Canal miniposts

Juan Urrutia: Leo en todas partes que corriendo un poquitín con una rodillera especial se genera electricidad suficiente como para recargar el móvil.Es imposible que haya alguien que no haya pensado en aparatos similares que, convenientemente adaptados, podrían generar la suficiente electricidad como para iluminar la escena en la que se practica el acto que genera la energía.Un aparato así tendría unos efectos colaterales curiosos. Se podría medir la intensidad de la descarga y esta no podría imitarse o fingirse. Pensándolo bien igual no es tan buena idea. (0 comentarios)
Pere Quintana: Me gusta FriendFeed porqué no sólo permite agregar el contenido propio en un lifestream, si no también el de los demás, creo que es perfecto para aquellos que quieren apuntarse a la RMD pero no tienen blog. (0 comentarios)
David de Ugarte: ¿Conocen la increble historia del eurodiputado Ignaci Guardians? Como Timothy Garton Ash difícilmente puede ser tachado de anarquista, paranoide o exagerado. Su historia habla por si mismo. Y la conclusión es obvia, el estado se está haciendo trampas en el solitario. Y la partida la perdemos todos pues se vuelve cada vez menos democrático y cada vez más disciplinario. (0 comentarios)

Dos bofetadas

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 11:53 am el Viernes, Febrero 29, 2008

Soy el producto psíquico de dos bofetadas. Una que dí y otra que recibí.

A los 9 años, y habiendo sido dejado como responsable del orden de una clase mientras el curita cuidador se ausentaba momentáneamente, llevé mi celo hasta a tal punto que solté una bofetada a mi compañero Muñiz por haber hablado contra mis órdenes.

A los 13 años, y gracias a mis dotes de velocista, me permitía asiduamente reservar una portería de futbol mediante el procedimiento de tocar el larguero antes de que lo hiciera cualquier otro. Habiéndolo hecho como cualquier otro día fuí despojado de mi derecho de uso por Echart, un tipo grande bastante mayor que yo que acompañó su robo con una bofetada majestuosa.

La bofetada que propiné a Muñiz me llevó a odiarme a mí mismo o, mejor dicho, al nazi autoritario que hay en mí, y le busco incansablemente para pedirle perdón. La de Echart me genera el asqueroso rencor de la víctima y me lleva a no poder perdonar y a jurar venganza.

Me disgustan el autoritarismo y la crueldad, pero lo que odio de verdad como resultado de estas dos bofetadas es el poder del tipo que sea.

Sí, lo que odio es el poder. Y lo que echo en falta es un buen intercambio de golpes sin razón aparente como el que tuve el placer de compartir con Manolo Lezón allí por mis siete años. Dolían los golpes; pero por cada uno de ellos se ataba un nuevo nudo de amistad.

Luis de Góngora y Argote

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 7:00 am el Miércoles, Febrero 27, 2008

Don Luis de Góngora y Argote era el tema de literatura que me tocó en el preuniversitario en una época remota en que había que ir a examinarse a Valladolid pues no había universidad en el País Vasco.

Me tuve que tragar El Polifemo y supongo que La Galatea, aunque no la recuerdo. Lo que sí recuerdo son los nombres de algunos de los poemas de este culterano cuya lista había que saber de memoria:

Amarrado al duro banco
Entre los sueltos caballos
Servía en Orán al Rey

Resulta que suenan como si formaran parte de un precioso terceto. Y lo curioso es que reflejan la vidad que llevo en esta trabajo que me he marcado relacionado con los neutrones.

Estoy, sin duda, amarrado a un duro banco luchando con competidores duros. No tengo ni idea quienes son los sueltos caballos aunque podrían ser estos competidores. Y, desde luego, ignoro tanto donde está hoy ese Orán del poema como quién es el Rey al que sirvo.

¿Cómo frenar la memoria?

La pluriarquía

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 8:57 am el Martes, Febrero 26, 2008

Lo casi último de david de Ugarte ha de entenderse en un contexto propio de la teoría de redes al presentarse justamente como una propiedad de un cierto tipo de redes. Sin negar esta lectura me parece que tiene cierto interés su posible relación con el concepto de poliarquía que usaba yo por enésima vez hace un par de días al referirme a la organización o arquitectura en paralelo de un sisteme cualquiera

Este concepto se remonta a un antiguo artículo de Sah y Stiglitz que he utilzado un montón de veces, la última muy recientemente y la anteúltima en el prólogo a El poder de las Redes. En ese artículo, y junto a la idea de poliarquía, aparece el de jeraquía, equivalente a la organización de los filtros en batería y podría añadirse el de monarquía como una jaraquía colapsada en un único filtro que hace y deshace.

Me ha parecido una afortunada coincidencia que estos dos posts hayan salido casi simultáneamente aunque el mío no se refería a las redes en particular. Me parece afortunada porque mi post refuerza la sensación que transmite David de que la agenda del sigl XXI va a cambiar radicalmente.

Eso es lo que yo creo y espero que El Capitalismo que Viene lo haga evidente en lo que se refiere al aspecto económico. En esta evolución del capitalismo no hay lugar para las rentas y me da el pálpito de que la pluriarquía también las elimina aunque David no examina este punto

El caballo de Loretta

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 11:20 am el Domingo, Febrero 24, 2008

Dentro de unas horas se celebrará la ceremonia de la entrega de los oscar concedidos por los miembros de la Academia estadounidensa de cine.

No he seguido las nominaciones; pero no he podido librarme de la propaganda alrededor de Javier Bardem candidato, parece que serio, al oscar al mejor actor de reparto por su papel de asesino en No land for old Men de los hermanos Coen y basada en la novel del gran Corman McCarthy.

Claro que merece la pena ver esta peli como cualquier otra en la que intervenga uno u otro de estos hermanos o ambos simultáneamente. Les gusta el cine y se nota. Dejando a parte los aspectos artesanales que los americanos bordan, desde la fotografía al sonido pasando por la iluminación o la música, se supone que estos dos hermanos, hijos de un profesor de la Universida de Minnesota, son unos maestros del guión y del montaje, así como del casting.

Pues bien, ninguno de estos aspectos es perfecto en esta última de sus películas por mucho que hayan querido ser fieles al autor de la novela que tampoco es perfecta.

Volviendo a Javier Bardem su personaje es extremadamente simple de bordar como es cualquier papel estereotipado, lo que no quiere decir que el personaje no sea un hallazgo. De McCarthy naturalmente. Pero es que en la novela no hay que verle y podemos evitarnos el pelucón ridículo con que le adornan.

Todos sus méritos son de guión. El jugarse a cara o cruz el matar o perdonar la vida o el cumplir con la palabra dada aunque ésta sea una amenaza, son hallazgos indudables que, sin embargo, nada tienen que ver con la actuación de Bardem quien, por otro lado, ocupa casi constantemente la pantalla de forma que, de ser nominado, debiera haberlo sido a la categoría de actor principal. Pero ahí manda la estrategia de la producción.

Pero el guión es peor que otros de los hermanos Coen a pesar de contar cona una buenísima base. El perdedor avaricioso que interpreta el actor principal queda difuminado y, lástima, el sheriff, verdadero protagonista de esa reflexión sobre el mundo que la novela quiere ser, se queda como una figura desangelada que, apesar de ello, está interpretada primorosamente por el gran Tommy Lee Jones.

Y alrededor de esa figura realmente mítica del hombre bueno que tira la toalla, los hermanos se quedan cortos. Todas las sutiles facetas que la componen pasan desapercibidas de manera que los elmentos que las componen parecen sobrar. Eso es lo que ocurre con el caballo de Loretta que, sin justificación aparente, es llevado en su furgón por el sheriff a la escena de la matanza inicial par justificar un paseillo que permita mostrar la desolación de esas tierras baldías que nos sobrecogen y para sugerir la figura de la compañera resignada que acumula toda la fuerza de América.

Lo mejor que he visto últimamente, pero no suficientemente admirable. Y en cuanto a Bardem, le prefiero cuando compone su racial figura en casa.

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