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Hipoteca inversa

A estas edades en las que algunas mañanas te entra el terror, no a la muerte sino a la pauperización, la noticia me ha sentado fatal: se acabó la hipoteca inversa. Me tranquilizaba pensar que siempre podrí­a llegar a un acuerdo con el banco y garantizarme una rentita suficiente para comer a cambio de que mi casa pasara a ser del banco cuando yo muriera a no ser que mis deudos prefirieran liberarla de esa carga y quedarse con ella mediante el pago correspondiente. Pues esa posibilidad se ha acabado. Los bancos no están dispuestos a seguir con esa lí­nea de negocio. Debe ser su nueva forma de evaluar el riesgo de esa operación en un mercado inmobiliario en el que no se esperan grandes subidas sostenidas de precios. He aquí­ la primera ví­ctima del miedo a la innovación en la gestión del riesgo.