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La marca de la sabiduría

¿Qué queda al lector al final de El Capitalismo que Viene? Pienso que le queda que la competencia propia de un capitalismo de los tiempos que nos va a tocar vivir consigue dispar las rentas, en sentido técnico, de manera que cada individuo gana estrictamente su coste de oportunidad. Podemos decir con toda precisión que , en una situación como esa, el individuo no tiene poder ninguno. El poder etá en el sistema si se me permite usar esa palabra en referencia a un sistema económico en el que no hay imperfecciones.

Pesaba en eso el otro día cuando discutía con unos amigos las implicaciones de El Nacimiento de la Biopolítica de Michel Foucault. Lo que a un individuo le pasa en esa situción límite del capitalismo es un magnífico ejemplo de gobernabilidad liberal en la quese da el sometimiento llevado al paroxismo. Cada individuo piensa que es perfectamente libre puesto que hace lo que realmente quiere hacer, dados los precios, y el comportamiento de todos conjuntamente, actuando como si fueran libres, produce esos precios que cada uno toma como dados y de los que no se pueden zafar.

Uno se pregunta en qué consistirá la sabiduría en una situación así. No me cabe duda de que, dado el sometimiento máximo posible que aqueja a un individuo cualquiera, lo único sabio que este individuo puede hacer en una situación así es»trabajar», es decir cumplir con lo que él mismo ha decidido que quiere hacer, y «cuidarse» a sí mismo. Pero, en la medidad en que su subjetividad está total y exhaustivamente determinada por ese sometimiento sutil que le fuerza a aceptar lo que en última instancia define el contenido de su libertad, el cuidado de sí mismo ha de ser algo que se encuentre en la estrecha frontera entre la aceptación pasiva de su situación y de su argüiblemente falsa libertad y las rebeliones innombrables que llevará a cabo de manera espasmódica: excesos, drogas y toda clase de trangresiones que le hagan olvidar que, en realidad, esos espasmos no hacen sino consolidar su sometimiento al sistema.

Ante una situación así ¿cuales son las figuras de la sabiduría? ¿Qué puede hacer un individuo que le haga sentirse dueño de su propia subjetividad?

El silencio radical me parece la primera de esas figuras propias de la retórica de la autonomía personal. Ma basta con imaginar la desesperación del torturador ante el silencio inquebrantable del torturado para reconocer que, sin ese silencio, no puede haber reconocimiento de la subjetividad que no está de antemano viciado y vivido de manera impostada.

La perfecta quietud constituye, de manera análoga a la anterior, otra derrota posible de la sumisión ya que toda acción está ya dictada de antemano y es solo la quietud sin fisuras la que disuelve la sumisión.

Silencio y quietud son las señas de identidad de la Esfinge de modo y manera que esa figura ha sido siempre, como sínteis del silencio y la quietud, la forma más perfecta de la rebelión, la más perfecta de las disidencias.

Pero a la esfinge le falta la acción para convertirse en no solo la más perfecta de las disidencias, sino en la única posible. El gesto realmente más perfecto, la acción mínima más reveladora de la independencia y el cuidado de la subjetividad, es el ayuno radical. Solo desde una anorexia no mórbida sino aceptada con total paz, puede un individuo en el límite del sometimiento social, sentirse autónomo y dueño de sí mismo.

Un Esfinge anoréxica es, sin duda, la marca de la sabiduría.