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De taxistas, abejas y exilios

David, el taxista que me trajo de Ronda a este hotel Villa Padierna. No se parecía en nada al taxista al que se enfrentó mi mujer. David no solo había sido amigo deel maestro Ordoñez y conocía a la pintora inglesa perdida en la serranía, sino, como me dijo más tarde, había sido apicultor hasta que el crecimiento urbanístico le dejó sin sitio para colocar sus colmenas. Me he acordado de ello leyendo a Alexandar Henon descendiente de familia de apicultores ucanianos-bosnios. ¿Por qué este jóven escritor me ha recordado a Kirmen Uribe? Me inquieta esta pregunta y solo tengo una repuesta: porque la identidad depende de la infancia y el exilio.

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