Señores

Carlos y Tom son dos señores que quieren seguir siéndolo y nos reprenden por nuestra falta de fair play en el deporte o en la política. Rodriguez Brown se queja de los gestos groseros en el tenis o en polo y Burns Marañón recuerda con nostalgia el mundo de los señores dibujado en The Go-between. Los dos en la misma página del expansión de hoy en papel, pero solo Tom en la edición digital. Yo, que no soy un señor, tengo algo que añadir. El mejor ejemplo de deportividad lo dio naturalmente, Telmo Zarraonandía (que tampoco era un señor) dejando de introducir el pelotón en la portería ajena y vacía porque estaba en fuera de juego aunque el árbitro no se hubiera percatado. Otro plebeyo ( hijo de costurera y muy inteligente), narrador y testigo involuntario de las maneras de esos señores que tanto admira Tom, deviene un intelectual/mago ante la imposibildad de estar a la altura de su jóven amigo, el pequeño de la mansión, que le toma el pelo motejándole de «green, green, green» para sin mala intención ponerle en su sitio como alguien que no es ni esto ni lo otro, solo un mediocre. Qué quieren que les diga, yo estoy con mi Athletic y con el intelectual. No somos señores, pero a veces les robamos sus mujeres.

Sobre racionalidad,hormigas,holismo y globalización

Les voy a ofrecer un texto sobre hormigas con la intención de que nos guíe en la comprensión de lo que inicié en A.I. y continué rumiando por otros vericuetos para entender de verdad el post de David al que allí se hacía referencia y en el que nos decía que una red social en la que la distribución de enlaces sobre los nodos siga una ley potencial se hace cada vez más tonta.

La moraleja del artículo de Scientific American al que me refiero es que si el cerebro humano fuera como una colonia de hormigas sería distribuído y no meramente descentralizado. Como resulta que el comportamiento de nuestro cerebro parece cometer errores que no cometen las colonias de hormigas, cabe la posibilidad de que no sea una red de neuronas distribuída y de que conserve cierto grado de centralización oculto bajo una aparente descentralización.

Si esto fuera realmente así cabrían dos corolarios interesantes. Uno corolario muy especulativo nos diría que igual el individualismo metodológico es una mala estrategia investigadora en las ciencias sociales que debiera ser sustituído por un holismo inteligente que toma el grupo (¿cual?) como el elemento primitivo a examinar. Un segundo corolario, más político, se impondría inmediatamente: el fortalecimiento de instituciones políticas globales puede no ser una buena idea. Pueden cometer errores que no se cometerían si las decisiones se tomaran por un grupo de instituciones en el que cada una se relaciona con cada una. Sin intermediarios.

Y ahora disfruten de este trabajo.

El contacto

Mi contacto llega mañana y llega a punto porque ya no me queda casi nada para leer en este escondrijo del que solo me atrevo a salir cuando no tengo más remedio o pienso que voy a encontrar algún contacto como ocurrió la noche de la orquesta. Es este contacto el que me va a guiar en el viaje hasta las islas del canal; pero no sé yo cuando saldremos hacia allá o por qué tipo de medio de transporte. Mi idea de ir en automóvil y venderlo allí para no dejar rastro ha sido desechada en favor de otra cuya naturaleza desconozco. Para no morirme de aburrimiento todvía tengo un libro a medio leer, el de mi ex-colega Fernando Broncano sobre La Melancolía del Ciborg. Espero tener la ocasión, si todo sale bien, de darle las gracias por haberme sostenido en este exilio fronterizo sin desesperar.

La fratenidad pisoteada

Me he marchado de una pastelería después de esperar más de veinte minutos a que la única dependienta atendirea a una señora que sin mirar nunca hacia su espalda ha formado esta mañana una cola de clientas que también han perdido la paciencia después de esuchar los gustos culinarios de la señora que se aferraba a su turno como si ello le diera derecho a monopolizar a la dependienta tanto tiempo como quisiera. Me he largado después de utilizar quince de los viente minutos de espera en imaginar una nueva política de precios que tenga en cuenta no solo el coste de la mercancía sino también el tiempo propio y ajeno invertido en la compra. Ha sido una lección de lo que no es la fraternidad. También he aprendido que ésta se da más en ciudades grandes entre gente anónima que en un pequeño pueblo donde todos se conocen.

LOS 100 DÍAS DE PATXI

Me da pereza buscar ahora el post concreto, pero ya dije en su día que no me gustó demasiado la toma de posesión del Lehendakari ni el texto renovado del juramento a pesar de su laicismo que me debía haber predispuesto a favor. Ahora hace balance de sus primeros 100 días en Ajuria Enea y, sin que haya cometido ningún error que me parezca ni siquiera leve, siento una cierta incomodidad por la continua declaración de que ahora sí que estamos en el camino de recobrara la libertad. Esto es una implícita acusación de connivencia con el terror dirigida a los antiguos inquilinos del poder que no me parece justa, ni adecuada para la conveniente distensión. Pero mucho mejor que yo lo ha explicado Pedro Ibarra en un artículo que extrañamente aparece publicado en El Correo baJo el título NORMALIDAD. Léanlo con atención.

Escribíamos sobre como cuadraba muy poco con la realidad, el discurso del nuevo gobierno acerca del advenimiento de un cambio histórico. Afirmábamos que el programa suscrito por el PSE y el PP no difería en lo sustancial con lo que estaba haciendo -aunque no probablemente con lo que le hubiese gustado hacer- el viejo gobierno. En asuntos centrales tales como practicas políticas democráticas, orden publico, políticas educativas linguisticas y sus correspondientes consecuencias identitarias, infraestructuras, políticas económicas, el nuevo gobierno y su socio decían que iban a hacer, y de hecho están haciendo, prácticamente lo mismo que el viejo. Ciertamente se han producido algunos ajustes simbólicos -mapas del tiempo, fotos de presos, banderas, etc- pero también es evidente que estas medidas ni siquiera van a cambiar las conductas, actitudes y creencias de sus destinatarios.

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Teoría del valor trabajo

Por debajo de todas las llamadas de los conservadores a la responsbilidad individual y de su énfasis en la cultura del esfuerzo y el trabajo de la que tanto alardean, parececería existir algo como la famosa teoría del valor trabajo tantas veces contradicha por los «hechos». El último: la victoria de Usain Bolt en la final de los cien metros libres del campeonato del mundo de atletismo batiendo con una amplitud inesperada el record del mundo que él mismo ostentaba. No se esfuerza. Para ganar, dice, solo necesita «ser feliz en su Jamaica». La idea de que «solo lo que cuesta vale» es puro calvinismo. Me temo que el mundo está tan bien hecho que lo que es cierto es que solo vale lo que no cuesta nada, lo que surge como por desbordamiento, como un don que se desparrama.

Estaban allí

¿Cómo interpretarían ustedes lo de anoche, si no es como una estratagema por su parte?

Como ya dije acudí expectante al concierto con Potemkin como fondo. Se interrumpió dos veces por falta de coordinación entre entre la pantalla y el monitor según palabras textuales de un catalano-parlante que, no me cabe la menor duda, estaba infiltrado como violinista de esta Orquesta Sinfónica Nacional de Chequia.

La versión sonora de Shostakovich es tan conocida que no es posible que surjan problemas técnicos. A no ser, claro está, que se interfiera algún aparato electrónico. Y esto fue justamente lo que creo que ocurrió.

Aunque la proyección de la película dejaba en la oscuridad a los músicos, las luces que se encendieron para dar explicaciones técnicas al público me permitieron ver con detalle al último par de violinistas, justo detrás del infiltrado. Un varón de unos cicuenta años, alto y enjuto, y una no tan jóven belleza centroeuropea con una permanente rubia y un tipazo. Pero ellos también me vieron a mí.

Aunque las luces volvieron a apagarse cuando el púbico aceptó, a pesar de su disgusto y un amago de protesta, que la única forma de continuar era dejar que el rastro del aparato que medía el tiempo y el metraje de la cinta apareciera en pantalla, yo ya no pude apartar mi vista, en detrimento del famoso montaje de Eisenstéin, de esa pareja.

Lo extraordinario es que creo que no tocaban de verdad sino que simplemente simulaban que lo hacían mientras permanecían atentos a un micrófono que se distinguía en la oreja derecha de uno y otra. Acabó el llamémosle concierto y ya con las luces encendidas vi cómo hablaban brevemente el infiltrado y los dos violinistas falsos.

El infiltrado se acercó como una centella a mí, cosa no difícil dada la disposición de las localidades al mismo nivel qe la orquesta, y me deslizó una nota en la mano izquierda. No la abrí hasta que me encontré protegido dentro del coche. Me citaba para dentro de una semana en un establecimiento bancario de una isla del Canal.

He dormido mal soñando con el juego del prisionero que se insinúa al final de la película. Los amotinados del Potemkin, aun sabiendo que el resto de la armada zarista puede abrir fuego conta ellos y que ellos pueden adelantarse haciendo lo propio, prefieren darle una oportunidad a la fraternidad y no ser ellos los que comiencen la lucha. Me pregunto si el éxito que, en la película, tiene esta estrategia quizá irracional, no podría ser también mi salvación si les sigo el juego hasta el final sin acudir a la policía.

Segundo aniversario de la crisis

Hace un año posteaba unos comentarios sobre la situación económica para conmemorara el primer aniversario de la crisis sobre la que un año antes había ya hecho unas anotaciones bárbaras. Como parte de esas anotaciones y en mi papel de inversor, me recomendaba a mí mismo invertir en BBVAs y en algún fondo de materias primas emitido en China. Hubiera sido mejor invertir en Santander; pero la decisión relativa al sector financiero no estuvo mal. Lo llamativo ha sido la evolución de los precios de las materias primas. Tengo porvenir como guru inversor.

Orquesta

Como ya les decía he desmontado el vehículo de sustitución que me dieron en los talleres de Audi hasta que me cambiaran los neumáticos. No he sido capaz de detectar los micrófonos que esperaba hallar. Ya tengo mi propio coche preparado para la huída y espero que, según las citas convenidas en las Islas del Canal, pueda iniciar esa extraña vuelta a Bilbao con el misterio resuelto. Mientras ese momento llega permanezo escondido.

Pero que esté escondido no quiere decir que no salga de vez en cuando. He decidido hacer una aparición pública dentro de unas horas con ocasion de la proyección de El Acorazado Potemkin acompañada por música de Shostakowich. He aquí la primera cosa rara de la velada.

Este músico no era ni podía ser por edad colaborador de Einsestein. Prokovief hubiera sido el adecuado ya que colaboró, cuando ya el cine dejó de ser mudo con Sergei, en Alexander Nevski y finalmente en Ivan el Terrible. Tengo que investigar la razón de este dato original y extraño y porqué la orquesta que tocará en vivo no es de Ukrania, como hubiera sido lo adecuado si el músico hubiera sido el Prokofiev, sino checa, justamente checa.

Es en efecto aterorizante que el potpourri de este músico que acompañará a la proyección, será interpretado por la Orquesta Sinfónica Nacional Cheka cuya tourné esta patrocinada- seguro que lo adivinan- por Skoda, la misma flecha emplumada que patrocina algunos de los torneos tenísticos y la misma que, según alguna pequeña exploración que he podido realizar, está ganando mucho dinero.

La plaza donde este evento cinematográfico-musical tendrá lugar dentro de dos horas es bastante cerrada. Si mis sospechas son ciertas, mis perseguidores se dirigirán a mí en esta ocasión. Me da miedo; pero ya tengo ganas de saber qué quieren.

A.I.

La inteligencia artificial (A.I.) está llamada a ser una rica fuente de enseñanzas para muchos campos, incluída la economía. Pero, de momento, y antes de que me ponga a conmemorar el segundo aniversario de la crisis, contamos con el post de David que nos dirige por unas líneas de penamiento que nos hacen entender con claridad que la forma potencial de las redes generadas de acuerdo con la ganancia de pertenecer a una muy grande, lejos de generar una inteligencia colectiva mayor, la empobrecen. No es dificil intuir la razón: un gran nodo de todos los que piensan igual dificultaría el descubrimiento de fisuras. Esto es lo que ha pasado en la economía global estos últimos años, una generación masiva de inteligencia seguidista y acrítica. Ya hablé en una y otra ocasión de encasquillamiento y de dependencia del recorrido como problemas de la ciencia.