El mejor ministro de la Historia de Esapaña

En el acto de nombramiento como Doctor Honoris Causa de la Universidad Juan Carlos I de Rodrigo Rato, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, pronuncio una sentencia inolvidable: “Es el mejor Ministro que ha tenido nunca España y el que sacó al país de la crisis”.

Supongo que se refiere solo a los ministros de Economía y Hacienda y no sé lo que habrán pensado Boyer y Solchaga que tuvieron que luchar con problemas muy serios para no decir nada del difunto Enrique Fuentes Quintana o de ministro actual quienes, respectivamente, tuvieron que embridar el ritmo desbocado de la inflación al principio de la transición y sanear las cuentas públicas justo antes de la llegada al poder del PP en el año 1996.

Y en cuanto a sacar al país de la crisis he de entender que se refiere no a la crisis de las punto.com que España no notó seriamente, dado que se enredó inmediatemente en la burbuja inmobiliaria negada por el entonces ministro de fomento, Alvárez Cascos, sino a los flecos que se arrastraban después de dificultades de la crisis del 93 resultado de la sana reacción del ejecutivo al derroche de los fastos del 92.

Una pena que su tesis doctoral defendida en la Complutense no esté facilmete accesible pues los ministros que le han seguido podrían haber aprendido las recetas que, según parece, tampoco ayer hizo públicas.

Y sin embargo, Esperanza Aguirre no supo resaltar el indudable mérito de abandonar el F.M.I. justo antes de que las cosas se pusieran muy mal.

Reverdecer

Les parecería a algunos que unos estímulos económicos dirigidos a mejorar las infraestructuras para incrementar la productividad no tendrían mucho efecto en general y en España en particular.

La razón de una opinión de ese tipo sería que el mercado de trabajo español, como dice muy a menudo Jose Ignacio Pérez Infante, tiene una volatilidad de periodo tan amplio, debido a la enorme proporción de contratos de trabajo temporal, que hace que los ajustes se hagan mediate despidos y no mediante la reducción de las horas trabajadas.

Esto tiene una consecuencia natural. Los que han sido despedidos son los que tenían esos contratos de trabajo temporal que proliferaban en sectores intensivos en mano de obra y que, naturalmente, no poseen las habilidades necesarias para trabajar en sectores de tecnología avanzada.

De ahí que vayamos a observar muy probablemente la coexistencia de vacantes y de desepleo durante bastante tiempo pues la dquisisción de esas habilidades no es una cuestion de un breve cursillo de formación profesional.

Esto, asi en genral, parecería cierto; pero quizá pudiéramos encontrar algún sector prometedor que no exija solo habilidades escasas. Estoy pensando en programas en favor de la conservación del medio ambiente.

Lo energía nuclear parece estar fuera de consisederación a estos efectos y no solo por razones de política electoral, sino porque las habilidades adecuadas para poner en marcha un programa nuclear están casi perdidas ya que no hemos podido aprovecharnos del learning by doing. Pero otro tipo de energías renovables podrían conformar programas de gasto público adecuados a nuestra situación.

Parece que Obama quire empezar por ahí su paquete de estímulo y me parece bien con independencia del conservacionismo. Me parece bien porque, aunque poner a punto esas formas nuevas de energía para que resulten realmente eficientes parece un objetivo lejano, siempre podemos mientras tanto iniciar grandes proyectos reforestación que exigirían mucha mano de obra no especializada y reverdecerían nuestros campos y valles reteniendo la lluvia.

¿Lucha de clases?

Los periódicos de hoy dan relieve a la noticia de que en un mismo día, ayer, la economía global perdió 70.000 puestos de trabajo tanto en sectores industriales y de servicios como en el sector financiero.

En la misma noticia nos cuentan cómo la Bolsa reccionó al alza. ¿Cómo es posible? Parecería que la Bolsa debería oler esas noticias y reccionar vendiendo ls valores correspondientes a esos sectores o a esas compañías en particular.

Los expertos e Bolsa tienen explicaciones de detalle. El indice subió porque los bancos tiraron de él. Y los bancos subieron porque o bien ya habían bajado mucho o bien porque sus prestatarios ahora, después de los despidos, sería más solventes como deudores.

Es esta última explicación la que hace pensar en la lucha de clases. Cuanto peor vaya la clase empleada que no es dueña del capital, mejor irá la clase capitalista dueña del capital. Las cosas son un poco má complicadas; pero se pueden resumir de una manera más técnica, más general y un poco menos detallada.

Lo que está pasando es que en este momento la participación (en la producción) del capital estaría creciendo a expensas de la participación del trabajo en esa producción y este hecho explicaría varias cosas.

Sin enbargo esa no es una explicación de los movimientos que observamos que guste a los economistas debido a que parecería que la constancia de esas participaciones es un hecho estilizado aceptado. No es esto último del todo verdad y así lo discutimos en aquella época de los años 70 correspondiente a las crisis del petróleo y se ha seguido discutiendo desde entonces.

La cuestión, en consecuencia, es si en nuestros modelos deberíamos utilizar una función de producción Cobb-Douglas, que refleja esa presunta constancia, o deberíamos dejar que esas paricipaciones variaran con otros factores como pueden ser el gasto público que incide de manera distinta en una y otra clase y el sistema fiscal que grava de mera distinta unas rentas y otras.

Si se admite esta forma de mirar a la lucha de clases tan aparentemente poco emocionante, modelos muy poco sofisticados enseñan mucho. Supongamos una función de producción según la cual se produce un output agregado con la ayuda de capital y trabajo que, además de exhibir rendimientos contantes a escala, cumple todas las condiciones de regularidad que hacen fácil trabajar con ella. Lo que sabe todo estudiante es que, a medida que disminuímos el capital y aumentamos el trabajo, realtivamente hablando, la relación marginal de sustitución disminuye, es decir que para producir lo mismo se necesita cada vez más trabajo para compensar una caídad del capital dada.

Si en una economía como la española se iba cada vez más hacia actividades intensivas en trabajo como el turismo y la construcción, lo que debemos esperar es que la productividad marginal del capital aumente relativa a la productividad marginal del trabajo de forma que el precio de los servicios del capital suba en relación al precio de los servicios del trabajo. Equivalentemente podemos decir que la participación del trabajo ha de aumentar y la del capital ha de disminuir si queremos ocupar a la nueva población activa.

Ahora bien, si los precios de los servicios del capital y de los servicios del trabajo, no se ajusta correspondientemente de forma que el salario nominal sigue subiendo en mayor proporción que la subida de los precios de los bienes, se genera desempleo.

O, dicho de la manera que yo quiero decirlo, si insistimos en mantener la participación del capital no hay más remdio que prescindir de trabajadores. Es decir, de manera no precisa, se mantienen los dividendos y se disminuye el empleo al no poder bajar los salarios nominales. Lo que responde a lo que nos preguntábamos al principio sobre cómo podía entenderse que el mismo día que se desplomaba el empleo la Bolsa se recuperara.

¿A qué venía todo esto? Pues a tratar de decir que lo esperable es que surjan fenómenos que parecerían propios de la lucha de clases. Los sindicatos, que han estado casi muertos, tendrán que reinventarse si mi explicación no es del todo estúpida. O eso o inventar nuevas formas de agruparse para trabajar.

Competencia

Slate ofrece un artículo curioso de Eliot Spitzer. El “capitalismo de amigotes” y la “búsqueda de rentas” habrían sustituído a la “destrucción creativa” de Shumpeter. El autor no es un especialista y por eso no sabe que son el uno y la otra los que empujan esa “destrucción creativa”; pero esto se aclara en El Capiatlismo que Viene. Complementariamente la entrevista con Ed. Prescott de Negocios de El Pais del domingo, me hace pensar que mi diagnosis de lo que viene, a pesar de que la tormenta ciega la visión , no va descaminado. Especialmente en lo que concierne a la descentralización.

Traje de luces

TRAJE DE LUCES es el título del poema de la contraportada del poemario de Enrique Ojembarrena, poemario que adopta ese título genérico, no exhibe fecha de publicación y se plasma en un cuaderno bien editado en Palma de Mallorca. En cambio los poemas del interior de este cuaderno solo tienen fecha y lugar de creación; pero carecen de título.

He aquí el poema

Quien menos al tanto está de nuestro tiempo
es aquel que no ha sentido
dentro de sí,
la experiencia del poder de la nada;
que no ha cedido a la tentación.
el propio pecho,
dice el poeta, ése es Tebas, el centro de los mundos,
de los desiertos, de las viejas ruinas.
aquí, cada persona,
sea cual sea
su rango y condición,
está en lucha,
inmediata y soberana.
Su victoria cambia el mundo.
Si resulta más fuerte,
la nada refluirá hacia sí misma;
sobre la línea de la playa verá
las riquezas que estaban sumergidas.

Le he pedido permiso a Enrique para ponerlo en el blog y, además de dármelo implicitamente, me contesta lo siguiente:

El poema de la contraportada, se lo debo, como muchas otras cosas, a Jünger, que habló de pecho del hombre como la nueva Tebas y de las riquezas que están al otro lado de la cortina del nihilismo. Claro que el primero en decirlo fue Dostoyevski en Crimen y Castigo. Habría que indicar estas deudas si lo pones en tu blog. Nos alimentamos con frecuencia de las migajas que caen de la mesa de los príncipes

No cultiva Enrique el trato de cualquier príncipe.

Una sugerencia molesta

A principios de los años 90 el sistema bancario sueco sufrió un tropezón serio, de esos que se llaman sistémicos. A él se han referrido en los últimos meses muchos comentaristas. El último, Angel Ubide ayer en El País con el título de El remedio sueco.

La recomendación de este analista es que aprendamos de aquel caso y simultaneemos dos formas de actuación. Por un lado la eliminación de los activos toxicos, no del balance de los bancos (porque ya están fuera dél) sino de la preocupación de la gestión, presumiblemente mediante la creación de un “bad bank” nacionalizado. Por optro lado la entrada del Estado en el capital de los bancos conformando así una casi total nacionalización del sistema.

Esta solución es cosa que ya están haciendo los paises anglosajones; pero no la Europa continental por razones que, en parte y solo en parte se explican en el artículo. Pero lo interesante en cualquier caso es que Angel Ubide aprovecha la ocasión para comentar algo sobre incentivos de los gestores. En efecto si no se quitan del horizonte los activos tóxicos nos encontramos con que:

Si los activos tóxicos permanecen en el balance los directivos de los bancos dedican una gran parte de su tiempo a gestionar los activos con problemas -en otras palabras, los bancos se dedican a minimizar perdidas, en lugar de maximizar las ganancias- y por tanto actúan de manera muy conservadora

Es este aspecto de su artículo al que me gustaría añadir algo. Dentro de este esquema encaja, y además es oportuna, una medida legislativa propia del derecho de sociedades. Las grandes empresas cuyo buen funcionamiento es crucial para el sistema ( los bancos desde luego) deberían tener dos consejos de administración a la manera alemana. En uno podrían estar los ejecutivos y los representantes de los accionistas; pero en el otro, el de vigilancia, deberían estar los representantes de los stakholders justamente por la importancia que la actividad del sector tiene en muchos otros sectores y en muchas otras instituciones.

Pero si esto fuera así, la justificación para descargar a los bancos de los activos tóxicos fuera de balance que ofrece Ubide no parece necesaria pues bastaría con el consejo de vigilancia para controlar los incentivos que los ejecutivos pudieran tener a minimizar pérdidas.

La cuestión no es trivial ni meramente anecdótica. En efecto, en una situación como la actual en España, lo normal es que el Gobierno deseara una actitud más arriesgada encaminada a maximizar ganacias pues esa actitud llevaría a incrementar las concesiones de crédito. Pero lo normal por parte de un supervisor cercano y conocedor de la situación concreta de cada institución sería la recomendación de prudencia para asegurar su supervivencia.

Si un banco se encuentra en medio de una crisis sistémica en una tesitura así, el consejo de vigilancia podría ser el órgano adecuado para dar con la localización ideal entre la prudencia favorable a los accionistas y el conveniente arrojo a favor del sitema económico en general.

Ya comprendo que decir estas cosas en medio de esta recesión que camina hacia una depresión seria es cosa desagradable especialmente cuando la Bolsa está penalizando al sector bancario de manera irracional, pero ¿cuándo hablar de ello si no es ahora? y, en cualquier caso, alguien tiene que decirlo.

transparencia y lo sagrado

DU escribía sobre lo sagrado con ocasión del discurso inaugural de Obama. Casi simultáneamente nos eneramos de que Wall street exige noticias claras y continuas sobre la salud de Steve Jobs, fundador, Presidente y CEO de Apple. La transparencia, especialmente en estos tiempos revueltos, justifica cualquier cosa, incluso no respetar lo sagrado. Hay retórica de la palabra y retórica del silencio. Esta es una forma artística de transparencia. La única no obscena en el caso de Jobs.

desoeuvré

Proverbio chino: Ahora que no tengo nada que hacer, no tengo tiempo para nada (Huan-chin)

La irónica diagnosis de Dylan

El otro día citaba a Warhol y a Lagerfeld como grandes economistas. Hoy añado a la lista a Bob Dylan. En efecto, podemos mirar a la recesión presente en los EE.UU. como el resultado de un combate de boxeo en el que uno de los púgiles resulta muerto. ¿Quién tiene la culpa? ¿Debemos prohibir el boxeo? ¿Quizá debiéramos regularlo mejor o prohibir las apuestas?

Estas mismas preguntas podríamos hacerlas sobre el sistema económico que ha hecho posible que la tasa de crecimiento sea negativa y que el empleo caiga a plomo de forma que ese sistema está sobre la lona y los doctores discuten sobre la posibilidad de que se recobre y sobre las secuelas del combate.

Es aquí cuando llega en nuestra ayuda la poesía siempre que admitan ustedes que Bob Dylan es un poeta. A mi juicio lo es y de los buenos, así que voy a tratar de interpretar las estrofas de una canción que escribió en 1964 con ocasión de la muerte en el ring de un boxeador llamado Davey Moore: Who killed Davey Moore, Why an’ what’s the reason for? y que le convierte en un gran economista tal como tratré de argüir.

Sigamos el orden de la canción y preguntémonsos primro si la culpa no la tendrá la propia FED y, más en concreto, Allan Greenspan:

“Not I,” says the referee,
“Don’t point your finger at me.
I could’ve stopped it in the eighth
An’ maybe kept him from his fate,
But the crowd would’ve booed, I’m sure,
At not gettin’ their money’s worth.
It’s too bad he had to go,
But there was a pressure on me too, you know.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.”

Esto es algo que encaja perfectamente con lo que ya ha dicho Greenspan. Su oficio le pedía dejar que la situación se pudriera; pero su responsabilidad le empujó, jaleado por los inversores y los responsables multilaterales, a procurar una bajada de tipos. Si no lo hubiera heacho la presión sobre él hubiera sido insoportable.No, no es un banco central serio el responsable de la crisis.

Pero pensemos, en segundo lugar, en las clases medias que se veian como los millonarios de antaño, dueños de su casa y con un colchón de ahorro que les permitía algunas aventuritas financieras:

“Not us,” says the angry crowd,
Whose screams filled the arena loud.
“It’s too bad he died that night
But we just like to see a fight.
We didn’t mean for him t’ meet his death,
We just meant to see some sweat,
There ain’t nothing wrong in that.
It wasn’t us that made him fall.
No, you can’t blame us at all.”

Pues sí, tienen razón, nadie quería cargarse el invento. Solo querían ser parte del sueño americano actualizado y del sueño general de un enriquecimiento absoluto y no solo relativo. Pasar un buen rato.

Tercero. Miremos al Gobierno o quizá a quienes han capturado a ese Gobierno. Es como el manager del pobre Davey que se exculpa así:

Not me,” says his manager,
Puffing on a big cigar.
“It’s hard to say, it’s hard to tell,
I always thought that he was well.
It’s too bad for his wife an’ kids he’s dead,
But if he was sick, he should’ve said.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.”

Y es que, en efecto, aparte una aprensión general sobre lo bien que iban las cosas ¿quién iba a decir que el sistema estaba a punto de un colapso? Tiene toda la razón Paulson. Debería haber avisado el propio sistema o su patronal o su supervisor

Ya está, debe ser la codicia de los especuladores: pero estos tienen una defensa fácil:

Not me,” says the gambling man,
With his ticket stub still in his hand.
“It wasn’t me that knocked him down,
My hands never touched him none.
I didn’t commit no ugly sin,
Anyway, I put money on him to win.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all

Y así es. Tratar de hacer dinero con las posibilidades que te proporciona el sistema no es pecado y ni siquiera hace falta ser un codicioso. Es normal en un buen padre de familia.

Pero hay un quinto sospechoso: los economistas que no han hecho su trabajo, los analistas que han tenido que improvisar a falta de teoría o las agencias de rating que están preparadas para tiempos normales, no para situaciones excepcionales.

“Not me,” says the boxing writer,
Pounding print on his old typewriter,
Sayin’, “Boxing ain’t to blame,
There’s just as much danger in a football game.”
Sayin’, “Fist fighting is here to stay,
It’s just the old American way.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.”

Sí, efectivamente, esas cosas pasan pero los economistas lo han dicho cien mil veces. Muchos, no sol Roubini, pero no conocemos un sistema mejor. Y si lo perfeccionamos será todavía más imprevisible. No, nosotros los economistas no tenemos la culpa.

No nos queda, en sexto lugar, más que el destino porque echar laculpa al sector inmobiliario no sería adecuado puesto que esta industria seria y efeicaz lo único que he hecho es seguir las señales del mercado:

Not me,” says the man whose fists
Laid him low in a cloud of mist,
Who came here from Cuba’s door
Where boxing ain’t allowed no more.
“I hit him, yes, it’s true,
But that’s what I am paid to do.
Don’t say ‘murder,’ don’t say ‘kill.’
It was destiny, it was God’s will.”

Bien, sigámonos preguntando por los culpables; pero no es esa la línea de investigación interesante aunque cortar cabezas de turco y presentarlas en una bandeja es lo primero a lo que cualquier desastre incita.

Darwin

Darwin nos acecha en su año. Es el 200 aniversario de su nacimiento y será a finales de año el 150 aniversario de El origen de las especies.

Sam me envía un enlace a un artículo de The Economist y me copia lo que a ambos nos interesa:

No one is suggesting Darwinism has all the answers to social questions. Indeed, with some, such as the role of hierarchies, it suggests there is no definitive answer at all—itself an important conclusion

Abro un paréntesis aquí para comentar que las jerarquías son un objeto de investigación bien interesante del que llevo años charlando con Joe Ostroy y que está necesariamente relacionado con las redes y su arquitectura. Continúa la cita:

What is extraordinary, though, is how rarely an evolutionary analysis is part of the process of policymaking. To draw an analogy, it is like trying to fix a car without properly understanding how it works: not impossible, but as likely as not to result in a breakdown or a crash.

Esto es lo que quería destacar, la necesidad o, al menos la conveniencia, de que miremos a la política económica como un proceso evolutivo y que sepamos discernir en cada momento si hemos alcanzado un equilibrio evolucionariamente estable o no.

Pero la cosa se complica cuando nos vemos obligados reconocer que quienes nos hacemos la pregunta anterior también estamos sometidos al a la evolucion:

Perhaps, after a century and a half, it is time not just to recognise but also to understand that human beings are evolved creatures. To know thyself is, after all, the beginning of wisdom.

Somos adaptativos, perviven los más adaptados y de vez en cuanto mutamos. Y eso no solo en la esfera biológica, sino también en la social. No tendríamos que extrañarnos si nos permitimos pensar que igual estamos asistiendo a una cierta invasión de mutantes.