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Ir y volver

El sábado como hacia las 10. 30 ya estábamos en el km 136 de la autovía a Burgos y como siemmpre allí estaba un Hopper puro con su vieja chiminea de fabrica de ladrillos justo enfrente de una casa que no es sino un cuadro de ese pintor en medio de Castilla la Vieja. Y llegando a Bilbao se empieza a oler el mar, sal y brea. Abrimos las ventanas, la marea está alta y los veleros terminan su regata de entrenamiento. El lunes está lleno de acontecimientos a pesar de que he ido a acumplir obligaciones ciudadanas. Conduzco hasta Barambio y visito un viejo caserío que heredé y no había visto desde hace más detreinta años. Tiene más de 200 años y allí sigue resistiendo el mal tiempo, el agua del cielo y la del río con su viejo puentecillo y su represa. Y como para salvarme de ser atrapado por el valle que seguramente se cierra a partir de la caida del sol aunque nunca haga sol, me voy a escuchar a Rafael Argullol a El Sitio, famoso club de los liberales bilbainos fundado en recuerdo del sitio carlista del 1874 yconvertido en bibioteca municipal. Es la última conferencia de un ciclo dedicado a las UTOPÍAS y subtitulado Políticas del pasado, Poéticas del futuro (perfecto). Parece que ni pintiparado para que se refiera al 15 M, pero estamos en presencia de un Autor y dedica su tiempo a contarnos como ha cinstruirdo una voz propia disertando sobre las vicisitudes de su itenerario nómada que le lleva al pensamiento transversal u oblicuo. Me recorre un escalofrío cuando a la salida no reconozco a nadie en la audiencia:¿dónde están mis amigos?. Un suave tristeza se apodera del emigrante que soy, pero se ha dispado cuando al llegar de vuelta a casa me han recibido las hortensias florecidas.