Canal miniposts

Juan Urrutia: Llueve y estoy levantado a una hora temprana para meterme con un trabajo propio de mi nuevo oficio que debe estar listo mañana por la mañana. Es todo tan melancólico que me quedo mirando nuetra última adquisisción plástica, un óleo de Luis Canelo, que me recuerda una naturaleza remendada. Exactamente tal como me siento yo, remendado. ¿Porqué compro arte? Porque me intrigan los artistas y solo compro cuadros de aquellos a quienes conozco. Me intrigan porque quiero saber si lo que hacen es objetivar sus traumas sin solucionarlos o tienen un don sagrado para descubrir algunas cosas ocultas (0 comentarios)
David de Ugarte: Natalia postea muy de cuando en cuando. Como quien rompe a cantar o a llorar. Ayer le recordaba a Miguel Sebastián una tarea de modernización pendiente: acabar con ese resto clientelar y parasitario que representa la asociación obligatoria a las Cámaras de Comercio. Lo que haga al respecto, será desde luego, un buen indicador, si no el mejor, de su compromiso con la modernización y las PYMEs. (0 comentarios)
Juan Urrutia: Viaja el Papa a los EE.UU. de América y, aparte otras novedades, lo primero que hace es avergonzarse del escándalo de la pederastia de algunos sacerdotes católicos que tanto daño ha hecho a la Iglesia. Pero añade algo incomprensible para mí y extraño en un ortodoxo. Dice que no serán sacerdotes nunca más los que caigan en ese pecado. No puede querer decir que aplicarán un filtro en los seminarios pues es imposible. Debe querer decir que suspenderán a divinis a los que sean cogidos en falta nefanda. Pero incluso esos pecadores han recibido el sacramento del sacerdocio y no veo yo cómo pueden ser desposeídos de su capacidad de llevar a cabo la transubstanciación. Me parece que el Papa ha caido en el todo vale posmoderno en contra de sus propias enseñanzas y que muestra muy poca esperanza en contra de sus propias ideas. (0 comentarios)

La dama y el mar

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 8:06 am el Lunes, Abril 21, 2008

No sé cómo se llamaba el original de Ibsen y no tengo ganas de mirarlo en Google. Sí sé, sin embargo, que Bob Wilson encargó a Susan Sontag que reformara el texto para montar un espectáculo, la Dama y el Mar, que puede dsifrutarse en El Matadero, un espacio al que acudo cada vez más a menudo y especialmente cuando quiero olvidar que estoy en esta dura estepa y desearía imaginar que estoy en New York.

Si además, uno acude a ese espectáculo con amigos y entre ellos se encuentra el padre del ayudante de dirección de Wilson, Pablo Viar, pues mejor que mejor. Por un instante siento que mis amigos son el centro del mundo y me regocijo de estar entre ellos y de contar con ellos. Como se debieron sentir los surrealistas alrededor de Aragon y compañía.

Pero esas no son las razones para acudir a ver esta obra de Wilson (?), de Sontag (?), de Ibsen (?). Yo diría que es del tejano porque la gracia no está en el texto ad-hoc ni en el original. La gracia está en el uso que de la luz y del sonido hace este director de escena que ya me ha asombrado otras veces.

En efecto, el sonido y la luz pueden constituir la esencia de un espectáculo tetral. Comienza con el distanciamiento típico del expresionismo con los focos en la cara y el resto en sombras chinescas y con un uso distorsionado de la palabra. Y acaba de manera casi naturalista en la voz y en elsonido subrayando la resiganción indigna de la dama que se limita a acariciar en su imaginación el asesinato de su marido carcelero.

Hay verdaderos momentos de ambigüedad calculada que nos dieron mucha conversación luego cenando en el Hontoria, una especie de Cafe des Artists a a la madrileña. Si la libertad puede ser otorgada o debe ser conquistada es, creo yo, el verdadero motivo de la obra y una apasionante pregunta que aplica especialmente a las mujeres que, me atrevería a decir, salieron un poquito transformadas de esa sala del Matadero en cuyos alredeores siempre tengo la tentación de pernoctar después de la función, como si esperara que algo me acunara en estos tiempos de madurez excesiva o de vejez prematura.

Pero esta nostalgia de otras épocas o de otras ciudades no puede reprimir en mí el odio a los derechos de propiedad intelectual, un problema este que se pone de manifiesto de manera obvia en este espectáculo que no se sabe a quien se debe.

Me imagino a Ibsen, Sontag y Wilson cenando juntos en un mundo de fantasía e inercambiando palabras, ruidos y luces. Me los imagino felices y sin problemas de Copyright. Me gustaría cenar con ellos un día de estos

Notarios

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 2:14 pm el Sábado, Abril 19, 2008

Natalia arremete con sus maneras suaves y sin embargo contundentes contra las Cámaras de Comercio.

No me parece mal que lo haga ya que esas instituciones no son sino reminiscencias de la organización corporativa de la sociedad que hoy son, posiblemente, una carga para ésta ya que sus eventuales servicios se quedan en nada y no compensan los costes de transacción que generan.

Exacamente lo mismo podríamos decir de los Notarios que, parece ser, se resisten a dejar de cobrar las tarifas establecidas a efectos de renovar hipotecas de manera no gravosa para el ciudadano endeudado.

Comprendo que el Gobierno tenga que negociar con la banca que es un negocio privado con pequeñas excepciones; pero no entiendo que lo tenga que hacer con unos, en principio, funcionarios dependientes del Mº de Justicia, que no parece vayan a manifestarse por una posible pérdida de sus ingresos o a protestar porque unos ganan más que otros dependiendo de en donde se construye más.

No son los Notarios unos simples funcionarios de la Justicia y su labor de dar fe pública es muy importante para el desarrollo armonioso de la vida de los negocios; pero no parece necesario que para preservar su independencia y para que no tengan tentaciones de hacer trampas haya que permitir unas tarifas desmesuradas o se restrinja la entrada en el cuerpo de manrera artificial.

Igual sería bueno que estos honrados funcionarios, paradigma de la burquesía como forma de vida (Jaques Brel dixit) se manifestaran en la calle. Quizá así nos daríamos cuenta de lo que significan sus rentas, es decir lo que ganan por encima de su coste de oportunidad

N.B. Recuerdo de mi juventud la siguiente letra de Brel: Et quand vers minuit sortait le notaire de L´Hotel de Trois Faisants on le montré nos culs et nos bonnes maniéres en luis chanantant “le bourgeois c´est comme le cochon, plus ça devient vieux plus ça devient bête”.

Ecología urbana

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 7:58 pm el Jueves, Abril 17, 2008

Fui a una librería del centro y pregunté por un DVD de The leg of Lamb, una peliculita televisiva de Hithcock. La dependienta me dijo que no la tenían porque eso estaba en un pack de obras para televisión del maestro, pero que es una pieza bien conocida que estaba basada en un cuento del Roald Dahl. No hay nada que sustituya a este tipo de tienda y de tendera, de librería y de librera.

Y si lo hubiera no es, desde luego, esa librería de las grandes superficies o de los malls. Pero aquí entramos en una discusión economicamente más seria. Yo estoy por liberalizar la apertura de esos malls ,pero sin perdonarles nigún impuesto, y por suavizar los impuestos que se cobran al pequeño comercio. Y, desde luego, no veo ninguna ventaja en armonizar las legislaciones autonómicas sino que prefiero las diferencias y la competencia entre ellas.

Me pregunto si no habría algún esquema incentivador para mantener ese pequeño comercio ante la libertad de horarios y la libertad de establecimiento. Me gustaría encontrarlo porque esas tiendas de los cascos urbanos hacen la vida muy agradable para los que aborrecemos los suburbios.

Y se me ocurre una ideilla pensando en esas tienditas del Corte Inglés que se llaman Opencor y que tan útiles resultan para los noctábulos. Se me ocurre que las grandes superficies asociadas creen un fondo que sirva para mantener abiertos los negocios familiares que prueben fehacientemente que no les salen las cuentas. A cambio, eso sí, de la libertad de la que hablaba más arriba.

¿Qué les parece? Ya sé que se trata de intervencionismo, pero es que yo quiero hacer algo que no renuncie a la libertad; pero que me permita enterarme de cosas como las de Roald Dahl. Ayúdenme por favor.

Hablemos de mujeres

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 9:03 am el Miércoles, Abril 16, 2008

El verano pasado defendí en los cursos de verano de El Escorial la conveniencia de una ley de cuotas que obligara a tener una representación femnina equitativa en cualquier órgano que admita la regulación. Lo hice junto con una amiga, Ana María LLopis y en contra de otras dos mujeres muy conocidas y profesionales de tanto éxito como mi amiga.

Estoy contento con la sobrerrepresentación de las mujeres en el gobierno que Zapatero acaba de montar y me parece que esto es ya imparable para beneficio de todos. Por eso he disfrutado de lo que escribe Rossana Rossanda en Sin Permiso.

Se trata e un alegato mucho más varonil que la suave persuasión indirecta de Antoni Gutiérrez-Rubí al que me refería el otro día como un hermano y cuyo libro-Políticas- espero sea todo un éxito de ventas lo que no parece dificil a la luz de esta especie de recensión avant la lettre

Una forma de exocerebro

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 7:09 am el Lunes, Abril 14, 2008

Cuando los deberes sobrepasan la capacidad de almacenamiento y procesamiento de nuestro cerebro encerrado en el cráneo, bien sea porque los deberes se acumulan, bien porque las neuronas vaguean, no hay más remedio que utilizar algunos trucos.

En mi caso, los pliegues cerebrales son sustituidos por el espacio, exetrior al cerebro. En mi casa de Madrid todo el suelo de mi amplio despacho está lleno de papeles organizados espacialmente para distinguir mis distintas tareas. En mi piso de Las Arenas, el hall forma parte de mi dormitorio a efectos de ordenar la ropa que me tengo que poner al día siguiente.

Todo esto me recuerda a aquella idea del exocerebro que se debe a ese antropólogo mejicano que escribe sobre ángeles y es de origen catalán y cuyo nombre no recuerdo pero sé que está en una inmensa mesilla de noche que acumula ordenadamente en columnas temáticas mis lecturas vespertinas.

Ya lo he detectado: Roger Bartra.

Ven, mis trucos funcionan.

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