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El 15M, un Movimiento. El Movimiento

Les presento un nuevo BGB (Blogless Guest Blogger). Se llama Luis Escudero y por el texto nos enteramos que es amigo de otro BGB, Teo Millán. Escuchen, por favor.

El fenómeno del 15M es un fenómeno digno de tenerse en cuenta porque supone, de una forma sencilla, casi de pura presentación, una declaración de valores, que no pretenden ser nuevos sino que, por unas razones u otras están en desuso dentro del juego político-ciudadano. Y, me parece, que no es un problema de juzgar sino, simplemente, de “presentar” lo que debe ser.

Creo que aquí radica la importancia del fenómeno: “Yo no digo lo que debe ser, no doy doctrina, simplemente lo muestro”. Porque realmente de doctrinas estamos hartos pero, a cambio, si sabemos, aunque quizás no lo sepamos expresar con claridad, qué es lo que queremos, cómo deben ser las cosas, qué tipo de acciones son válidas y cuáles no, qué admiramos y qué despreciamos, cuáles son los valores por los que estamos dispuestos a movernos y cómo existen otros que nos resultan indiferentes o, incluso, nos repugnan y consecuentemente no nos inducen a nada, salvo al rechazo.

Por tanto, por el mismo “presentarse” del fenómeno, no es necesario que existan documentos escritos básicos ni resúmenes doctrinales ni, siquiera, declaraciones de principios. Es más, yo diría que cualquier documento escrito nos distraería del propio ser de la cuestión. Más bien debe ocurrir lo contrario, que lo que es la pura presentación nos haga ignorar lo que se dice. Algo así como lo que el poeta Jaime Salinas decía de la mujer de la que estaba enamorado: “Lo que eres me distrae de lo que dices”.

Por todo ello no me he preocupado de buscar panfletos, librillos y demás papeles. Me basta lo que he visto. Incluso lo que no he visto pero era evidente que estaba allí, aunque a lo mejor, por error, no estuviera (perdón por el juego “derridiano”). Y hablando de Derrida, creo que lo que ha funcionado en la Puerta del Sol de Madrid y, mientras escribo esto todavía funciona, no es un fenómeno de destrucción de nada y, mucho menos de la política, es una deconstrucción en la que se pretende volver a construir, con la ventaja, en este caso, de que en la misma reconstrucción prácticamente todos los elementos son ya preexistentes. Incluso en su conjunto. Sólo se trata de recomponer lo que realmente significaron en su momento y no en lo que se han convertido con los distintos usos (las palabras ya no significan lo que significaban).

Todo lo anterior de ninguna forma me lleva a admitir que todos los movimientos críticos con los políticos y/o la política sean admisibles. Es más, algunos movimientos de ese tipo, especialmente los que promueven algunos políticos frustrados y algunos “críticos de turno” (como los define mi amigo Teo Millán), me parecen no sólo inválidos sino, incluso, peligrosos, por la capacidad de promover actitudes “fascistoides”, cuando no claramente fascistas.

En este movimiento del 15M, no se trata de acabar con la política y con los políticos, ni con el sistema democrático. Muy al contrario, lo que se pretende es informar de cómo “es” la Política, de cómo deben ser los Políticos y de cómo deben ser los Sistemas Democráticos. Y todo esto sin pretender establecer doctrinas, simplemente presentándose.

Y digo lo anterior, porque me parece que en los campamentos se ha establecido un sistema de convivencia y de “hacer”, promoviendo unas formas de comportamiento y unos valores concretos (no definidos pero si establecidos) así como un desprecio de otros como, por ejemplo, el del dinero como valor.

Por supuesto que yo no creo, y me da le sensación de que los congregados en Madrid tampoco, que esa forma asamblearia es posible llevarla a cabo para resolver los asuntos públicos de un país, ni siquiera de un pueblo pequeño. Nadie puede pensar que el Agora de Atenas puede llevarse a cabo en Estados Unidos o Alemania, pero si puede pensarse que determinados principios de los allí practicados deben ser la base para la definición de los comportamientos actuales. Por la misma razón insisto en que lo que el 15M enseña, es aquello que muestra (en el sentido de presentar). “Las protestas deben hacerse con la tranquilidad, el orden y la firmeza con que yo las hago y la Política debe hacerse como yo hago las protestas”. (El entrecomillado es mío, interpretando lo que diría un concentrado, si creyese que debe decir algo).

Es, por tanto, la propia presentación del fenómeno la que lleva su significado pero, adelantando, que el propio significante es el significado. Porque creo que en los valores lo que se muestra es más que las palabras o, quizás, es lo único. De ahí que lo que se pretende decir a los políticos, a los gobernantes, a los responsables de instituciones civiles es lo siguiente: No digan constantemente lo que se debe hacer, háganlo y actúen ustedes mismos en consecuencia. Actúen como deben actuar y no hará falta que nos lo expliquen.

Es muy posible que este movimiento sea de duración limitada, probablemente corta pero no importa. Quizás sea mejor que no dure mucho para que no se pervierta o pueda ser pervertido por terceros. En el fondo, lo que interesa es la imagen que nos ha dejado. Su duración está en nosotros mismos y en nuestros recuerdos, conscientes o inconscientes.

Importa, por tanto, el movimiento en sí. Lo que supone es lo que “es” porque, en el fondo, lo que realmente significa es justamente lo que es o ha sido. Si yo fuese Heidegger (que no lo soy, por si alguien lo duda) podría decir que lo “ónticamente señalado del 15M es que es ontológico” (perdón por esta “boutade”; ha sido simplemente por terminar).