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Me explico

El único pecado grave que he confesado en mi santa vida es el haber asistido a una película clasificada moralmente como del 3 en el contexto de un programa doble del cine Filarmónica en la calle Diputación de Bilbao, en lugar de haber salido de dicha sala después de haber sufrido la película del 2.

Nunca podré olvidarme de ella, de la del 3 quiero decir. Se trataba de Un conflicto en cada esquina (Two for the Seeshow, de Robert Wise United artits Production, 1962) y “trabajaba” en ella Robert Mitchum un actor que daba miedo en general, pero que en esa comedia le decía a la Mclaine aquella frase de “¿cómo voy a saber lo que pienso antes de oír lo que digo?”

Esa frase abría el libro de Grafe y Urrutia sobre Metaeconomía editado en Bilbao, 1982, por Desclés de Brouwer en un intento, a la postre fallido, de iniciar una buena Biblioteca de Economía.

Sirva esa rememoración de viejo para que se entienda por qué escribo. Quiero “leer lo que escribo y así saber lo que pienso”.