reunión de este próximo fin de semana.

VIII: Commons

rapa das bestasLos bienes comunales han sido siempre un dolor de cabeza para los economistas. No tienen que ver con los bienes públicos pues estos son accesibles a todos y no reflejan ninguna rivalidad puesto que su uso por alguien no evita su uso total por cualquier otra persona. En cambio los bienes comunales no son ajenos a la rivalidad puesto que cuanto más se usan por alguien menos queda para otros como, por ejemplo, en el caso de los pastos o de la pesca. Lo que les caracteriza es que los derechos de propiedad no están bien asignados o más bien que no existen pues o bien son del estado o del ayuntamiento o no son de nadie. Si son de propiedad pública es posible que la administración correspondiente sepa cómo asignar su uso entre los administrados; pero si no son de nadie la cuestión de cómo evitar los efectos perversos de su uso se vuelve más complicada.

Si no se hace nada, los recursos comunales, los pastos o la pesca, corren el peligro de extinguirse por un uso demasiado intensivo. Si eso ocurre decimos que es una tragedia y hablamos de la Tragedy of the Commons. Pensamos que esta tragedia es el efecto de la falta de asignación de derechos de propiedad e intentamos o bien asignar esos derechos, como el uso de las aguas costeras, o bien inventamos esquemas idiosincráticos típicos de comunidades de tamaños reducido. El Tribunal de las Aguas de Valencia sería un ejemplo de este segundo caso pero no es el único ni mucho menos.

Todo esto es conocido, pero lo que quizá sorprenda un poco es la idea de Aaron Tornell y Frank Westermann de que las facilidades que el BCE puede utilizar para inyectar liquidez a la eurozona pueden ser vistas en su conjunto como un recurso comunal lo que, bien visto, no es descabellado cuando uno mira a las cantidades que este banco central europeo ha desembolsado hasta ahora y la relajación paulatina de los criterios que los bancos centrales nacionales (que son los que finalmente inyectan la liquidez) utilizan para hacerlo.

Pero no seríamos suficientemente curiosos si pensáramos en el fenómeno exactamente como una tragedia porque no está nada claro que el sobreuso acabe con el recurso. Es posible que aquí estemos en una situación análoga al caso de las ideas puesto que éstas pueden ser vistas como un bien comunal ya que, una vez expuestas, son conocidas por cualquiera que puede usarlas. En este caso de las ideas nos enfrentaríamos más bien a una comedia de los bienes comunales (una Comedy of the Commons) puesto que a mayor diseminación de las ideas más ideas se generan. Esta [[lógica de la abundancia|abundancia]] está en el origen de la [[devolucionismo|crítica a los derechos de autor en sí mismos o a su duración e incluso en la actitud que lleva a poner en duda algunas de las formas de patentes]]. ¿Y no sería aceptable pensar en el dinero fiduciario como algo similar a las ideas?

Naturalmente está el asunto de la inflación. Pero cuando España tiene una inflación por debajo de la media de la eurozona no parece que ese peligro sea muy serio como para no permitir el uso por parte de quien quiera del recurso común. Pero a partir de ahora parece que el señor Draghi no va a permitir esto. Es como si estuviera imponiendo lo equivalente a un copyright de duración no definida.

Si la analogía que aquí se está haciendo es en algún sentido válida, todavía podemos darle una vuelta más. Que eliminar derechos de propiedad intelectual puede ser socialmente beneficioso es ya un lugar común de forma que aquí habría un argumento para presionar a D. Mario. Por otro lado estaría el tratar de aprender de esquemas prácticos que sociedades hasta primitivas han inventado y que han sido ampliamente estudiados por la recientemente fallecida Elianor Ostrom en todos sus detalles. Pero aquí topamos con la dificultad de que casi todos ellos, por no decir todos, corresponden a sociedades de pequeño número de componentes, lo que facilita el conocimiento común de las rupturas culpables de las reglas establecidas.

Pero, para terminar, y en lo que respecta a un nuevo relato, me atrevería a decir que lo expuesto en este post puede servir para apoyar el uso de la idea de confederación entre comunidades relativamente pequeñas. El uso de esta idea sobre la que no pesa ningún derecho de propiedad intelectual igual nos pone en una situación en la que nuevas ideas se generan y fructifican en esquemas útiles.

VII: Angela contra Christine

Christine LagardeEn los días que restan hasta la llegada de las vacaciones políticas parecería necesario, para que esas vacaciones pudieran de hecho tener lugar, un esbozo del argumento del relato que se va a construir, el calendario de las hitos temporales que los autores deberían cumplir y quienes serían en principio los autores o autoras del relato.

No estoy hablando de eso que ha dado en llamarse hoja de ruta pues, en general, se emplea esta expresión para referirse no a planes para construir un relato sino a las medidas que se pretenden tomar y el orden en que deberían ser tomadas. Pero pedir esto sin relato previo me parece tan desmesurado en el caso de Europa que su mera mención me produce una total incredulidad sobre las medidas que se anuncien y un escepticismo no menos total respecto a las intenciones constructivas de aquellos que las anuncian.

Vayamos pues con el relato necesario. Como la situación es no solo desesperada sino también seria (a diferencia de la famosa frase y de lo que pasa en Europa desde comienzos de este año) el relato no puede ser parte de una amplia corriente literaria, sino como un aldabonazo que anuncia que alguien llama a la puerta en medio de la noche y que estamos pertrechados para recibirle como merece según sea amigo o enemigo. Ha de ser como una de esas propuestas que nadie puede rechazar y que, por lo tanto, no puede tardar mucho en ser aceptada. Ha de ser necesariamente una propuesta de compartir los costes de que se trate sean estos los costes de rescatar toda un economía o de rescatar un sistema bancario nacional.

Hay distintas formas de compartir esos costes y unas son más favorables que otras para determinados países. Sin duda la búsqueda de cierta equidad debe ser obligada pero no es el único criterio válido pues lo importante es salir del impasse en que nos encontramos para poder pasar de las musas al teatro.

Las posibles autoras de este clarinetazo necesario no pueden ser sino estas dos mujeres que ocupan hoy dos puestos cruciales. Christine representa al mundo y Angela a un viejo país Europeo que acumula mucho poder hoy. Ni la una ni la otra cuentan con el apoyo incondicional de todos sus representados pero es lo mejor que tenemos pues son dos personas capaces por formación e inteligencia y suficientemente diversas en sus posturas morales, una de moral laxa católica y la otra de un luteranismo acendrado.

Sea por estas posturas morales o sea por cualquier otra razón una y otra representan hoy dos posturas diametralmente opuestas que se reflejan en sus diferencias en el asunto del rescate del sistema bancario español y la posibilidad de recapitalizar los bancos directamente desde el fondo de recate que corresponda (detalle importante) sin, o con, aval del gobierno.

Mi propuesta es que sean ambas las que se queden sin vacaciones y acompañadas de sus actuales maridos se aíslen en un lugar paradisíaco en el que esos dos maridos puedan descansar, leer y hacer gimnasia mientras ellas esbozan la forma inmediata de recibir al intruso que golpeó la aldaba a media noche. Bastarán quince días de verdadero aislamiento para que ambas bronceadas de manera natural, estén preparadas para anunciar al mundo su arreglo inmediato e imposible de rechazar. A partir de ahí todo será más fácil. Y también más entretenido pues seguro que su arreglo nos llevará hacia una nueva Europa que anunciará una vez más un futuro sorprendente.

Notas de viaje

He vuelto a casa el fin de semana y así, como de paso, me he librado del infierno de Madrid, donde no quedan sino perros y niños igualmente tratados desde la distancia que permite la correa, con la misma displicencia por madres deseperadas, dueños arrepentidos o criadas aburridas.

Antes de salir hacia Euzkadi todavía tuve que resistir la visión de hombres con la cabeza cubierta con exóticos tocados. Para protegerse del sol supongo. No hay tocado de hombre que no sea repulsivo con la única posible excepción de la boina vasca.

Al bajar Somosierra y como en la frontera con Segovia no solo está aquella cabaña abandonada llena de esqueletos sino también, un par de kilómetros antes y a babor, un precioso Hopper con su casa silenciosa y una chimenea delante desde la que se ve, a estribor, una iglesuca románica cursimente restaurada. Algún día no tendré más remedio que contarles la extraña relación nocturna, mediante golpes de luz, entre la bruja que habita la parte superior de la chimenea desde tiempo inmemorial y el viejo sacristán de la ermita con hechuras de iglesia.

El sábado viajamos a Getaria, monte arriba a San Prudencio donde los herederos de mi primo mayor tienen unas viñas para chacolí y una casa prefabricada estilo finlandés desde la que se divisa el mar entre árboles y otras viñas. Mucho alcohol, mucha comida, mucho hombre sin tocado de cabeza, ningún perro y mucho niño sin correa.Y ¿cómo no? recuerdos de historias de la guerra que hemos escuchado a la generación anterior. Esa que perdió la guerra en Euzkadi y fue acosada en Francia por los nazis mientras ayudaban a la resistencia.

Y de vuelta a casa topo por azar, o porque alguien me mueve los libros depositados sobre la mesilla de noche, con El Derecho a la Pereza de Paul Lafargue, yerno de Marx. Se trata de un texto sumamente adecuado a la construcción de la Europa de hoy. Los causantes de nuestras desventuras son los predicadores de la épica del trabajo pues éste llama siempre a más trabajo y las grandes innovaciones solo nos llevan a más agobio. Tendría cosas que responder, pero me paro aquí, que estoy de vuelta en Madrid y hace mucho calor.

Hans Werner Sinn y otros economistas (no) del montón

Hans Werner SinnNo es difícil augurar que, más allá de la cantidad y condiciones del rescate del sistema bancario español, cuestiones estas muy importantes para este país, lo que está en juego es la situación económica de la eurozona, de toda la UE y, si me apuran, de la economía mundial. No es de extrañar por lo tanto que haya economistas de prestigio indudable que opinen sobre la mejor manera de sacar a Europa de un escenario que mestra una exigua tasa de crecimiento, un desempleo una pérdida de competitividad notable aunque desigualmente distribuida.

Dejando a un lado Krugman, que tiene la valentía de ser fiel a su conciencia liberal y opinar a menudo y con una consistencia tal que parece repetición y permite la crítica de cualquier alevín de economista que lucha con le revisión de su primer «paper», calificándolo de economista del montón, nos encontramos con gente como Rogof o Stiglitz que nunca han rehusado el cuerpo a cuerpo, incluso entre ellos, y llevan siendo consistentes en sus diagnosis y recetas al menos cinco años.

En este asunto Rogof es mi favorito y ya me he hecho eco de su receta de hace años: Inflación y Eurobonos. Para llegar a eso hace falta más Europa y creo que esto va a llegar rápidamente aunque a velocidad ralentizada justamente por la falta de Europa. Nunca en mi vida de economista había visto o sentido yo tanta incertidumbre, falta de coordinación y sensación de estar todos fuera de juego. Nadie sabe, aventuro, lo que piensa de verdad por que no sabe ni lo que los demás creen que piensa ni lo que los otros piensan.

Para lidiar con estas situaciones se inventó la Economía de la Información, pero yo diría que ha quedado fuera de juego a efectos de esta necesaria coordinación en la política económica e institucional europea. Uno de sus creadores fue J. Stiglitz, pero en sus artículos periodísticos solo comenta la necesidad de recelar de la austeridad mediante un argumento archiconocido: la imperiosa necesidad de relanzar la demanda agregada al menos a corto plazo.

A largo plazo habría otras cosas que hacer desde el punto de vista de la oferta agregada. Alguien como Prescott nos diría que lo crucial es eliminar barreras al crecimiento como si éste fuera el estado normal de un sistema económico. No se molestaría este otro Premio Nobel en fomentar el emprendimiento pues esta es como la aversión al riesgo, una característica personal que no se improvisa o se modifica sustancialmente mediante terapias de autoayuda. El espíritu emprendedor está ahí, cuando está y en quien está y quizá lo único que hay que hacer es liberarlo de ataduras que para algunos son signos de civilización, como serían no pocas medidas propias de un Estado del Bienestar, y para otros simples ataduras ridículas y paternalistas de bienintencionados con una idea del Hombre poco adecuada.

Ninguno de los economistas citados hasta ahora son europeos y esto no debía hacer pensar que esto se debe a que estos están más cerca del epicentro del tsunami que estamos sufriendo y por lo tanto se ocupan de detalles institucionales que no son fáciles de caricaturizar o de explicar al gran público. Nadie debería dudar de que hay magníficos economistas en Europa, desde Gran Bretaña a Grecia pasando por Francia o España y, naturalmente, en Alemania. Los hay pero una prueba de que esto de la economía pierde energías y credibilidad mucho más rápidamente que otras ramas del saber, se encuentra precisamente en que no hay manera de abstraerse de los intereses nacionales en cuestiones como las que ahora nos aquejan.

Tratemos de echar un vistazo a el artículo de Hans Werner Sinn en Expansión del martes 19 de junio sobre la discutida Unidad Bancaria Europea que debía acompañar, se dice, a la unidad fiscal, un tema de la máxima urgencia para España. Nos dice el director del instituto que produce el famoso termómetro IFO que refleja el sentimiento económico en Alemania que en su opinión socializar la deuda bancaria (y esto es la Unión Bancaria Europea) no es una buena idea pues distorsiona la asignación de recursos. Más en concreto proporciona a los bancos de los países menos ricos la posibilidad de dar créditos más baratos de lo que lo harían sin Unidad Bancaria distorsionando así la dirección de los flujos de capitales. Propone en su lugar convertir a los acreedores de un cierto banco, el que sea, en accionista de ese mismo banco a un cierto precio de manera que los acreedores no pierden todo, el banco continúa siendo viable y los accionistas también pagan un precio, reflejado en su dilución , por haber apostado mal. Seguramente piensa que esta forma de hacer las cosas no es muy mala para la banca alemana y sí lo suficiente para la banca española digamos.

En esta caso nuestro H.W.S. tiene un buen argumento económico de forma que no podemos decir que se deje llevar del todo y únicamente por los intereses de su país; pero en otras ocasiones el asunto no es así sino que sus argumentos son espúreos y sesgados patrióticamente. Estoy pensando en el uso que hace, tal como mostré hace ya algún tiempo, del sistema de pagos Target2 para intentar sugerir que Alemania se está sacrificando por Europa por el hecho de que tiene contablemente un exceso de derechos de giro sobre el output español digamos. Se olvidaba de que si Alemania puede exportar a los USA -digamos- es en buena parte porque el déficit comercial español mantiene el euro bajo con relación al dólar.

No es cuestión de volver sobre esta cuestión sino de sacar alguna lección de todo esto. Necesitamos economistas como H.W.S., pero también necesitamos que sus ideas sean puestas en contraste con las de otros economistas de otras nacionalidades. Esto es especialmente cierto en relación a la construcción de esa Europa que no hay más remedio que construir para salir de la llamada crisis del Euro.

Fogonazos XI: Hablar oscuro

Pacman y el anochecer entre las nubesMi amigo Javier Zuloaga me alegra la mañana de no pocos días. Hoy, por ejemplo, su post me hace pensar sobre la claridad en el uso de la palabra, algo que no abunda, especialmente en el ámbito de la Economía, un asunto que parece monopolizar el murmullo ciudadano y del que es difícil hablar sin tecnicismos. Pero como él nos cuenta:

«La gente quiere saber lo que pasa, que alguien nos lo explique, me decía hace pocos días una comerciante del Vallés, después de insistir en que no vengan de nuevo con lo de la burbuja, ni le hablen de Grecia, ni del interés de los bonos, ni de una prima de riesgo.

Creo que se entiende bien lo que el comerciante del Vallés quiere saber. O »mejor dicho, se entiende que lo que quiere saber es algo que no se sabe y cuya exploración no es en absoluto fácil de llevar a cabo. Es tan difícil que los que lo intentan no son muy claros en sus explicaciones bien sea por incapacidad o por dificultad intrínseca de la materia objeto del deseo de comprender. Por una u otra razón me parece que mis últimos posts, especialmente este y este, son oscuros.

Y sin embargo no me siento mal y pienso que me voy acercando a entender algo a través justamente de mis oscuros esfuerzos por aclararme. Esfuerzos que no son oscuros por casualidad sino que lo son porque necesariamente han de serlo, en buena parte por la oblicuidad que muestran como forma de coger desprevenido a lo incomprensible y sonsacarle todo su secreto.

El balbuceo es el signo de la persecución honrada de la verdad. Y, en mi opinión, un paso previo para a la práctica de la Parresía. No se puede hablar franco o con contundencia a menos que se sepa de lo que se habla, pero esto, la adquisición de la sabiduría, exige el balbuceo previo.

Esta última y aparente paradoja debiera dejar de serlo por que ya Kant inició su Crítica de la Razón Pura de esta forma deslumbrante:

Die leichte Taube, indem sie im freien Fluge die Luft theilt, deren Widerstand sie fühlt, könnte die Vorstellung fassen, daß es ihr im luftleeren Raum noch viel besser gelingen werde.

Pues eso.

VI: Acto gratuito y Frontera

Camus ha muertoEl ambicioso post del sábado pasado no era independiente del intento de dar los pasos necesarios para esbozar un nuevo relato que genere una nueva heurística. Por eso querría ahora volver a ese post y desarrollar alguna de sus ideas como la del acto gratuito y la de la frontera como habitat natural del hombre que ya apunta en nuestros jóvenes en formas novedosas. Decía allí:

¿Cómo entender algo en este mundo extraño que solicita mi escepticismo ante mi necesidad de absoluto y ante esta última me impone un relativismo implacable? Las ideas de soledad y de incomunicación o de ser arrojado a este mundo extraño en el que me siento extranjero, propias ambas del existencialismo camusiano o sartriano se me han quedado cortas ante la necesidad que tengo de agarrarme a algo que no fluya sin parar, el compromiso con lo que sea resulta falso y meramente voluntarista, las mil caras que me atribuye la psicología trufada de neurología no acallan mi terror a la desaparición.

Dicho con más sencillez: hoy se necesita saciar la sed de absoluto de una forma distinta a la que solicitaba la heurística de ayer. Nuestra ausencia de relato no solo se refiere a la economía o la globalización o a la cultura en la época de las TIC.

Se refiere también a la ausencia de aquello que nos hace vibrar por su absolutismo, su falta de relativismo. Hoy todo es relativo y realmente lo es a la luz del relato de la modernidad. Y ahora cuando este relato se tambalea nos preguntamos si no habrá por ahí un punto fijo al que agarrarse. De manera natural volvemos la mirada a lo más diferente a la Razón, al acto gratuito, ese acto que depende solo de nuestra voluntad y en nada de lo que se nos dice que hay que hacer. Al ser este acto gratuito casi un sinónimo de la rebelión podríamos pensar que solo necesitamos hacer de la rebelión un absoluto para saciar nuestra sed. Pero esto parece imposible. Eso es lo que decía al final del post del sábado:

Y de la rebelión ¿qué? Pues el acto gratuito, esa entelequia tan propia de nuestros Roquentin o Mersault, se nos ha quedado anticuado como si fuera una retirada desordenada de una batalla que sabemos imposible de ganar.

Nada tan gratuito como matar a un desconocido porque sí, sin razón. Seguramente la pulsión de matar puede concebirse como la explicación de un acto gratuito que, por otro lado, puede escenificarse de otras maneras poco o nada punibles. Pensemos en la caza. Podríamos verla como una forma civilizada de ejercer la pulsión, de llevar a cabo un acto gratuito. Pero nuestra vieja y obsoleta heurística nos lleva a defenderla bien como una reminiscencia ritual de ese acto gratuito, como en los toros, o bien como un apoyo a la ecología ya que la naturaleza no se autorregula.

¿Es posible ver en esta ausencia de relato una manera de vivir que sacie nuestra sed de absoluto y que no pueda ser integrada en la cultura dominante ni siquiera cuando esa cultura parece periclitarse? Vuelvo pues a la pregunta de hace años sobre el gesto más radical. Este es hoy no tanto morder la mano que te da de comer sino pensar una forma alternativa de vida, algo que los jóvenes nos están enseñando a hacer. Se puede vivir de otra manera y de una forma que dote de sentido a la vida de un ser humano.

Pero conseguirlo lleva su tiempo. Tienes que encontrar un cierto compromiso entre la lealtad a la heurística heredada y la traición a alguno de sus aspectos para ser alguien en la vida y no un mero ser que respira. Por lo tanto estás viviendo en la frontera, el habitat natural del que es al tiempo exiliado (al que se le augura venganza por parte de la comunidad traicionada) y huérfano (al que se le hace sufrir el dolor de la ruptura). Y, sobre todo, esa frontera es el único sitio que se me ocurre desde el cual un ser humano puede no estar avergonzado de estarlo. Por lo tanto estar en la frontera tiene algo de absoluto porque toda frontera es un límite.

Termino citando a Manuel Ruíz Torres quien nos dice, hablando de la filosofía del límite de Eugenio Trías, que:

El hombre se encuentra, según Trías, ante dos cercas: la cerca hermética, detrás de la cual se encuentra lo misterioso, y la cerca del parecer, la del mundo concreto. Entre estas dos líneas o cercas, existe un espacio, el límite, donde se encuentra el hombre, al que define como un ser fronterizo, entre lo físico y lo metafísico. La filosofía del límite que Eugenio Trías desarrolla es un pensamiento en el que se recoge con igual importancia la necesidad de la razón y el lenguaje verbal para acceder al mundo manifestado, y la necesidad del símbolo para llegar a contactar con lo misterioso.

A propósito de Hopper o entre la lealtad y la traición

Office at nightMeursault, el protagonista de El Extranjero de Albert Camus es alguien en quien la experiencia de la nausea que siente Roquentin en la novela homónima de Jean Paul Sartre ante la visión de una raíz, es llevada al límite. Cualquier cosa o persona, y no solo una raíz, resulta totalmente extraña a un ser humano incapaz de reconocer su funcionalidad y resulta absurda e incomprensible en su simple estar ahí. En un sentido ético y/o pragmático esta sensación alucinada, o quizá totalmente lúcida, nos permite afirmar que, tal como decía hace un par de meses, la heurística, aquella con la que nos hemos conducido hasta ahora, se ha acabado.

Esta constatación es un posible prólogo para una comprensión de la Modernidad como el período histórico durante el cual se construye y se usa una heurística escatológica propia del fin de los tiempos. El camino de la Razón está trazado por la comprensión definitiva del funcionamiento de la naturaleza que el uso sistemático de la razón científica y de su práctica tecnológica, permiten. Pero esta heurística, quizá como todas las posibles, tiene sus puntos de ruptura y poco a poco se convierte en un quehacer sin principio ni fin que no sacia la sed de absoluto más que a aquellos que no sienten nunca sed y para quienes la noción de absoluto les es extraña.

Pero aquí irrumpe el punto de ruptura. Este ocurre cuando desde la misma modernidad se detectan agujeros en el llamado proyecto de la Modernidad que intentan ser taponados o disimulados bien desde la filosofía, que resucita viejos temas problemáticos supuestamente superiores en algún sentido o se esfuerza en pensar justamente las huellas de la heurística, bien desde la literatura que mira a las «cosas» como de soslayo tratando de cazarlas en sus lenguajes secretos o en sus muecas divertidas cuando no las miramos.

Pero cuando esto ocurre y sigue ocurriendo sin que la ciencia nos ayude a mirar a otro lado ni surja ningún absoluto sin fisuras nos comenzamos a hacer preguntas locas como por ejemplo ¿quién soy yo? o como ¿cuántos soy? Imitamos a la física cuántica y decimos que un ser humano es tanto el corpúsculo, o agente, individual de la teoría económica como una onda formada por sujetos que no pueden traicionar del todo su identidad colectiva y encuentran un extraño compromiso entre la lealtad y la traición en frase afortunada de J.L. Larrea. Lealtad a esa identidad colectiva y traición a la misma que les permite devenir «sujetos» siempre en terreno de nadie, siempre dudosos del control de su propio destino y nunca seguros de la forma de enfocar los enigmas para convertirlos en problemas que tengan una respuesta provisional satisfactoria. No soy nadie, pero como el demonio soy legión. No sé cómo atraparme a mí mismo para controlar mi destino, pero como los gatos tengo siete vidas.

¿Cómo entender algo en este mundo extraño que solicita mi escepticismo ante mi necesidad de absoluto y ante esta última me impone un relativismo implacable? Las ideas de soledad y de incomunicación o de ser arrojado a este mundo extraño en el que me siento extranjero, propias ambas del existencialismo camusiano o sartriano se me han quedado cortas ante la necesidad que tengo de agarrarme a algo que no fluya sin parar, el compromiso con lo que sea resulta falso y meramente voluntarista, las mil caras que me atribuye la psicología trufada de neurología no acallan mi terror a la desaparición.

Y es en este vacío, por otro lado tan trivial, donde entra Hopper pues contrariamente a la idea en toda crítica especializada nada tiene que ver con la soledad de seres puestos ahí sin ninguna intención ni con el silencio metafísico. Me atrevo a decir sin autoridad ninguna que lo que nos enseña es la importancia de diferenciar el afuera del adentro. El ojo del pintor mira el adentro iluminado de una oficina desde un afuera nocturno. La luz de la mañana que viene del afuera de una habitación sirve para proyectar sombra en el adentro de esa habitación y el pintor da testimonio de ello.

Lo que importa parece decir, al menos a mí, es saber si todo es endógeno o no lo es. En el primer caso no tengo esperanza alguna de explicar propiamente nada, sino que solo puedo aspirar a observar lo que ocurre a mi alrededor como un simple mariposón del pensamiento. En el segundo caso solo me queda apelar a alguna forma de trascendencia o razonar que la zona iluminada desde la oscuridad exterior será cada vez mayor convirtiéndome así en un mariposón con mayor empaque.

Y de la rebelión ¿qué?. Pues el acto gratuito, esa entelequia tan de nuestros Roquentin o Mersault, se nos han quedado anticuados como si fueran una retirada desordenada de una batalla que sabemos imposible de ganar. La soledad acompañada en una gasolinera de carretera secundaria parece un acto más significativo. Pero significativo ¿de qué? Quizá, y solo quizá, de vivir a pesar de todo como un hombre de la frontera que es el hábitat natural de aquellos que tienen las manos en la luz de la habitación de un hotel y los pies sólidamente apoyados en la oscuridad de la noche que nos rodea.