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Me preparo concienzudamente, tanto física como metalmente, para iniciar la Gran Novela de la segunda mitad siglo XX disimulada bajo una humilde Gran Novela de Bilbao. Es el vehículo de mi venganza y a conducirlo me apresto con la diligencia y la paciencia de la Thurman en Kill Bill. La primera frase es crucial. Puede ser corta o larga, puede restallar como un latigazo o susurrar como una sinuosa boa emplumada; pero no puede ser trivial pues tiene que hipnotizar al lector. Esta es mi primera propuesta:

Frente la inminente desenlace fatal insinuado con la suavidad propia del esperimentado oncólogo y la dulzura de su acento colombiano, solo se me ocurrió una frase insinuada en el lóbulo derecho de mi dañado cerebro: “Aprenderé a jugar al golf”. Luego las cosas ocurrieron de otra manera.

Tengo que sobarla, pensarla, repensarla, darle de comer y también serle infiel, pero no puedo dejar que se me escape. ¿Y si la entrada fuese justamente todo este post incluído este últmo inciso dubitativo?

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Comentario

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  1. No es preciso que hipnotices al lector con el primer párrafo, bastantes perseveraremos aunque no sea hipnótico desde el comienzo 🙂

    Hace tiempo leí con gran interés por aquí, o enlazadas desde aquí, unas Memorias a Cuatro Manos o título similar, escritas en colaboración con tu hermana ¿Begoña?

    Se me ocurre que superponiendo a esas evocaciones de tu niñez una trama, tendrías una buena novela bilbaína; algo así como “Paz en la Guerra” de Miguel de Unamuno, que también hace uso de sus vivencias de infancia.