Dr.Caligari y la Bauhaus

Ya no estoy allí y echo algunas cosas de menos. Entre las que no echo de menos está el tono taxista que poluciona la vida pública aquí en la capital. Entre las que ya rememoro con nostalgia está la de la ducha mirando a las islas Medas, pero sobre todo la llegada a la casa de Foixà ya entrada la noche.

Después de encender todas las luces internas de la antigua masía renovada y acrecida por Jordi y Mercè, salgo descalzo por el cesped hasta el cuarto de instalaciones y prendo las luces del jardín. Podría hacer funcionar el reloj para que se encendieran a la hora marcada, pero prefiero hacerlo yo.

Cuando me vuelvo apara regresar al edificio principal me quedo atónito ante la mezcla de expresionismo alemán y arquitectura bauhaus.

Voy a construirme una sillita de piedra justo en ese punto neurálgico para disfrutar cada noche de esa imagen turbadora. Veo la casa desde un ángulo que me permite ver tanto el interior del salón a través de un juego de celosías correderas de madera gruesa, como el interior del hall, desde el que sale la escalera que va al piso superior, a través de la puerta de entrada que he dejado abierta, y un trocito de la parte superior de la biblioteca que deja adivinar un trocito del autoretrato de Patricia.

El comienzo de escalera con su revuela tortuosa, sus escalones desnudos y su falta de barandilla, así como los techos con vigas tanto de esa biblioteca como del salón superior me traen a las mentes inevitablemente, cada noche, el expresionismo del Dr. Caligari con sus ángulos inverosímiles y el terror de lo oscuro y diferente. Sin embargo el suavemente iluminado salón con su enorme cuadro abstracto y sus sofás blancos disciplinan mi imaginación hacia la limpieza de lo geométrico que desemboca en un porche tan vacío como la noche cuajada de estrellas que se confunden con las luces que circundan el golfo de Roses.

He pensado fotografíar ese encuadre y hacerlo profesionalmente; pero luego ha vencido mi avaricia. Quiero ese injerto de la claridad en lo gótico solo para mí y mis amigos.

Trescal y Andresito

Estos dos personajes pícaros, disparatados e hilarantes se asocian en mi cabeza con su jefe Dick Turpin. Es este vengador otro de los que seguramente me siguieron en la procesión de plenilunio aunque no le ví quizás porque no le esperaba. Pero hay muchas parejas de nombres o personas, pícaros o no, de las que uno no puede conocer el jefe que las auna y da sentido. Por ejemplo Boettke y Prychitko son dos editores de dos volúmenes de economía austríaca que están en el estante más cercano al suelo de la parte noroeste de mi bibliotca casera y creo recordar que están editados por E. Elgar aunque este último detalle pudiera estar confundido por el mero hecho de que quien en primer lugar me habló de ellos fue Mark Blau en una agradable conversación sobre heterodoxia en economía en el contexto de un encuentro de economía de la cultura donde la estrella era su mujer Ruth Towse. Pero ¿quién es su Dick Turpin? posiblemente Hayek o quizá directamente Menger aunque yo me inclinaría por Mises. ¿Podría alguien dar información sobre Trescal y Andresito o cómo ubicarlos en la red sin necesidad de leerme todo el texto que relata las aventuras de esa especie de Robin Hood que, una vez más, trata de vengar al padre.

Dos recomendaciones

Ahora que habrá que empezar a pensar en ponerse el chip y quitarse el bañador, quiero compartir con los lectores de estas ideas desperdigadas dos lecturas apropiadas para las ideas de este verano. Una de las líneas de discusión ha sido la innovación financiera y el porqué de la crisis de las subprime. Lean el libro de Michael Lewis The Big Short, me lo regaló en Londres Joe Ostroy y es claro, ilustrativo y desternillante. La otra línea de este agosto ha sido lo que podríamos llamar la riqueza financiera y aunque la biografía de Siegmund Weiburg de Niall Ferguson pisa otros terrenos, los interesado en esa otra línea no pueden dejar de leer ese segundo libro que me regalé a mí mismo en la librería de la LSE y del que todavía yo no encuentro ninguna reseña en la red.

Epigrama de Gil de Biedma

Lo he leído mil veces gracias a Luis Escudero y quizá ya lo he citado; pero ahora que lo vuelvo a leer y que sé que este poeta tuvo casa en Ultramort por donde paso a menudo, ahora que me gustaría quedarme como él “entre las ruinas de mi inteligencia” no tengo más remedio que regresar.

DE VITA BEATA
En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia

Sobre bonos, volatilidad y banqueros centrales pasando por sindicatos

El 21 de mayo comentaba yo en este minipost la instantaneidad del efecto renta en mi caso de rentista. Entenderán ahora porqué voy a pasar un fin de semana angustioso siguiendo esa reunión de Jackson Hole. Que empiece a haber una burbuja en bonos tanto corporativos como públicos y que haya grandes movimientos laterales quiere decir que las expectativas en el mundo, gravemente inestables, son hoy de una jobless recovery. Se presentan pues las señales de un colofón a la crisis típico de estos tiempos sin certidumbres generales y sin convicciones teóricas. Por fin nos damos cuenta de que las empresas mejorarán sus resultados y que los paises se despalancarán y empezarán a crecer tímidamente mientras la gente, especialmente la jóven, se muere de asco. No nos extrañe si los sindicatos o lo que acabará sustituyéndoles, empiezan a enseñar los dientes.¿Por qué habría de subir la Bolsa? No imagino el tipo de declaración final que podrían hacer los banqueros centrales desde Wyoming para que eso ocurriera.

Meditaciones de agosto (Expansión, 25 de agosto)

Claro que en agosto del 2007 me interesé por las hipotecas subprime y las reseñé aunque difícilmente podía imaginar ni el camino que había llevado a la burbuja ni las dimensiones de la misma o de los derivados generados a su socaire pues, como decía en el artículo de septiembre (¿Qué hará el BCE? Se admiten apuestas, Expansión, 3 de septiembre), toda esa innovación financiera me parecía inteligente y tendente a la eficiencia por la simple razón de que completaba mercados, idea ésta que mantengo a pesar de los pesares.

Para las vacaciones del 2008 ya me mostraba más al tanto de sus peligros a pesar que durante el curso académico fueran otras las preocupaciones que me tuvieron entretenido. Ese agosto y bajo el título de Pasatiempos Vacacionales (Expansión, 6 de agosto) me preocupaba del problema de selección adversa asociado a la información asimétrica existente entre los bancos (especialmente de inversiones) que, ahora sabemos, empezaban a contratar los Credit Default Swaps (CDS) que les permitirían hacer un buen negocio cuando los bonos derivados creados a partir de las subprime (una forma de CDO o Colateralized Debt Obligations) empezaran a no hacer honor a sus compromisos debido a la imposibilidad de pagar las hipotecas subyacentes.

Así que el problema planteado por la caída de Lehman no me cogió del todo desprevenido. El pasado verano y a propósito de un artículo ajeno que mostraba evidencia empírica sobre las ventajas de la innovación financiera para no pocas economías, volvía yo a mis ideas iniciales (Maniobras marineras e innovación financiera, Expansión, 7 de agosto). Mis miedos habían desaparecido aunque resultó que la tranquilidad duró poco pues ya a principios de este 2010 me estaba preguntado por el posible double dip y por los problemas del desapalancamiento, esos mismos que nos han traído por la calle de la amargura en España y que, a pesar de lo que se pensó a partir del viernes 23 del mes pasado, día en el que se hicieron públicos los resultados de los tests de resistencia en los países de la UE, continúan vigentes. Y así llego a este verano del 2010. La propia crónica que acabo de describir me sugiere tres meditaciones centrales: sobre la innovación financiero-empresarial denominada “originar y distribuir”, sobre el problema central de la información asimétrica y la correspondiente selección adversa y sobre los problemas de endeudamiento. Sigue leyendo

Pero…¿qué pasó con Marlene?

Me lo preguntan por teléfono algunos amigos y he recibido varios e-mails al respecto. No comenté nada ayer por un asunto previo.

Notarían supongo que no había mujeres en mi narración de los acontecimientos de la noche de plenilunio. No las había imagino porque sería añadir otra aparente irregularidad natural al accidente geodésico reseñado. En mi ensoñación las mujeres exponían a la cálida brisa de la noche unos torsos desnudos que, de garganta a cintura eran no los suyos sino esos de madera que exhiben los escaparates en épocas de cambio de temporada.

No me extarañó entonces que Marlene no estuviera presente en la peregrinación que ensoñé pues jamás admitiría esta mutilación virtual y ella conoce mis ensoñaciones.

¿Que por qué las conoce? Pues porque Marlene no es Marlene la domadora de pierna infinita, la diosa egipcia o la falsa vigilante playera, sino la delegada de mi banco habitual para arreglar el asunto Skoda que tantos dolores de cabeza me ha dado desde que, pronto hará un año, les expliqué mis dudas sobre cómo utilizar mi fortunón sobrevenido.

Marlene es, en el mundo real, la encargada de gestionar el trust al que me refería en aquella ocasión. Su principal misión es ponerme a prueba casi continuamente. Ella debía asegurarse de que mi cabeza seguía en su sitio.

Le pagan los administradores del trust con los fondos del mismo que, como comprenderán, siguen disminuídos a causa de estos efectos retrasados de la crisis, pero que todavía sobran para abrir casa en Madison con la 85, lugar éste desde el que se irán urdiendo los planes de la venganza que pondrá un fin realmente humano, el único posible, a mi existencia.

… y el sol se puso sobre el mar..

…decía yo a mi incrédula mujer a poco de despertar hace dos horas después de un sueño que, por fin , logré conciliar tras acostarme a las diez de la mañana todavía excitado por la extraña noche de plenilunio que ahora contaré y mientras tomaba un escueto desayuno pues tengo el estómago cerrado porque mi mujer no cree que el sol se puso por el mar enfrentado éste desde el cap de creus, cosa comprensible, pero que me hace sudar antes de contarle lo que es, de hecho, más incomprensible pues una anomalía geodésica puede darse, pero lo que resultó anoche la peregrinación hacia mi definitivo corte de mangas es del todo increíble al menos que uno estuviera allí como lo estábamos amancio y yo, ambos con el cuerpo bruñido y depilado ciñéndonos el honor con un bañador turbo de color rosa, palo en mi caso aunque con una pequeña gota de sangre del ruiseñor herido por un gavilán que le continuaba persiguiendo hasta que Antonio Molina acabó ayer tarde con él y de lo que me enteré cuando, aunque ya empiecen a dudar de estabilidad mental, no tengo más remedio que contar, me topé a medio camino del monasterio de San Pere de Roda con el propio cantaor luciendo un turbo rosa que realzaba su sexta edad juvenil y que agilizaba sus movimientos en dirección hacia esa cruz de cabo en procesión a comenzar en el monasterio en cuanto allí llegaran los peregrinos que, nunca lo hubiera soñado, han prometido acercarse, me cuenta amancio, desde los cuatro puntos cardinales, desde Olot con Lars von Triar al frente todavía en busca de un anticristo que, como él, haga compatibles la fibra y la grasa, o desde el Port de la Selva movilizado el pueblo por Glauber Rocha que ha creído ver la posiblemente final oportunidad que en esta tierra de sol se juegue hoy la partida definitiva entre un dios que todo lo ve y que demuestra su naturaleza por esa falta de compasión resultante de dar sentido a todo y el diablo, sin rasurar pero, al igual que su creador, con bañador rosa palo como el mío aunque sin gota de sangre y con las huellas dactilares quemadas para traspasar fronteras sin humillación, o por un tercer camino largo y angosto desde Cadaqués con Stiglitz todavía incrédulo y que comenzó con un pantaloncillo corto que remarcaba unas pantorrillas potentes del que tiene que ser intelectual a fuer de experto o, como ese anciano que nadie conoce pero que yo sé que viene desde el Baix Émpordà, de la Bisbal más concretamente y que, a pesar de que desea por encima de todo preservar su incognito, luce sobre sus carnes magras de profesor de literatura sudafricano en Australia un bañador no tan ceñido pero de un tono solo discernible por quien conoce el serengueti, color que contrasta con los arúspices de Herr Kan, unos sonrientes pues se malician el resultado de esta peregrinación y otros con los labios apretados por el deseo ferviente de tener todavía la oportunidad de conseguir lo que trataban de forzar a mi costa y que todavía creen en el poder taumatúrgico de esos bañadores de neopreno y que son como una mosca en la leche de esa marea humana morena y rosa que se acerca, ya a media tarde, al monasterio y que asusta hasta la huída a los pobres turistas italianos que se acercaban a conocer el origen de su impostada ventaja en semiótica que pronto va acabar, cuando ya todos juntos vayamos trepando, muchos a cuatro patas al montículo desde el que descenderemos en un par de horas hasta el cap de creus frente a ese mar todavía turquesa que remite al turco cruel que me ha enseñado, como a Dantès, el refinamiento de la venganza, como al Corsario Negro la crueldad del despecho y como a el zorro el gustazo de matar por el honor del nombre del padre, venganza, crueldad y honor que anidan y comienzan a enraizar en mi pecho a medida que me adelanto unos metros a esta comitiva penitente que, con Stiglitz ya entregado al rosa, inicia en alta voz un rosario de agravios que les carcomen el alma y que, con su ritmo de música para derviches giróvagos, hacen presa en lo más profundo de mi estómago en donde se han acumulado durante años las amarguras de la impostura del que no quiere esforzarse, no tanto por no mostrar la fealdad del sudor impotente sino, sobre todo, por no delatar sus carencias a a las que a medida que la luz cae comienzo a amar locamente y de las que, contrariamente a la decisión que me llevó a Herr Kan para consultar con los podencos, ya no me atrevo a tomar por tales habiendo comprendido con la intensidad de la luz del amanecer que lejos de representar puntos vulnerables de mi armadura son, en realidad, los puntos fuertes de mi desnudez que es la que parece conducir a todos estos peregrinos que incrédulos ven, finalmente y totalmente incrédulos, el simultáneo despertar de una luna plenamente llena y la incomprensible evasión del sol de su ley y de su costumbre al acostarse por el mar mirando hacia Estanbul, señal inequívoca de que por fin he encontrado, en este comienzo de quinta vida la clave de quien soy, ese sujeto que, de acuerdo con la reflexión que ocupó las horas siguientes e silencio frente al mar, solo ahora va a saber hacer del bañador turbo rosa su seña de identidad y clave última de su individualidad que solo podrá hincharse proteica en la continuación sin fin de esta narración que prolonga hacia el infinito aquel fragmento de “noches de amor en Porciúncula” que duerme entre las paginas de A Trancas y Barrancas y que acaba de resucitar como único bagaje que llevaré conmigo cuando por fin tome ese barco que, entre su carga cargue con el viejo timbal que su abuelo de ella protegió de la barbarie y sobre el que murió cuando mi hembra mestiza de negra y escocesa, la que vio las luces de la ciudad allí abajo desde el observatorio astronómico me hizo el amor, dirigió su primer concierto y que hoy me oculta dentro de él a mí y me exime de la últimas dificultades para, sin huellas dactilares, alcanzar mi refugio en la Avenida Madison con la calle 85…

Saludo a NesG

Se acabó la parada biológica y reparece Nada es Gratis con lo que a partir de ahora tendré menos tiempo para cualquier cosa pues su lectura es “compulsoria”. El último post, de Samuel Bentolila, me inspiró una recovención fraterna que, curiosamente, ha generado toda una saga sobre bañadores que espero se cierre esta noche en la anunciada peregrinacion al Cap de Creus. El primero después de la parada fue otra bonita y relajada pieza de Antonio Cabrales y ahora topamos con este post de Javier Andrés que se pregunta por cómo introducir coherentemente los desequilibrios comerciales en el relato de la crisis. Por fin se acabó la sequía.

Crear mercados

Jose I. Goirigolzarri llama a nuestra responsabilidad individual a fin de crear riqueza desde la empresa en una economía de mercado. David de Ugarte apoya con fuerza esa iniciativa que pasa por la creación de procedimientos y la denomina significativamente un manifiesto. No creo que todavía alcanzamos a ver su importancia en toda su dimensión. Pensemos que incluye crear “verdaderos” mercados que, más allá de un conjunto seriado de contratos bilaterales y privados, responden de manera pública de los pagos entre las partes contratantes, de la realización efectiva de los intercambios pactados y de las entregas a realizar . Si creamos “verdaderos” mercados por doquier acabaremos eliminando el problema de la asimetría informacional y la correspondiente selección adversa. No estamos sino en los albores de esa nueva civilización que imagina entusiasmado DU