Similitudes

Encuentro una similitud sorprendente entre las últimas palabras del androide de Blade Runner de Philip K. Dick y el comienzo de Howl, el poema de mi generación, el poema de Ginsberg.

El personaje encarnado por Hauer dice de manera patética antes de “morir”:

“I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I’ve watched C-beams glitter in the dark near the Tannhauser Gate. All those… moments will be lost in time… like… tears..in rain”.

Y en el mismo tono patético Allen Ginsberg entona su poema:

I saw the best minds of my generation destroyed by
madness, starving hysterical naked,
dragging themselves through the negro streets at dawn
looking for an angry fix,…..

Y el poema termina, para que la similitud sea mayor, con una apelación a las lágrimas:

I’m with you in Rockland
in my dreams you walk dripping from a sea-
journey on the highway across America in tears
to the door of my cottage in the Western night

¿Qué tienen que ver Dick y Ginsberg?

La envidia y la piedad

En un reciente minipost expresaba mi envidia ante el espectáculo de Jesús Zamora tocando a Schubert.

Le pedí­a implí­citamente que me mintiera y me dijera que no era él el pianista. Jesús se ha apiadado y me contesta que no, que sus manos sobre el piano son como pasos de elefante.

Esta es la gracia de la piedad. Que sea verdad o mentira ese comentario a mi post me consuela. Si es verdad porque la envidia se me apacigua. Si es mentira porque me siento objeto de la piedad y me quedo reconfortado.

Creo estar seguro

El improbable lector se habrá dado cuenta de que estoy aterrorizado por la decadencia neurológica. Por ejemplo, no tengo forma de entender la siguiente expresión del lenguaje natural: “creo estar seguro”. No creo que tenga equivalente en otros idiomas de los que me suenan y me pregunto desesperado: ¿que c… quiere decir “creo estar seguro”? Es aterrorizador. Help!

El poder y la arbitrariedad

Comienzo con una cita que me impactó. Decí­a Josep Ramoneda en su columna de El Paí­s del jueves 17 de este mes que:

Desde el libro de Job- probablemente el mejor trabajo sobre el poder que se haya escrito nunca- sabemos a qué atenernos. El poderoso funda su poder en la arbitrariedad.

Aparte de releer el libro de Job cuando me sentí­a perseguido por el poder y de retenerlo siempre a mano en mi mesilla de noche, no he podido evitar recordar cómo hace muchos años Salvador Timpanaro me hizo ver qé en la pelí­cula de Glauber Rocha, Dios y el Diablo en la tierra del Sol, el signo distintivo de Dios era su crueldad pues nadie que no sea divino puede negar su ayuda a un hombre desvalido. Y también he recordado al leer a Ramoneda que, desde hace más de treinta años, pienso que el atractivo de ETA para cierta juventud está en la arbitrariedad de quienes les mandan. Si éstos fueran previsibles ya no serí­a todopoderosos y, en consecuencia, ya no serí­an dignos de ser seguidos con los ojos cerrados.

¿ Cómo oponerse al poder arbitrario? No sé cómo oponerse a Dios ni confí­o mucho en recetas sobre cómo oponerse a ETA con éxito. Pero cabe plantearse problemas más sencillos aunque importantes. Por ejemplo cabe preguntarse cómo oponerse a la arbitrariedad de gobernantes democráticos que sin embargo saben cómo explotar la pulsión a la obediencia ciega que explica la ausencia de rebelión.

Si la arbitrariedad se refiere a asuntos corrientes de la administración de las cosas, yo sigo teniendo fe en la inteligencia y el buen hacer. Pero cuando la arbitrariedad gravita sobre asuntos serios y profundos me parece que no cabe sino una mayor arbitrariedad que ponga en duda la omnipotencia de quien hasta entonces parecí­a tocado por la mano de la Providencia.

Parecerí­a que estas reflexiones nada tienen que ver con la economí­a; pero que sí­ tienen que ver deviene obvio en cuanto distinguimos entre polí­ticas e instituciones. Las distinciones siempre empujan el pensamiento a no ser que se convierta ellas mismas en arbitrarias.

Respecto a polí­ticas, en nuestro caso económicas, no cabe duda de que ni el más arbitrario de los gobernantes puede sustituir al uso inteligente del poder por parte de las autoridades económicas. Hay como una especie de lí­mite a la arbitrariedad, un lí­mite que se pone de manifiesto en la insistencia con que se anuncia que ya no hay diferencias entre la izquierda y la derecha en estas materias aunque pueda haber discrepancias en cuanto a matices cuantitativos o sobre calendarios de aplicación.

La cosa se complica si hablamos de instituciones. Esto ya es más serio y por eso mismo las diferencias más virulentas. En esta materia el poder ha de ser arbitrario pues de lo contrario se convierte en previsible y todo poder previsible será capturado antes o después por los partidarios de otra arbitrariedad que les sea más favorable. De ahí­ que la estabilidad del poder no esté nunca clara. O casi nunca pues hay que hacer otra distinción dentro del ramo de las instituciones. Solo las instituciones que sean evolucionariamente estables no tienen el peligro inmediato, o en un horizonte perceptible, de ser capturadas por quienes se sienten perjudicados. Y ello por definición de equilibrio evolucionariamente estable. En consecuencia no necesitan ser arbitrarias aunque puedan ser utilizadas así­ por los aprovechados pervertidores.

Las instituciones de diseño por el contrario no participan, por definición, de esa caracterí­stica y por lo tanto deben ser sostenidas por la arbitrariedad que muy a menudo se justifica por la necesidad del orden y da alas a la crueldad.

Las dos distinciones que he utilizado no pueden ser del todo tajantes y cualquiera podrí­a ponerme ejemplos de polí­ticas económicas permanentemente arbitrarias o de instituciones que hubiéramos creí­do evolutivamente estables y que, sin embargo, acaban disolviéndose en otra que puede parecer de diseño aunque pueda llegar a ser la nueva situación estable evolutivamente hablando.

Sí­, es posible que, como siempre, las ideas no puedan ser a prueba de excepciones en alguna dirección; pero las expuestas hasta aquí­ pueden ser no solo provocadoras sino también pervertidoras de certezas inadecuadas. Sirven por ejemplo para preguntarnos de una manera un poco más radical de la habitual por esa institución de diseño, el Banco Central, de la que nos hemos dotado pensando que es solo asunto de polí­tica económica y que basta con la inteligencia para tener que aceptarla. Basta con una crisis como la actual para que se abra la espita de la crí­tica y se ponga en duda precisamente su esencia misma, el mantenimiento de su mandato contra viento y marea. Acabamos de ver cómo esto no ha ocurrido así­, cómo por lo tanto se ha actuado con arbitrariedad y cómo, finalmente, el supuesto pilar de la estabilidad macroeconómica puede ser capturado o destruido y nadie sabe cual serí­a la peor de estas posibilidades alternativas.

Creo que estas opiniones impresioní­sticas justifican la idea de que serí­a mejor dejar la polí­tica monetaria, no ya al mercado como querrí­a un liberal austrí­aco, sino a la arbitrariedad de quien tiene que dirigir la polí­tica económica porque pare ello ha sido elegido.

Me temo que estoy desvariando. Mejor me paro aquí­.

Las manos de Jesús

¿De quién son las manos del pianista que aparece en el blog de Jesús Zamora interpretendo un impromptu de Schubert? A mi me parecen las manos de Jesús y, además, creo reconocer los puños de la camisa y las mangas del jersey como algo familiar. La envidia casi me ahoga;pero me sobrepongo para felicitarle. No solo es un sabio en general y una de las personas de mente más rápida que yo haya tratado nunca, sino que toca el piano. Espero que alguien mediga o que no es él o que no lo hace tan bien. Vana esperanza, me temo.

El prometedor aislamiento de Zapatero

Después de las elecciones italianas se podrí­a pensar que el nuevo Gobierno de Zapatero se ha quedado aislado, como supuesto gobierno progresistas, entre todos los gobiernos conservadores europeos.

Aunque no recuerdo dónde, creo haber leí­do esto en algún periódico antizapateril que lo resaltaba para afearle sus proclividades raras. Y digo raras porque ya no se distinguen muy bien la derecha de la izquierda más allá de las diferencias que se perciben a simple vista.

Pero es justamente el aislamiento de Zapatero lo que nos puede aclarar el porvenir de esa sensibilidad a la que apuntan las “rarezas” supuestas de su Gobierno.

El Presidente de nuestro Gobierno se puede convertir, en efecto, en un referente o adalid europeo (ya veremos de qué) reuniendo a su alrededor toda la “izquierda europea” lo que impactará en la calidad y la homogeneidad de la “izquierda española”.

Es bien cierto que la “derecha europea” es más numerosa que la “izquierda europea”, pero como está en el poder en todos los paí­ses que importan de verdad en la Europa continental y estos compiten entre sí­ de mil maneras, no hay posibilidad de que esa masa europea se una frente a la sensibilidad que se destila de la forma de hacer las cosas en España por parte del Gobierno. De ahí­ que Zapatero vaya a acabar siendo más ahormador de lo que llegue a ser la Izquierda que ningún otro lí­der europeo.

Y ¿qué será esa izquierda? Una vez que la lucha de clases ha dejado de ser un signo distintivo de la izquierda y una vez que los partidos comunistas han desaparecido, menos en Rusia donde son los conservadores de hoy, la distinción que movilizará a unas y otras clases de las de antes será más bien, creo yo, la eliminación de rentas. Se discutirá polí­ticamente entre todos los que tienen algo que perder por un lado y aquellos otros que, por otro lado, solo tienen algo que ganar si se levantan todas las barreras a la igualdad de oportunidades. Pensemos por ejemplo en las mujeres.

Y estas clases ávidas de oportunidades serán más numerosas que las que defienden sus rentas, siempre que no ocurra lo que ya apunta en Italia, que el estado desaperece ante los intereses corporativos de las diversas tribus de aprovechados.

Magnífico primer párrafo

He aquí­ un magnifico primer párrafo:”2 de novienbre. He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así­” Es de Los Espí­as Salvajes de Roberto Bolaño.

.

J.M.Lasalle

Estas son algunas de las frases de este intelectual del PP, asociado a la cúpula de la Fundación FAES, escribí­a ayer en El Paí­s y que pretenden caracterizar la derecha que no desea.

…anteponer la la independencia de la persona frente a las intromisiones de aquellos que practican la arbitrariedad, la intolerancia, la intransigencia y la ortodoxia….

si…….el lberalismo podrí­a convertirse en una ideologí­a excluyente,trasnochada y anticuada…

Estas frases tratan de caracterizar lo que es el pensamiento neocon y son muy eficaces en comunicar la sensación de opresión que algunos hemos sentido en el pecho durante algunos años.

Estos dí­as que vamos a conmemorar mayo del 68 a pesar de todos los pesares, parecen adecuados para reflexionar sobre la fugaz-gracias a Dios- deriva neocon que sin embargo tiene raices duras y siempre estará ahí­ acechando.

Para vislumbrar por donde van a ir las cosas que preocupan a los neocons, les recomiendo que, impulsados por las frases de J.M. Lasalle, lean con cuidado un reciente post de Ugarte

La dama y el mar

No sé cómo se llamaba el original de Ibsen y no tengo ganas de mirarlo en Google. Sí­ sé, sin embargo, que Bob Wilson encargó a Susan Sontag que reformara el texto para montar un espectáculo, la Dama y el Mar, que puede dsifrutarse en El Matadero, un espacio al que acudo cada vez más a menudo y especialmente cuando quiero olvidar que estoy en esta dura estepa y desearí­a imaginar que estoy en New York.

Si además, uno acude a ese espectáculo con amigos y entre ellos se encuentra el padre del ayudante de dirección de Wilson, Pablo Viar, pues mejor que mejor. Por un instante siento que mis amigos son el centro del mundo y me regocijo de estar entre ellos y de contar con ellos. Como se debieron sentir los surrealistas alrededor de Aragon y compañí­a.

Pero esas no son las razones para acudir a ver esta obra de Wilson (?), de Sontag (?), de Ibsen (?). Yo dirí­a que es del tejano porque la gracia no está en el texto ad-hoc ni en el original. La gracia está en el uso que de la luz y del sonido hace este director de escena que ya me ha asombrado otras veces.

En efecto, el sonido y la luz pueden constituir la esencia de un espectáculo tetral. Comienza con el distanciamiento tí­pico del expresionismo con los focos en la cara y el resto en sombras chinescas y con un uso distorsionado de la palabra. Y acaba de manera casi naturalista en la voz y en elsonido subrayando la resiganción indigna de la dama que se limita a acariciar en su imaginación el asesinato de su marido carcelero.

Hay verdaderos momentos de ambigí¼edad calculada que nos dieron mucha conversación luego cenando en el Hontoria, una especie de Cafe des Artists a a la madrileña. Si la libertad puede ser otorgada o debe ser conquistada es, creo yo, el verdadero motivo de la obra y una apasionante pregunta que aplica especialmente a las mujeres que, me atreverí­a a decir, salieron un poquito transformadas de esa sala del Matadero en cuyos alredeores siempre tengo la tentación de pernoctar después de la función, como si esperara que algo me acunara en estos tiempos de madurez excesiva o de vejez prematura.

Pero esta nostalgia de otras épocas o de otras ciudades no puede reprimir en mí­ el odio a los derechos de propiedad intelectual, un problema este que se pone de manifiesto de manera obvia en este espectáculo que no se sabe a quien se debe.

Me imagino a Ibsen, Sontag y Wilson cenando juntos en un mundo de fantasí­a e inercambiando palabras, ruidos y luces. Me los imagino felices y sin problemas de Copyright. Me gustarí­a cenar con ellos un dí­a de estos