Cometario a Pensando al `bies´

Osvaldo Feinstein envía el siguiente comentario que por su dimensión y su interés me parece exige su consideración de post. Dice como sigue.

Estimado Juan:Hoy leí (y disfruté) tu artículo en Expansión, “Pensando “al bies”. Quisiera hacerte ahora un par de comentarios y una sugerencia. El primer comentario, relacionado con lo que afirmas acerca de “la extensión del mercado”, coincido con lo que sostienes sobre la falta de garantía teórica de que la extensión parcial del mercado sea una mejora. El corolario de la “teoría del segundo mejor” claramente (de)mostró eso hace 50 años, pero lamentablemente frecuentemente se lo olvida. Por eso, y por haber visto lo que ha sucedido en la práctica (especialmente cuando trabajaba en el Banco Mundial), no estoy totalmente de acuerdo con tu otra afirmación, “puede servir como manera indirecta de pensar, pero que, sin embargo, nos ayuda a alcanzar conclusiones importantes como, por ejemplo, que la regulación es necesaria aunque no sea fácil de diseñar, ya que para ello sería necesario estar seguros de que vislumbramos el futuro y sus sorpresas con cierta precisión.”. Creo que lo importante es reconocer el falibilismo, la posibilidad de equivocarse, y la consiguiente necesidad de diseñar políticas regulatorias (y otras) que permitan introducir correcciones oportunas a la luz de los resultados (o de la falta de resultados) que se observen. Una especie de “aprendizaje bayesiano”, mediante mecanismos de seguimiento y evaluación de políticas (programas y proyectos).
El segundo comentario está relacionado con el primero, con la imposibilidad de “estar seguros de que vislumbramos el futuro y sus sorpresas con cierta precisión” (si fuera posible, no serían “sorpresas”; creo que G.L.S. Shackle elaboró bien este punto). Esto me lleva a la distinción entre riesgo e incertidumbre. Creo que es importante, y me alegro que te refieras a ella. En varios textos y artículos la gente usa la frase y en realidad se refiere exclusivamente a “riesgo”. Lo que señalas sobre la la distinción knightiana como correspondiente a la distinción entre un mundo probabilizado y un mundo sin probabilizar es acertado. Pero en lo que no estoy de acuerdo es que “en el mundo sin probabilizar” las probabilidades subjetivas y el criterio de Savage se apliquen, excepto en un subconjunto limitado de casos, que no son estrictamente los que corresponden a la “incertidumbre radical”, de Knight o incluso Keynes (en el QJE, 1937, en que afirmaba “we just don’t know”). No es sólo que no se conocen las probabilidades, sino ni siquiera los eventos, y por eso, a pesar de lo que sostienen algunos colegas y autores, en estos casos (que no son tan infrecuentes, y que corresponden a “Black Swans”, mucho antes que Taleb los llamara así) no puede aplicarse el criterio de Savage y las probabilidades subjetivas. En el extracto que te envío al final de este correo, y que procede de un email reciente que le envié a un colega de Cambridge, Jochen Runde (quien escribió un buen artículo sobre Taleb y sus “black swans”) trato de mostrar en un contexto que conozco bien, la importancia de estos casos de “incertidumbre radical”, no reducible a probabilidades. Dicho sea de paso, creo que es interesante la vinculación que estableces entre “riesgo estructural”, modelos econométricos e incertidumbre, un punto al que se refería (en otros términos) M.Kalecki en su artículo en el Fetschrift para O.Lange.
Y ahora mi sugerencia: la Fundación Urrutia Elejalde ha organizado seminarios sobre temas económicos importantes y de “frontera” (nosotros nos conocimos y hablamos en algunos de esos seminarios, la última ocasión fue en la Fundación March hace casi un año). Sería muy interesante un seminario sobre “economía del riesgo y la incertidumbre”, promoviendo contribuciones desde un “pensamiento oblicuo» o lateral.

PENSANDO `AL BIES´

El 90 % de los científicos que han existido en la historia están vivos. Hace casi 40 años, cuando me doctoré, había tan pocos economistas importantes que haber podido estrechar la mano de Samuelson, uno de los más reverenciados por los actuales profesores de economía según un estudio-encuesta realizada por William L. Davis et al. ( Economic Journal Watch, vol.8,nº2,mayo 2011, 126-146) , era un hecho asombroso que esperabas poder contar a tus nietos. Pero hoy esos nietos aunque estudien Economía no pueden entender la adoración ya que ésta, en efecto, solo cabe cuando hay pocos dioses. Hoy el Olimpo está realmente a rebosar.

Pues bien, Samuelson decía que ningún trabajo teórico vale mucho si no se lo puedes contar a tu mujer. Mi mujer, que no es economista, me preguntaba el otro día si no sería cierto que yo le había estado engañando cantándole las excelencias de la extensión de los mercados cuando, según el documental Inside Job que ella acababa de ver, parecería que, aparte corrupciones varias, la clave del desastre estaba en la proliferación de mercados que iban desplazando el riesgo hasta el infinito sin que nadie tuviera incentivos a manejarlo además de calcularlo. Le contesté que no hay garantía teórica de que la extensión de mercados sea una mejora, (aunque yo así lo creía y lo sigo creyendo) pues solo lo es con toda seguridad cuando la extensión es total, es decir llega a cubrir todos los bienes físicos en todos los posibles y concebibles estados de la naturaleza, entendidos éstos como la descripción precisa de todas y cada una de las características relevantes del entorno. Naturalmente esta extensión es algo que solo es concebible en un límite abstracto cuyo mención y manejo puede servir como manera indirecta de pensar pero que, sin embargo, nos ayuda a alcanzar conclusiones importantes como, por ejemplo, que la regulación es necesaria aunque no sea fácil de diseñar ya que para ello sería necesario estar seguros de que vislumbramos el futuro y sus sorpresas con cierta precisión. Sigue leyendo

ILUMINACIONES. XLV:Embeleso y embezzlment

En la final de la champions en Wembley el que retransmitía el partido dijo en un momento dado que el Barça embelesaba a su oponente. ¿Qué significa embelesar?

Para mí es esa sensación de hormigueo detrás de la cabeza que asocio con las clases de Doña Modesta cuando de niño me pasaba su dedo frío por la piel de mi cabeza señalándome cada hueso del cráneo susurrando apenas su nombre: frontal, occipital, parietal …. Esa ensacion la he vuelto a tener muy pocas veces. En algún seminario cuando el ponente explica las cosas con sencillez y a un ritmo tranquilo, sin sobresaltos ni subrayados. También cuando lel ritmo de la a masajista se aplica afanosamente en la planta de mis pies. En estos dos casos vuelvo a sentir el homigueo craneal de mi infancia, un placer indescriptible.

Pero embelesar en el caso de la final de Wembley quería decir más bien embaucar o incluso hipnotizar. En estos dos casos sin embargo,embelesar puede ser una táctica para aprovecharse de la confianza que los embelesados tiene en mí para distraer algunos fondos que me habían confiado.Como ejemplo recodemos la película de Woody Allen de la maldición del escorpión de jade. Esto último corresponde al uso que se hace de la misma palabra en inglés. Embezzlment quiere decir más o menos timar. El deslizamiento semántico no es tan grande ya que, en castellano, cuando embeleso o hipnotizo a alguien le puedo robar…. incluso un beso.

¿Cómo es posible esta continuidad translingüística? Para mí es un misterio idéntico a lo que me ocurre con la palabara inglesa «yield». Significa ceder como en las señales de tráfico y rendir como se dice del rendimiento de un bono, que rinde tanto, o como cuando hablamos de la yield curve. Pero resulta que ceder y rendir también pueden significar rendirse en un pulso o ceder ante un asedio. ¡Qué lío!

Medidas redistributivas y la estructura de la desigualdad

El 3 de junio, hace solo unos días, Tyler Cowan nos pasó un resumen del trabajo de Noam Lupu and Jonas Pontussen sobre la relación entre la desigualdad y las medidas redistributivas titulado «When does greater inequality lead to greater redistribution?» y publicado en the American Political Science Review. Se trata de un problema de economía política: ¿en qué medida la desigualdad influye en las decisiones políticas redistributivas?

La primera intuición sería que a mayor desigualdad la cuidadanía estaría dispuesta a votar en favor de políticas más redistributivas. Pero lo que los autores citados descubren es que la cosa es un poco más complicada.

Lo que importa, parece ser, es la estructura de la desigualdad y no un cierto nivel de un indice único como, por ejemplo, el de Gini, entendiendo por estructura las relaciones entre distintos segmentos de la distribución de la renta.

Controlando por la etnia o la raza encontramos que lo que importa es la distancia entre la renta da la clase media y la de los pobres diciéndolo de una manera poco técnica. Cuando esta distancia es pequeña ocurre que la gente está más dispuesta a votar por medidas redistributivas en favor de sus aparentes «colegas de clase» en una especie de altruismo con los de alrededor. Lo contrario ocurre cuando esa distancia es grande. el trabajo contiene muchos otros reultados referidos a varios países.

Lo interesante es que en el estudio específico para los USA los resultados no siguen esa pauta pues la falta de solidaridad con los pobres es mucho mayor de lo que correspondería a la distancia observada entre esos dos segmentos de renta. Los autores sugieren que el control por raza no funciona bien ya que la raza se transmite a la distribución de la renta. Lo que allí pasa, en efecto, parece deberse a que entre los pobres hay muchos negros con los que la soldaridad no es grande porque los negros no son «de los nuestros» aunque su renta no sea tan baja con relación a la nuestra.

Lean el trabajo, está lleno de ideas interesantes, y fíjense en la posición de España. Somos muy parecidos a los USA. ¿Quienes son nuestros negros?

El impostado ensalzamiento del servicio público

Muchas de las notas necrológcas que se han escrito in memoriam de L.A. Rojo (o de A.Madroñero) destacan con admiración, y sobre todo respeto, su vocación de servivio público. Realmente su carrera fue un ejemplo de servicio público, incluso como profesor.

Añado esto último pues la mala prensa con la que últimamente se premia a los profesores numerarios o no numerarios de las universidaes públicas parecen olvidar que su labor como servidores del Estado merece un reconocimiento más allá de las dicusiones sobre su dedicación o calidad.

Me ha parecido sin embargo chocante que casi todos los autores de esas necrológicas sean a su vez servidores públicos, funcionarios, que en casi su totalidad se han pasado al sector privado, generalmente financiero. Esto no quiere decir que no fueran buenos servidores públicos mientras lo fueron, pero sí creo que esa circunstancia pone en duda la llamada «vocación» hacia el servicio público.

No hay en la mayoría de las carreras funcionariales nada que exija «vocación». Los cuerpos de élite como notarios, registradores, etc. ingresan lo suficiente, mediante el expediente de regular la oferta, que no creo que haya que buscar incentivos específicos para justificar el exceso de oferta potencial evidenciada por los resultaodos de las opisiciones. Los otros cuerpos menos destacados, entre los que se encuentran los profesores, de universidad o de enseñanza media, así como economistas o abogados del Estado,quizá exijan un poco más de «vocación», docente y/o investigadora o intelectual en general, pero siguen siendo una manera de ganarse la vida más que dignamente.

Sin embargo no creo que se pueda discutir que el ingreso por oposición en casi todos los cuerpos a los que se ha hecho referencia puede entenderse como un escalón hacia el paso a «la privada» y en puestos muy destacados y con ingresos abultados. Cosa ésta que me parece inteligente por ambas partes, las empresas que los incitan a pedir la excedencia y el funcionario que ve multiplicada su renta por un factor significativo y, en general, con reserva de plaza.

Pienso que este no era el caso de Madroñero y tampoco el de Rojo, a pesar de la pertenencia de este último al Consejo del Banco De Santander. Aunque también es verdad que en su época el coste de opotunidad de un funcionario del Estado era mucho más pequeño que lo que ha sido en los últimos años.

Por todo esto pienso que el aprovechamiento de un obituario para impostar la virtud o algunos rasgos de caracter del finado es una labor delicada que debe ser hecha con cuidado. Aunque solo fuera para que los futuros histriadores cuenten con un material veraz.

Marcelo

Marcelo, uno de los referentes que echaba en falta en el último minipost, ha reaparecido quizá porque lo leyó desde algún sitio. Me alegra que me haya contactado auque lo haga en un francés realmente surrealista. Dice:» Cher Juan, mon nom c´est Marcel Ionescu, pas Marcelo, et je suis pas Charlemagne (comme le fils de ton ami avait beau a dire il y a beaucoup des années). Je me trouve très bien même si je suis un peu navré par les evénèments d´autrui». Ahora lo comprendo todo. Marcelo está representando el papel de bombero en La Cantante Calva , esa obra de Ionesco que se ha reprentado estos días en Madrid y que, supongo, continuará su gira. Pero, ahora que lo pienso ¿cómo ha logrado ese hombre mi e-mail o mi nombre. Yo conozco el suyo pues todos los clientes del super preguntan por él, pero yo nunca le dado el mío ni nadie en el super me ha llamado por mi nombre… Et alors? Debe ser el genio rumano.

Agustin Garcia Calvo en Sol

Argullol decía el lunes pasado en El Sitio, ya en el coloquio, que los del 68 tenían referentes y que los acampados de hoy no los tienen. No parece que mi admirado Agustín García Calvo piense lo mismo.Estas son sus palabras en la Puerta del Sol el 19 de este mes reproducidas en Sin permiso que me llega , como siempre, por cortesía de APA. Voy a subrayar algunas de esas palabras y comentarlas sin que ello sea excusa para no leer aquí el texto completo.

Empiezo por lo verdaderamente importante si algo lo es en este movimiento:

Sois la alegría, es la alegría de lo inesperado, de lo no previsto, ni por parte de las autoridades y gobiernos, ni por parte de los partidos de cualquier color, verdaderamente imprevisto:

Sigue leyendo