Canal miniposts

Juan Urrutia: Se acabó esta falsa ilusión de que el mundo puede ser un paraíso. Lo puede ser, pero solo a ratos y se acabaron los ratos de este año. Pero vendrán otros años, piensan los jóvenes y, además, hay tantas cosas por hacer…piensan los activistas de su propia causa. Tantas, pienso yo, que tengo prisa, que igual no me da tiempo y no puedo plegarme al ritmo de otros. Tampoco qiuero. Quiero dar la vuelta al mundo con la rubia de siempre y el depósito lleno. Sin destino fijo. (1 comentario)
Juan Urrutia: ¿Qué pensar de un mundo en el que hasta los banqueros centrales se descorbatan? O al menos algunos, tal como ha pasado en Jackson hole, Wyoming, en las famosas reuniones organizadas por la Fed. Allí estaba Trichet con una camisa blanca abierta luciendo el cano pelo del pecho. Bien es verdad que Bernanke iba de oscuro y con corbata, pero era de los pocos. Parecía, más bien, que ante el lío actual unos se se despechugan y otros se visten de luto. En un mundo donde los banqueros centrales no pueden coordinar su atuendo ¿cómo van a coordinar sus políticas? Pero ¿habría de ser esto malo? Quizá las diferencias nos enseñen más que la coordinación y la homogenización. (0 comentarios)
Juan Urrutia: La labor que hace Mark Thoma le debería llevar a los altares. Su blog, que es el que más leo entre los de mi Feeevy, es una fuente continua de buenas piezas de pensamiento económico. algunas de sus fuentes son facilmente accesibles; pero otras no lo son tanto y, por lo menos yo, estaría mucho menos informado si no fuera por el trabajo del profesor Thoma. Quiero conducirles a su colección de videos de premios nobel reunidos en la Universidad de Sankt Gallen para hablar de la crisis. Me llevará mucho tiempo visionarlos todos; pero espero poder hacerlo. (0 comentarios)

Souvenirs d´enfance. XII: la risa de mi padre

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 12:47 pm el Domingo, Agosto 31, 2008

BUE

Inolvidable. Así era su risa.
Aun le puedo ver sentado a la cabecera de la mesa del comedor, los ojos cerrados con fuerza, la cara arrugada, lágrimas asomando por las pestañas, la boca medio abierta, el cuerpo agitado en suaves convulsiones, los brazos descansando sobre el mantel.
El sonido de la risa era como un acorde grave, armonioso, continuo, alargado, estirado en el tiempo.
Lo más asombroso era que una vez repuesto del ataque, y cuando había pasado un tiempo razonable, volvía a recordar lo que fuera le había provocado el acceso de hilaridad y comenzaba a reír con la misma fuerza, convicción, naturalidad. Y esto se repetía sucesivamente en cortos periodos de tiempo, hasta que algo le distraía del pensamiento cómico de lo sucedido, contado o mencionado.
Era contagiosa. Acababas riendo sin saber bien por qué, simplemente porque su risa te obligaba a hacerlo
Pero esto no sucedía solo en la intimidad del hogar, sino que ante el agobio de mi madre, ocurría en cualquier sala de proyección cinematográfica cuando había algo que provocaba su risa. Y el ataque seguía el mismo proceso que el familiar
Hasta tal extremo llegaba que en más de una ocasión, se le acercó el acomodador y rogó a mi padre que controlará la risa porque el público se distraía y no podían concentrarse en la película.
Mi padre y su risa son inolvidable.

JUE

Recuerdo a mi padre ocupando la cabecera sur de la mesa del comedor cuando siedo yo muy pequeño se me permitía a veces cenar con los mayores y nos disputábamos su gabardina como prenda de abrigo. Un chiquillo cenando en un comedor bastante amplio enfundado en una gabardina enorme ¡qué espectáculo! Debían ser meses fríos y la cabecera norte de la larga mesa seguramente era heladora. Veinte años más tarde, y ya bastante enfermo, le recuerdo en esa misma cabecera, por ejemplo el día que casi se ahoga con un hueso de aceituna y hubo que llevarle a una clínica en donde arreglamos el desaguisado.

Pero entre esas dos fechas ocupó la cabecera norte en comidas y cenas y es ahí donde yo le recuerdo en sus ataques de risa. No los podría describir mejor que mi hermana; pero puedo añadir que muy a menudo tenía que sacar su enorme pañuelo del bolsillo del pecho de su chaqueta para secarse las lágrimas.

Desde luego ese es el padre que me gusta recordar. Nos contagiaba a todos y nunca explicaba cual era el chiste. Creo que todos nos reíamos poque le veíamos contento.

Como dice mi hermana, no solo sucumbía a sus ataques de risa en casa sino también en cualquier sitio público. Y, por lo que tengo entendido, también lloraba de risa leyéndole El Quijote a ella tumbados ambos en el suelo.

Quizá era un hombre de ataques repentinos de otras cosas pues yo también recuerdo su famosas series de estornudos estruendosos apenas apagados por el mismo pañuelo blanco que le sobraselaía bien arrugado y como en una masa informe del bolsillo de una chaqueta de tweed. Me temo que también los estornudos eran contagiosos.

No he heredado la risa aunque en ocasiones la mayor tontería, y sobre todo las tonterías, me hace desternillarme hasta que creo que la cabeza me puede estallar.
Pero no contagio a nadie. Sin embargo creo que mis estornudos heredados están pasando a mi hija Itziar a la que D. Rafael nunca conoció.

Epistemología

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 5:43 pm el Sábado, Agosto 30, 2008

Creí que, ya en casa, podría recordar donde había leído un comentario sobre la famosa cita de Donald Rumsfeld a propósito de las operaciones bélicas en Irak. Estoy casi seguro de que fue en el último libro de Zizek (In Defence of Lost Causes) pero no consigo encontrar su análisis sobre esa frase. La cita sin embargo es fácilmente localizable. Dice así:

There are known knowns. These are things we know that we know. There are known unknowns. That is to say, there are things that we know we don’t know. But there are also unknown unknowns. There are things we don’t know we don’t know.

Tratemos de entenderla en relación a la presente crisis económica por pura inercia relativa a los comentarios que más han aparecido eneste blog, aunque su análisis tiene otra finalidad.

En primer lugar tenemos los datos que conocemos como, por ejemplo, la caída en las ventas de inmuebles o el descenso en la concesión de hipotecas.

En segundo lugar nos encontramos con incógnitas bien conocidas. En el caso que sigo se trataría de, por ejemplo, las cantidades fuera de balance de cada una de las instituciones financieras.

Claro que puede haber, en tercer lugar, incognitas de las que no somos conscientes que están ahí. No sería lógico que tuviera ejemplos de estas incognitas pues entonces no serían desconocidas.

Y, aunque Rumsfeld no los cita, podría haber datos que desconocemos, es decir unknown knowns. Naturalmente esos datos no pueden ser conocidos por algunos, lo que sería la interpretación normal de este cuarto caso, porque entonces estaríamos, desde el punto de vista lógico, en el primero de los casos contemplados por Rumsfeld. Luego se tiene que tratar de casos en los que hay datos que nadie sabe que están ahí disponibles. A estos se refería Zizek o quien fuera en ese comentario que creo decía algo así como que son los más importantes. ¿Porqué habrían de serlo?

En mi opinión porque se trata de aquellas variables en las que no hemos soñado como determinantes de una solución al problema y de las que,por lo tanto, no tenemos datos acumulados, pero que quizá nos abrieran los ojos a lo obvio.

Claro está que no puedo dar ejemplos de este posible cuarto caso sin caer en alguno de los otros tres casos. Por lo tanto, pensemos lo que pensemos de la iluminación intelectual, no cabe duda de que Rumsfeld co cometió error intelectual alguno.

Luego se impone que rindamos un tributo a ese Rumsfeld que no cayó en la simetría. Sí, se trata de ese Secretario de Defensa de los U.S.A. que nos ofendió colocándonos en la Vieja Europa enfrentada a la Nueva Europa, entregada ésta al poder de esos Estados Unidos de América. Y el epistemólogo correcto igual resuta que no era tan mal politólogo a la vista de la reacción de esa Europa que no se atreve a decir a Rusia que no se hace lo que ha hecho en Georgia más allá de Osetia del Sur.

Para ser correctos epistémicamenta también tendríamos que recordar a los partidarios de esta Nueva Europa, que no se hace lo que Shakasvilly ha ordenado hacer en Osetia.

Libritos electrónicos

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 5:20 pm el Miércoles, Agosto 27, 2008

Tengo dos en la cabeza. Dos libritos electrónicos que podrían figurar en un nuevo formato de blog que me gustaría inaugurar con la ayuda de mis amigos de Las Indias Electrónicas.

El primero sería los Souvenirs d´enfance comencé yo a la vista de los recuerdos que me envió mi hermana y que hemos escrito a dos manos mi hermana BUE ( Begoña Urrutia Elejalde) y yo mismo, JUE (Juan Urrutia Elejalde). En su mejor parte es un documento revelador del alma de BUE y, solo parcialmente, de JUE; pero es también un documento sencillo sobre la vida de la posguerra en Bilbao, en una familia que no perdió la guerra, pero que tampoco la ganó. Muy distinta de la posguerra barcelonesa según nos cuenta Esther Tusquets en Habíamos ganado la guera.

El segundo librito electrónico que me diverte imaginar estaría compuesto por la colección de mis artículos sobre la crisis que he ido publicando en Expansion; pero no solo en ese periódico económico sino también en este blog. Está feo que yo lo diga, pero creo que el esfuerzo que mes tras mes he ido realizando para entender la naturaleza de la crisis y sus posibles salidas, tiene cierto mérito.

Ayer mencionaba yo la reunión de Lindau con Laureados Nobel de Economía y aquí tienen la exposición de Stiglitz. Como siempre es generoso en sus explicaciones y el mejor exponente de alguien al que le gusta de verdad la Economía. Si le cito a él es porque es la única exposición que he escuchdo entera y porque me gustaría subrayar alguno de los temas que menciona en su intento de redefinir la agenda investigadora para subrayar algunas de las direcciones y también por el mero gusto de decirme a mí mismo : eso ya lo pensé yo y así aparecerá en este segundo librito electrónico.

Pone énfasis, no solo en la ya admitida necesidad de estudiar modelos de equilibrio general con estructura de mercados incompleta y sus consiguientes problemas de eficiencia cosa que aparece con claridad en el Capitalismo que Viene, sino también en la posibilidad de empezar estudiar seriamente la irracionalidad al socaire de lo que ha dado en llamarse Behavioral Economics y en continuar desarrollando las ideas por debajo de Agent based computational models que ponenen énfaisis en la heterogeneidad de los agentes y en la riqueza conceptual que eso trae consigo.

Pero, además, pone el dedo en varias llagas que a mí me han parecido importantes desde hace un año. Mencionaré solo tres. La importanacia ene sta crisis de los bancos y sus sistemas de cálculo del riesgo, ls efectos colaterales de la regulación de Basilea II y la importancia de mirar a estas cosas desde el punto de vista de la noción de red óptima ( de Bancos, por ejemplo).

No puedo encontrar mejor estímulo para volver al tajo con cierta ilusión que estos dos libritos electrónicos.

Nudging, espinacas y el frescales de Popeye

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 1:19 pm el Lunes, Agosto 25, 2008

En mi infancia cantaba yo estos versitos sin saber lo que decía:

Popeye labeti bo
se fueron a confesar
labeti perdió el rosario
Popeye lo fue a buscar

¿Se acuerdan de Popeye? Supongo que sí pues ha habido hasta una película reciente. Era un ejemplo evidente del empujoncito que había que dar a una población que había pasado un poco- o un mucho- de hambre para que se alimentara bien tomando espinacas.

Pues bien esa tira cómica era un ejemplo avant la lettre del paternalismo libertario que hoy se materializa en el nudging como práctica social en algunos ambitos públicos o privados referentes al suministro de algunos bienes públicos evidentes y costosos como la salud, por ejemplo, que algo tiene que ver con la alimentación.

Esto del paternalismo libertario no me gusta nada. Como forma de no obligar a nadie por la fuerza y al mismo tiempo hacer propaganda de lo que es bueno para ese prójimo y empujarle dulcemente hacia lo correcto, me parece un sinsorgada, digan lo que digan Thaler y Sunstain. Es más, me repele un poco y me parece más recortador de la libertad y autoritario que la policía represora.

Sin embargo no tienen poqué fiarse de mi gusto en cuestiones de economía. en este caso puden consultar con una figura conocida a la que me refieren Teira y Mankiw. Pero volvamos Popeye y las espinacas junto con la Betty Bop y Rosario. Juntos constituyen el perfecto nudge. Un entorno de eleción en el que acabas comiendo sano y tu amante acaba haciéndose amiga de tu mujer. Sí, no se me escandalicen. Esto es lo que realmente decía la cancioncilla de mi infancia:

Popeye y la Betty Bop
Se fueron a confesar
Popeye perdió a Rosario
la Betty la fue a buscar

Es evidente, tonto de mí, que Popeye y la Betty estaban liados y que gracias a la fortaleza, no solo física, que proporcionan las espinacas, Popeye sacó fuerzas de flaqueza para confesar y tratar de arreglar las cosas.

Claro que cabe la duda de si lo que quería Popeye, con tanta espinaca, no fuera un trío. Esto de jugar con organizar entornos de elección que contienen incentivos para el comportamiento correcto es un pensamiento desiderativo que está llamado a salir por donde menos te lo esperas. O quizá por el mismo sitio de siempre.

Un ejemplo más de esa nostalgia de lo absoluto que tan bien ejemplifica la famosa independencia de un Banco Central independiente.

Souvenirs d´enfance. XI:el único azote de mi padre.

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 12:47 pm el Domingo, Agosto 24, 2008

BUE

El sistema educativo de mis padres se había adelantado en cierta medida al modo vigente en aquellos tiempos
No utilizaban los castigos, las amenazas, los azotes, ni los cachetes como sistema para hacerse obedecer.
Primaba la fortaleza para sostener lo dicho sin rendirse ante la resistencia a obedecer, los caprichos o las presiones para conseguir lo que nos dictaba los propios deseos: se apoyaban en el razonamiento y la persuasión y la tenacidad para no ceder ante lo arbitrario.
Por eso me dejó sin palabras la reacción de mi padre ante mi negativa a dejarme poner un enema que había recetado el médico.
Mi madre se había pasado toda la mañana intentando convencerme por todos los medios a su alcance pero mi resistencia era invencible. Me repugnaba el sistema. Lo consideraba humillante. Y no estaba dispuesta a ceder.
Cuando llegó mi padre del trabajo, tomó el relevo a mi madre; él siempre había conseguido que le obedeciera por su forma suave y convincente. Esta vez yo no cedía. Exasperé su imbatible paciencia.
Inesperadamente me proporcionó un azote de tal calibre que me quedé paralizada y sin palabras. Era impropio de mi padre este tipo de reacción. Mis defensas cedieron ante el ataque. Y consiguieron el objetivo médico.
No solo me escocía el azote sino también mi amor propio.
Al día siguiente descubrí que mis posaderas tenían marcada la mano de mi padre con sus cinco dedos. Todo en color cardenalicio.
Los dos estabamos incómodos ante lo sucedido: yo, por mi terquedad llevada hasta el extremo y él porque se sentía avergonzado de su falta de control y le dolía haberme infligido un castigo no calculado. Actuábamos con falta de naturalidad.
Yo percibía la preocupación y arrepentimiento de su acción.
Me daba pena verle dolorido.
Lo peor era explicar al médico como se había producido el cardenal en forma de mano.

JUE

No sé porqué; pero me parece que en este recuerdo infantil de mi hermana hay demasiada carga emocional como para que yo trate de meter la nariz o un bisturí que en mis manos torpes resultaría peligroso.

Imagino que mi hermana ya debía tener aquí algunos añitos y que de ahí venía la sensación de humillación ante una lavativa vulgar y corriente. Debía ser un remedio corriente a la sazón pues yo recuerdo haber recibido no una sino muchas.

Pienso también que la alabanza al sistema educativo de nuestros padres es un poco impostado. Desde luego no es mi experiencia, pues recibí cachetes varidos de nuestra madre y muy pocas explicaciones por su parte aunque sí que es cierto que mi padre nunca fue duro conmigo. Físicamente duro me refiero. No creo que tuvieran un sistema educativo bien pensado, sino más bien la paciencia de padres mayores.

Cuando yo recibía los cachetes totalmente arbitrarios de nuestra madre no era ta comprensivo como mi hermana pretende ser ante el único azote de nuestro padre. Nunca sentí arrepentimiento por parte de Dª Anselma, seguramente porque tenía razón; pero sería incapaz de imaginar una explicación o un entendimieno implícito como el que describe mi hermana en relación al azote del padre. Yo no estaba dispuesto a perdonar algo que era totalmente injusto y arbitrario.

Puestos a comparar prefiero un buen azote en el culo, aunque te deje los dedos marcados, que un cachete en la cara de los que no dejan huella. Y, desde luego, nunca sentí pena por mi madre supongo que porque tampoco ella parecía sentirse incómoda por unas bofetadas que al fin y al cabo no eran tan dolorosas. Se le olvidaban y yo me tragaba una ira que se disolvía poco a poco.

De todas formas no creo que esa famosa ocasión del azote fuera la última vez que mi padre perdía la paciencia. Recuerdo otro caso bastantes años después. Mi hermana estudiaba piano en el Conservatorio de Bilbao como muchas otras señoritas de Bilbao y, por las tardes, tenía que ejercitarse en el piano que había en el cuarto de costura que también había sido mi cuerto de pequeño y el cuarto de lectura en el que la “seño” me transportaba con su voz cadenciosa bien al Caribe del Corsario Negro, bien al Centro de la Tierra, bien a la Malasia de Sandokan y Yáñez.

Estos ejercicios, supongo que preparatorios para el famoso examen final, eran una tortura y mi hermana se demoraba aburrida sobre unos ejercicios que no acababan de sonar como debieran y que duraban hasta casi la hora de cenar. En un momento determinado apareció nuestro padre, que imagino recorriendo el pasillo desde su despacho o desde la salita de estar que daba a la parte de atrás, entró el el cuarto con ira contenida, empujó suavemente a su hija y, sin acomodarse en la banquetita, ejecutó las cuatro notas del estudio que mi hermana maltrataba con perfección nunca hasta entonces ejercitada y que nunca se volvió a repetir. Se dió la vuelta y volvió a su refugio.

Supongo que los diez dedos quedaron marcados en el alma de su hija querida.

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