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Fogonazos. II: Descendientes

Ví la película de “nexpreso” Clooney el otro día y me sentí incómodo, aburrido e identificado. No puedo resistir la naturaleza en su manifestación más arrogante, húmeda y amenazante con plantas que se me antojan carnívoras, ríos infestados de peces con dientes y manglares con lampreas y culebras. Me siento ahogado y apenas si puedo resistir la tentación de huir y pisar el asfalto liberador. No me interesa nada la trama, que no desvelaré, ni la ambigüedad calculada del título pues tan descendientes son sus hijas como lo es él en relación a su ascendencia hawaiana, para no hablar del ecologismo vengativo. Pero, sin embargo, me siento identificado con ese padre agobiado. Naturalmente por mi parecido físico con el seductor Clooney, pero sobre todo con dos de sus frases que no puedo reproducir con exactitud pero que decían más o menos así: “nada es nunca la culpa de una señora” y, hablando del dinero que una buena educación de los hijos exige que pongas a su disposición si lo tienes, esa cantidad “debe ser suficiente para que hagan algo y no tanto como para que no hagan nada”.

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