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Carlos y Erdogan

Mi amigo Carlos murió hace ya cerca de un par de meses. Me impresionó mucho pues habíamos sido compañeros de clase durante seis años en la Universidad de Deusto y luego, más tarde y durante muchos años, nos vimos los veranos en Quejana junto a otros compañeros de aquellos años 60. Estuve con él solo una semana antes de su muerte y lloré en su funeral. Imaginen lo que sentí al verle el otro día bajo esta canícula en mangas de camisa y un poco más gordo de lo habitual. Quizá estaba yo impresionado, y mi don para los parecidos acelerado más allá de la cuenta, pues me acababa de cruzar con Erdogán paseándose tranquilamente sin guardaespaldas.

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