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Zu zara nagusia

Ayer jueves aterricé en Bilbao a las ocho de la mañana y compré como siempre un periódico local. Me enteré que la Nueva Alhondiga ya había sido inaugurada hace una semana y que se había puesto la primera piedra del nuevo San Mamés. Me las arreglé para hacer mis recados que se pueden hacer rápìdamente en ese centro pequeño que sin embargo es tan dinámico como la quinta avenida y me fui a la alhondiga de Phillip Stark.

Casi no reconozco la Plaza de Arriquibar, ese lugar en el que tantas veces fuimos después del colegio a ver a aquella dama con un sombrero a la Carmen Miranda aunque de punto rojo, esperando siempre contra toda esperanza la entrega de su amor el frutero que nunca le hacía caso. No entiendo cómo es posible que esa reina del amor no tenga ni un recuerdo en esa plaza por la que ahora se accede al nuevo espacio urbano que hace de la pequeña villa algo todavía más grande de lo que era ayer.

Todavía no está todo funcionando, pero lo que hay me impresionó. Las columnas chaparritas que parecen sostener un edificio de le República Romana B.C. son invento de ese diseñador sin posibilidad de error. Cada una con una especie de sabor distinto pero todas como con aspecto de comida arable, marroquí más exactamente. Un par de exposiciones sin azucar, llenas de tralla, que no estamos para tonterías, inauguran un espacio que nos traerá mucha marcha cultural. A ellas se accede a través de un espacio vacío que, sin embargo, tiene el sonido inconfundible de un frontón con el rebote contra el frontis de una pelota dura como la piedra y las voces infatigables de los corredores de apuestas.

Y me fui a comer con dos amigos que de vez en cuando bebemos y degustamos la mejor comida sin estrellas de ningún tipo y cantamos a Bilbao como el mejor sitio para vivir del mundo. Todavía me quedó tiempo apara leer ene se periódico local adquirido hace ya varias horas, la crónica de la colocación de la primera piedra, o el primer trozo de césped, del nuevo San Mamés. El chopo cortó ese trocito y una cadena humana lo fue trasladando hasta el nuevo emplazamiento. Como eslabones de esa cadena destacaré solo que el último fue el último socio, de solo meses de edad, y que por el medio del camino alli estaban Goiko, la muralla insalvable para genial Maradona y Dani el mejor ratón de área.

Eso es Bilbao, terquedad infranqueable y picaresca astuta. A la vez. Imbatible

Canto a mi Bilbao con las palabras con las que animé é al Athletic allí en Valencia hace treinta años en la semifinal de una Copa, que acabamos ganando al Barça, con un gol de la muralla que, ya harto, se fue adelante y los arrolló. Esas palabras son zu zara nagusia. Sí, tu eres lo más grande.

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Comentario

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  1. hola recuerdas como de llamaba la “loca de arriquibar”? soy pintora bilbaina y deseo homenajearla nose si sera posible con el nombre localizar alguna foto.