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Juan Urrutia: Los últimos días de julio son los más traicioneros. Cuando ya crees que has terminado con las tareas del curso y cuando ya estás pensando en las vacaciones familiares, surgen los últimos trabajitos que, aun siendo agradables, te cogen ya zurrado. Esta tarde salgo para Donosti donde mañana empieza la Escuela de Verano de la FUE, este año sobre Social Norms. Pero el martes vengo de vuelta a Bilbao a recibir a los miembros de Comité de Personas Sabias que van a evaluar la capacidad de nuestra candidatura para alojar la Fuente Europea de Neutrones por Espalación…….N.B. Estaba escribiendo esto cuando he tenido que ser arrastrado al Ambulatorio con una piedra en el riñón. Entre el voltarén y el nolotil no sé donde estoy. Sensación de que nada podría ser peor. (0 comentarios)
versvs: La farmacéutica Roche abandonará las investigaciones sobre el VIH por la falta de resultados, o eso dice. Cualquiera diría que ese sería un motivo para seguir intentándolo. Quizá más bien las abandonan porque si encuentran una cura, todos los dependientes de los costosos tratamientos crónicos dejarían de gastarse el pastizal que exigen dichos tratamientos. Sin conocer exactamente la situación de Roche, me arriesgo a decir que seguro que ha recibido subvenciones para sus investigaciones en algún momento (infraestructuras, quizá trabajar con universidades públicas subvencionadas, quizá dinero en efectivo), si las investigaciones científicas subvencionadas estuvieran obligadas a publicarse bajo Open Access, otro gallo cantaría. Release the Cure. (0 comentarios)
Juan Urrutia: No encuentro la evidencia gráfica; pero me parece evidente que el gran entrenador de futbol al que tanto han alabado los periódicos, Gus Hidding, y el genial manchego, Pedro Almodóvar, son parecedí­simos. Podrí­a añadir a Lynch, el director de cine, pero serí­a rizar el rizo de este don que tengo desde el mismo día que me quitaron la vesícula. Pero ¿qué me dicen de Federer, el elegante perdedor de Wimbledon y de Tarantino, otro director de cine bastante genial? Son también casi idénticos y ambos se parecen a mi amigo y gran economista David Pérez Castrillo. Parece que mi don se va haciendo más profundo y ahora asocio tríos. (0 comentarios)

Souvenirs d´enfance. VI:Facilidades higiénicas del caserío

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 11:33 am el Domingo, Julio 20, 2008

BUE

El caserío había sido reformado en tiempos de mis abuelos. Nosotros ocupábamos la zona frontal mientras el casero habitaba la parte trasera.
Las obras se habían realizado a finales del siglo XIX, con lo que la zona dedicada a la higiene personal dejaba bastante que desear de acuerdo con los cánones actuales.

El WC, vulgarmente llamado retrete, era una habitación pequeña, recubierta de madera, con un asiento corrido que se extendía todo lo ancho de la pared; en la parte central del asiento se levantaba una tapadera que dejaba al descubierto un trozo de madera menos pulida, con otra tapa redonda de menor tamaño en el centro, que se alzaba tirando de una pequeña argolla, cuando era utilizado. .

Levantar esa tapa y sentarse sobre el agujero era exponerse a coger un constipado. El agujero conectaba directamente con el pozo negro, que llamábamos “txitxiposo”. Soplaba el viento y se oia su ulular; no solamente se oia; su fuerza quejumbrosa nos azotaba en la zona más sensible de nuestra anatomía. Las visitas al lugar solían ser breves y precipitadas.

El resto de los medios de higiene consistían en jarras y palanganas en las habitaciones.

Si se quería tomar un baño, el dispositivo era de otro orden. En la planta baja existía una habitación sombría, con un sistema de calentamiento que no recuerdo bien pero que debía consistir en algún tipo de estufa de leña ó carbón.

Por las noches se procedía a bañar a los niños. Se llenaba un balde de zinc con agua caliente. Se colocaba este en mitad de la habitación, inmediatamente debajo de la única bombilla que alumbraba el habitáculo y se procedía a restregarnos y fregarnos bien. Lo recuerdo como un proceso húmedo, desagradable e irremediable.

El único consuelo era que después nos esperaba una toalla suave y acogedora y un camisón limpio y bien oliente.

JUE

Me resulta difícil comentar sobre este recuerdo de mi hermana. Tanto porque es como un cuento cerrado en sí mismo, completo, como porque las costumbres higiénicas evolucionaron en los siguientes años en los que, como diría nuestra madre, yo estaba “en la mente del señor”.

Sin embargo, y tal como ya he comentado en otros posts de esta serie, Gorrondo era, a pesar de su abandono, lugar de peregrinación obligado todos los veranos de mi niñez aunque simplemente como una excursión campestre. Desde Algorta mis amigos y yo, convenientemente acompañados por nuestros cuidadores, no todos mujeres ( algún día hablaré de D. Diego) tomábamos el tren en la estación de Neguri y en tres paradas estábamos en la estación de Berango desde la que un corto paseo nos llevaba al caserío.

El momento álgido del día era cuando se nos permitía entrar en la casa y pasar un poco de miedo ante los fantasmas que habitaban aquel caserón y que vivían entre las sábanas que mi memoria imagina erróneamente todavía puestas sobre las camas como si los habitantes hubieran huído precipitadamente.

Lo cierto es que el “komuneko” era de lo más celebrado. Aunque no parece muy poético detenerse mucho en el recuerdo de un lugar así, yo querría añadir a los recuerdos de mi hermana, mi impresión retrospectiva de que se trataba de una pieza de excelente capintería y quizás también de correcta ingeniería hidraúlica.

El cuarto de los baños era también una pieza visitada y creo recordar que estaba justo debajo de aquel mirador adosado que un día se lo llevó el viento, según contaba la memoria familiar, en un famoso vendaval de no sé qué año anterior a mI nacimiento. No tengo la experiencia de ser refrotado en un balde de zinc; pero desgraciadamente tampoco la de ser posteriormente arropado en una toalla perfumada.

No sé si la memoria de mi hermana volverá a visitar este lugar donde quizá se formó lo más profundo de su caracter, pero si lo hace espero que se demore en los caseros que habitaban, y siguieron habitando, la parte de atrás del caserío, culyivaban los campos de maiz y criaban ganado. Estuvieron presentes en nuestras vidas hasta mucho más tarde y no siempre las relaciones fueron fáciles. Pero de aquella época también hay historias familiares quizá relacionads no tanto con BUE sini más directamente con Marisa Elejalde, nuestra prima fisiológica y hermana de corazón.

Etiqueta en el uso de los dispositivos inalámbricos

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 9:06 am el Sábado, Julio 19, 2008

Hace tiempo que me llama la atención de una manera inconsciente pero, en la última semana, el sentimiento se ha hecho consciente al observar el comportamiento d los famosos científicos de los que he estado rodeado.

Me refiero al uso costante de los dipositivos inalámbricos que requieren su atención constamtemente mediante una lucecita y gracias a Dios sin espantosos pitidos. Estoy seguro que la atención instantánea a los mensajes es una cuestión de vida o muerte y no les reprocho lo que en otros podría considerarse como falta de buenas maneras.

Parece ser que en el caso de una blackberry o de un iphone las buenas maneras no exigen dejarlos fuera de uso durante reuniones importantes lo contario, curiosamte, de lo que ocurre con el uso de los teléfonos móviles.

Penasaba concluir simplemente que se necesita la emergencia de una norma de etiqueta en el uso de esos dispositivos de la misma forma que estamos ya en un mundo en el que hay unas buenas maneras definidas en el uso de e-mail. No es que este aviso sobre; pero de repente reparo en que quizá yo estoy más anticuado de lo que estoy dispuesto a reconocer y que lo que simplemete ocurre es que los adelantados de la era digital ya se han transformado en máquinas multitarea.

Habrá que estar atento a esta mutación que quizá exija una nueva forma de cortesía pero muy distinta de la que esperaría un tipo del siglo XX. O quizá es que el siglo XXI es un siglo femenino y ya se sabe (?) que las mujeres tienen esa capacidad que los hombres envidiamos de saber hacer varias cosas a la vez.

Cómo señalar la calidad de un banco: el ejemplo del Santander

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 7:56 am el Jueves, Julio 17, 2008

Una de las notas características de la crisis es que en las dos últimas semanas la cotización del sector bancario se está resintiendo muy mucho en todo el mundo. Parecería que los principales bancos del mundo ya han cantado la gallina y que la situación estaba controlada por lo que la parte financiera de la crisis, la relacionada con el credit crunch, ya habría pasado casi totalmente. ¿Por qué entonces la caida en Bolsa de el sector bancario?

Para entender la posible explicación que voy a intentar ofrecer hay que volver a uno de los últimos artículos de Expansión en el que expliacaba cómo los bancos en todo el mundo se encuetran en un equilibrio raro en el que ninguno quiere enseñar sus tripas en su totalidad porque cada uno sospecha que los demás podrían igual o mejor que él.

La explicación que se me ocurre proviene de la Economía de la Información y se basa en ideas elementales de la misma, tal como es la Selección Adversa, según la cual en condiciones de información asimétrica no podemos esperar que acudan al mercado los propietarios de bienes sin defectos, sino que esperamos que acudan solo los propietarios de bienes defectuosos. Cuando eso ocurre aparecen actividades o instituciones que emiten señales inequívocas de que uno es el propietario de un bien sin defectos.

En este contexto es ahora posible explicar qué está pasando con el sector bancario en el mercado de valores. Sabemos, tal como he dicho ya, que el equilibrio es de una naturaleza propia de una situación en la que cada uno sabe cómo está su balance pero no el de los demás. El problema intelectual que se plantea es porqué ese equilibrio es del tipo pooling es decir que el precio en ese mercado no es suficiente para distinguir entre un banco que no ha cometido excesos y uno que sí los ha cometido. Por precio en este caso hay que entender la cotización bursátil.

Y sin embargo la situación podría haber recalado en un equilibrio separating que permite dsitinguir entre bancos buenos y malos. Para que esa situación hubiera sido la prevalente tendría que haber habido alguna señal que permitiera a los bancos buenos distinguirse de los malos. Los malos han pedido capital a los fondos soberanos y como se lo han concedido no podemos ya decir que sean malos ni, por lo tanto, podemos decir de los otros que no han necesitado de momento una inyección de capital sean mejores.

La única señal posible a corto plazo es de tipo contrario: una muestra de que sobra capital. Digo a corto plazo porque a largo basta con medir la rentabilidad por dicidendos en un merado que, en general, ya es de tipo bear. Pero a corto plazo solo cabe distinguirse por la emisión de una señal inequívoca de que el balace está saneado. Una señal de esetipo es, naturalmente, lanzar una OPA, u operación similar, contra un gran banco. Si se hace no cabe la menor duda de que ese banco no tiene problemas fuera de balance porque estos aparecerían en las diligencias que hay que realizar para llevar a cabo la oferta.

Ahí tenemos el Banco Santander que acaba de cerrar una operación con un banquito inglés que fusionará al Abbey. Lo intrigante es saber si ese movimiento será señal suficiente para distinguir al Santander de otros bancos cuyos resultados se anuncian peor que mediocres.

Si esto es cierto, nos encontramos en una situación extraña y fascinante. Quien no emite una señal de este tipo en estos días en los que los precios están muy bajos es que no puede emitrila y por lo tanto volvemos a caer en un equilibrio pooling en el que debiéramos pensar que todos están mal.

Mala situación. Glosando la ley de Gresham podríamos decir que la mala banca expulsa del mercado a la buena de la que no se puede distinguir. No es que un buen banco vaya a dejar de cotizar; pero es como si no pudiera presumir de sus virtudes porque no ha encontado una señal asequible que le permita hacerlo.

Situaciones y ciberturbas

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 9:38 am el Martes, Julio 15, 2008

Cualquier lector asiduo de este blog habrá notado un interés extraño y nuevo sobre el situacionismo y sus realciones con el posmodernismo pasando por el punk.

Miremos lo que dice la wikipedia sobre lo que se supone que es una situación (con énfasis añadido por mí):

En el sentido de los situacionistas una situación construida es un momento de la vida construido concreta y deliberadamente para la organización colectiva de un ambiente unitario y de un juego de acontecimientos, es decir tanto la realidad como los acontecimientos son fruto de una construcción previa minuciosamente preparada por poderes fácticos y no legitimada por los medios de comunicación que juegan un papel fundamental en la creación de acontecimientos.

El situación(ismo) rechaza la actitud pasiva y conformista ante la realidad, el ser humano, como sujeto es el encargado de llevar a cabo la construcción de situaciones dado que él es el fruto de su historia, proponen al sujeto lógico como único responsable del devenir de su existencia. En un lenguaje más teórico la construcción de una situación es la edificación de un microacontecimiento transitorio y de un juego de acontecimientos para un momento único de la vida de algunas personas. Ella es inseparable de la construcción de un ambiente general relativamente más durable en el urbanismo unitario.

Curiosamente esa especie de definición un poco tosca de lo que se entendía por situación se parece a lo que cincuenta años más tarde se ha dado en llamar ciberturbas. Me interesó eso de las ciberturbas como un fenómeno asociado a las tecnologías de la información y con cierta independencia de algunas en particular como pudo ser la del 13-M. Mi pequeña aportación fue relacionarlo con el aburrimiento. Como resulta que el aburrimiento parecería que toma cierto volumen ontológico en el mundo situacionista, o al menos eso he entendido en el libro de Sadie Plant, me preguntó en qué medida una ciberturba no sería la realización subrepticia de una situación.

La diferencia principal parecería ser que la ciberturba es espontánea y totalmente contraria a ser producida por ninguna fuerza fáctica. Yo diría que es como un festival de tribus, cualquiera de ellas siendo a su vez una pequeña red muy tupida con sus propias normas sociales conformadoras de su identidad diferenciada.

Parecería fácil hacer una distinción aparentemente útil diciendo que en la situación había un trasfondo político “tradicional” que no puede dejar de distinguir lo superficial de lo profundo mientras que la ciberturba es más bien posmoderna en el sentido de que no se distingue aparentemente entre la realidad y su apariencia. Es ésta la que es “realmente real”. Y lo bonito es que en esta caso hay una razón epistemológica para que esto sea así. Solo a través de una ciberturba podemos estar seguros de que algo sea conocimiento común y no solo conocimiento mutuo de orden N.

Si todo esto es cierto nos encontramos con que la potencia de los situacionistas se multiplica en este mundo ciberpunk por un factor grande y el próximo mayo del 68 ( por ejemplo el mayo del 2018) cuando todavía arrastremos los efectos del último temblor económico y de las desigualdades escandalosas que ese temblor habrá descubierto.

Que se agarre el mundo. No es la Rusia de la corrupción o el peligro nuclear de Irán. Es nuestra juventud que estará aburrida y sabrá que los demás jóvenes del mundo saben que están aburridos.

Souvenirs d´enfance.V: minúsculos jugadores de croquet

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 9:44 am el Domingo, Julio 13, 2008

BUE

Alrededor del caserío había tierras de labranza. En la parte delantera y un lateral de la casa se habían acotado unos cuantos metros cuadrados para organizar algo parecido a un jardín: un pasillo de hierba de 9 o 10 metros de ancho que iba desde la puerta externa de acceso a la finca hasta la pared que cerraba el jardín en el extremo opuesto donde se levantaba la higuera. Junto a ésta había un pozo y desde él hacia el portón de entrada solí­amos instalar el campo de croquet.

Para realizar la labor de colocación de los polos de salida y entrada y las horquillas de metal, se utilizaban unos mazos pequeños creados para ese fin.

Con estos pequeñoos mazos jugábamos las competiciones mi primo y yo. La edad no nos permití­a manejar con soltura los palos reglamentarios porque nos superaban en altura y en peso.
Las competiciones, sin embargo, eran con los mayores. Y como testigo de esta hazañaa existía una fotografía en la que se ví­a a mi madre sentada en una silla en medio de un corro formado por las primas mayores y sus amigas en el fondo y mi primo Maren y yo apoyados en el regazo de mi madre con los dos mazos bien agarrados y luciéndolos como trofeos. La fotografía está tomada de espaldas al sol; este nos deslumbraba y los tres aparecemos con el ceño fruncido defendiéndonos de la luz cegadora.
La imagen no tiene nada de especial en sí misma pero trae a mi memoria una época de serenidad, seguridad, interminables horas de juego, olores caracterí­sticos como el de la higuera cercana. Y el valor de mis padres de crear este mundo seguro y sólido cuando todavía nuestro paí­s estaba en guerra o recién salido de ella, la vida era dura y áspera, el futuro incierto. Había que volver a levantar la vida normal, la seguridad en la paz.
Ellos lo enfrentaban sin dejar traslucir ninguna inquietud que pudiera enturbiar nuestra infancia feliz.

JUE

Gorrondo Erdikoa era el nombre del caserí­o y sus “pertenecidos”, que así­ se llamaban las tierras de labranza a las que se refiere mi hermana. No era muy antiguo; hoy apenas tendría 250 años y se notaban los sedimentos del progreso de la familia en un mirador adosado, relativamente reciente, o en una especie de añadido a modo de garaje rudimentario donde se conservaba el coche de caballos del abuelo Juan, el mismo cochecillo que, tirado por un caballo semiblanco, aparece en una foto ampliada que obra en mi poder y muestra al joven viudo con sus dos hijos, Pepe el mayor y Rafael, el pequeño, nuestro padre, a una edad de unos 4 años y con sombrerito de paja.

Entre el crocket y esta descripción parece que estuviéramos hablando del jardín de los Finzzi Contini, pero no era eso. Era una casa austera que yo solo he conocido deshabitada en las excursiones obligadas de todos los veranos más de 10 años después de los que describe mi hermana. Jamás he podido pensar en Gorrondo ( nuestro apellido número X es precisamente Gorrondona) como el jardí­n inglés de The Go-between a pesar de que el ambiente que descibe mi hermana y mis recuerdos propenden a sublimarlo.

Sí es verdad que el croquet no me resulta extraño y que en mi memoria profunda hay algo relacionado con él, lo mismo que hay una traza del juego de los palillos. Y ambos relacionados con mi hermana. Su evocación me hace pensar en un daguerrotipo que reflejara la escena campestre, con las primas y sus amigas hablando de cosas de chicas mayores en un tono semi velado y en nuestra madre mimando a Maren y a BUE agarrados a los pequeños martillos de madera. ¿Dónde estaba D. Rafael? Me quiero hacer a la idea de que era él el que apretaba el botón del fogonazo y que no era el sol sino esta fogonozao lo que explica el ceño de los dos primos que recalaban en el regazo de Dª Anselma.

¿La paz en la guerra varios lustros después del cerco carlista al que se refería Unamuno? Algo parecido. Seguro que se esforzaron en que los niños no sufrieran y también sé que pasaron parte de la guerra, posiblemente después de la “liberación” De Bilbao, en Gorrondo en donde enterraron algunas de las joyas de oro en las que invirtió nuestro padre buena parte de sus ahorros en dinero de la república. Mi padre habló alguna vez de oir las baterí­as franquisras instaladas en el Serantes apuntando a Punta Galea. Las batallitas de una guerra.

Me temo de todas formas que mi hermana ha heredado el afán de nuestra madre de convertirse en la esposa de un gentleman farmer o en una lady farmer directamente. Yo nunca lo he compartido y no tuve ninguna nostalgia al venderlo hace unos años. No me gusta los gentlemem y menos los rurales. Me suena a carlismo trasnochado.

No tengo más remedio que apuntar aquí, rompiendo un poco la cadencia del relato a dos manos, qu el otro día me encontré con Ana, la mujer de Maren, con su hijo Ignacio y Leire una preciosa nieta. Ana, no me acuerdo a santo de qué, me recordó una frase de nuestro padre: “casarse por dinero es peor que pedir dinero al banco; es más caro”. Ya sabía que era generoso, pero ahora pienso que a nuestro padre le interesó un día el amor. Nunca había pensado en ello.

Federico Martín Bahamontes y Antonio Gala

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 7:43 pm el Sábado, Julio 12, 2008

Más o menos de la misma edad, han tenido vidas que presumo distintas. Uno en Granada y en Madrid y el otro en Toledo, uno con un éxito continuado como autor teatral y escritor en general y el otro con un enorme éxito único en su juventud que no se ha olvidado y que el otro día se recordaba en los periódicos al cumplir sus 80 años: el primer español que ganó el Tour de Francia allá por los 50. La cara actual del ciclista me recordó mucho a la de Antonio Gala aunque es dificil relacionar a ambos. Los dos tienen esa cara de campesinos enjutos que me resulta tan atractiva. Ahora bien, no hablan igual. Pero recuerdo con simpatía cómo Bahamontes decía, cuando algo le daba igual, que le era “inverosimil”.

El coleccionismo

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 11:02 am el Viernes, Julio 11, 2008

Por un lado ARCO o cualquier otra feria o una exposición en galería determinada. La proliferación de nuevas figuras en el mercado es un ejemplo más de la innovación de el Capitalismo posmoderno. Merchantes, asesores, etc.son figuras de intermediario que surgirán como setas en ese capitalismo que nos acecha.

Por otro lado la introducción, escrita por Guillermo de Osma, al catálogo de una exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. La colección expuesta en su día estuvo prestada al Museo por un nuevo mecenas local y se trata de una buena colección. La presentación de Guillermo me pareció muy perceptiva y recuerdo sus comentarios sobre el coleccionismo.

Me interesa eso del coleccionismo y no sé porqué, puesa nunca terminé una colección de nada, ni siquiera de cromos siendo un niño.

No creo que se trate de un interés de inversor pues hace mucho tiempo que ya expresé mi opinión contraria a invertir en arte ni siquiera en estos tiempos de turbulencias como, por ejemplo las actuales. Es un mercado demasiado ilíquido.

Entonces ¿porqué compro arte aunque sea de forma muy modesta? Porque me intrigan los artistas y solo compro obra o “cosas” de aquellos a quienes conozco. Me intrigan porque quiero saber si lo que hacen es objetivar sus traumas sin solucionarlos o tienen un don sagrado para descubrir algunas cosas ocultas.

Nunca lo sabré, pero mientras trato de averiguarlo descubro objetos bellos. Espero que haya quedado claro que no soy un coleccionista de arte. A lo más de artistas.

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