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Universidad e Investigación

Acabo de leer en Sin Permiso un articulito de Terry Eagleton sobre la necesidad de las humanidades para que un centro de enseñanza superior pueda ser considerada una verdadera Universidad. Este irlandés de pensamiento sanamente marxista de ese que florece en el vivero de Lancaster, nos dice que solo los EE.UU. mantienen las clases que llamaríamos de humanidades como parte del curriculum del primer ciclo de cualquier universidad. Algo paredecido hicimos en la Carlos III y me sique pareciendo imprescindible para aliviar la sequedad que más tarde llega si te dedicas a la investigación por muy fascinante que ésta pueda llegar a ser.

Pero todavía se puede ir más lejos en las distinciones pertinentes. No basta con estudiar filosofía, una actividad que se demanda cada vez más por parte de las personas de una cierta edad y que se ofrece profusamente de manera privada por entidades que conforman un negocio intelectual bien oportuno. Pero mi experiencia con la filosofía es que a poco que indagues siempre llegas a un punto muerto indecidible, a una aporía que solo se disuelve a martillazos, o quizá mediante la literatura. De ahí que no basten las humanidades, hay que distinguir más y con mayor precisión en la búsqueda del antídoto contra la simpleza de la investigación rutinaria si su único incentivo consiste en mejorar tu posición en algún ranking.

Pero para dotar de sentido a una investigación que tiende a especializarse por caminos no necesariamente gratificantes no basta con lo anterior, es necesario también evitar un defecto de la propia investigación que destaca el vasco de origen escocés Daniel Innerarity en un artículo reciente de El Correo (Elogio de la inexactitud). La invetigación estaría derivando hacia la cuantificación evitando la especulación, una idea antigua que ha sido criticada muy a menudo puesto que no hay medición sin teoría. Es decir la esperanza en la exactitud como lenguaje de la ciencia es un veneno que hace su trabajo silenciosamente, como una enfermedad cardiovascular. Y aquí entra la crítica de Freakconomics, una forma de «hacer economía» que sa va deasarrollando hace años pero que no es sino un síntoma. Desde principios de los ochenta en la incestigación económica ha ido primando poco a poco, no lo matemático, como a veces se dice, sino ese dejar que hablen los datos para contestar a problemas sin duda interesantes, pero que pueden helarte el corazón.