¡Qué día!

DraghiAyer fue un día muy duro para la confianza en España. La confianza interna y la externa están en estado catatónico. La interna se hace trizas con asuntos como las comparecencias o la comisión de investigación en el caso Bankia. El cabreo empieza manifestarse por donde no esperábamos por lo que no hay planes de contingencia y altos funcionarios no pueden ocultar sus sentimientos de impotencia.

Pero lo peor es la falta de confianza en España en el exterior. El caso Bankia se ha dido de las manos de los responsables políticos últimos y en el mundo digital en el que vivimos esto es imposible de ocultar. Que Luis de Guindos envió su original plan al BCE o no lo hizo es lo de menos. El BCE contestó a ese misterioso, y sin embargo sobradamente conocido plan de capitalizar un banco con deuda pública con una nota que, por ,lo visto, llegó al FT dando origen a su artículo de ayer y después Draghi afirmó que no hay dicha contestación pues nadie la ha enviado un plan. Todo absurdo.

Estamos en un mundo muy veloz y parecería que la administración no le coge el paso. La renovación de la administración central es, creo, una necesidad perentoria.

El resultado fue muy malo para la llamada prima de riesgo y para la Bolsa. Esperemos que la sociedad no entre en una espiral de terror pues entonces no hay administración por mala que sea que pueda empeorar las cosas.

Y en esta situación tan irritante ¿cómo segur pensando en la creación de un nuevo relato? Bueno ya veremos.

I: América vs. Europa

«Vivimos en ausencia de relato». En algún lado he escrito esto, pero no recuerdo dónde. Tampoco tiene importancia. Lo que sí la tiene es estar convencidos de, como consecuencia de la crisis general, no hay más remedio que construir un relato nuevo y alternativo en multitud de campos y no solo en el económico en el que la ausencia de relato toma muy a menudo la forma de una logorrea que quizá no sea evidente por la existencia de una verborrea pasmosa. por esta razón creo que voy a intentar abrir otra especie de serial titulado «Hacia un nuevo relato» y cuyo primer capítulo esa el post de hoy. Allá voy.

La presunta ruptura o fisura del vínculo atlántico asociada a las distintas formas de lidiar con la crisis que comenzó a mediados del 2007, ha desvelado un descubrimiento notable. Resulta que América (así llamaré a los EEUU) no es lo mismo que esa amalgama heterogénea de pueblos, estados e idiomas que llamamos Europa. Nos pasamos la vida haciendo chistes de gabachos, cabezas cuadradas o cow-boys (ya saben esos chistes rancios de había una vez un francés y un español) y luego nos asustamos cuando caemos en la cuenta de que, de verdad, no somos iguales.

América no es igual que Europa y haríamos bien en pensar las diferencias. Restringiéndome al campo de la Economía, y en términos muy generales, lo obvio es distinguir entre dos tipos de capitalismo. El capitalista americano estaría sometido a mayores riesgos y desigualdades (mitigadas por la movilidad social) a cambio de una renta disponible media relativamente alta. Por contra el capitalista de la supuesta Europa (el que vive en el antaño llamado capitalismo renano) preferiría una menor renta disponible con menos desigualdad y riesgos menores (quizá por la falta de movilidad impuesta por la heterogeneidad lingüística).

En España hoy se pone mucho énfasis en esta distinción y el gobierno del PP y una buena parte de la sociedad, especialmente la asociada a la derecha empresarial, apuesta por el capitalismo americano.Sin embargo no es obligatorio tomar esa apuesta porque no es obvio que el capitalismo americano es mejor que el europeo en cualquier circunstancia. Por ejemplo, en épocas buenas el americano da menos miedo y cuanto mayor es uno más le gusta el europeo.

A pesar de la contingencia de la diferencia, la discusión entre ambas formas de organizar la producción y la distribución de la renta y de la riqueza está a punto de zanjarse, sin haberse agotado, por el anuncio acrítico de la victoria del americano a partir de la segunda mitad de los años 90. Yo creo, sin embargo, que hay que reabrir la discusión, o no cerrarla todavía, y propongo un debate, esencial en la sociedad del conocimiento, sobre el sistema económico como aparato epistémico que diría Hayek, es decir, sobre las diferentes formas de generar información.

Para ordenar esta discusión parafrasearé un artículo de Sah y Stiglitz de hace veinte años (The Architecture of Economic Systems: Hierarchies and Polyarchies, American Economic Review, 76, 4, 1986, pp 716-727) en el que se preguntan por las diferencias entre una jerarquía y una [[plurarquía|poliarquía]] a la hora de seleccionar lo que, a nuestros efectos, podríamos considerar piezas de información o, más simplemente, ideas. América sería una poliarquía en la que los filtros de ideas están instalados en paralelo de forma que una idea rechazada por un filtro puede ser aceptada por otro. Europa, por el contrario, estaría mejor representada por una jerarquía en la que los filtros son instalados en batería de suerte que cualquiera de ellos puede vetar una idea. Esta descripción está de acuerdo con los prejuicios generales sobre América y Europa y responde a mi experiencia personal en materia de educación en uno y otro continente.

¿Qué nos enseñan Sah y Stiglitz? Si los filtros son imperfectos (y lo son) la poliarquía americana admite más ideas (buenas y malas) que la jerarquía europea, cosa fácil de comprender a partir de la diferente instalación de los filtros. Lo que no es tan inmediato es que la poliarquía americana se decanta por evitar el error de tipo I (es decir por evitar el veto a las ideas buenas) mientras que la jerarquía europea se decanta por evitar el error del tipo II (es decir por evitar que se admitan ideas malas).

Como se ve la elitista Europa se preocuparía de evitar la basura intelectual y la populista América preferiría no correr el riesgo de matar una idea prometedora. Necesitaríamos saber qué es mejor en términos de la información útil que obtenemos finalmente, es decir, tenemos que utilizar como criterio el beneficio epistémico esperado. Hayek estaría orgulloso de este criterio, pero su aplicación genera casuística cuando tenemos que movernos en el ámbito del óptimo subsidiario ya que el first best no es alcanzable por falta de información o por límites en la capacidad de cálculo. A grandes rasgos podríamos decir que los autores citados son capaces de mostrar que en los buenos tiempos (cuando las ideas en el aire son de buena calidad) o la proporción de éstas es alta, América (es decir, la poliarquía) proporciona un mayor beneficio epistémico esperado. Sin embargo, en los malos tiempos (en los que existe una proporción alta de ideas tentativas de baja calidad) Europa funcionará mejor en término de beneficio epistémico esperado. Todo bastante intuitivo; pero para hacernos con una moraleja última útil para estos momentos de falta de relato todavía tendríamos que saber si los tiempos son buenos o malos.

Mi intuición me dice que para la biotecnología los tiempos son buenos, mientras que para la Economía o las telecomunicaciones los tiempos son malos. Yo sabría sacar las consecuencias si tuviera que decidir dónde aprender biología, economía o telecos. Pero ¿cómo están los tiempos para la politología a la que nos volvemos con frecuencia inusitada a la búsqueda de ideas para el nuevo relato? A mi juicio, y aunque estuviéramos dispuestos a prestar atención a las ideas de los neoconservadores republicanos en los EEUU, no hay hoy en día grandes ideas en ciernes y las que se manejan no son ni siquiera novedosas.

Si mi juicio es correcto deberíamos escuchar a la vieja Europa. Lo que aquí se está cociendo y de lo que somos espectadores de primera línea debe ser escuchado con atención suma. No nos arredremos ante locuras como el [[confederalismo|confederalismo asimétrico]], la [[lógica de la abundancia|economía de la abundancia]], la [[modo de producción p2p|producción P2P]] o la necesidad de [[disipación de rentas|disipar rentas]]. Mi intuición es que ideas que, como esas, a menudo se desprecian por utópicas o meramente teóricas van a ser escuchadas en Europa en estos días de tribulación. Esas ideas tienen un enorme potencial epístémico.

Fogonazos. X: La turbadora señora del autobús

EllaSerá la crisis o será la edad, pero el hecho es que se me está agriando el carácter. Comienzo a detestar casi todo, desde alguna gente que antaño me alegré de ver de vez en cuando, a los paseos que me obligan a dar, pasando por la sobredosis de cultura, publicidad y moda con las que nos obsequian los medios de comunicación.

La moda me pone especialmente iracundo y me entran ganas de golpear a esa jóvenes modelos que en lugar de alegrarme la vista me recuerdan la rigidez de los zombis.

Pienso que igual no es ni la edad ni la crisis, sino un recuerdo infantil que ha aflorado inesperadamente. El ir y venir a y de Madrid no lo hacía en automóvil por la resistencia pasiva de mi padre al franquismo que había requisado su Skoda. Asi que aquel día viajaba en autobús camino de Madrid con mi madre. No recuerdo lo que íbamos a hacer. Supongo que, una vez más, yo, un niño de apenas diez años, servía de coartada para que mi pobre madre pudiera descansar unos día del cuidado de mi padre enfermo de Parkinson.

Mi madre sentó en la ventanilla y yo ocupaba el asiento de al lado sobre el pasillo. Al otro lado del pasillo y una fila delante viajaba una mujer hierática y no joven con las faldas un poco más cortas de lo normal para la época que dejaban insinuarse a las rodillas. Aquel viaje fue el cielo en el infierno o al revés. No podía apartar los ojos de aquellas rodillas y un un sentimiento caliente y desconocido subía desde el vientre al pecho. Un sentimiento, un dolor, un placer, los tres en confusión, una confusión que nunca me ha abandonado y que revive cada vez que veo una mujer desfilando un pie delante del otro , con cara de muerta y totalmente enganchada en su bamboleo.

Siento ganas de golpear en contra de mi natural pacífico.

Fogonazos IX: Un sueño espantoso

Era la noche anterior a la final y había tomado una gran cantidad de chocolate para calmarme los nervios. Así que soñé.

Repartidos por una casa deconocida estaban miembros de la familia propia y política. Sueño que despierto de lo que creo es un sueñecito breve y todos ellos tienen una cara muy rara.

Parece que me he dormido delante del televisor y que a mi alrededor todo el mundo pretende que hablan de otra cosa aunque no pueden disimular la pena. Me doy cuenta de que hemos perdido la final y casi me alegro de no haberla visto.

Pero hablo con algunos de los jóvenes, con otros de los no tan jóvenes y con una tía de mi mujer bastante mayor. No entiendo su expresión glacial. Algo me ocultan pienso. Al fin y al cabo no es tan grave haber perdido otra final.

Pero parece que haya algo más. Poco a poco mi mente se calma y me doy cuenta de que están tristes porque he muerto.

Dos recomendaciones (extrañamente) relacionadas

DescomposiciónAyer mismo revisando los «posts que leo» me topé con dos aparentemente muy distintos y que, sin embargo, me sugirieron algo parecido. El primer post es el de Luis Garicano en NesG y el segundo el de Victor Ginsburgh en VOX.eu. El de NesG es de naturalza económica y trata de todo lo que todavía habría que hacer en materia de reformas en España. El de VOX.eu es un estudio bibliométrico sobre la importancia de los artículos que aparecen en primer lugar en las revistas científicas de Economía. Ambos son muy recomendables y se deberían leer. Yo me limitaré a resumir uno y otro para poder comentar el aroma único que creo se desprende de dos dos temas tan aparentemente diferentes.

El de Garicano tiene un tono un pelín más irritado del usual en él. Pone un énfasis en aquellas reformas que se podían haber hecho en España y que, sin embargo, siguen tontamente pendientes a pesar de que inciden sobre la robustez del entramado institucional, una variable ésta que desde hace muchos años y sin pérdida de continuidad se ha singularizado como muy importante para el enriquecimiento de un sistema económico integrado. La lista que ofrece va desde la reforma administrativa prometida ene España desde al menos 1982 (aunque estos días los medios no han hablado de facilitar los trámites para la apertura de de comercios pequeños), hasta la insoportable falta de atención a la creación del capital humano, pasando por el saneamiento del sector eléctrico y su déficit tarifario entre otras. A mi juicio este post es una magnífica muestra esclarecida de lo que opinan los llamados expertos, en este caso económicos, sobre la [[descomposición]] de la sociedad en que estamos viviendo.

El post de Ginsburgh nos convence de que la forma habitual de juzgar la calidad de los trabajos científicos en Economía puede tener un poco de trampa. Resulta que, después de un análisis empírico sujeto a suficientes controles, deberíamos aceptar que dos tercios del exceso de citas que los papers editados en primer lugar de una revista reciben sobre los demás se deben solamente a esa colocación y no a su intrínseca calidad, juzgada esta última por los expertos correspondientes. Esto no hace sino confirmar la sospecha de que la investigación científica (en este caso económica) sufre de path dependence siguiendo el camino que los más citados parecen ir señalando, pero que podría reflejar simplemente la opinión interesada de los editores correspondientes. Me permitirán que añada que este «hecho» es también un signo de [[descomposición]].

¿Cual es al conexión entre ambos posts? Ambos están arrojando dudas sobre la calidad de las instituciones más importantes para el futuro de un país o de una ciencia. Y así, añado yo, no podemos estar seguros de que vamos por buen camino por muchas afirmaciones optimistas que se hagan por parte de los interesados.

El cuerpo como metáfora

El cuerpo político del ReyHace dos días concluía, a propósito del Consejo Europeo de ese mismo día, que:

Esa es la oportunidad de Europa, inaugurar el siglo XXI en donde ya no importa mandar sino ser sabio para hacer burla al poderoso

Y hoy no tengo más remedio que ratificarme a la vista de los comentarios de los observadores habituales de los que disfrutamos ayer. Me ratifico en que era una oportunidad, pero añado que no se aprovechó por falta de visión amplia. Cuando la visión está basada en el cuerpo humano, nada original en la historia del pensamiento de cualquier cultura y ya utilizada por mí en este blog, hay que distinguir cómo se usa.

La manera más corriente en estos días es el uso médico de nuestro cuerpo con esa metáfora, seguramente por la preeminencia de la biomedicina y sus éxitos. Esta es la línea que usa Rubalcaba. Según este ex investigador químico, contra la crisis y sus efectos sobre el cuerpo del enfermo, lo primero debería ser el uso de un antipirético para bajar la fiebre, luego deberíamos atacar la infección que produce la fiebre mediante antibióticos y finalmente sería recomendable la toma de vitaminas para revitalizar la actividad económica del cuerpo social. Ni que decir tiene que el antipirético es el arreglo del sistema financiero con o sin ayuda del BCE, el antibiótico serían los eurobonos y las vitaminas serían cualquiera de las medidas de impulso del crecimiento tanto por parte de la demanda como de la oferta. Lo bueno de esta metáfora es que en ella está claro cual es el orden en el que se debían tomar las medidas y lo malo es que no se precisa el tiempo que llevaría todo el proceso o si ese tiempo es el mismo para cada país.

Mucho me temo que como lo que importa es mandar, tal como decía anteayer, hay que mirar a lo que ocurrió en Bruselas como una forma de alargar el proceso de recuperar la salud a fin de desembarazarte de otros alargando los tiempos siempre que tú puedas resistir, especialmente si el proceso trae consigo una devaluación paulatina del euro que, en cualquier caso, beneficia a todos.

Pero ya, puestos a esperar, podemos entretenernos imaginando extensiones de la metáfora del cuerpo humano. Los que hacemos gimnasia y nos entrenamos para mantener un poco el tipo, la fuerza o lo que sea, sabemos cual es esa extraña relación entre los distintos músculos del cuerpo. Hemos llegado a entender que la vida cotidiana en una ciudad limita el ejercicio de los músculos a ciertas parejas o grupos de ellos que ya no sabemos utilizar aisladamente. Y, sin embargo, nos ejercitamos precisamente para distinguir cada músculo en particular, repasando quizá un librito de bachillerato, a fin de decidir más conscientemente cuales queremos emparejar o agrupar y cuales queremos mantener aislados y para qué en cada caso.

Esta manera de mirar y entender al cuerpo humano es lo más parecido al confederalismo y ésta forma de convivencia es quizá el arreglo menos forzado para institucionalizar Europa, especialmente si lo visualizamos como confederalismo asimétrico. E institucionalizar Europa es en lo que va a deslizarse la conversación entre países europeos como resultado no tanto del intento de resolución de la crisis financiera y del euro, sino como estación de destino de la lucha por el poder. Una estación de destino en la que ya no hay poderosos de forma que la burla con la intentamos ridiculizar al extranjero es solo un gesto cariñoso.

Pero ¿qué está en juego hoy?

Carlomagno y LuísEsta tarde-noche se reúnen en Bruselas los jefes de Estado y de gobierno de los paises que conforman la E.U. Aparentemente lo que está en juego es la elaboración de una voluntad común de dibujar un camino hacia la recuperación en el que se compatibilcen las medidas de austeridad y las de reactivación.

No parece que sea algo tan complicado siempre que se deje espacio propio a cada país, se ajusten los tiempos a las necesidades de cada uno de ellos y se permita habilitar alguna fórmula para que el BCE pueda insuflar liquidez a los bancos y, con un poco de buena voluntad, a los países. Esto último, el acuerdo fiscal y los eurobonos parecen ser los tres escollos principales para llegar a una daclaración que descrispe a la opinión publicada y a los mercados.

¿Pero lo son de verdad? Depende de a lo que estemos jugando. Si se trata de cuestiones técnicas me parecen triviales no tanto or la simpleza de su fondo, sino porque todas ellas se solucionan con tiempos asimétricos. Pero es que no se trata de cuestiones técnicas sino de cómo hacerlas parecer complicadas en sí para encubrir que lo que es complicado es la colocación de salida para el nuevo reparto de poder en el nuevo escenario global.

Europa permanecerá y lo hará con moneda única, pero su posición en la división internacional del trabajo depende de demasiadas cosas. Somos imbatibles en cultura, pero ésta es una mercancía devaluada, de momento al menos.Queremos competir en tecnología y en general en la producción de aquellos bienes que incorporen un gran valor añadido.Y en esto solo Alemania tiene un buen punto de partida. Si esto es así se entiende mejor lo que casi todos piensan que está en juego: o nos hacemos como Grecia o nos hacemos alemanes.

Pero yo no veo claro que esas sean las únicas alternativas. Yo quiero una en la que los alemanes nos venden lavadoras y veranean dos meses en Mallorca mientras los vagos del sur trabajamos 11 meses reparando campanarios y no veraneamos. Pero los alemanes quieren veranear solo un mes y ser capaces de vender lavadoras a los USA mientras que los vagos queremos que se nos pague nuestro apoyo a un euro relativamente débil, tal como decía el otro día.

En cualquier caso tampoco esto es lo que está realmente en juego. Solo discutimos, o discuten, sobre quién manda aquí. Un problema anticuado muy del siglo XX cuando mandar era cuestión de poder bélico y de tamaño de las empresas. Pero ya no es así o dejará de serlo en breve. Esa es la oportunidad de Europa, inaugurar el siglo XXI en donde ya no importa mandar sino ser sabio para hacer burla al poderoso.

La épica y la lírica

RienziLa cultura me mata. Va a acabar conmigo. No puedo más, estoy agotado. Ayer prometía hablar del Nabucco del Euskalduna y ya, sin tiempo para pensar, estaba en el Real ante un Rienzzi, versión concierto, que no conocía. Una y otra son no muy lejanas en el tiempo y parecen responder a las preocupaciones políticas de jóvenes artistas apasionadamente defensores de la libertad de su pueblo. Nabucco responde a los intentos de unificación de Italia y Rienzzi al sentido de pueblo (volk) que Wagner no acaba todavía de aceptar limitándose a denostar a los nobles, a la Iglesia y al propio populacho manipulable.

Y ambas óperas, la de Verdi y la de Wagner, en su entusiasmo, eligen para expresarse historias del pasado casi remoto como si la actualidad no fuera suficientemente rica como para evocar eso ten sublime que, cada uno a su manera, quieren expresar.

NabuccoNabucco nos presenta un contraste entre la liberación por la paciencia, el sufrimiento y la mansedumbre y la liberación por las armas. Verdi se decanta por la mansedumbre del pueblo judío siempre confiado en su dios que finalmente destruye a Nabucodonosor herido por el rayo de la revelación. Todo ello al son de una música nada enardecedora sino, exagerando, como de bolero. Nada apropiada para una historia profética. Rienzzi, el último tribuno, delinea una historia más elaborada en la que la visión que éste tiene de una Roma de ciudadanos libres del Poder es imposible de llevar a la práctica por la mezquindad del propio pueblo aunque la música es tan dramática que casi te levanta de la butaca.

Pero lo que la proximidad de ambas funciones me ha hecho entender es la problemática, tan tratada por David de Ugarte, de la lírica y la épica, separar la lírica de le épica. A mi entender son inseparables, desde luego en lo operístico, pero también en la vida de la que la ópera no es sino una forma de simplificación nemotéctnica.

Nabucco no habría visto la luz sin su amor de padre de Fenena enamorada de un hebreo. Si un joven caballero no hubiera sucumbido al amor por la hermana de Rienzzi y no se debatiera entre la fidelidad a la estirpe y ese amor, Rienzzi no habría sido el último tribuno sino solo el primer defensor del pueblo.

La épica de la liberación de un pueblo se seca y se queda en simple ruido sin un amor infeliz entre un poderoso y un humillado. La lírica y su manifestación amorosa sin un conflicto épico de fondo resulta una cursilada bailable. No se pueden separar en la composición artística.

Uno puede pensar que quiere un mundo lírico en el que el amor, la lealtad al amigo o el deseo irrefrenable por el amado o la amada sea el sostén del orden de la convivencia y ese deseo es encomiable, pero corre el riesgo de diluirse en un perfume demasiado empalagoso incapaz de negociar la traición o los celos y siempre débil ante la eventual necesidad de golpear. Otro puede sentir que el orgullo de estirpe o de pueblo es la única argamasa social y solo en un medio así puede darse un amor que fructifique. Uno y otro tendrán razón porque solo ambas cosas, la lírica y la épica, juntas pueden llegar a hacernos sentir lo sublime, algo sin límites que nos sobrepasa y nos deja sin aliento.

Solo un grito que resuena en la punta de un monte, allí donde tantas veces hemos besado a la amada, nos dará fuerzas para juntarnos todos detrás de la bandera en defensa de la libertad.

Hockney

Como se sabe Bilbao es el centro del mundo. Por eso hay que acercarse de vez en cuando si ya no vives allí permanentemente. Y nunca te defrauda. El sábado por la noche hay que ir al estreno de Nabucco en el Euskalduna y antes es obligatorio acercarse a los museos. Hoy les hablaré del Museo berria, el nuevo, el que llaman Guggenheim.

La exposición de Hockney en el Guggenheim te abre los ojos y el alma a muchas cosas que interesan y, sin embargo, no aparecen en las agendas de los periódicos. Mi mujer y yo conocemos a este pintor desde hace muchos años y desde aquel día en el que por poco nos endeudamos para comprar un par de sus composiciones realizadas a base de fotos de máquina polaroid, hemos seguido su trayectoria con todo el cuidado que un simple aficionado puede permitirse. Le seguimos en Los Angeles en donde vimos aquella preciosa película A bigger splash sobre su personalidad y sus pinturas de piscinas californianas con un agua límpida con miles de reflejos. California tomó un significado distinto desde aquel momento. Y ahora llega a Bilbao con una exposición que incide justamente en mis preocupaciones como si él y yo nunca nos hubiéramos separado.

Al volver a casa lo primero es la tierra, tierra querida, lur maitea. Y quien dice tierra dice mar. Volver a Bilbao es volver al mar lo mismo que para Hockney volver a su tierra es volver a los campos y a los bosques de su Yorkshire natal. Pero la nostalgia de este pintor no es melancólica. Está llena de ideas.

La primera es que no hay nada puramente natural. Hasta la naturaleza tiene algo de artificial y así nos lo cuenta con tractores o automóviles al borde de un camino, de ese camino que no puedes evitar te evoque Munch y, por lo tanto, un poquito de expresionismo que se añade a toques de impresionismo y de surrealismo. Hay en sus pinturas un juego perverso de señales de tráfico que avisan que por allí pasan caballos. Y lo que parecería pura naturaleza es amenazador, tanto como lo sería una selva llena de serpientes.

Otra idea en la que se basa mucho del montaje de su obra en Bilbao es la del punto de vista. Una vez más no hay forma de no ser relativista. Las cosas son distintas, hablan diferente según como las mires. El ojo es ya un instrumento y si ese instrumento mira a través de una cámara oscura o de una lente, nuestro cerebro ve otra cosa y se da cuenta de que un pequeño cambio de ángulo del instrumente intermediario puede cambiar totalmente la percepción.

Y ¿qué decir del camino? es una figura retórica tan polimorfa que te quedas extasiado. Irse o llegar, huir o invadir, pasear o correr, salir o entrar. Todo en él evoca el dentro y el afuera esa dicotomía central para entender el principio de lo que es entender.

No sé si es una idea, pero también inquietan los troncos delgados cortados y los troncos fálicos muertos. Me lleva pocos años y él, Hockney, y yo sabemos de lo que hablamos. Por eso no me paro delante de esa sección sin embargo tan central en la muestra. No estoy para ideas de decadencia. Estoy pata ideas liberadoras, así que por la noche Nabucco de un tal Verdi, gran hincha del Athletic. Pero eso se lo contaré mañana.

El puente sobre el río Bankia

GoirigolzarriHierve nuestro pequeño Wall Street. Desde la plaza Elíptica hasta la Bolsa, ubicada ésta un poco más hacia la ría que la plaza Circular, la Gran Vía es una especie de espacio público en el que se comentan las incógnitas abiertas por el caso Bankia y ¿cómo no? sobre el hecho de que una vez más haya tenido que ser un bilbaino el que salva a una institución financiera dando por hecho que Gorigolzarri sacará adelante ese muerto embalsamado. Cada atareado bilbaino tiene su propia idea crítica acerca de la manera de hacer banca de los que no han estudiado en Deusto, expresando sus dudas al respecto por la falta de tradición y ausencia total de olfato. Y porque «todos esos» son unos nuevos ricos y no como nosotros que llevamos mucho tiempo olfateando letras de cambio antes de decidir si descontarla o no. Son todos tan jóvenes…

Hay que ser desde luego un poco mayor para entender lo que pasa por la cabeza de alguien como el nuevo presidente de esa caja disfrazada de banco. Por lo menos hay que recordar una película magistral de David Lean que no entendí de primeras pues entonces era un adolescente que no tenía ojos más que para el Athletic. Pero volviendo la vista atrás no es difícil esbozar una explicación de la aparentemente loca decisión por parte de Goirigolzarri de aceptar una tarea tan poco grata y tan enredada políticamente.

Recordemos la aventura del personaje de sir Alec Guinness (el coronel Nicholson) enfrentado al coronel Sato, jefe del campo de prisioneros ingleses en Tailandia a finales de la última guerra mundial (encarnado por un actor japonés cuyo nombre no recuerdo), sobre el fondo de la construcción de un puente absolutamente necesario para la resistencia de los japos y cuyo fracaso es crucial para la victoria americana (con William Holden de dinamitador).

La figura del coronel Nicholson es shakesperiana. El orgullo nacional y militar, además de la convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra y su responsabilidad sobre la moral de sus hombres, le prohíbe colaborar con el coronel Sato en la construcción de ese puente que pospondrá la derrota y quizá pueda devolver la ilusión de la victoria nipona sobre ese enemigo occidental. Parece capaz de morir de sed, calor o inanición antes de colaborar; pero hay algo más allá del honor o la dignidad militar: el orgullo personal, al que no se puede ignorar so pena de no ser nadie. Y este orgullo personal surge en cuanto se pone en juego su conocimiento de ingeniería de puentes frente a la ignorancia del japonés. Su postura de resistente y la necesidad de mantener la moral de su tropa le empuja inevitablemente a construir correctamente el puente sin ahorrar sacrificios personales y a sabiendas de que sus propios superiores podrían afearle su decisión.

En la batalla financiera que enfrentamos y en la que no sabemos quienes son los nuestros, no tenemos superiores y el enemigo es ni más ni menos que los llamados «mercados» ¿a quién puede sorprender que el orgullo personal se imponga y la superación personal o la configuración autónoma de un yo orgulloso y necesariamente único nos lleve a una asunción de tareas para otros incomprensible?

Hierve Bilbao y se pregunta que quién es el nuevo presidente de Bankia, si es el Sato prisionero a su vez de la ceguera kamikaze de su emperador, si es William Holden revestido del pragmatismo americano que no duda o si quizá es el coronel Nicholson. Pero ¿cuál de los dos coroneles? ¿el de la novela de base o el del guión de la película? Cuando ante la bajada de las aguas vislumbra el trabajo dinamitero realizado por los suyos ¿qué hace? O bien no dice nada como en la novela y, salvada la moral de sus hombres, se impone su deber militar o bien, como en la película, se lanza a salvar «su» obra de ingeniería más allá de las conveniencias sociales, morales o castrenses.

Yo no tengo duda y pienso lo mismo que el inspirador de este comentario, un amigo que ha extendido en su terraza una bandera del Athletic de 18 metros.