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Cíngulo rasgado

Hoy exactamente a las 15.05 en medio de un largo de piscina el reloj se me ha parado. No es un reloj cualquiera, ha hecho el papel de alianza matrimonial desde hace casi 43 años y nunca ha dejado de ceñir mi muñeca izquierda. Pero con todo no es esa característica la que hace de su avería algo simbólico e inquietante. Lo que la conforma como un hito es su naturaleza de cíngulo que ceñia engavillados todos mis yoes o, si se quiere, todas las fisuras que separaban unos de otros esos yoes. Con ese cíngulo rasgado ya no sé quien soy, me desparramo en numerosas formas líquidas, con o sin tensión superficial que las mantenga separadas, y temo por mi razonable autocontrol.La locura acecha.

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