Remolino o aguadilla

Hace unos días se presentó el libro de Saviálogos correspondiente a la reunión de octubre de este año organizada por Banca Cívica en Pamplona y a la que no pude asistir por razones médicas. Este libro que recoge todos las exposiciones y comentarios de los miembros de varias mesas de trabajo, es una alarde de edición rápida además de una preciosidad. En el volumen de este año la edición nos muestra la figura de un nadador saliendo a la superficie desde el fondo del mar, una ilustración que es el complemento perfecto del último (que yo sepa) libro de Rafael Argullol (Visión desde el fondo del mar, Acantilado,2010). De hecho compré ese libro porque la contraportada explicaba una anécdota de su vida que me resultaba familiar aunque solo fuera vagamente. Parece ser que siendo niño, un pescador le dio una leccion que no ha olvidado: “Si te atrapa un remolino mientras nadas, no te resistas. Déjate engullir. Cuando llegues a su corazón,él te expulsará hacia arriba, y así te salvarás”. Yo creía recordar que en algún lugar yo había dejado constancia de una reflexión infantil que me hice siendo muy niño, en aquellos días felices en los que la única sombra era el abuso de los chicos mayores que se divertían propinándonos a los más pequeños unas crueles aguadillas. En aquellos años me sentí muy orgulloso pues creí haber descubierto que la mejor manera de no sufrir este sadismo era dejarte llegar al fondo y luego desplazarse un poco lateralmente hasta salir a la superficie en un lugar un poquito desplazado. En este caso no había corazón del remolino pues no se trataba de un remolino sino una simple táctica semibélica. La misma intuición- que no hay que enfrentarse al peligro o al terror directamente- se expresaba de dos maneras diferentes. Dos formas que hoy pienso pueden servirnos para reflexionar un poco sobre la situación en la que ae encuentra Europa y más en concreto la zona euro. Sigue leyendo

Copago sanitario:¿una buena idea?

No es fácil la contestación a una pregunta así. No poseo evidencia empírica de como cuanto se podría frenar la demanda de servicios sanitarios innecesarios poniendo unos tickets de entrada de diversa magnitud. Imagino que no mucho y que la defensa del copago no está basada en la capacidad recaudatoria del copago, sino más bien en una aplicación bienintencionada de la teoría de incentivos con los que se llenan la boca los “enterados”. Los servicios sanitarios se podrían llevar a cabo con mayor tiempo, cuidado y calidad si los servicios de asistencia primaria no estuvieran colapsados con jubilados que los toman como centros de reunión o con madres asustadas por un granito de su bebé. Es posible que esto sea verdad; pero aunque lo fuere, creo que el copago no es una buena idea o, para ser más preciso, creo que hay ideas mejores.

El tener que pagar algo para que te atiendan en un centro de asistencia primaria, me recuerda al pago de un euro que exigían hace pocos días en Cáceres para visitar la que creo es la catedral a pesar de que mi mujer adujo que quería entrar para orar. No se lo permitieron y no visitamos la catedral. Nos fuimos enfadados. Es que hay cosas que no se pueden hacer y no me pregunten porqué pues tendría que inventarme una respuesta.

La comparación no es improvisada, sino que pretende introducir la idea que creo mejor para defender que la sanidad debe ser universal y gratuita completamente. No hay que mirar a la sanidad como un servicio social de cuyo abuso queremos librarnos, sino más bien como una pieza fundamental del patrimonio nacional que todos queremos conservar y de la que todos nos sentimos orgullosos. ¿Que hay muchos extranjeros que hacen turismo sanitario? Pues enorgullezcámonos por ello y atendámosles con todo cuidado.

Así veía yo el servicio inglés de salud en mi juventud, como un signo de la tradición de un gran pueblo. No me siento orgulloso de pertenecer a un pueblo que cobra por entrar en una catedral a no ser que, además del espíritu divino habite en ella un espectáculo de luz y sonido. Como si el copago sanitario fuera voluntario y sirviera para poder ver la tele mientras se espera.

Las TIC y la superficialidad

Se dice a menudo que las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) nos hacen superficiales y que no debemos confundir la información con el conocimiento. Pues ¿qué quieren que yo les diga? Yo no lo veo claro. A mí me encanta que el artículo de Heisenberg en el que se apunta al principio de indeterminación, también llamado de incertidumbre, esté directa o indirectamente accesible en la red aunque no entienda un pijo y tenga que acercarme a su contenido a través de otras publicaciones, divulgativas si se quiere, y desde luego superficial aunque no fuera más que por comparación. No podré presumir de tener un conocimiento profundo de un punto importante de la física, pero la información a la que tengo acceso me hace pensar y, finalmente, más sabio que, a la postre, es a lo que aspiramos aunque no lo sepamos.

ILUMINACIONES. XLIX: QUINCEMISMO

Puedo comprender todas las críticas al 15M o derivados; pero no llego a poder aceptar que se le critique por su falta de responsabilidad al no ser capaces de generar propuestas concretas y constructivas. Criticar una explosión de malestar como esta o enfrentarse a ella porque sí o porque no posee alternativas viables al sistema al que se opone o porque, aun teniéndolas, no parecen canalizables por las vías que llamamos democráticas, me parece corto de miras y, como decimos en Bilbao, de poco fuste.

Recuerdo de mi juventud un librito (no recuerdo cual) que escribió Savater en la suya reivindicando la potencia de la negatividad. Es ciertamente maravillosos llegar a, como pedía Nietzsche, dar un gran SÍ a la vida; pero también lo es saber decir un NO sin paliativos y sin explicaciones.

Las críticas al 15M a las que me he referido parecen apelar a la idea de responsabilidad individual, ese axioma moral que parecería faltar en las manifestaciones que en los últimos meses vitalizan los centros de las ciudades. Pero la responsabilidad individual no es sino un dispositivo de dominación que diría Foucault y uno de los más efectivos precisamente por su dificultad en ser detectado como tal dispositivo.

Pero si esto es así hay cierto valor en su denuncia. Ser irresponsable, negarse a dar explicaciones de una postura determinada ya sea en el caso que nos ocupa, ya sea, por ejemplo, en el voto o en opiniones poco elaboradas, es un gesto de libertad que, me atrevo a decir, puede tener efectos positivos.

En consecuencia opino irresponsablemente que el ser irresponsable y operar como tal debería ser un derecho humano universal y fundamental. Nada hay en ello de poco fraterno o de poco solidario. Justo lo contrario. El negarse radicalmente a lo que sea tiene algo de regalo a los demás. De regalo que no espera correspondencia.

Geografía económica escatológica y competencia perfecta

En la reunion de ASSET que se celebró en Evora hubo dos sesiones especiales organizadas por Alan Kirman, ganador el año anterior del Premio FUE a la Diversidad en la Investigación. Este premio responde al deseo de esta Fundación de incentivar la exploración de vías alternativas a la manera estándar de pensar de la Teoría Económica. En este contexto Gerard Weisbuch ofreció una conferencia sobre el futuro económico basada en la la dinámica de sistemas de la física. Asistí a ella y me sugirió los siguientes comentarios que, desde luego, no puedo garantizar que hagan honor a la exposición dada mi ignorancia de los modelos físicos de difusión.

A mi juicio poco informado la idea es plantearnos cómo representamos el futuro productivo del mundo a partir de la idea de que el único factor escaso es la energía que finalmente nos viene del sol. Esta energía incorporada en cualquier aparato que la convierte en fuente secundaria se une al capital y al trabajo para producir bienes físicos.

Esta pregunta básica se convierte finalmente en una pregunta de geografía económica: ¿Como será la distribución geográfica de la actividad productiva allá por el final de los tiempos cuando la escasez de la energía sea palpable? Es ahora cuando se aplica las ecuaciones propias de la difusión en física al modelo de crecimiento que he descrito antes. Y lo interesante es que hay dos respuestas posibles.

Si la energía solar original se utiliza como energía fotovoltaica, los costes de trasporte son muy altos y la distribución de la actividad productiva será desordenada, muy distinta en cada región del mundo con especializaciones productivas propias de la lógica de la ventaja comparativa de los mercados internacionales, de manera que nos encontraremos con esta especialización y también con unidades productivas con poder monopólico. Las rentas como beneficios no merecidos se mantienen.

En cambio si la energía solar se utiliza como energía nuclear, los costes de transporte son tan pequeños que podemos pensar que los mercados como tales, es decir con sus costes de transacción, no importan y nos encontramos con un panoranma tal que en cada rincón de la tierra la estructura productiva es idéntica y en nungún lugar hay una unidad productiva suficientemente grande como para ejercer un cierto poder monopólico. Las rentas se han disipado.

Esta interpretación mía de la conferencia de Weisbuch me sirve para resaltar el contraste entre la libre competencia que acaba disipando las rentas y lo que a veces llamamos competencia pero que no es nada inmune a la corrupción y en la que las rentas, lejos de disiparse se enquistan en las mismas carteras de los mismos por tiempo indefinido.

Esto me toca muy personalmente porque desde que apareció El Capitalismo que Viene, gestado antes de la crisis pero publicado después de la caída de Lehman, me siento incómodo pues lo que pretendía ser una base firme de la comprensión de la economía de mercado como un sistema más que aceptable es puesto en duda cada día que pasa. Este comentario, derivado de un modelo que no entiendo pero cuyas consecuencias creo que capto correctamente, me redime y puedo volver a recomendar, citar e incluso regalar sin mala conciencia pues su mensaje básico se mantiene: la competencia es garantía de prosperidad y de libertad siempre que sea fratricial y, además, conforma una base sólida de la forma política que llamamos confederalismo.

Resaca postelectoral

Que cada uno se consuele como pueda o se alegre a su manera; pero en mi caso apenas queda nada de mi entusiamo que pensé premonotorio. ¿Cómo me consuelo? Creo que la única esperanza que me queda es que Rajoy anuncie cuanto antes su gobierno sea cuando sea su nombramiento y su toma de posesión. De esta forma podrán empezar a hablar los ministros salientes con los entrantes y pergeñar conjuntamente algún tipo de política económica coherente. Dadas las perspectivas sombrías que se ciernen sobre nuestras cabezas no estaría mal que estos contactos empezaran por los problemas de igualdad que parecen interesarle a Rajoy y que se reflejan en esta columna de Larry Summers.

ILUMINACIONES. XLVIII: Entusiasmo

Debe ser el nuevo corazón renovado el que saca la alegría de mi pozo de entusiasmo. Esta noche he tenido un sueño muy a lo ML King en el que, habiéndose ya realizado las elecciones, seguía los resultados simultáneamente en Euskal Telebista y en Rtve mientras bebía vino (tinto, eso sí) en compañía de amigos que nunca votan bien. Casi simultáneamente los representantes de los cuatro principales partidos vascos anunciaban la conformación de un gobierno de unidad para preservar las características propias del modelo económico vasco dentro de un contexto europeo, y desde la sede del PP, Rubalcaba levantaba el brazo vago de un Rajoy que acaba de anunciar un gobierno de concentración para abordar las principales reformas estructurales en los dos próximos años. Todos los amigos nos miramos con cara de circunstancias y nos desabrochamos el cinturón dejando brotar el entusiasmo un pelín alcohólico mientras apagamos la televisión e iniciábamos una danza africana en forma de cadeneta de pueblo. Una especie de entusiasmo parecido al que había recordado ayer al mediodía en la casa encendida a la vista de los primeros años de la revolución rusa en los que el hombre nuevo se sentía explotar de entusiasmo al son de la Internacional. No duró mucho y la increíble ebullición cultural fue pronto fue aplastada por su manipulación interesada, pero ¡qué maravilla mientras duró! Pues eso, en mi sueño, mientras duraba la alegría etílica, desenvolví mi pancarta y, con la ayuda de mis amigos, la descolgué desde la terraza del último piso de cara a la calle: “Inflación y Eurobonos” rezaba muda. La gente se agrupaba en la calle fente a mi casa con réplicas reducidas de la pancarta y tal era su entusiasmo que Angela, milagrosamente llegada a mi calle sacó de su bolsillo a Sarkozy y le plantó un besazo en la boca mientras era coreada por los miembros del Tribunal Constitucional Alemán con su preciosa vestimenta. Amanecía cuando mis amigos y yo abandonamos la terraza y bajamos a la primera planta y espontáneamente tomamos nuestros vasos ya resecos y entonamos el brindis de La Traviata. Y Violeta nos dijo:

¡Alegrémonos! El vino y los cantos
y las risas embellecen la noche;
y que el nuevo día
nos devolverá al paraíso.

Graduación:el discurso

El otro día les contaba mi entusiamo por la ceremonia de graduación a la que asistí, como padrino de promoción, en la Carlos III. Y les decía que si la univerdidsd me lo permitía subiría a este blog el discursito que pronuncié. Ya tengo ese permiso pero ahora que lo releo me entran las dudas pues me parece que me pasé de entusaismo juvenil, algo poco estético a partir de una cierta edad. Sin embargo lo voya a hacer como una especie de testimonio de acepatción entusiaste de la vida. Así que ahí al lado lo tienen ustedes. Espero que les guste.

El discurso de graduación

Magnífico Sr. Rector, autoridades académicas, queridos diplomados, familiares, señoras y señores.

Vaya por delante mi agradecimiento a las autoridades académicas por la invitación a dirigirles unas palabras en esta ceremonia de graduación como padrino de la promoción del 2011.No es tarea fácil pues hay poco espacio para padrinos distintos a don Corleone . Entre el posible sustituto del padre y el abuelo con sus batallitas queda, en efecto, poco espacio, justo el que podría ocupar un cruce de mentor y de coach que es el que pretendo ocupar hoy con un descaro que debe ser fruto de mi juventud recién adquirida pues no poseo autoridad alguna en ninguna de estas dos actividades. Nada en mi vida me permitiría acompañarles en el mundo del trabajo como haría un mentor. Tampoco podría orientarles en el proceloso mar de sus psiques, como haría un coach, para hacerles confrontar sus virtudes así como sus limitaciones tratando de prepararles para un mundo turbulento. Precisamente porque el futuro inmediato está lleno de incertidumbre me permitiré un tono jovial y hasta un poco incorrecto por aquello de poner buena cara a los malos tiempos. Miren ustedes, lo único que puedo hacer para serles de alguna utilidad es decantar las enseñanzas con las que mis propias experiencias me han golpeado y que he tardado en admitir como tales enseñanzas. Mi vida y mi carrera han sido bastante diversificadas de forma que sí, como se temían, voy a contarles mi vida como corresponde a un señor de mi edad. Sigue leyendo

Sobre tecnócratas y políticos

Nos cuentan que en Grecia y en Italia, a fin de sacar a sus economías del marasmo producido por la crisis de la deuda soberana europea, se han formado gobiernos de tecnócratas. Y dentro de unos días el candidato del partido ganador aquí en España tendrá que decidir a quien pone en el gobierno. Pues bien, en este post quiero afirmar que la tecnocracia es como la cirugía vascular, puede arreglar alguna cañería, pero no sabe por qué esa cañería se obturó. La política sería más bien como la investigación básica que trata de entender por qué se obturó la cañería. Claro que estoy hablando de la buena tecnocracia y la buena política porque cuando simplemente nos representamos una y otra en el espejo de nuestra experiencia más próxima esa analogía hace aguas.

El tecnócrata de andar por casa prefiere verse a sí mismo como aquellos señores rectos que sacaron a España del aislamiento en los años finales de los 50 y que lo pudieron hacer porque habían oído hablar de algunas nociones de Economía que no se estudiaban en la correspondiente facultad casi recién creada y que eran ajenas al fondo de armario de los licenciados en Derecho que eran quienes manejaban el timón de la economía aislada española. Simplemente estaban más â la page. El político vernáculo no sabe verse como un investigador sino como un líder que arrastra a la gente por un camino que él cree lleva a alguna parte apelando a valores patrióticos. Si nos centramos en esta forma vulgar de hacer la distinción la elección que se nos impone es traumática porque en general se necesitan ambos: el tecnócrata y el político.

El tecnócrata nos va a decir, por ejemplo, que el sistema de relaciones laborales es mejor verlo como un mercado porque esto nos permite hablar de salarios de reserva, de intensidad de búsqueda de empleo y, en consecuencia, del interés que tiene simplificar el sistema. Y a sensu contrario, el político nos va decir que esa es una simplificación nada pertinente pues no tiene en cuenta el papel crucial de los sindicatos y no solo para el bienestar de cualquier trabajador, sino también para la paz social que permite al sistema funcionar aunque sus resultados se alejen un tanto de lo que serían si se tratara de un mercado de trabajo sin más.

Si, en este mismo tono, ahora pensamos en el sistema financiero, el tecnócrata está embebido en el diseño de un sistema de incentivos y de supervisión que permita el funcionamiento del crédito y desincentive las locuras y la contabilidad creativa mientras que el político procura quizás pensar en el mercado de votos y en la financiación de su partido tratando de arrimarse al banquero. En la naturaleza del sistema en que vivimos parece imposible conjugar ambos puntos de vista o intereses sociales pues no es posible tal como me dicen que afirmaba el último presidente de la AEB, Miguel Marín, un sistema financiero racional que tenga en cuenta los incentivos, que esté integrado sin que se pueda poner fronteras a las operaciones y que no estalle por algún lado. Para que la explosión no se dé es necesario que, o bien haya fronteras y se imponga la soberanía sobre la globalización, o bien se prohíba el seguimiento de ciertos incentivos individuales. Alguien tiene que velar por el trade-off menos costoso y este alguien es la política.

Pero también podemos explorar la caracterización de tecnocracia y de política que he intentado al principio. La política sería una pensadora enfrentada a los ejecutivos. En este sentido la política en efecto está pensada para las situaciones imposibles, aquellas en las que se llega a una imposibilidad de decidir racionalmente porque conforman una paradoja o una decisión indecidible. El resto es administración que es otra cosa. Lo malo de este reconocimiento tan peculiar es que aflora una posibilidad del pensamiento mágico que acaba llamando al chamán.

Por esa razón es preocupante la apelación continuada al liderazgo. No se trata de pensar a martillazos como querría Nietzsche o de romper el nudo gordiano de un golpe de espadón como, sin dudarlo, hizo Alejandro, sino de reconocer que dados los sesgos cognitivos de cada partido político en un régimen de democracia parlamentaria, la única forma de acercarnos a una solución no traumática es escuchar casi todos los puntos de vista. Y luego rumiarlos con cierta rapidez. Yo no quiero chamanes o líderes carismáticos, quiero tipos listos y rápidos en pillar la onda.