ILUMINACIONES. XXXV: La democritización de Heráclito

L.M.Y. me aconseja sabiamente que lleve siempre dos tiritas en la cartera. Cuando has de tomar diariamente la correspondiente dosis de anticoagulantes para que el corazón bombee sin dificultades y no lo haga en el vacío, es conveniente sin duda estar prevenido contra posibles hemorragias que, al menos cuando son externas, pueden ser paliadas con una tirita puesta a tiempo.

Claro que cuando la sangre fluye suave y silenciosamente después de una buena cepillada de dientes y lo sigue haciendo una vez debajo de un reconfortante chorro de ducha de agua muy caliente para compensar la sangre fría que acompaña a su licuación, las tiritas no sirven para nada y solo queda la meditacion mesmerizada. Sigue leyendo

Más shirimiri

El fragento que les mostré el otro día dejaba ocultas las tres últimas estrofas. Hoy laa añado, pero con una «morcilla» que les reto a descubrir y que dedico a Salvador Barberá (una pista).

Con boina, barba y gabardina,
recorro el paseo Nuevo,
vivo en lo gris y respiro.

Mojado, llego hasta el puerto
y me meto por lo Viejo.
¡Cómo me sabe el buen vino de los cálidos pellejos!

Llueve y llueve. ¡Que se vayan
los hambrientos de una luz que al recortar fija y mata!
En mi país todo es magia.

Orgullo indiano

Salgo de mi letargo griposo para expresar mi admiración por el orgullo, independencia y fidelidad a su manera de ser que los indianos han mostrado en un «negocio» cuya naturaleza es lo de menos. Lo interesante es que la otra parte ha tocado el orgullo y ante esa falta de respeto las reacciones han sido unánimes e inmediatas y quizá puedan resumirse en una frase da Natalia: «…en Las Indias no somos estratégicos, simplemente tratamos de aportar y compartir nuestra experiencia.» Es reconfortante para un economista acostumbrado a trabajar con juegos estratégicos encontrarse con gente inteligentísima que es strategy proof independientemente de la situación o del entorno. Funcionan a prueba de estrategias simplemente por orgullo.

Rollo mortal

Una semana de gripe me está dejando para el arrastre. No tanto por el virus, sino por el contenido de la televisión con el que pretendo esquivar el tedio total. No ha habido forma pues todo ha girado sobre la espantada de los contoladores aéreos, los muertos en carretera durante el puente famoso, los papeles del Departamento de Estado filtrados por wikileaks y el inefable M.V.Llosa opinando hasta sobre la calidad dle Smosgabord en Estocolmo. Y, si uno pretendía ampararse en los periódicos, pues lo mismo pero más atrasado. Menos mal que intereconomía vino al rescate y pude escuchar una conversación culta en el programa de J.M de Prada (Lágrimas en la Lluvia) sobre educación utilizando como soporte la película El Club de los Poetas Muertos. Y menos mal que todos los tertuianos cumplieron con su misión de llevarnos por el buen camino haciéndonos notar que el profesor Keating era un desaprensivo que no sabía nada de la verdadera importancia de la educación. Claro que la culpa la tengo yo por no utilizar otras vías para el entretenimiento.

Shirimiri

El otro día y como de paso comentaba la diferencia entre la lluvia en Madrid y la lluvia en Bilbao mientras me cabreaba con el desbarajuste de la deuda soberana. Ayer en una tarde triste madrileña, ya caida la noche por eso del cambio de horario, escarbo en la Bibioteca y encuentro la Trilogía Vasca de Gabriel Celaya, editada por la Diputación de Guipuzcoa no sé cuando, que de estas cositas no nos preocupamos los vascos. La abro y allí está Shirimiri, un poema entre sencillo y transcendente. He aquí un fragmento:

«Llueve y llueve.
¿Qué delicia sentirse en lo fluyente,
ser un hombre corriente-

Llueve: Fiel definición
de lo que empieza y no acaba,
divinamente sin yo.

Llueve y llueve, y llueve. Llueve,
llueve con constancia, ¿amor
de lo que siempre vuelve!

Llueve y llueve. Nada pasa.
Es decir, pasa la nada.
Llueve tan, tan de verdad, que se descansa.

Llueve sin más. Llueve tonto.
¡Mal tiempo!, dice la gente que vino a veranear.
¡Ay qué buen tiempo sin tiempo!, digo yo

¡Qué pena que en Madrid no haya nunca ese tiempo sin tiempo!

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Eficiencia, Resiliencia y (Holgura+Redes)

El comentario de TM a mi colaboración en prensa sobre los problemas del euro, contiene una referencia a un trabajo de Ulanowicz et al.que recomiendo de manera perentoria. En mi respuesta a su comentario menciono la palabra «holgura» y ella me ha llevado a una vieja colaboración en prensa justo a comienzos de la crisis que, con rubor, me trevo a insinuar que ya tenía los principales ingredientes del artículo de Ulianowicz et al. En cualquier caso creo que aquí hay un interesantísimo debate abierto (y necesariamente relacionado con el estudio de «redes» y su complejidad) para lograr la sostenibilidad de muchos sistemas incluyendo el económico – financiero que igual nos llevan por caminos menos trillados y más prácticos que los que nos sfrecen todos los días los organismos internacionales competentes.

TM rubrica

Una vez más posteo un comentario acertado de TM. Esta vez se trata de su rúbrica a mi post sobre los informes generales sobre la situación económica y pollitica que empiezan a proliferar.

Escribe lo siguiente.

Un chiste antiguo dice que no hay mejor forma de arruinarte que contratando a un ingeniero o a un consultor. Como todo chiste, la medida de su gracia (éxito) está directamente relacionada a su dosis de verdad.

Así que no sé muy bien qué hacer con un informe de recomendaciones de macroeconomía realizado por una consultora. No para una empresa si no para todo un país.

De hecho, las recomendaciones de cambio de business models son enormemente arriesgadas y pocos son los inversores que apuesten por cambios de ese tipo en una empresa. Como dice otro dictum, esta vez respecto de la bolsa, “buy on facts, sell on rumors”. Pocas cosas más seguras para espantar a inversores que un anunciado experimento empresarial de cambio de modelo. ¡Qué no será entonces con un buen experimento con todo un país!.

Un país no es una empresa. Con esto debería quedar dicho casi todo respecto de la consultoría macroeconómica no sustentada. En particular, las funciones de reacción son un poco más complejas que en la planificación de una empresa. Buen ejemplo de ello es que los macroeconomistas llevan varias decenas de años tratando de anticipar y domeñar el ciclo económico así como de encontrar la piedra mágica del crecimiento. Sofisticados modelos de predicción se han logrado elaborar que permiten anticipar el muy corto plazo, con desviaciones importantes que implican ajustes continuos. Y todo este aparetaje es “superseded” (que no quiere decir superado sino sustituido) por recomendaciones de consultoría macroeconómica.

Aunque yo me quedaría un poco más tranquilo si esa consultoría se hubiese reflejado en alguna modelización y que ésta incorporase algún tipo de función de respuesta a lo Lucas. Probablemente por deformación profesional. O tal vez por haber visto como los business models quedaban justamente al pairo, arrasados por el tozudo ciclo económico. Ello permitiría lo que mencionaba mi amigo Alfonso Novales, en su discurso de toma de posesión de la academia de ciencias morales y políticas el año pasado al decir que los economistas no discrepamos sobre el resultado de los modelos sino sobre cuál aplicar. Si dicha consultoría explicitase su modelo, podríamos hablar de dónde discrepamos. Pero al no conocerlo, resulta difícil hacer nada más que asombrarse, como suele ocurrir con toda consultoría, ante el arte de la presentación de cosas que sonando plausibles muchas veces resultan imposibles.

Aunque todo esto, claro está, es un discurso más que conocido por los profesionales de Fedea.

La guerra de divisas y los problemas del euro

Me gustaría escribir un ensayo didáctico sobre la inestabilidad cambiaria que caracteriza esta tercera fase de la crisis explicando cómo podríamos inmunizar a cada país a partir de un mecanismo central que sirviera para empoderar a todos los países simultáneamente de forma que pudieran hacer su santa voluntad sin necesidad de mirar de reojo lo que hacen los demás. Se trata de un tema de actualidad rabiosa puesto que la última reunión del G20 en Seúl no ha tenido éxito en solucionar «la política de empobrecer a tu vecino» que deriva en una «guerra de divisas», dos manifestaciones de lo que querríamos evitar con ese mecanismo supranacional y puesto que, como decía Miguel Otero Iglesias en Expansión el 1 de diciembre, la política de austeridad impuesta en la zona euro por Alemania, y que tantos sustos nos ha estado dando, puede verse como otra «guerra de divisas» alentada por Alemania que, como China, es un país exportador con un superávit externo. Para aclarar los conceptos usaría el método didáctico del “supongamos”. Sigue leyendo

Sin Permiso

Mi buen amigo APA me rebota todas las semanas Sin Permiso, un boletín de opiniones disdentes que no se escuchan normalmente en los foros conocidos. Es la voz de una izquierada que no se recata en seguir hablando de «intereses de clase» o de «cárcel para los banqueros» y que repudia de plano los ajustes que se quieren hacer a un sistema que, según esa voz, solo quiere que nada cambie. En el último número me llama la atención la crítica al informe Transforma España y la sugerencia de Stiglitz de que la cárcel y las multas serias para banqueros son ingredientes indispensables para aclarar las cosas y salir de la crisis.Del informe ya escribí algo esta mañana y sobre la sugerencia no puedo estar de acuerdo así, sin más, de una manera genérica.

La tentación del adanismo

La iniciativa «Trasforma España», la propuesta de FEDEA-McKinsey para una nueva agenda de crecimiento y el informe de un grupo de sabios» presididos por Felipe González sobre el futuro de Europa, representan tres intentos bientencionados, correctamente elaborados y hasta brillentes en su exposición, de enderezar las vías a recorrer por España o Europa.

Pero son también una enmienda a la totalidad, tres ejemplos de adanismo en marcha que pretede arreglar lo que está mal en cualquiera de los ámbitos de los que tratan los tres informes sin tener en cuenta la dependencia del recorrido. Ni se paran a pensar sobre la inercia existente, más allá de la que ellos mismos critican, ni parecen conscientes de que los caminos a recorrer dependen de los recorridos previos. Es decir parecen no ser conscientes de que nunca hay un momento original genuino, un punto de partida absoluto.

Esta inconsciencia tiene un peligro potencial mayor o menor según los casos. El peligro es que cabe la tentación de tomar el mando en lugar de limitarse a conformar una recomendación a quienes lo ejercen, especialmente si estos son parte del problema según el diagnóstico del propio informe.

La socieda civil tiene un lugar importante en una democracia seria y sociedades en las que no lo tiene no pueden considerarse democracias de calidad. Pero me pregunto si hacer política directamente forma parte del papel propio de quienes ocupan ese lugar donde se ubica la sociedad civil.

La política, aun desprovista de connotaciones peyorativas, tiene sus condicionantes subterráneos, sus intrincadas formas de hacer dependientes de pequeños detalles, de simpatías personales inconscientes y de compromisos ineludibles si no se está dispuesto a «romper la baraja». Y todo ello además de sus condicionantes institucionales formales que no permiten cualquier forma de tomar decisiones.

¿Estoy diciendo algo más de lo que tiene encunta la Economía Política? Ésta nos dice que las conclusiones de política económica de los modelos estilizados no pueden sin más ser llevadas a la práctica sino que han de recorrer un camino condicionado por la Política y por los intereses que ésta cubre.

Hasta ahí nada paree nuevo, pero intento llamar la atención sobre un problema más general y más peligroso. La creencia de que un buen análisis tiene en sí el potencial de convencer, de abrir los ojos, de hacer que los demás se «caigan del caballo» convertidos de un solo golpe a la verdadera fé o al acertado análisis. Esto no ocurre nunca y el hecho de que así sea es bastante consoldor pues evita las tentaciones autoritarias.

Toda una lección en análisis de óptimo subsidiario es lo que constituyen los fracasos de los experimentos basados en convencimentos radicales, una lección que yo creía bien aprendida pero que parece que no lo ha sido del todo. A menudo los condicionantes de la situación hacen del óptimo de primer orden algo imposible de alcanzar y entonces hemos de encontrar lo que constituye un óptimo subsidiario que, y he aquí lo importante, no tiene por qué ser parecido al de primer orden.

Eliminar poco a poco esos condicionates es lo que es hacer política en el mejor de los sentidos. Ser miope puede ser una ventaja cuando al adanismo se insinúa embozado.