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Semen!

Sí, “semen!” con signo de admiración a la inglesa, es lo que dijo Lytton Strachey cuando una tarde entraba en el cuarto de labores de las hermanas Stephen y se topó sobre la mesa del té con una gota de un líquido blancuzco, posiblemente un precipitado de agua, azúcar y algún remedio contra la jaqueca muy corriente en Russel sq.. A partir de ese instante estos miembros de la inteligenzia británica se convirtieron en una pandilla convencida de ser el ombligo del mundo y de que eran libres para el libertinaje. Eso fue Bloomsbury, libertad e inteligencia y en ello pensaba cuando una mañana de la semna pasada cuando las primeras lluvias cuasi otoñales de este Madrid convirtieron la corriente del gran río que se precipita hacia el sur en un río de lejía. Seguro que el gozne no estaba en su sitio y la circulación a contacorriente se había parado totalmente. Quizá sea el comienzo de un imposible Bloomsbury mesetario.

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