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Fogonazos.VII: Demasiada muerte, demasida comida

Desde el miércoles estoy malucho con todos los síntomas de una gripe típica de vacunado contra ella. El malestar se reparte por el estómago, la garganta y las piernas. No estás mal pero te sientes fatal. Como decía aquel famoso mariscal austriaco respondiendo a su Emperador: «la situación es desesperada pero no seria». Era antes del fin de una batalla cruenta, una situación parecida a la que vuela por mis alrededores estos últimos meses. Asisto a demasiadas misas de difuntos, leo demasiados obituarios, me estremezco al saber que empiezan a notarse los suicidios de pequeños empresarios y de parados y todavía no me he liberado de la visita el Viernes Santo al lugar de lo hechos que comentaba have agunas semanas.

No es de extrañar que ante la muerte uno vuelva su atención hacia el placer elemental y, sobre todo, hacia la comida. Ese era mi caso y ya había ganado unos tres kilos de peso. La comida de mediodía en un indio este pasado miércoles me proporcionó un placer instantáneo que, poco a poco, se trocó en dolor y hastío. Esa misma noche tuve que abandonar precipitadamente la ronda de vinos mensual con la mala conciencia de no colaborar al entretenimiento general. El jueves ya estaba mal y a duras penas pude cumplir con mis compromisos.

Pero cancelé todos los del viernes y ese día, así como el siguiente y ayer sábado, me arrastré de la cama al sillón, de este al trono y vuelta a empezar, leyendo sin atención lo último de Vargas Llosa a fin de corroborar mis impresiones del último post. Apenas si he comido algo, he adelgazado esos tres kilos ganados tontamente más otro de propina, mi hermana me recuerda el día del santo de nuestra madre,San Anselmo, ese creyente en el absurdo como prueba de racionalidad, veo perder al Barça y ya medio adormilado me vengo del mundo apagando el televisor en medio de un fascinante debate sobre muerte de elefantes.

Hoy me encuentro mejor. No siento nauseas al pensar en la comida y así puedo escribir este post justificativo del silencio de este blog. Pero todo enseña y yo he aprendido que los malos tiempos matan y engendran un deseo atávico de comida que no hace sino empeorar las cosas. Creo que es el momento oportuno de largarme unos días a Bostswana.

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Comentario

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  1. Vuelvo a reuperar el apetito y no necesito cazar para sentirme mejor. Gracias por la referencia a la única detective privada de ese país africano. yo le encargaría el seguimirnto de mi elefamte preferido para saber con quien coquetea

Webmenciones

  • Fogonazos VIII: USUA « Juan Urrutia 27 abril, 2012

    […] voy superando el malestar físico innombrable del que me quejaba en el último post, pero todavía me cuido y todavía ayer no había salido de casa, renqueante como un viejo […]