ILUMINACIONES XL:El malabarista malabarizado

Desciendo por la magen izquiera del Gran Río con las manos cruzadas a la espalda forzando los pectorales y así prosigo hasta el vado del gran afluente en el que cada dos minutos actúa “por la voluntad” un malabarista cuyo valor añadido es su capacidad de mantener un bolo en la nariz cuando juega con los otros tres manteniéndolos simultábeamente en el aire. Como salvo excepciones, todo el mundo me sobrepasa con su caminar ligero tengo tiempo de realizar mis preparativos con todo cuidado y absoluta impunidad. Me pongo las gafas de sol sobre las graduadas, abro la enorme embocadura del amplio zurrón que me agencié en Londres, en la London Review Bookshop y espero serenamente. Inicio el paso del río en último lugar de forma que cuando llego a la situación precisa del malabarista los que cruzaban en la misma dirección que yo ya me dan la espalda y los que venían de frente, arrastrados por la fuerza de la corriente del gran afluente, se afanan por llegar a la isla del medio del río. Me acerco al malabarista por detrás y de un solo gesto rápido le arrebato el bolo de su nariz y lo arrojo al fondo del zurrón mientras con la otra mano arrojo las gafas de sol en dirección al sombrero que, atracado en la orilla, parece contener algunas monedas. Continúo caminando y los bocinazos ahogan los gritos de protesta del malabarista vestido da payaso. El bolo robado con su pequeño pie pare ser sostenido en la nariz reposará desde hoy sobre mi mesa de la oficina y dentro de unos días reinará erecto en la sala de reuniones ya insertado en un pequeño soporte de madera ya en cargado que lucirá una inscripción sobre una placa de plata que dice: el gesto más radical…hasta ahora.

Soñando monstruos:I. Presentación

El vierne iniciaba esta miniserie de Soñando Monstruos con unos simples comentaros iniciales. Estos me llevaban a decidirme por mirar a esta monografía filosófica como una narración con su presentación, su nudo y su desenlace. Hoy domingo toca postear la Presentación.

Me encuentro pues en presencia de una narración ortodoxa con su presentación (sección primera), su nudo (secciones segunda tercera y cuarta) y su desenlace (epílogo).

Y ahora veamos la presentación o prólogo:

La presentación es nítida. Aquí tenemos al famoso pionero en la búsqueda de certidumbres en su Discurso y sus dudas en sus Meditaciones. La intriga comienza desde el momento inicial cuando las dudas se presentan no como tales sino como una trampita del riguroso Renato que las utiliza como una forma torticera de redondear y cerrar el argumento que nos llevaría a la certidumbre del “pienso, luego soy”. A un economista esta dualidad le recuerda inexorablemente a la Teoría y la Riqueza de Adam Smith, otra dualidad en donde la segunda obra es como el genio maligno que funciona sin embargo en el contexto explicitado por la primera,o quizá al revés. En efecto, en el caso de Descartes el Dios omnipotente no puede estar completo pues si lo estuviera ya sería el garante de todo menos de sí mismo que debería estar garantizado por algo externo a él, contradiciendo así su omnipotencia. Necesita Renato unas gotitas de licor para ir tragando que si sigue pensando se tiene que cargar a Dios. Solo así embriagado podría ver simultáneamente no tanto la cara y la cruz sino más bien el rostro y la nuca de una figura expuesta a la torsión como figura retórica. Como en Smith, el mercado no se sostiene solo sino que es necesario contar con una sociabilidad previa que quizá solo se puede pensar justamente desde la competencia en el mercado de las reglas y las normas o convenciones.

Todo lo que se quiere completo solo puede ser pensado desde una dualidad que revela la incompletitud. ¿Qué hacer? ¿Cómo salirse de esa esclavitud, de esta sujeción?

Soñando Monstruos: comentarios iniciales

Esta tarde se presenta el anteúltimo libro de Vicente Serrano, Soñando Monstruos y he tenido el honor de ser invitado a colaborar en esa presentación. He escrito cuidadosamente mi intervención con la intención de que conste mi ignorancia con precisión. Espero ir posteando las distintas partes de lo que he escrito y ahora comienzo con lo que son propiamente solo comentarios iniciales

*El título de este último libro de Vicente Serrano me impele hacia Freud, pero no creo que esta deriva satisficiera al autor. Quizá sea mejor que me agarre al subtítulo (Terror y Delirio en la modernidad) que al obviar la Angustia parece reforzar la idea de que mejor me aparto del subconsciente.

**Por otro lado no solo la contraportada, también el mismo texto, nos dice claramente, si no explícitamente, que Monstruos es una narración. Y ¿de qué trata? me preguntaba yo. Pues del desarrollo de la Modernidad en los últimos tres siglos, una magnífica lección de filosofía para legos que se agradece por su amenidad y por lo que parece una presentación exhaustiva de los personajes con mayor o menor detalle según sean las simpatías del autor, con una obvia debilidad por los idealistas alemanes.

***Comprenderán ustedes que un viejo economista se vea a sí mismo en este acto como Julián Marías leyendo a Proust en la estación de Albacete en algún momento de la Guerra civil. Desplazado o extrañado. Muy apropiado para una narración que se deleita en el extrañamiento o en lo umheimlich.

****O sea que quizá lo mejor sería comenzar por lo extraño que me encontraba yo el junio último leyendo Monstruos en el hotel Don Pepe de Marbella cómodamente tumbado en una hamaca a la orilla de la piscina y rodeado de poco familiares figuras exhibicionists que retozaban en unas camas con dosel forradas de ricas sedas y de parejas de seres nórdicos extrañamente deformados.

Velocidades relativas

Desde hace unos años he notado que, caminando por la calle hacia la oficina, me adelantan muchas mujerers de todas las edades y casi tosos los hambres. Así que cuando por una casulidad del destino me encuentro con alguien que lleva mi mismo ritmo, y que suele ser un hombre de mi edad, se establece una competencia curiosa. Para empezar la situación es embarazosa y las miradas laterales así lo revelan, por su frecuencia y su intensidad. En breves minutos uno aprieta el paso y se adelanta un poco haciendo un esfuerzo que, al no poder mentener, le vuelve a una situación paralela una vez más. Ni uno ni otro parecemos cejar en nuestro deseo de no dejarnos sobrepasar y el resultado es que ambos apretamos el paso con el resultado intuitivo de que ambos comenzamos a adelantar a gente que ya nos superó antes. Pero llega un momento en que ya no podemos más y las miradas laterales se hacen asesinas. La situación suele acabar con mi parada técnica para atarme las agujetas de los zapatos.

Diversidad

Seguiré escribiendo sobre las grandes ventajas de la diversidad; pero, de momento, me quedo con esta estimulante cita de Stravinski (1882-1971) que recibo a través de la pagina de innovación de la CA de Madrid:

“Seguir un sólo camino es retroceder”

Totalmente en contra de la cultura del mérito y del esfuerzo. O ¿no?

ARCO Y MARCH

El sábado visité ARCO y MPH tuvo la amabilidad de acompañarme pacientemente por todos los pasillos de los dos pabellones mucho más esponjados que otros años. Lo divertido para mí es pasear con los ojosabiertos, escuchar a MPH e ir haciendo mi lista de obras que me llevaría a casa. Aparte de un Morandi, creo que entre otros muchos candidatos me quedo con el retrato de un extremeño(?) posiblemente ilustrado transformado por Benjamín Palencia en un campesino ukraniano. Ese es el poder del arte: no tanto captar la realidad encapsulándola sino comenzar por ver en ella algo no evidente y eneseñarlo luego de forma que transforma la mirada y, en consecuencia, la misma realidad. Parece que eso mismo sería la misión de la abstracción, el constructivismo y otros ismos de entreguerras que, en su vertiente latinoamericana, se muestran en la Fundación March y que exploré ayer al mediodía. Parecería que lo nuevo que ven en la naturaleza es una especie de geometría que nos muestran y que querría ser la esencia de esa naturaleza. Pero no funciona, seguramente porque la geometría que utilizan como filtro visual es la euclidiana que ya nos resulta casi trivial. Podrían haber anunciado la fractal, pero no fueron capaces.

Un orgasmo cervical: Bilbao

Creía que lo tenía todo controlado, así que cuando faltaban como diez minutos para llegar a aquel semáforo que regulaba el tráfico de vehículos sobre el río, dije con una seguridad fingida:

Cuando termine de contártelo, mi futuro inmediato quiero decir, te besaré y sabré si puedo esperar hacer el amor contigo. No podrás fingir, yo lo sabré.

Acababa de planear mi futuro y, en la absurda exaltación de la miopía juvenil anuncié que lo contaría de atrás hacia adelante:

En el 2006 ganaré el premio Planeta. Te preguntarás que porqué tan tarde, pero no seas impaciente, en seguida lo entenderás. El título provisional de la novela es “El orgasmo cervical” y es una trilogía sobre esa Ciudad nuestra que tiene su clítoris en la margen derecha, entre Las Arenas y Ereaga encima de esa piedra larga que ha ido domándose desde la erección permanente de su republicanismo juvenil. Claro que la vagina es la ría; pero la ría en realidad es solo la margen izquierda porque ahí está la falsa creencia de una izquierda que canta al acero como si fueran labradores hollando la tierra, no hay fantasía, solo realidad desnuda que solo por casualidad o vicio proporciona belleza.

Pienso que no me escuchaba esperando el final de un ruido que no le interesaba. Pero así y todo continué, también yo imperturbable:

Y la Ciudad en sí, nuestro pequeño Manhattan, no es sino el cervix, allí en el fondo, donde se confunden el dolor y el placer de la ternura material, de una vagina que pide a gritos una enorme verga fertilizadora, una verga que trabaje con calma y con fuerza hundiéndose hasta su misma base ayudada por fluidos multicolores y alcanzando el cercix a golpes. Una verga como la mía que según me han dicho todas – morenas de labios grises, pelirrojas de sexo marrón y rubias rosáceas – después de recobrarse de un leve desvaneciminto, es algo que no debería repetirse a menudo, por razones de orden.

Por ‘respeto a mí misma’ me lloraría mucho más tarde la madre de mis hijos, la única que, junto la que caminaba a mi lado en aquel momento, jamás se dejó llevar por mi entusiasmo que yo creía contagioso. Seguía ella sin acusar ningún tipo de emoción de forma que decidí improvisar una continuación breve:

Pero este trabajo de stallion de mi Ciudad, mezcla de amor y venganza, exige plazos. La primera parte ganará el Premio Nadal el día de Reyes del 2004. Trabajaré poco a poco en El Dueño de los Timbales entre el otoño del 2002 y la primavera del 2003. Pero tendré que darme prisa pues no puedo negarme, como hasta ahora, a todo lo que se me ocurre como despedida de mi oficio y anunciación de mi “autoría”. Durante los meses finales del 2002 se harán famosos en la Red los que llamaré Los Cuadernos del Negro que me temo no serán entendidos como lo que son, la invención de mis yoes múltiples necesarios para captar todos los planos de de una realidad poliédrica y también para garantizar el éxito de mi aventura empresarial mezcla de empresa privada e institución pública, sino como un estúpido juego de intertextualidad y pequeña muestra de la deconstrucción hipertextual de un pensamiento económico rico.

Me pareció que ella había vuelto a tierra y me animé a continuar:

Y en el 2003 tiene que salir en formato electrónico A Trancas y Barrancas (Volúmenes I y II) que acabará ganado, ya en papel, el Premio Nacional de Ensayo del 2004. Su tercer volumen saldrá en el 2005 para ayudar a que la independencia de Euskadi no me agüe el Planeta del año siguiente.

Ahora, acabada ya la letanía de mis éxitos fututros, no tenía más remedio que jugarme el todo por el todo con una introducción al beso prometido preferiblemente con ribetes musicales:

Sólo con la independencia de Euskadi tendrá sentido este irrefrenable deseo mío de envolverme en la Ciudad para terminar de soldar mis yoes en un único autor, cantor elegíaco de esta enorme hembra que que ha pasado como un ejemplo de sobriedad viril y que hoy es una ciudad serena en donde los espasmos de placer han conseguido un ritmo de addagio que dura más de lo que parece y cuyo fin no nos desespera pues sabemos que siempre será posible convocar la alegría serena de un amor tierno, sereno, fuerte, lleno de cicatrices bien curadas, irrompible, redondo, silencioso, germinal.

Sí, mi estrategia de mencionar como de refilón un movimiento musical había tenido éxito y ahora le tenía, por fin pendiente de mis palabras:

No quiero hoy abrirte la boca y explorar tu alma, solo quiero rozar las comisuras de tus labios e invitarte a agotar juntos el cupo de daños, heridas, e incomprensión que nos infringimos unos a otros, pero que muy pocos saben transformar en canto sereno. Todo lo que empieza bien acabará en un éxtasis nada místico, apenas sexual, pero lleno de luz y de transparente inteligencia.

Tomé su brazo izquierdo con mi mano derecha un poco más arriba de lo que la mera protección recomienda y añadí un breve “te besaré al cruzar la calle”. No me miró, pero escapó de la fuerza de mi garfio. Muchos años más tarde aprendí, supe, que hasta el momento qe puse mi mano en su brazo, casi en su axila, estuvo dispuesta a desviar la amenaza de mi beso, naturalmente por su falta de exaltación o, más exactamente, por la exaltación de la serenidad, pero que el pequeño gesto ambiguo no solo le hizo sentir la fuerza de mis dedos en el borde superior de sus biceps fortalecidos por el ejercicio diario con las pesas del gimnasio, sino sobre todo la fortaleza enorme de los míos. Pero esto lo supe más tarde. En aquel momento me dirigió unas palabras mágicas mientras esperábamos a que se abrira el semáforo:

Bésame como quieras pero como no me abraces hasta ahogarme no sabré qué pinto contigo. Jamás llegaré a ser la directora de orquesta que ambiciono sin la fuerza de un hombre en mis hombros y en mis brazos. Nací hembra y me gusta serlo, me permite escuchar sin reirme discursos como el que acabas de lanzarme, pero necesito un hombre al lado que tenga la fuerza de su peso y que me transmita la falta de dudas sobre su capacidad de levantar piedras. La batuta pesa toneladas depués de una jornada de ensayo y las pesas solo me proporcionan un pequeño toque de distinción puntual. Necesito tu fuerza de estibador y por eso, te quiera o no, deseo que estés a mi lado. Moveré mi cabeza un poco para que de las comisuras pases a los labios entreabietos y si quieres ese puede ser el comienzo de una complicidad eterna, a prueba de heridas.

Su sentido del tempo musical hizo que su respuesta coincidiera con el cambio de luces y caminamos juntos hacia el otro lado de aquel río de una ciudad extrajera.

Iluminaciones. XXXIX:Contingencia absoluta

Empezó en Venecia a mediados de los años 90 y, con un poco de paciencia y lentos paseos por entre canales todavía podría identificar el lugar exacto. Estaba hablando con un amigo y de repente me dí cuenta de que, aunque sabía leer el italiano incluyendo el dalecto véneto, no era capaz, en ese instante determinado, de entender en ningún sentido un cartel de contenido convencional que unos segundos antes había pasado los filtros de mi cerebro. Pensé que era quizá la belleza de Venecia la que deshacía el texto y éste se convertía en una mera colección horizontal de pequeños iconos sin sentido. Esta capacidad disolvente que más bien, pensé entonces, se trataba de una incapacidad, me sorprendió en aquel momento pero ahora, despúes de tantos años de haber sufrido esta versión enfermiza del síndrome de Stendhal, me empieza preocupar. Sigue leyendo

Mestizaje musical

A través de Ludel M. me llega esta magnífica pieza de mestizaje musical que escucho mientras escribo esto y acompañada de un fondo de lo último de Dylan. ¿Qué pensar más allá de que la música acompaña a la palabra enfatizándola y de que, entonces, esta hibridación debería se un exponente evidente de los tiempos posmodernos que vivimos? Pues que, o bien la música sigue hoy siendo un acopañamiento, o bien que, lejos de ello, es una manera de decir inexorablemente la verdad com insinuaba Dylan en su momento:”there are no words but those that tell what´s true..inside then gates of Eden”. La verdad sería que para unos niños japoneses la quinta de Beethoven y el mambo son esencialmente idénticos y que Dylan nos lo hace ver. Pero también me interesa la función expresiva de la música y especialmente en el cine. En este medio no estoy seguro de que la música no sea un recurso que nos dice qué sabe quién especialmente en la películas de intriga. La melodía ¿nos avisa exclusivamente a los espectadores del peligro o se dirige también al personaje de ficción? Y no es lo mismo pues la manera que tenemos de recibir la imagen en el espejo que es una obra de ficción depende de si compartimos o no la información con el ente de ficción.