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Venganza

Les juro que no fui yo el que se llevó a plena luz del día la maza del malabarista. Así que no entiendo porqué hoy por la mañana encuentro mi oficina, que está a diez minutos del lugar de los hechos, si no quemada al menos chamuscada. Ningún papel es ya utilizable, los sofás desprenden un gas letal, la moqueta de rafia está irreconocible y si la cosa no ha ido a más es porque los trabajadores que acondicionan el piso de arriba han derramado arena fina sobre los rescoldos. Que se han querido vengar del ladrón de mazas es obvio pues han dejado una nota exigiendo perentoriamente información sobre la localización de la maza que falta. Ahora bien, yo sí que sé quien fue y no está lejos de aquí y me pasó aquel extraño mail que yo posteé como si fuera mío. Pero no, no fuí yo aunque alguien debió confundirme en el follón que permitió a mi conocido escaquearse y, por lo que intuyo, seguirme hasta esta oficina desde la que escribo, naturalmente en un portátil que he afanado a mi hija pues mi ordenador está inservible. Me siento un poco como los plagiarios cogidos en falta pues he presentado como mía una iluminación que fue escrita por otro. Lo siento, pido perdón.

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