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Iluminaciones XII:La ilegalidad cotidiana

En 1976 decidí y juré cometer una ilegalidad cada día. Era una manera rara de ser fiel a la rebeldía que sentía en un momento malo de mi vida. Durante unos doce o trece años fue fácil. Tiraba al menos una colilla al suelo público cada día. Pero dejé de fumar y la cosa se complicó. La fidelidad a la rebeldía se fue haciendo difícil. Durante una buena temporada no me abroché el cinturón de seguridad en el automóvil, pero también en esto flaqueé. Luego cada día me saltaba un semáforo, con el cinturón puesto eso sí, o cambiaba de acera evitando el paso de peatones. Más recientemente incluyo en mi catálogo de ilegalidades privadas y rebeldes el no apagar el móvil en los aviones; pero no todos los días me subo a un avión. Así que he tenido que ingeniármelas. Me he hecho impimir un taco de tarjetitas engomadas en las que ofrezco mis servicios de coaching y que pego en cualquier pared que prohiba fijar carteles. Pero hoy he entrado en barrena y en pánico y ya no sé cómo es posible la ileglidad. Sí, hoy he pisado la hierba para retirar un cartel que prohibía pisar la hierba. He pensado de repente que toda ilegalidad es siempre repetición de otra anterior, pero no de cualquiera sino justamente de la ilegalidad que ha tenido que haber sido cometida para permitir la mía. En efecto esto es así, pues alguien había hollado la hierba para poner el cartel. No se si me precipìto, pero me suena que esta aporía elimina la posibilidad de ser ilegal y por lo tanto rebelde y por lo tanto no puede ser tal ilegalidad propiamente hablando. ¿Qué hago para mantener la fidelidad a la rebeldía que juré mantener?

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Comentario

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12 Comentarios

  1. En el debate: ¿Debemos obedecer las leyes injustas?
    Pero si hasta se desobedecen las leyes justas, si sabes como hacerlo ¿cómo no se van a desobedecer las leyes injustas?

    Y, si la administración de justicia, es un proceso o un procedimiento, o en de forma mas tajante, ¡un rito! ¿Cómo va a existir la justicia?
    Si la triste justicia, es un ideal a conseguir, ¿qué sería la bondad?
    Aún así, la bondad, no es mas que un aspecto, corto de miras, comparado con la magnanimidad, auténtico privilegio de dioses.
    ¿Cúanto mas lejos de la magnanimidad se puede aspirar?

    Pues bien, ni las leyes, ni justas ni injustas hay que obedecerlas, sino simular que se acatan y dotar a nuestros actos de apariencia de legalidad, pues, en el caso que se perciba como desobediencia, podríamos ser sometidos al rito de la justicia, que no es mas que una justicia justita, escasa y rala.

    Así pues, dotaos de miras mas elevadas; miras que no hay que confundir con la moral, la religión o la espiritualidad, sino de la mas pura de las éticas y por ende sociales, mientras que exista el otro; el prójimo o el próximo.
    Sed rebelde como los propios dioses.
    Sed vosotros mismos.

    Salud os

  2. Pues, dado que i) la posesión de mecanismos que ayuden a saltarse las protecciones anticopia es delito según la última revisión del código penal español, ii) algunos discos de música usan la ejecución automática de Windows para instalar su sistema anticopia y iii) pulsar la tecla de mayúsculas al introducir un disco evita la ejecución automática, se pueden cometer miles de delitos diarios poseyendo y usando un teclado de ordenador (es un meme de Internet, no es idea mía). También puedes disponer en tu ordenador del software necesario para ver tus propios DVD en Linux.

    Desde luego, las leyes injustas son totalmente contraproducentes en cuanto convierten algo popular en delito o hacen que éste pierda su aura de negatividad. ¡Mira si el Estado pone fácil lo de ser rebelde! 😀

  3. ¿Qué hariamos sin el Estado que nos da ocasión de rebelarnos especialmente cuando eexhibe su disfraz de justiciero? La piratería no forma parte de mi ilegalidad cotidiana simplemente porque no sé cómo ejercerla. Para ser como dioses me temo que lo único que se me ocurre es la crueldad y no acudir en apoyo del desvalido, como en aquella bella imagen de Dios y el Diablo en la Tierra del Sol, película del gran Glauber Rocha. Por cierto ¿qué ha sido de él?

  4. Confieso que durante mucho tiempo escondía mi cinturón de seguridad del avión de la mirada de las azafatas con mi chaqueta o mis libros para que no vieran que lo llevaba suelto. Hasta que una azafata egipcia me descubrió, quise hacer de Robin Hood y recibí una seria amenaza sobre el poder concedido a los comandantes de los aviones. Y me he dicho que era una niñería para tranquilizar mi conciencia y no volver a jugar al ratón y al gato. ¿Y si no lo es?

  5. Lo más genuinamente rebelde no creo que sea ir contra las reglas, sino el encontrar nuevas y más fáciles maneras de cumplirlas.

    De esta manera no se está en contra del sistema aparentemente, lo que dá lugar a tener poca resistencia inicial de este.

    Sin embargo, estos nuevos caminos podrían, si se masifican aunque sea un poco, hacer colapsar todo o parte de aquellas viejas reglas

  6. No estoy seguro de que incumplir una norma cualquiera de las dictadas por las autoridades públicas equivalga a ser rebelde. Supongo que depende de cuál sea esa norma, del carácter más o menos democrático del Estado que la dicta, y de lo que la rebeldía signifique para cada uno.

    En mi molesta opinión (como diría Nancho Novo), en España hay muchas normas injustas (sólo hay que pensar en todas aquellas que se promulgaron con la finalidad de promover los derechos fundamentales de los individuos pero que, conscientemente o por ineficacia, no se cumplen), no es un país de los menos democráticos (pero tampoco de los que más), y la rebeldía consiste en actuar conforme a los dictados de tu consciencia, sin que el temor a la reacción del poder establecido te haga renunciar a ello.

    Yo, sin duda alguna, no soy un rebelde.

  7. Gracias Quim por compartir tus opinines molestas en este blog.Afirmar de uno mismo que no es un rebelde es como decir que no se pisa la hierba para poner el cartel que lo prohibe. ¿O no?

  8. “Afirmar de uno mismo que no es un rebelde es como decir que no se pisa la hierba para poner el cartel que lo prohibe.”

    Sí, la resignación absoluta frente a lo injusto te puede llevar, paradójicamente, a no cumplir con lo que la norma te impone. Un círculo vicioso autoinflingido.