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Buey inofensivo

Al principio, allá en la juventud, fueron los curas los que tomaban asiento a mi lado cuando todavía las plazas en los aviones no estaban numeradas. Más tarde el destino me sento en filas y butacas de mujeres en sazón a las que apenas me atrevía a mirar durante horas de vuelo. Pero pasó el tiempo, me hice mayor y ya solo las mujercitas jóvenes y asustadas me paraban por la calle para informarse sobre direcciones. Me he sentido durante años como un buey inofensivo, pero todo ha cambiado con la gimnasia. Ahora no sé cómo manejar la corriente incesante de aquellas mujeres en sazón de los aviones que descaradamente me abordan por la calle con los pretextos más increíbles.Demasiado tarde pues ahora ya solo me gustan las viejas.

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