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Entre Dulcinea y don Quijote

Son dos calles que desaguan del barrio de Tetuán en un afluente caudaloso del gran río por su margen derecha. Don Quijote y Dulcinea en Tetuán configuran un entorno tan epañol, tan Siglo de Oro, que uno no entiende qué pintan por ahí un Naturhouse, al que acudo religiosamente los lunes para engañarme y adelgazar y una Body Factory a la que me apuntaré en cuanto alcance mi precio (perdón peso) objetivo. ¿Para qué? Pues, primero, para aliviarme la cabeza y decidirme a comenzar la redacción de ese ensayo que me he prometido y que se llamaría R al cubo. Segundo, para que me cueste menos andar y mejorar así el estado de una coronaria pachucha. Tercero para poder dedicarme a fortalecer mis músculos con la sana intención de hacerme campeón senior de culturismo.

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Comentario

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  1. Compensa que en la calle Dulcinea hay una pequeña librería de segunda mano, con más volumen ocupado por libros que el que queda libre para que los ávidos “ratones” del papel antiguo puedan corretear entre sus títulos.

    Y justo enfrente, una imprenta de esas que, por su amabilidad, te hacen desear escribir un libro por el mero placer de llevarlo a imprimir.

    Todo muy literario… como debe ser, en la calle Dulcinea, muy próxima, como debe ser, a la Calle Don Quijote.