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Chardin

El Prado nos trae a Chardin.Hay una enorme divergencia entre lo que vemos y lo que nos cuentan por escrito en las paredes.

Nos dicen que era un pintor comprometido con la verdad y la naturaleza. La relación de una pintura con la verdad no la entiendo y, en cuanto a su relación con la naturaleza, deficilmente podrá ser comprometida si casi todos sus cuadros son naturalezas muertas, aunque más adelante en su biografá añada figuras humanas

También nos dicen que era un pintor de pintores y eso ya se puede creer. Me topo con la evidencia de que es la primera vez que me acerco al lienzo hasta ver la pincelada y descubrir por qué una ostra es una ostra. Sin embargo no entiendo cómo se pueden hacer versiones de un mismo tema con ciertas partes de todas ellas siendo totalmente idénticas. ¿Cómo lo hacían en una época en la que no había impresoras ni tecnología digital. Debían tener alguna técnica de calco.

En cualquier caso esa pincelada que casi me como produce una obra suculenta para este pobre glotón y creo debe de ser lo que le gustaba a Proust quien se refirió a la pintura de este francés del XVIII en los siguientes términos:

Como la vida, siempre tendrá algo nuevo que decirle, algún brillo que ofrecer,algún misterio que revelar; la vida cotidiana le cautivará, basta con que escuche algunos días esta pintura como si se tratara se una lección; y cuando haya comprendido la vida de su pintura habrá conquistado la belleza de la vida.

Su compromiso, el de Chardin, no es con la verdad sino con la realidad, una realidad mucho más jugosa de lo que en general imaginamos.

Vayan al Prado y disfruten de esa pintura excepcional, pero nolean nada escrito en las paredes.

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Comentario

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  1. Juan, a mi también me gustó Chardin: la experiencia de verlo fue como si entrara en una burbuja de tiempo detenido, un tiempo de detalle. Caliente y sin agobio. Y también una cierta incomodidad: todo tan cerrado. Qué diferente a los bodegones de Menéndez, que no hablan sino de la miseria y la escasez de nuestra tierra. Me sorprendió -quizá no tanto, visto lo que le gustaba a Diderot- que fuera de las liebres, predominaban las “escenas de instrucción”. Anyway, y también el hecho de que los escoceses, que desconocen en su tierra los colores de Chardin, fueran sus coleccionistas más persistentes. Quizá tenga que ver con las revoluciones. No sé