Nochevieja en El Abra

Nos toca recibir a toda la familia en esta noche de San Silvestre. Hemos cerrado las cortinas que dan sobre ese puerto interior que en la lejana infancia era mi océano particular; las hemos cerrado para abrirlas de par en par cuando suenen las doce campanadas. Justo enfrente, a una distancia como de medio kilómetro estará atracado un buque transportador de la Finnlines y puedo imaginar a los tripulantes ya achispados compitiendo con su sirena y sus vuvucelas con los ruidos de los cohetes que lanzaremos los aborígenes desde tierra hacia el cielo en el que las gaviotas vuelan aterrorizadas.

En la posguerra los cargueros remontaban la Ría hasta el mismo centro de Bilbao y los cohetes y bocinas se peleaban bajo un cielo iluminado por los siempre encendidos Altos Hornos. Los marinos noruegos se reunían en Olabeaga en lo que, desde hace veinte años y hasta ayer fue una casa okupada, Noruegaetxea, y en donde esta noche quizá sean las finlandeses los que canten canciones meláncolicas mientras lloran lágrimas de cerveza.

Siempre he soñado con que esos marinos nordicos vinieran a casa para emborracharme con ellos. Tendré que esperar un año más para cumplir mi sueño. Mientras tanto que disfruten uetedes esta noche pagana.

Universidad e Investigación

Acabo de leer en Sin Permiso un articulito de Terry Eagleton sobre la necesidad de las humanidades para que un centro de enseñanza superior pueda ser considerada una verdadera Universidad. Este irlandés de pensamiento sanamente marxista de ese que florece en el vivero de Lancaster, nos dice que solo los EE.UU. mantienen las clases que llamaríamos de humanidades como parte del curriculum del primer ciclo de cualquier universidad. Algo paredecido hicimos en la Carlos III y me sique pareciendo imprescindible para aliviar la sequedad que más tarde llega si te dedicas a la investigación por muy fascinante que ésta pueda llegar a ser.

Pero todavía se puede ir más lejos en las distinciones pertinentes. No basta con estudiar filosofía, una actividad que se demanda cada vez más por parte de las personas de una cierta edad y que se ofrece profusamente de manera privada por entidades que conforman un negocio intelectual bien oportuno. Pero mi experiencia con la filosofía es que a poco que indagues siempre llegas a un punto muerto indecidible, a una aporía que solo se disuelve a martillazos, o quizá mediante la literatura. De ahí que no basten las humanidades, hay que distinguir más y con mayor precisión en la búsqueda del antídoto contra la simpleza de la investigación rutinaria si su único incentivo consiste en mejorar tu posición en algún ranking.

Pero para dotar de sentido a una investigación que tiende a especializarse por caminos no necesariamente gratificantes no basta con lo anterior, es necesario también evitar un defecto de la propia investigación que destaca el vasco de origen escocés Daniel Innerarity en un artículo reciente de El Correo (Elogio de la inexactitud). La invetigación estaría derivando hacia la cuantificación evitando la especulación, una idea antigua que ha sido criticada muy a menudo puesto que no hay medición sin teoría. Es decir la esperanza en la exactitud como lenguaje de la ciencia es un veneno que hace su trabajo silenciosamente, como una enfermedad cardiovascular. Y aquí entra la crítica de Freakconomics, una forma de «hacer economía» que sa va deasarrollando hace años pero que no es sino un síntoma. Desde principios de los ochenta en la incestigación económica ha ido primando poco a poco, no lo matemático, como a veces se dice, sino ese dejar que hablen los datos para contestar a problemas sin duda interesantes, pero que pueden helarte el corazón.

Gaviotas afónicas

El frío todo lo enmudece. Y, por alguna razón que desconozco, serena el mar sin que se puedan mover los pequeños «optimist» que están como atrapados en una solución de melaza a punto de solidificarse sin que el ojo perciba los pequeños ricillos de la superficie, heraldos del viento. Las gaviotas no se aventuran ni cien metros en el mar, se pasean conversando silenciosamente en grupitos como de viejas a la salida de misa. Solo muy de vez en cuando alguna se aventura en un vuelo de reconocimiento tímido y corto para ver si se percibe algún promisorio rizo de agua. Pero hoy no hay nada que hacer, el silencio se ha hecho hielo. Se frotan las alas entre ellas para anunciarse que se retiran a las cuevas artificiales de una costa hace ya un par de siglos civilizada. Ese anuncio suena como una sirena que avisa del cambio de turno en un astillero cercano que estuviera averiada y que, sin embargo, quisiera seguir cumpliendo su estúpida misión. «Qué suerte la mía»- pienso. Calentito dentro de mi abrigo, con la bufanda tapándome la boca y la boina protegiendo mis ideas, puedo darme cuenta que no soy gaviota. Quiero gritarlo, pero no me sale la voz

Diálogos bilbainos

Tenía un poco de tiempo antes de acudir a mi cita en el famoso Taller donde sirven las mejores ostras del mundo. Como no había comprado la prensa me he acercado al kiosko de la plaza de Eguillor, he seleccionado un periódico local, uno nacional y Expansión, que siempre compro los lunes pues me gusta leer a mis amigos en papel.

He depositado os tres en el borde del mostrador de la casamata y, mientras sacaba el dinero del bolsillo del pantalón he dicho en alta voz:

– Los tres

Me parecía una manera clara de comunicar que quería comprar y llevarme los tres periódicos diarios seleccionados. pero la respuesta ha sido inmediate y cortante:

– Cuatro.

– No, hombre, solo son tres.

– Pues eso, coño, cuatro euros.

He sonreído con gratitud y él, el kioskero bilbaino, se mataba de risa. Yo he acabado soltando la carcajada.

Les parecerá una tontería, pero estas cosas me suavizan la vida y hoy han hecho de la inusitada experincia del taller algo más gratificante que nunca.

The king´s speech

La víspera del día de Navidad, mi padre me llevaba al cine y dejabamos a las mujeres de la casa a cargo de la preparación de la cena. El viernes pasado me fui solo a ver El Discurso del Rey en las multisalas del puerto deportivo de Arriluce, esa «piedra larga» que ha sido testigo de muchas de mis heroicidades infantiles. Y esa película me ha recoradado precisamente a mi padre por la insobornable distancia en la que el terapeueta mantiene al Rey.

Pero lo que quería confesar es que yo soy como el rey de la película un zurdo reprimido que tartamudea. Ya conté lo de la represión y sus efectos pero olvidé confesar mi tartamudez. Queda confesada.

Las técnicas que me permitieron superarla no son del todo distintas de las mostradas en la película. Yo también tuve que hacer un discurso crucial. El de despedida del colegio, tal como correspondía a un príncipe que nunca contó con el apoyo explícito de su padre.

Es una preciosa película en la que se pueden ver muchas cosas más allá de la represión impulsada por la ambición materna. La que me importa es la amistad a pesar de todo aunque siempre desde la distancia de la independencia. Y. como siempre ese clasismo británico subrayado por la distancia de clase que marca el idioma (speech) más allá de cualquier discurso.

Camino

Nunca me gustó el libro de San Josemaría y, sin embargo, justo hasta ayer creí que algo me decía Macahado con el consabido «no hay camino, se hace camino al andar..». Pero la cercanía de la muerte, primero ajena e inmediatamente propia, por algún vericueto cerebral o trauma psicológico ha hecho que ya no me interese nada el camino, que solo me interese el destino, el final del camino, el lugar a a donde me encamino. O, mejor dicho, me encaminan.

I am back

En las tres últimas palabras de El Color del Dinero, Paul Newman dice al petulante Tom Cruise: I am back. Todos sabemos que lo hace «with a vengence», que va dar una lección al jovencito que pretende perdonarle la vida.

Algunos no necesitamos que nos perdonen la vida y volvemos cuando nos da la gana y siempre «with a vengence». Somos unos pelmazos disfrazados de disidentes.Yo he vuelto a casa y a la juventud pues no otra cosa es volver a la orilla del mar, a una casa donde los estantes están llenos de libros de la época americana que nunca más han viajado comigo. Son una muestra de disidencia pues cuando en aquel país hubiera debido concentrarme en las lecturas exigidas y en las recomendadas, lo que hice, además, es gasatarme todo lo que podía, desafortunadamente no gran cosa, en libros que ni llegaban a Bilbao por la censura, ni tamoco a Iparralde por escasez de población glotona de letras.

Y, como siempre que vuelvo me encuentro con algo que me parece nuevo. En esta ocasión el fantasma que habita esta casa ha puesto bajo mi vista Les Chants de Maldoror de Isidore Ducasse, ese vasco especial de Tarbes, tan verca de Pau e hijo de emigrantes desde Iparralde a Uruguay, como tantos otros muchos vascos. Ese hijo de madre suicida se disfraza del conde de Lautréamont y nos deja una barbaridad poética en prosa que adora todo surrealista.

Pero lo que me asombra es la foto de la portada de una edición en inglés de 1965. Es la foto de un detalle de una escultura en bronce, Dancer, de Marino Marini, un Leiro avant la léttre que esculpiera en bronce, material que no desprecia, la maldad sufriente.

Además el volumen incluye también el breve texto de las Poesías con las que parecía que Isidore quería volver esta vez inocentemente. Está, como digo, en inglés, pero es que en aquella juventud bastante era ya hacerte con el texto, así estuviera en alemán o ruso. Dice:

I Replace melancholy with cour-
rage, doubt with certainty, de-
spair with hope, evil with good,
lamentations with duty, scepti-
cism with faith, sophistry with
the indifference of calm, and
pride with modesty.

Y pienso asombrado que Isidore y yo, ambos vascos y oscilantes entre los mismos valores, nos deslizamos en el tiempo en sentido distinto. Después de tantos días de duelo, abro mi paraguas mágico y como un pingüino cualquiera me propongo hacer el mal en un mundo que lo necesita urgentemente ante tanta bondad estomagante que se nos inocula desde cualquier medio.

Espero aprovechar estos días para hacer como un prontuario de la estupidez ambiental

María Jesús San Segundo

Ayer de madrugada murió María Jesús, alumna y posteriormente colega tanto en Bilbao como en Madrid, buene amiga y Ministra de Educación en el primer gobierno Zapatero. El Rector de la Universiad Carlos III y yo mismo escribmos ayer un obituario de urgencia que aparece hoy en la edición en papel de El País, pero que he sido incapaz de encontrar en la edición digital. Sin embargo en ésta sí que aparece una noticia de prensa que nos dice quien fue María Jesús. Reproduzco nuestro obituario en este blog con lágrimas y reverencia.

UNA ORGULLOSA GUERRERA SOLITARIA

Habría fruncido el ceño sin abandonar la sonrisa y habría desgranado pausadamente las razones por las cuales ni era vanidosa, a pesar de que estaba orgullosa de algunos de sus logros, ni era solitaria, pues disfrutaba de la compañía de los muchos amigos y amigas que atesoraba, ni peleaba mas allá de lo que su sentido de la verdad le exigía. Como siempre hubiera tenido razón y, sin embargo, la profunda huella que ha dejado entre amigos, profesores, colegas y alumnos no es del todo independiente de su particular manera, sin duda heredera de su castellanía vieja familiar, de compartir éxitos, de emprender aventuras o de pelear por lo que era su firme y razonada creencia. Y en una especie de lección a modo de testamento se ha marchado sola, a los 52 años, sin concesiones, sin querer dar pena, rodeada sólo de sus padres, hermana y sobrinos y sin dejar que viéramos por última vez su rostro lleno de la luz y de la belleza de la inteligencia. O quizá, quien sabe, por no vernos llorar.

Los tres compartimos años en la Universidad Carlos III. Licenciada en Ciencias Económicas por la Universidad del País Vasco llegó a la Carlos III no sólo con entusiasmo juvenil, sino, también, con un bagaje nada trivial. Admitida en varias universidades punteras de los EE.UU., eligió Princeton y fue la primera mujer española que obtuvo un doctorado, en 1985, por esa prestigiosa universidad. De allí volvió con una mochila llena de ideas sobre microeconometría y el cuidadoso uso de los datos, que la convirtieron en una especialista en Economía de la Educación, un área de estudio que de una u otra forma ha cultivado toda su vida.
Se dejó arrastrar en 1990 por uno de nosotros desde Bilbao para colaborar a poner en pie una universidad nueva que respondiera a los valores en los que ella creía, disfrutó de lo que Madrid ofrecía intelectual y artísticamente y trabajó muy duro para iniciar y mantener durante años un máster en economía de la Educación, muchos años antes de que los másteres se generalizaran, que abría las puertas a una profesionalidad a la que hoy todo el mundo apela, pero que en aquel comienzo de los años 90 casi nadie apreciaba. Se desvivió por sus estudiantes y era emocionante observarla subrepticiamente derrochar energía en beneficio de aquellos alumnos y alumnas a horas intempestivas.

Entre 1994 y 1996 fue asesora del Secretario de Estado de Universidades e Investigación y desde 2000 a 2004 fue Vicerrectora de Alumnos y de Convergencia Europea en el equipo de gobierno de Gregorio Peces-Barba. Su trabajo abrió el camino que ha facilitado la rápida adaptación de la Universidad Carlos III de Madrid al espacio europeo de educación superior con el actual equipo de gobierno.

Su compromiso con la Universidad pública y con la calidad de la enseñanza ha dirigido una parte importante de su vida. En 2004 es nombrada Ministra de Educación cargo que ocupó hasta 2006. Sus intereses intelectuales desbordaban su ambición académica, de forma que no creemos exagerar si afirmamos que nadie ha llegado al Ministerio con menor experiencia política y mayor mochila de ideas, no necesariamente el mejor equipamiento para una posición como la que alcanzó. No se envaneció y tampoco lloró en público cuando fue cesada de manera un tanto abrupta a los pocos días de sacar adelante la vigente Ley de Educación. También tenía reservas para sacarle jugo a la vida.

Y la mezcla de la Embajada permanente de España ante la Unesco, el ambiente de París lleno de incitaciones intelectuales y artísticas y la cercanía relativa al tema de la educación, creemos que le proporcionaron los mejores años de su vida. Años abiertos a sus amigos de todas partes, años repletos de entusiasmo por lo que hacía pero, como siempre, vividos con el recato de una luchadora aparentemente distanciada y sin embargo tan cerca de sus amigos, de su familia y de sus adorados sobrinos, su única debilidad conocida y que la hace todavía más inolvidable.

DANIEL PEÑA
Rector de la Universidad Carlos III de Madrid

JUAN URRUTIA
Ex-Presidente del Consejo Social de la Universidad Carlos III de Madrid

ILUMINACIONES: XXXVI:Experimentos

¿Se imaginan ustedes a los átomos decidiendo juntarse en un medio neutral para experimentar si realmente su núcleo está compuesto de las partículas de las que hasta ahora se pensaba estaba formado? Parecería un poco extraño pues el experimento estaría viciado en caso de que la contestación fuera afirmativa pues si no se comportaran así no hubieran podido reunirse tal como les supone el experimento. Pues lo mismo ocurre en economía. Juntar a varios agentes económicos para saber si se comportan como predice la teoría del comportamiento racional es self – defeating. En realidad en Economía y otras Ciencias Sociales no hay experimentos de laboratorio, todos los experimentos son de campo. No se puede pretender que los agentes humanos no se comporten como tales incluso cuando quisiéramos empezar e examinarlos de nuevo y sin prejuicios para tratar de dilucidar si su naturaleza está construída socialmente o es natural.