en maxiposts

Fogonazos. VII: Emulando a Keynes

KeynesEl famoso biógrafo de Keynes, Robert Skidelsky, nos cuenta en algún lado que Keynes era una personalidad compulsiva que, entre otras cosas, no podía para de hacer simples cálculos numéricos.

Me he acordado de eso cuando, sin pensarlo, hoy he vuelto a contar por enésima vez los escalones de mi casa. Esos que me bajan del despacho a la cocina y el comedor. Son 19. En la cocina he visto una especie de bandeja que compramos en un mercadillo de París justo hace un año y que ahora hace las veces de frutero. Es ovalada y tiene 21 puntas. Hoy estaba llena de frutas: 5 kiwis, 4 mandarinas, 3 plátanos, 2 manzanas y una pera. La distribución de especies frutales no sigue la ley potencial tan observada en la naturaleza. Debe ser porque mi frutero no forma parte de la naturaleza.

Quizá esa manía estuviera por debajo de la aportación de Keynes a la teoría de la probabilidad subjetiva, pero en mi caso no me lleva a nada más allá de maravillarme una vez más de los números, unas entelequias que no me parece formen parte de la naturaleza tampoco pero que, además, se resisten a no se más que entelequias y nos plantean verdaderos rompecabezas. He aquí uno bien curioso que nos plantea si hay más números enteros que enteros pares. Paradojas del infinito. ¿Es esto parte de la naturaleza? ¿Hay algo infinito en la naturaleza?

Escribe un comentario

Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  1. En tu frutero no funciona ley potencial alguna porque no es parte del ámbito de la escasez. Estas leyes funcionan bajo escasez (artificial o no) y por eso gustan tanto a los hacedores de rankings como de modelos de negocio y por eso su juego con las escalas (escalas para conseguir escasez que genere a su vez leyes potenciales).

  2. La naturaleza bien puede ser infinita, en todo caso yo lo veo como un problema menor.

    El problema para nosotros es que buena parte de esa infinitud tal vez nos sea inalcanzable e inasequible o -aún más preocupante- incomprensible.