ILUMINACIONES. XXXVIII: Basura

Repito hoy “basuradamente” lo que escribí este verano pasado (Trash, 4 de agosto) sin darme cuenta de que era una iIuminación. Solo así se pueden entender algunas exageraciones que fueron objeto de un comentario muy acertado. Si alguien quiere ver los enlaces primitivos puede hacerlo en el original.

Decía así.

Trash

Hace cerca de 40 años contemplé extasiado esa pelí­cula de Andy Warhol y la mismidad de aquellos sujetos sin rasgos me pareció la plasmación fí­lmica del Diario de Podredumbre de Cioran Hoy creo vislumbrar el vínculo secreto que uní­a las dos obras: la basura.La basura no es de nadie. Sobra. ¿Sobra?

Es basura lo que prolifera, lo que se devalúa por esceso o demasí­a.

Es basura el comer del gourmet que se cree exquisito y que no es más que proliferación desmesurada, como son basura los granos imparables del sarampión o del acné juvenil.

Pero es también basura los pases de modelos de una , otra….u otra pasarela, así­ ad infinitum antes del telediario de la noche, cienmil veces ejecutado el paseí­llo que nunca muestra el rostro de la percha, algo que convertirí­a la basura en su contrario, lo único, lo singular.

Son basura las retransmisiones deportivas con los gritos de guerra rituales repetidos hasta la saciedad, hasta la hartura, hasta la arcada, hasta el vómito.

Pero no es cosa de frivolidad. Puede ser basura la incansable repetición de afirmaciones cientí­ficas divulgadas mediante ridí­culas analogí­as siempre iguales a sí­ mismas. Es basura la divulgación cientí­fica que nunca puede poner en lenguaje natural lo que es solo expresable en lenguaje formalizado.

Son basura los remakes cinematográficos, las reposiciones de antiguas obras de teatro, las mujeres, los hombres, los pobres. Tenemos de masiados de cada clase. Es que es basura lo que hastí­a, lo que sobra, lo que rebosa, la acumulación de libros en la mesita de noche, los periódicos acumulados esperando ser recortados y archivados en una carpeta que permanece vací­a.

La basura hastí­a de manera basta, rotunda, sin sentido; pero el uso que se hace de ella es significativo. La mayor parte de este cáncer se genera lejos de cada uno, como de tapadillo. Pero no falta quien cae sobre ella como ave de rapiña, quien vive de ella.

Siempre ocurre igual. Primero la amamos, sacia nuestra sed de no se sabe qué. Luego algunos empiezan a hartarse y, finalmente, todos buscamos con ansiedad otra pila de basura. La eterna repetición de lo mismo, o la amenaza de que eso llegue a ser real, nos atrae y a la vez nos hunde en un charco inmundo.

¿Quién nos sacará de este infierno, de este basurero? Quien sepa rebuscar para hacer con sus piezas invisibles, con los objets trouvés, algo nuevo, único, escaso, irremplazable, inédito.

Hasta que se haga rutinario, repetitivo.

Y vuelta a empezar.

Amar en tiempos… obscuros II

La serie de sobremesa a la que me refería el otro día acabó el viernes con la poco creíble sugerencia de que el asesino de Carreño es Ubaldo. Mucho me temo que el guión original habrá tenido que ser retocado a partir de le muerte de Paco Maestre cuyo personaje, Celso, parecía dispuesto a todo en la entrega anterior. Esta serie lo mismo te asombra por su obscuridad sobrevenida que parece no improvisada que por los más que posibles giros impuestos en el último minuto por las circunstancias.

¿Superficiales?

Aquí tienen la entrevista al Sr. Carr en el Babelia de ayer. Como verán vive en un lugar pardisíaco que conozaco bien (Boulder, Colorado) y ha escrito un libro, cuya traduccuíon está naturalmente en Taurus, acusando a Internet de convetirnos en gente poco focalizada, distraída, caprichosa y, en definitiva, superficial. Me parece bien cierto que a través de la Red hoy tenemos la posibilidad de saltar de una cosa a otra aunque no necesariamente sin orden ni concierto. Ya comprendo que si estás dado de alta en alguna red social las alertas te distraigan de lo que estás haciendo, pero no estás obligado a atender la conexión inmediatamente y puedes darte de baja, como parece ha hacho el Sr. Carr, sin que se te rompan las entrañas. Pero no comprendo por qué la posibilidad de encontrar o añadir enlaces o de saber más sobre cualquier punto relacionado con aquello en lo que estás pensando te tenga que distraer. Y en cuanto a la profundidad, en estos tiempos posmodernos que tanto amo hemos descubierto por fin que lo profundo está en la piel.

Amar en tiempos… obscuros

La serie de sobremesa de TVE se obscurece rápidamente. La muerte de Paco Maestre, el actor que encarnaba a Celso, un ex-militar que esta tarde posiblemente ha hecho justicia por las razones equivocadas, me hace pensar que Amar en Tiempos Revueltos, desde que Benet i Jornet ha eliminado su nombre del elenco que elabora el argumento, está tomando derroteros que, en lugar de reflejar los problemas y el ambiente de los años 50 está intentando reflejar los tiempos actuales envueltos en ropajes de los 50. Ya hablaremos de esto, pero ahora, además de el pésame a la familia del actor, nos escuece una pregunta ardiente: ¿podremos mañana ver en retrospectiva la forma en que Celso se venga de Carreño, el repugnante violador en sus tiempos de voluntario de la División Azul?

Axel vs. Paul y la independencia de los Bancos Centrales

Axel, en su inglés de caballero victoriano, tilda en VOXEU de trileros a los Bancos Centrales que, como la FED o el BCE, han rebajado los tipos a los que proporcionan liqudez a la banca a prácticamente cero. Su razonamiento es aparentemente correcto puesto que un banco obtiene reservas a coste cero y las invierte en deuda pública a un 3% haciendo así un beneficio que le permite mantener unas cuentas saneadas. Esta especie de subsidio a la banca que se convierte en endeudamiento soberano se paga finalmente por los contribuyentes.

Paul, en su inglés puntiagudo de personaje de Woody Allen, recuerda en el NYT que el argumento se olvida del plazo pues los bancos piden prestadas reservas a un tipo a corto de cero y prestan a un tipo a largo del 3% y que como este tipo a largo es como la media de los futuros tipos esperados a corto durante el período de maduración de la deuda, es posible que en algún momento de ese futuro, un banco tenga que pagar un interés por sus apelaciones al Banco Central, o por los depósitos que atrae, mayor que el que recibe de los bonos soberanos que tiene en su cartera o quese vea obligado a deprenderse de esa cartera a pérdida. Sigue leyendo

Charquito

Ya lo han arreglado, pero solo en parte. Me refiero al charco que me desespera en la margen izquierda del gran río de Madrid a la altura del número 112, justo pasado el comienzo de Joaquín Costa y haciendo esquina con lo que a veces es el Ministerio de la Vivienda. La parte que corrersponde a la Castellana ha sido reparado con unos adoqines de calidad, pero solo hasta esa esquina en la que comienza el territorio de del Ministerio fantasma en la que persiste el charquito que no drena ni después de varios días de sol e incuba las bacterias más peligrosas. La causa de esta ridiculez debe radicar en la falta de coordinación entre el Ayuntamento y el hoy Ministerio de Fomento. El gasto adicional podría subir hasta el coste de unas dos docenas de adoquines en plan lujo o en una capa de galipot en la versión barata.¡Y luego se quejan de las Autonomías!

ILUMINACIONES. XXXVII:Puzzle

¿Por qué una frase cualquiera, por ejemplo ésta, no puede ser protegida por un derecho de autor?

Quizá esta otra, entrecomillada, sí que podría ser susceptible de semejante protección:

“¿Por qué una frase cualquiera, por ejemplo ésta, no puede ser protegida por un derecho de autor?”

Un puzzle, por cierto replicable hasta el infinito…

Reforma del sistema financiero

Ayer se anunció finalmente la reforma del sistema financiero con especial incidencia sobre las Cajas cualquiera que sea su forma jurídica al día de hoy. Si no mantienen una ratio determinada de capital básico sobre activos ponderados por riesgo tanto Cajas como Bancos deberán capitalizarse. Y hoy a las 11 de la mañana el Ibex 35 desciende a causa de la caída de los Bancos que sí cumplen las nuevas y previsibles exigencias. La explicación más simple es que se espera que algunos de esos bancos tengan finalmente que hacerse cargo de algunas Cajas bajo la mirada paternal del Banco de España. Tal como se calcula la ratio de capital podrían hacerlo y esto a medio plazo puede ser bueno para sus accionistas. Es decir que, o bien los bolsistas son miopes y se ganan la vida a poquitos (recigiendo beneficios por ejemplo) o bien algo se me escapa y hay una información soterrada que desconozco.

Excelencia

Excelencia en la educación de cualquier grado y excelencia en la investigación, esto es básicamente el leit motiv de las prouestas de buenos amigos y reputados investigadores en materia de política educativa e investigadora. En general deberíamos- les escucho decir- perseguir la excelencia en la educación, desde primaria a bachillerato, y reservar los escasos fondos dedicados a la investigación para aquellas personas o grupos que han demostrado que son excelentes a nivel mundial.

Creo que entiendo el argumento, pero me parece que se acepta demasiado rápidamente precisamente porque proviene de investigadores que respetamos por excelentes (¡ups!). Y, sin embargo, odio esa palabreja, la excelencia. Me recuerda a “su Excelencia el Caudillo” y bien que lo siento. Creo que seguramente se debe a lo que en mi casa llamaban mi “espíritu de contadicción”, a que soy un Kontraren Kontra, tal como ya expliqué en Expansión hace poco más de un año. Pero que esté psicoanalizado no quiere decir que mis fobias confesadas no tengan una cierta base.

No quiero gastar tiempo en repetir mis argumentos, ya expresados otras veces, con ningún detalle, sino que quiero concentrarme en una polémica periodística soterrada. Pero antes no me privaré de recordar que la forma en que se mide la excelencia propicia la perpetuación de la mediocridad. Tanto lo siento así que me atrevo a decir que, si durante toda mi juventud me pareció que la cultura propiciada por el PC era la mediocridad más alta a la que podíamos acceder en la época de Su Excelencia, lo mismo pienso ahora de la educación o la investigación exaltadas al podio.

A lo que voy es a llamar la atención hacia esa polémica periodística discreta pero significativa. El 21 pasado apareció en El País un artículo firmado por reputados economistas que, en nombre de aquellos promotores del manifiesto por la reforma laboral, opinan sobre el pacto social que parece se avecina si las discusiones llegan a buen puerto. Su título es significativo: Mejor reformas sin pacto que pacto sin reformas. Los firmantes explícitos, impecables economistas que yo personalmente no solo respeto sino que también admiro, arguyen persuasivamente en favor de reformas urgentes en tres fentes: las pensiones, la reforma laboral y la contratación laboral.

El domingo 23 en el mismo periodico diario, en su sección de Negocios, apareció otro artículo, esta vez de Antón Costas, quien no firmó el manifiesto y que, bajo el título de Vale más un acuedo regular que un buen pleitopone en solfa, sin mencionarlo, el otro artículo, el de dos días antes, insistiendo en las bondades de atacar todos los frentes simultáneamente y terminando con la siguiente afirmación retocada por el editor:

Los economistas metidos a reformadores son proclives a comportarse como dictadores benevolentes.

Y esta frase, aparentemente anónima, toca un punto importante no del todo diferente al de la excelencia. Los economistas excelentes tienden a pensar que sus ideas -generalmente brillantes – deberían ser aceptadas sin más y no se preocupan de cómo trasladarlas, más allá de escribir en los periódicos -que ya me parece todo un adelanto- a la opinión pública o la socidad civil a no ser que su especalidad sea la Ecomomía Política. Una pena pues al fin y al cabo nuestro oficio es susurrar a la oreja del soberano. Y debamos hacerlo aunque sin apoyarles en los argumentos de autoridad y sin convertirnos en salvapatrias, dos actitudes que suscitan recelos….y celos.

Jerseys y gemelos

En mi dejadez propia de la edad se me plantean problemas con los gemelos y los jerseys pero no así con las corbatas. Estas, en efecto, funcionan autónomamente y se han ido descolgando del cuello sin que yo lo notara o pudiera hacer nada para evitarlo. Otra cosa son los jersys y los gemelos o mancuernas como los llaman en Colombia. Tengo unos preciosos que, sin embargo, han sido deformados por el calor de la lavadora de forma que cuando los uso me aprietan las muñecas hasta causarme dolor. Por lo tanto lo que hago es no ponérmelos y recoger el doble puño de las camisas con el puño simple de los jerseys doblado, so sí, para que la trampa no se note tanto. Pero ahora llega el problema serio de verdad pues los jerseys están carcomidos por la polilla y muestran unos agujeros realmente notables. Es cierto que no ocurre esto con todos los jerseys; pero no lo es menos que no cualquier jersey entona con cualquier camisa. Y así he llegado a un extremo en el que no tengo más remedio que pactar con las polillas. Les voy a ofrecer que se coman del todo los ya agujereados y respeten los jerseys que todavía no han degustado. Me parece un trato justo; pero me temo que no van a ceptar pues, según me ha dicho mi polilla espía, lo que les deleita es la novedad y el capricho. ¡Para que les voy a hablar ya de tomates en los calcetines u otros nefastos efectos de esta crisis!