Dos bofetadas

Soy el producto psí­quico de dos bofetadas. Una que dí­ y otra que recibí­.

A los 9 años, y habiendo sido dejado como responsable del orden de una clase mientras el curita cuidador se ausentaba momentáneamente, llevé mi celo hasta a tal punto que solté una bofetada a mi compañero Muñiz por haber hablado contra mis órdenes.

A los 13 años, y gracias a mis dotes de velocista, me permití­a asiduamente reservar una porterí­a de futbol mediante el procedimiento de tocar el larguero antes de que lo hiciera cualquier otro. Habiéndolo hecho como cualquier otro dí­a fuí­ despojado de mi derecho de uso por Echart, un tipo grande bastante mayor que yo que acompañó su robo con una bofetada majestuosa.

La bofetada que propiné a Muñiz me llevó a odiarme a mí­ mismo o, mejor dicho, al nazi autoritario que hay en mí­, y le busco incansablemente para pedirle perdón. La de Echart me genera el asqueroso rencor de la ví­ctima y me lleva a no poder perdonar y a jurar venganza.

Me disgustan el autoritarismo y la crueldad, pero lo que odio de verdad como resultado de estas dos bofetadas es el poder del tipo que sea.

Sí­, lo que odio es el poder. Y lo que echo en falta es un buen intercambio de golpes sin razón aparente como el que tuve el placer de compartir con Manolo Lezón allí­ por mis siete años. Dolí­an los golpes; pero por cada uno de ellos se ataba un nuevo nudo de amistad.

Energía orgasmática

Leo en todas partes que corriendo un poquití­n con una rodillera especial se genera electricidad suficiente como para recargar el móvil.Es imposible que haya alguien que no haya pensado en aparatos similares que, convenientemente adaptados, podrí­an generar la suficiente electricidad como para iluminar la escena en la que se practica el acto que genera la energí­a.Un aparato así­ tendrí­a unos efectos colaterales curiosos. Se podrí­a medir la intensidad de la descarga y esta no podrí­a imitarse o fingirse.
Pensándolo bien igual no es tan buena idea.

Luis de Góngora y Argote

Don Luis de Góngora y Argote era el tema de literatura que me tocó en el preuniversitario en una época remota en que habí­a que ir a examinarse a Valladolid pues no habí­a universidad en el Paí­s Vasco.

Me tuve que tragar El Polifemo y supongo que La Galatea, aunque no la recuerdo. Lo que sí­ recuerdo son los nombres de algunos de los poemas de este culterano cuya lista habí­a que saber de memoria:

Amarrado al duro banco
Entre los sueltos caballos
Serví­a en Orán al Rey

Resulta que suenan como si formaran parte de un precioso terceto. Y lo curioso es que reflejan la vidad que llevo en esta trabajo que me he marcado relacionado con los neutrones.

Estoy, sin duda, amarrado a un duro banco luchando con competidores duros. No tengo ni idea quienes son los sueltos caballos aunque podrí­an ser estos competidores. Y, desde luego, ignoro tanto donde está hoy ese Orán del poema como quién es el Rey al que sirvo.

¿Cómo frenar la memoria?

La pluriarquía

Lo casi último de david de Ugarte ha de entenderse en un contexto propio de la teorí­a de redes al presentarse justamente como una propiedad de un cierto tipo de redes. Sin negar esta lectura me parece que tiene cierto interés su posible relación con el concepto de poliarquí­a que usaba yo por enésima vez hace un par de dí­as al referirme a la organización o arquitectura en paralelo de un sisteme cualquiera

Este concepto se remonta a un antiguo artí­culo de Sah y Stiglitz que he utilzado un montón de veces, la última muy recientemente y la anteúltima en el prólogo a El poder de las Redes. En ese artí­culo, y junto a la idea de poliarquí­a, aparece el de jeraquí­a, equivalente a la organización de los filtros en baterí­a y podrí­a añadirse el de monarquí­a como una jaraquí­a colapsada en un único filtro que hace y deshace.

Me ha parecido una afortunada coincidencia que estos dos posts hayan salido casi simultáneamente aunque el mí­o no se referí­a a las redes en particular. Me parece afortunada porque mi post refuerza la sensación que transmite David de que la agenda del sigl XXI va a cambiar radicalmente.

Eso es lo que yo creo y espero que El Capitalismo que Viene lo haga evidente en lo que se refiere al aspecto económico. En esta evolución del capitalismo no hay lugar para las rentas y me da el pálpito de que la pluriarquí­a también las elimina aunque David no examina este punto

Bardem

Menos mal que ayer no aceptaron la porra que propuse a propósito del Oscar a Javier Bardem. Me hubiera jugado una mano a que no se lo darí­an por las razones que se seguí­an del post de ayer. Grandes dotes proféticas las mí­as.

El caballo de Loretta

Dentro de unas horas se celebrará la ceremonia de la entrega de los oscar concedidos por los miembros de la Academia estadounidensa de cine.

No he seguido las nominaciones; pero no he podido librarme de la propaganda alrededor de Javier Bardem candidato, parece que serio, al oscar al mejor actor de reparto por su papel de asesino en No land for old Men de los hermanos Coen y basada en la novel del gran Corman McCarthy.

Claro que merece la pena ver esta peli como cualquier otra en la que intervenga uno u otro de estos hermanos o ambos simultáneamente. Les gusta el cine y se nota. Dejando a parte los aspectos artesanales que los americanos bordan, desde la fotografí­a al sonido pasando por la iluminación o la música, se supone que estos dos hermanos, hijos de un profesor de la Universida de Minnesota, son unos maestros del guión y del montaje, así­ como del casting.

Pues bien, ninguno de estos aspectos es perfecto en esta última de sus pelí­culas por mucho que hayan querido ser fieles al autor de la novela que tampoco es perfecta.

Volviendo a Javier Bardem su personaje es extremadamente simple de bordar como es cualquier papel estereotipado, lo que no quiere decir que el personaje no sea un hallazgo. De McCarthy naturalmente. Pero es que en la novela no hay que verle y podemos evitarnos el pelucón ridí­culo con que le adornan.

Todos sus méritos son de guión. El jugarse a cara o cruz el matar o perdonar la vida o el cumplir con la palabra dada aunque ésta sea una amenaza, son hallazgos indudables que, sin embargo, nada tienen que ver con la actuación de Bardem quien, por otro lado, ocupa casi constantemente la pantalla de forma que, de ser nominado, debiera haberlo sido a la categorí­a de actor principal. Pero ahí­ manda la estrategia de la producción.

Pero el guión es peor que otros de los hermanos Coen a pesar de contar cona una buení­sima base. El perdedor avaricioso que interpreta el actor principal queda difuminado y, lástima, el sheriff, verdadero protagonista de esa reflexión sobre el mundo que la novela quiere ser, se queda como una figura desangelada que, apesar de ello, está interpretada primorosamente por el gran Tommy Lee Jones.

Y alrededor de esa figura realmente mí­tica del hombre bueno que tira la toalla, los hermanos se quedan cortos. Todas las sutiles facetas que la componen pasan desapercibidas de manera que los elmentos que las componen parecen sobrar. Eso es lo que ocurre con el caballo de Loretta que, sin justificación aparente, es llevado en su furgón por el sheriff a la escena de la matanza inicial par justificar un paseillo que permita mostrar la desolación de esas tierras baldí­as que nos sobrecogen y para sugerir la figura de la compañera resignada que acumula toda la fuerza de América.

Lo mejor que he visto últimamente, pero no suficientemente admirable. Y en cuanto a Bardem, le prefiero cuando compone su racial figura en casa.

Microsoft

¿Qué ha pasado con Microsoft? Es dificil de creer que el gigante abra su código aunque no sea de una manera total. Tampoco es creí­ble que lo haga por las presiones de la U.E. . Prefiero pensar que, por fin, ha entendido la lógica de la abundancia propia del mundo en red (distribuida). Las aplicaciones que otros desarrollen a partir de sus códigos, hasta ahora secretos, no solo les expoleará, sino que les llevará a adquirir una reputación de inteligentes solucionadores que acabará reportándoles múltiples ventajas. Y todos los usuarios estaremos mucho mejor una vez eliminadas las rentas que habí­a acumulado.

Mis hermanos italianos

Mi relación personal con la Internacional Situacionista (IS) es muy tenue. En mis años mozos pasé un verano en Oxford antes de ir a los USA para mi doctorado. Mr Elliot, un impresionante gentleman aburrido me enseñó casi todo el inglés que sé; pero lo que recuerdo tenuamente, pero con interés, es a un jóven tutor que no me enseñó nada de inglés pero me inició en su manera situacionista de ver la vida, una visión, más o menos relacionada con nombres italianos, que me sedujo, pero que pronto abandoné por la del 68, previo paso por la filosofí­a analí­tica que estudiaba a hurtadillas en Blackwells, esa librerí­a mí­tica en la que se deleita Alex de la Iglesia (un italiano de Bilbao) en su última pelí­cula.

Claro que más tarde leí­ la Sociedad del Espéctáculo de Debord sobre la que incluso creo haber escrito en algún lado que no recuerdo un pequeño comentario. Pero aparte de esto no me preocupé nunca más de la IS. Hasta hace unos dí­as.

Ahora estoy hojeando, una vez leí­da la contraportada, un librito (Los situacionistas, Acuarela y A.Machado) de Mario Perniola al respecto escrito en el 72, pero que me llega ahora, 10 años después de que coincidiera con él en los cursos de verano de El Escorial, organizados por Jorge Lozano con la ayuda de Amelia Osma.

Lo que ahora creo descubrir en eso que estaba en el ambiente en mi verdadera juventud, allí­ por el principio de los 60, es algo que nunca ha dejado, no ya de interesarme, sino realmente de inspirarme. Se trata del rechazo radical del poder.

Después de leer a Perniola, en este año comemorativo del mayo aquel del 68 que tanto se nos reprocha ahora, una vez muerta la nueva economí­ ­a con la explosión de la burbuja punto com y entendida finalmente la potencia de la blogosfera y, en general, de las nuevas tecnologí­ ­as, es de agradecer que alguien que ha vivido esa época que alumbró el posmodernismo con ayuda de un poco de French Theory, nos entregue un trabajo en el 2004 que nos ayuda a entender la capacidad revolucionaria de esta época de una manera más simple que la que usan Hurdt y Negri en su Imperio. Me refiero a Sabios, Comerciantes y Guerreros ( Acuarela y A. Machado) escrito por Franco Berardi (Bifo), un sobreviviente de potere operaio

No he tenido más remedio, en este caso, que ir más allá de la contraportada aunque me he limitado a leer la última parte en la que, entre otras cosas, me he encontrado con un canto a la fraternidad que ha redimido a mis ojos ese capí­ ­tulo de El Capitalismo que Viene que tanto disgusta a Natalia.

Aunque con matices que responden a diferentes historias personales , entre Bifo y yo hay una secreta fraternidad que nos hace ver la enorme potencia de un capitalismo en el que triunfa la competencia de verdad. Estoy encantado de intentar ir más lejos que mi hermano mayor en mi explicación minuciosa de cómo es este capitalismo propio de la sociedad del conocimiento, ciértamente global y que hace uso intensivo de las nuevas tecnologí­as, puede ser el que libere a los sabios de su exclavización por parte de los comerciantes que no quieren entender y de los guerreros que quieren imponer la fuerza, sin darme cuenta de que ese Capitalismo que Viene es mi explicación a mi rechazo intuitivo del poder, de todo poder incluí­do, claro está, el operaio.

El resto del libro se lo dejo a Michele Boldrin, otro hermano italiano, menor en este caso, que va integrando su pensamiento en su teorí­a económica y ésta en su vida como mejor puede sin dejar de recordar su pasado con sentimientos muy encontrados.

Es que estos italianos están muy bien. Créanme. Son como hermanos y esto es siempre algo aunque se acabe como los hijos de King Lear.

Bipartidismo

Vi el debate de anoche y me di cuenta del peligro del bipartidismo con el que a veces se nos amenaza so capa del exceso de poder del nacionalismo periférico. No soy partidario. Si los dos partidos discreparan nos ahogarí­amos en el aburrimiento o la crispación. Si estuvieran de acuerdo se quedarí­an el santo y la limosna y nos dejarí­an desnudos de todo y especialmente de ideas.

Salgo vivo

No he podido convertirme en un cyborg. Me han hecho el cateterismo y, al encontrar que no estoy tan mal como se temí­an, me mandan a casa sin ponerme un muellecito en una coronaria. Sigo siendo solo de carne y hueso. Otra vez será