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Mi ventana-espejo

Al enfilar la carreterita que lleva a nuestra casa de Foixà, una casa que no tiene nombre todavía, se ve de frente y sobre la puerta de entrada una ventana vertical cuyo cristal se abre completamente y que protege de caídas estúpidas mediante una T como de Trota, la editorial con el palo horizontal a la altura de la cintura. Cuando está abierta solo se vislumbran un poco los cojines desordenados de un sofá, pero cuando está cerrada y con el estor bajado se transforma en un espejo que refleja algunos aparatos de los tejados de nuestros vecinos hacia el sur así como cables y eslingas de los postes, de la luz o de vaya usted a saber de qué. Esos reflejos aparecen como grúas de puerto o de astillero, un poco desarboladas y semiabandonadas, una reminiscencia del paisaje de la Ría de Bilbao y de sus grúas que lucen en la portada de este blog. No hay manera de librarse del origen…ni del blog.

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