Canal miniposts

Juan Urrutia: Lean el post de Mankiw sobre Free Trade. No hay nada que un economista no sepa; pero es de agradecer que alguien diga que, en el mismo corazón de la disciplina, hay siempre un condicionamiento filosófico. Somos libertarios o utilitaristas ( o cualquier otra cosa) antes que economistas y, claro está, se nos ve el plumero. (0 comentarios)
Juan Urrutia: Me lo pones muy fácil Jesús. ¿Es que entre este tipo y tu hay algo personal? (1 comentario)
Juan Urrutia: A estas edades en las que algunas mañanas te entra el terror, no a la muerte sino a la pauperización, la noticia me ha sentado fatal: se acabó la hipoteca inversa. Me tranquilizaba pensar que siempre podría llegar a un acuerdo con el banco y garantizarme una rentita suficiente para comer a cambio de que mi casa pasara a ser del banco cuando yo muriera a no ser que mis deudos prefirieran liberarla de esa carga y quedarse con ella mediante el pago correspondiente. Pues esa posibilidad se ha acabado. Los bancos no están dispuestos a seguir con esa línea de negocio. Debe ser su nueva forma de evaluar el riesgo de esa operación en un mercado inmobiliario en el que no se esperan grandes subidas sostenidas de precios. He aquí la primera víctima del miedo a la innovación en la gestión del riesgo. (0 comentarios)

La perversión del lenguaje

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 8:57 am el Viernes, Mayo 30, 2008

La “perversión del lenguaje” es una bonita expresión que últimamente he oí­do repetidamente en boca de Rosa Diez para, con ella, denigrar, por su vaciedad expresiva, a aquellos políticos que ella aspira a arrinconar. Lo ha hecho de tal manera que ha contribuí­do a quemar esta expresión que, en realidad, tiene mucho contenido oculto.

Esta crí­tica no quiere decir que no merezca la pena aplicar a esa expresión el análisis lingüíatico . Todo lo contrario. Por eso me resultó de tanto interés la reseñaa que el ABC publicaba del reciente libro de su colaboradora y columnista Irene Lozano. Recuerdo que hace meses me llamó la atención que ese periódico apostillara una columna de su colabordora con una advertencia de que no compartí­a las opiniones de la autora en aquella columna específica que me temo no recuerdo de que trataba; pero que no estaba en la lí­nea habitual del periódico. Recuerdo también que pensé que me gustaba su argumentación y que tení­a razón. Así que me leí­ con atención la reseña/entrevista a la que me he referido.

Señalaba que el mecanismo de vaciar el lenguaje era siempre el mismo aunque hay que distinguir entre palabras saqueadas y palabras pervertidas. Las saqueads son aquellas que la evolución social ha dejado sin referente claro. Pensemos en “las izquierdas” o el “progresismo”. Tení­an un sentido definido antes de 1990; pero luego se hacen demasiado polisémicas como para poder utilizarlas sin más explicaciones. Las pervertidas son aquellas otras palabras de las que se abusa hasta el punto de desgastarlas o de hacerlas significar lo que no era su contenido original y acaban sirviendo como coartadas para hacer lo contrario de lo que con ellas se pretende predicar. Pensemos en el abuso de “democracia”, “igualdad”, “constitución” o, la que subraya la autora, “libertad”. En nombre de ella se acaba con ella.

Y en ese punto recordé un artí­culo reciente de Daniel Innerarity en El Paí­s. Trataba Daniel con su eficacia habitual de hacernos ver que los valores, tan abusados por esos plañideros habituales que solo ven horror en cualquier cambio de costumbres, sirven en su continua reivindicación para ocultar las dificultades del ejercicio de no pocos derechos. Lo grandielocuente sirve para ocultar la falta de lo necesario.

Ya había leído ABC y El Paí­s y seguí­a esperando a que Iberia cumpliera con el retraso anunciado y varias veces prorrogado. Así­ que caí sobre Público y sobre la tira del gran Javier Ortiz que, no lo puedo remediar, me produce siempre una gran satisfacción ya que somos pocos los que, a mucha honra, todaví­a somos de la cáscara amarga. Protestaba porque se tildaba de inoportuna o desleal la protesta del Parlamento Vasco contra el ejercicio de la tortura y la desagana con la que se la persigue. La palabra torura no ha sido saqueada en el sentido que utilizaba la Lozano y todos pensamos que tiene un contenido preciso que nos remita a algo repudiable. Y todos también pensamos que el respeto que la tortura atropella mediante la humillación no puede ser un valor/coartada que serviría para mejor instrumentar los interrogatorios. Diríamos que la tortura existe, es repudiable, se está intentando evitar con mayor o menor entusiasmo y que , por lo tanto, su condena nunca puede ser inoportuna ni su ejercicio puede estar compensado por otras atrocidades de la misma forma que esas atrocidades nunca podrán se compensadas por la totura.

Y como Iberia seguía sin responder pasé a examinar el Finantial Times. Me encuentro con el reconocimiento de una Agencia de Rating de que su model matemático para la calificación de instrumentos financieros tení­a un error, por el que se disculpaban, que podía haberles llevado a calificar como AAA a instrumentos sintéticos que incluían hipotecas basura. Y me pregunté si esto de la calificación del riesgo o el mismo riesgo no serían palabros saqueados o quizá solo pervertidos. En muchos casos no sabemos de lo que hablamos cuando pronunciamos la palabra “riesgo” y por lo que parece tempoco lo saben los supuestos expertos.

Y esta última reflexión, sobre la que debería volver con más profundidad, me devolvió a la práctica de Rosa Díez y a la Alicia de Lewis. Ya sabemos que lo importante es quién manda aquí­. Y quizá debiéramos ir reflexionando sobre las maneras en que se impone una agenda y un lenguaje como vehículo para imponer el poder. En los últimos años estamos acostumbrados a ello, incluyendo la diatriba de la diputada por UDyP.

El escandaloso sueldo de los ejecutivos

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 8:32 am el Miércoles, Mayo 28, 2008

Ahora que parece que la economía no va muy bien se empiezan a oir comentrios sobre la paga de los ejecutivos, sobre el escándalo de sus paracaidas de oro utilizables yutilizados cuando la empresa va mal y se apela más a menudo que nunca a la reponsabilidad social corporativa.

Se habla de esto en realación a la inflación que aflora o en el contexto de la desigüaldad; pero yo pienso que hay otro punto de vista más pertinente. No es tampoco el de la responsabilidad social corporativa. Esta preocupación relativamente reciente me parece una coartada de los ejecutivos bien pagados para no cuestionar esa paga que algunos creen escandalosa.

Si es escandalosa o no es algo dificil de discernir pues depende de la coyuntura, de la competencia, de las habilidades, etc.

Lo que a mi entender está realmente en juego es la organización de la empresa. El fallo que creo percibir es que estos asuntos se diluciden en una Junta General en la que la presidencia ejecutiva tiene en su mano una mayorí­a holgada y en la que los pocos accionista activos que pueda haber no están preocupados por estas minucias que, sin embargo, enrarecen las relaciones laborales y las relaciones de la empresa con su enetorno.

Para evitar esto, que realmente tiene un coste, creo que deberí­mos reconsiderar la posibilidad de implantar la solución alemana con dos consejos, el que reune a ejecutivos o a estos mezlados con algunos independientes, y el Consejo de Vigilancia que representa los intereses de los stakeholders. Es este Consejo el que deberí­a velar por evitar los escándalos en los sueldos de los ejecutivos mediante su vigilancia. Para ello es muy conveniente que sus miembros cobren muy poco y le dediquen mucho tiempo.

¿Se puede compensar su escasa remuneración de forma que pudieran dedicarse seriamente a velar por los intereses de las instituciones que dependen en parte de los resultados de la empresa de que se trate?

Droit de suite

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 8:16 am el Lunes, Mayo 26, 2008

Caramba, esto es increí­ble. Resulta que el Ministerio de Cultura va a adoptar la normativa europea del 2001 mediante una modificación de la ley de Propiedad Intelectual en lo que respecta a las artes plásticas y gráficas. El artista tendrá derecho a un pequeño porcentaje del importe de la compraventa de cualquier obra plástica o gráfica que se realice a través de intermediarios profesionales.

Añadamos esta ordinariez al escándalo del canon digital y sigamos sumando.

Si ya me parecía indignante que un coleccionista no pueda destruir una obra de arte de su propiedad, imaginen lo que me parece este desmán legal. Una especie de abuso incomprensible o de beatería respetuosa con el genio.

Además hay cosas elementales que no sé si se tienen en cuenta. La participación aumentará el precio a pagar por el coleccionista y eso puede reducir la demanda y también redireccionarla a valores menos arriesgados al reducir la liquidez de ese activo. Por otro lado un buen artista vago nos racionará su obra seguramente pues cuanto menor sea el stock mayor será el precio alcanzado y mayor su participación por lo que no necesitará trabajar tanto.

Para eso que se compre un fondo de pensiones pesarán ustedes y tendrán razón.

Y también habría que tener encuenta la forma de intercambio pues no es lo mismo una compraventa normal que una subasta y entre una forma de subasta y otras hay no pocas diferencias.

Miquel Navarro, de quien poseo un par de objetos artísticos, afirma que él nunca se ha beneficiado de la reventa y añade que ” espero que salgamos rápido de esta injusticia”. En represalia, estoy tentado de fundir, en sentidi figurado, uno de esos dos objetos, aunque ya me tienta hacerlo en sentido físico, contárselo a todo el mundo e iniciar un juicio que llegue hasta el Supremo para airear estas innovaciones francesas que se parecen a la excepción que promueve Francia con el cine europeo.

Y para indignarme aun más me entero de que Nagel, que quiere meter en la cárcel a unos industriales que le han copiado un diseño de vajilla, cabalga de nuevo y piensa recurrir la primera sentencia que le da la razón y prohibe que se mueva la “patata de Nagel” de donde la puso la alcaldía de Amorebieta. No le basta al artista. Quiere que se reconozca que la imnamovilidad se debe a su derecho de autor que no ha fabricado solo una obra de arte sino que lo ha hecho pensando en su ubicación.

Comparo esta sacralización del talento artístico con la actitud de FDV y ya sé con quien quedarme.

FDV

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 8:38 am el Sábado, Mayo 24, 2008

El Colegio de Abogados, con el patrocinio de la BBK, inauguró el jueves 23 en sus locales de las Rampas de Uribitarte, una exposición del trabajo de FDV.

Creo que a él le gustaría que llame trabajo a lo que hace y que no desvele lo que hay debajo de FDV.

Usa las siglas por si incurre en alguna responsabilidad penal y para que no carguen contra cualquier otra víctima propiciatoria. Pero no firma el resultado de su trabajo. ” Un niño nunca firma sus dibujos” dice su poeta amigo Kirmin Uribe; pero yo no veo nada infantil en su trabajo y menos en su carater.

De acuerdo con sus propias palabras el resultado de su trabajo son “cosas” o accidentes propiciados por el azar y su trabajo, en ningún caso “obra”. Su trabajo no se realiza en un estudio sino en un taller y sus instrumentos de trabajo no son necesariamente, o solamente, la pintura o los pinceles; sino que incluyen la “krächer”, las manos o lo que sea.

Continúa:”mis “cosas” son como estampados con los que nos podríamos vestir y todos nos veríamos desnudos excepto los pretenciosos que alabarían el traje”.

FDV se oculta, le gustaría desaparecer detrás de sus “cosas” y yo creo que le gustaría que nadie le viera pero que respirara un ambiente en el que él y todos pusiéramos el talento que todos tenemos para provocar accidentes aleatorios.

Su sensibilidad está muy cerca del situacionismo y ahí nos encontramos los dos.

Yo pregunto precios y ante su inapetencia a hablar de ello, tengo una conversación con su mujer que me pone al tanto de la forma de calcular los precios de aquellas “cosas” o accidentes que son sobre lienzo y llevan pintura ( los otros accidentes sobre cartón tienen un precio fijo). Suma los dos lados de la “cosa” en metros y multiplica por 6.

El viejo economista en mí se queda pensando y no se aclara sobre el porqué de esta curiosa forma de tarificación. No tiene que ver con la superficie ni con el tiempo de trabajo ni con la dificultad. Pero tiene una gran ventaja; es muy fácil de actualizar modificando el multiplicador.

Salgo reconfortado por alguien que añade que no le gusta el arte en la calle y que preferiría calles anodinas y que cada uno se rodeara en su casa de lo que quisiera.

Me voy asociando lo que he visto con lo que dice el gran grafitero Banksy: Copyright is for losers.

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