Sobre fraternidad laica

Este es un post sobre un comentario de Carlos Boyle sobre el post Mercado y Competencia. Trata de interpretar ese comentario, especialmente en su última parte, en términos políticos. No cito todo el comentario de Carlos, sino solo aquello que necesito par mi contestación

Pare ello echaré mano de la tesis de amigo-enemigo de Carl Schmitt y me plantaré en la tesis que esgrime Chantal Mouffe al respecto en “En torno a lo político”.

Comienza comentando sobre los dos paradigmas de los que yo hablo: el mercado, en el que los precios sirven como coordinadores de la actividad y la competencia que sirve justamente para que, cuando los precios jueguen un papel incentivador y no meramnte coordinador, se elimine la razón para ese rol de los precios. Dice Carlos:

No es casual que desde dentro de nuestra cultura y por tu formación, para referenciar ambos paradigmas te hayas basado en el pensamiento dos de los referentes religiosos que más influenciaron desde ese lugar a la política y a la economía.

Se refiere a Calvino y Loyola y, en la base de ambos, a la religión y así se explicaría la opinión de Moufflé acerca de la moralización de la política. Sigue leyendo

LA INVESTIGACION A GOLDMAN SACHS

Esta artículo apareció en Expansión martes 27, hace dos días. Lo reproduzco aquí corrigiendo un pequeño error que, aunque se entendía como tal sin posibilidad de malentendido, merece la pena eliminar.

La acusación de fraude por parte de la SEC contra Goldman Sachs, el banco de Inversiones más admirado del mundo, una institución de la que se decía que había visto venir el final de la burbuja inmobiliaria y se había librado de ella, llega en un momento muy oportuno para que salga adelante la reforma del sistema financiero que persigue Obama y en un momento muy inoportuno para la recuperación pues nos hace volver a la época en la que los bancos recelaban unos de otros y en consecuencia no hacían uso del interbancario pensándose dos veces el intercambio con ninguna casa cuyas condiciones de solvencia desconocían. Por ambas circunstancias puede muy bien ocurrir que el frenazo a la innovación financiera sea demasiado brusco. Sigue leyendo

Mercado y Competencia

En un intercambio de ideas con DdeU surgió una discusión que ha dado origen a este post.

Es menester distinguir entre mercado y competencia. El mercado libre genera unos precios que coordinan las actividades sean de producción y/o de intercambio. Pero si el mercado, además de ser libre, no es del todo perfecto en el sentido de que la competencia no es suficientemente brutal, entonces surge el papel incentivador de los precios. Sigue leyendo

Ceguera selectiva

He descubierto que lo que tengo no es sordera selectiva como la que tiene mi mujer conmigo (¿contra mí?) que parezco estar fuera del radio de acción de su sónar. Lo que tengo es ceguera selectiva. Hay objetos que simplemente nunca veo. Por ejemplo el tarro de la mermelada sin azucar en el desayuno. Está ahí, más grande que los otros tarros de mermelada y, sin embargo, indefectiblemete voy a la cocina a cogerlo y entro en pánico cuando tampoco lo encuentro ahí. Esto era incluso gracioso hasta que me empieza a pasar con las gafas . No las encuentro lo que, en cierto sentido, parecería razonable pues sin ellas no veo; pero lo preocupante es que le grito a mi mujer :»Llámame a las gafas» como si lo que no encontrara fuera el móvil y como si no supiera que no me va a oir.

Iluminaciones. XIV: hacia una nueva formación (II): Ciencia

Continúo con el intento de ir pensando en qué puede consistir la nuva formación para un mundo nuevo. Para hablar de la ciencia que es lo más serio del mundo que hemos vivido y que queremos preservar pero también adaptar, me voy a limitar a reprudicir la conversación que tuvimos JRC y yo a grito pelado mientras tratábamos de enterarnos simultáneamente en que fallaba el Barça ante el Inter. Sigue leyendo

Iluminaciones. XIV:Hacia una nueva formación. (I)Distinciones

Este es un post en dos partes. En esta primera me limitaré a encadenar varias distinciones que creo claves. En la segunda parte y al hilo de una discusión con JRC, trataré de criticar algunas formas atuales de actuar dentro del campo de la evaluación científica que creo no rompen como debiera ser con la inercia el pensamiento. Sigue leyendo

Mi mendigo, el Otto Neurath y un poco de fisiognómica

Mi mendigo favorito es ese al que me refería el otro día como un señor limpio y sereno que se acicala y repasa su ropa en el Pº de la Castellana. Mis dotes fisiógnómicas me arrastran y no paro hasta que caigo en que se parece mucho a Amable Liñan, gran ingeniero aeronáutico, doctor Honoris Causa de la Carlos III, Premio Príncipe de Asturias y discípulo de Gregorio Millán colega y amigo que fue del húngaro Theodore von Karman.

Pero, hoy no me imorta tanto la fisiognómica como algo de diferente cariz. Lo inquitante, en efecto, es que hay algo en común entre este «amable liñán» que toma el sol delante de la Escuela de Ingenieros Industriales en la margen izquierda del gran río de esta ciudad sin río y el blog de Jesús Zamora, que está entre los seleccionados como blogs que leo, A bordo del Otto Neurath. Lo que me llama la atención es que ambos, mi mendigo y el navío de Zamora se reparan a sí mismos mientras siguen navegando.

Ni uno ni otro aceptan el dique seco, expresión que aprendí de mi padre que se fue básicamente porque no podía entender que el dique seco fuera poco a poco desapareciendo de la reparación de buques en Euskalduna.

Y por eso mismo ambos, mi mendigo y el Otto Neurath de Jesús Zamora, nos recuerdan que no hay dique seco lo mismo que no hay punto de apoyo en un mundo completamente endógeno. Nada es seguro ni nada constituye un momento de excepción en el que uno pueda (re)ordenarse.

¡Es la edad, estúpido!

Hace muchos años, allí en la adolescencia, a veces sentía sobre mí la mirada de un cura y, ¡oh gloria! de alguna niña descarada. Más tarde los curas ya no se fijaban en mí, pero alguna mujer me paraba por la calle. Hoy ya solo se acercan a mí alguna adolescente despistada y algún inmigrante recién llegado a la ciudad, unas y otros para pregunatarme por alguna diracción. Qué cómo es eso, me preguntas. ¡La edad! te respondo. Se nota que soy inofensivo.

Dos contraportadas

Pasé por Pasajes y me compré La filosofía, otra vez de Alain Badiou y luego encontré en Paradox El don de la vida de Fernado Vallejo. Este último, colombiano que no puede dejar de huir de Medellín, es mi blasfemo favorito, un escritorazo cuya prosa me arrebata y cuya inteligencia me epata. Hace lírica de la blasfemia. En la contraportada de su libro solo hay unos parrafitos del propio texto que incluye este diálogo.

– Pero dígame una cosa, maestro: ¿cuando usted dice «yo» en sus novelas es usted?
– No, es un invento mío. Como yo. Yo también me inventé.

En la contraportada del libro de Badiou no encontré nada similar, pero algo me impulsó a ir al texto. En las dos últimas páginas hay, a modo de viñeta autobiográfica, una referencia a Exilios de Saint-John Perse, mi único poeta, el que sabe hacer lírica de la épica. Badiou, un tolousain «exilado» en Paris, cita parcialmente la letanía de los compañeros de exilio del poeta escapado de Vichy y agrega ese verso que durante años colgó de la pared de mi despacho:

«Habitaré mi nombre», fue su respueta a los cuestionarios del puerto.

Juntémonos todos los exilados, en Roma, en París, en New York o en Madrid y ayudémonos a «habitar nuestro nombre», es decir a hacernos cargo de nosotros mismos, a asumir con gracia que somos la avanzadilla de un mundo nómada, sin raices, en el que caminamos hacia ningún lado y, aun así, todavía podemos sentir la fraternidad, al menos frente a los funcionarios de aduanas.

Iluminaciones. XIII: Reirse de sí mismo

Reirse de uno mismo haciendo público lo que, en principio, debería permanecer oculto podría ser una manera cobarde de rendirse pues es posible que lo que estás pretendiendo es hacer creer que lo que voceas no debe ser verdad pues de lo contrario no lo vocearías.

Una vileza, tal como dice muy expresivamente David de Ugarte; pero igual se puede transformar en una forma de rebeldía. En efecto,lLo será si se dan dos condiciones.

La primera es que no haya crueldad alguna. Como sabes que los demás saben lo anterior, estás convencido de que los demás se van a creer lo que voceas y ese contenido que haces público es una manera de mantener las distancias sin crueldad, de una manera amable.

La segunda condición para poder afirmar que el reirse de uno mismo no es necesariamente una cobardía es que estés afirmando a voces y como algo arbitrario, casi como una pose, lo que es una fidelidad inquebrantable al Padre.

La ausencia decrueldad y la fidelidad son elementos constitutivos de la Fraternidad y ésta me parece revolucionaria e incluso, en ciertas circunstancias, hasta rebelde.