Nostalgia de la juventud

En breve, me asegura Juan Carlos Garcí­a Bermejo, aparecerá el volumende la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofí­a dedicado a la metodologí­a económica y en el que aparece una rtí­culo mí­o sobre Reflexividad al que tengo especial simpatí­a, un tema que estos dí­as de turbulencias aparece como especialmente relevante debido al papel que están jugando las espectativas, esas sirenas que explican cómo y porqué el futuro influye en el presente en este mundo de la economí­a.

Tampoco debe de tardar mucho en aparecer un volumen más pomposo de los Pozanam Papers que recoge mi contribución sobre leciones a derivar de la economí­a a efectos de iluminar algunos aspectos poco tratados en filosofí­a de la economí­a.

Y ahora resulta que, además, en un solo dí­a, como empaquetados en un momento corto de tiempo, me anuncian la aparición casi simultánea de otros tres artí­culos mí­os. Transatlántica de Educación y Polí­tica Exterior sacan dos piecitas, una cada una, sobre grandes instalaciones cientí­ficas y Cuadernos de Economí­a un tercer artí­culo sobre el papel de las grandes empresas en la innovación.

A diferencia de los dos primeros artí­culos mencionados, estos tres últimos son trabajos menores que no van a mejorara mi c.v; pero son tan mí­os como los otros y por eso contribuyen a una discreta euforia.

A esta edad, estar jugando con cinco publicaciones, más o menos vulgares, es como si me hubiera echado novia. Me siento como ese personaje viejo de Diary of a bad year, ese maravilloso libro de Coetze que mágicamente leemos simultáneamente mi hijo Rafa y yo, un escritor que no sabe explicarse el difuso deseo por la jóven, sencilla e irresistible vecina que le ayuda con su trabajo.

Terrible frase

La Justicia tiene sus contradicciones que nos escandalizan a menudo. La asimetrí­a entre Botí­n y Atutxa o la reclamación de daños por parte del que atropelló y mató a un jóven aunque no fuera culpable son dos casos recientes de esas contradicciones. Pero a veces nos parece que actúa como los vengadores reestableciendo el honor y golpeando a los que la quisieron manipular. Este es el caso el caso de las sedaciones del hospital de Leganés. Nada habí­a ahí­ de punible; pero se jugó con el honor y la profesionalidad de algunos médicos con consecuencias nocivas para la sanidad pública. La Presidenta de la Comunidad de Madrid reconoce el error, pero añade una coletilla terrorí­fica: “un error es reversible, una muerte no”. O el liberalismo tiene sus fisuras o esta señora no es liberal.

Juaristi y Ugarte

Jon Juaristi y David de Ugarte son dos personas notablemente inteligentes y muy eruditas que, curiosamente y por caminos raros que no vienen a cuento ahora, se cruzan en mi vida aunque no se conocen personalmente entre ellos.

El primero es poeta y ensayista de éxito y acaba de escribir su primera(?) novela siguiendo de cerca a unas tempranas Memorias. Es, además, catedrático de filologí­a hispánica y ha sido servidor del Estado en el ámbito cultural. El segundo no; pero es leí­do diariamente por una cantidad ingente de asiduos a la red y es un publicista rebelde y testarudo que acaba de publicar El Poder de las Redes con un prólogo mí­o.

La posmodernidad indefinida del segundo y la modernidad sobredefinida del primero se enfrentan ante mis ojos a menudo en la red, en el periódico diario, en la radio y en sus publicaciones de diferentes tipos.

¿Frente a frente? Juzguen ustedes mismos leyendo uno de los ultimos posts de David, uno de esos que va acumulando para conformar, dentro de poco tiempo, otro libro. Ugarte escribe un brillante y apretado post sobre Juaristi como parte de su nuevo proyecto ensayí­stico sobre las naciones o el sionismo digital.

Creo que este ensayo merecerí­a ser comentado con cuidado para contestar a la pregunta de si podemos considerarles enfrentados a Juaristi y Ugarte o les une soterradas ligazones. Sin embargo este examen nos llevarí­a al análisis de la obra de Juaristi algo que me sobrepasa a pesar de que hace poco glosé uno de sus recuadros dominicales en el ABC y de que hace tiempo lo comparé con Mirowski. Dejo, por lo tanto, esa labor para otro dí­a y paso a otra tarea menos docta pero más adecuada para mí­ que no tengo nada de erudito.

Me parece fascinante la breve historia paralela de estos dos personajes. Ambos son vascos traidores en el mejor sentido de la palabra, aquel que enfatiza que solo a través de la traición se mantiene la identidad que de lo contrario o sin esos traidores serí­a fragí­l, tal como comentaba hace poco en un post muy valorado por Ugarte.

Este último se siente africano y aprecia los gestos árabes y ciertas manifestaciones del Islamismo aunque no se haya convertido a esa religión (como hizo en su dí­a otro amigo común que tengo con Jon, Enrique Ojembarrena) ni a ninguna otra pero que, sin embargo, es un defensor inteligente de Ratzinger. Jon Juaristi, se ha convertido al judaismo y, de vez en cuando, nos deja saber que se siente vasco en algún sentido más bien sentimental.

Por caminos distintos uno y otro remontan su estirpe al liberalismo vasco que, aunque parezca mentira, existe. Uno por la ví­a guerrera hasta llegar a militares liberales donostiarras que acaban en Ceuta. El otro por la ví­a, más familiar para mí­, de los bilbainos, comerciantes de la villa que mantienen la paz en la guerra y cantan bajito el himno de los auxiliares ( defensores voluntarios de Bilbao frente a los carlistas que lo sitiaban) el 2 de mayo.

Mi relación con Jon no es asidua aunque algunos de sus libros reposan en mi mesilla de noche y he escrito sobre él las dos o tres veces ya mencionadas, ensalzando en una su elogio de la traición. Con David tengo una relación mucho más cercana como verá cualquiera que ojee este blog de vez en cuando y él ha sido mi modelo para reflexionar sobre el hacker como personaje representativo de nuestro tiempo.

Los dos han coqueteado con una u otra revolución y ahora subliman como pueden. Como todos. Estoy contento de conocer a ambos.

El error del guerrero

Leo en El Paí­s que Michael Ignatieff, polí­tico canadiense, intelectual autor del Honor del Guerrero y partidario de le guerra de Irak y del “mal menor” en el caso de las torturas, reconoce su error debido a mala información. Recuerdo la presentación de su libro en el Circulo de Bellas Artes hace unos años y las palabras de quienes lo presenaron. El ha reconocido su error en público, quienes le jaleaban, no. Serí­a bueno que aprendiéramos que nunca sabemos lo suficiente como para ir a la guerra.

Liderazgo y sentido común

Hay ocasiones en las que uno cree haber encontrado un hermano en un sitio insospechado y esto me ocurrió a mí­ el miércoles 23 viajando a Bruselas para asistir a nuestro Paneuropean Meeting on ESS. Leí­a El Paí­s y topé con una columna de Javier Pradera que llevaba el tí­tulo qur he puesto a este post.

Quise detectar un aire de familia entre Pradera y yo cuando Javier atacaba a Rajoy por servirse de esas dos expresiones hoy tan abusadas y simultáneamente por la falta de ambas que evidencia el desarrollo del affaire Gallardón.

Con independencia de la intención de la columna de Pradera, de repente sentí­ como si alguien estuviera hablando como yo y tuve la intención de enterarme de si este jóven señor al que conozco hace años pudiera resultar, como ocurre con el caso de los Kloswski, un verdadero hermano por parte de madre casquivana. En el caso de los hermanos polacos, la evidencia me llegó a través de una foto y ahora, en el caso de Javier Pradera, esa evidencia proviene directamente de su rechazo general, que aflora por debajo del uso incidental que hace de ellos, de los estos dos conceptos: liderazgo y sentido común.

No es por esa foto que nunca he enseñado, sino que lo que me hace decubrir el “parentesco” es, en este caso, el vago recuerdo de que yo he hablado de esas dos caracterí­sticas o propiedades de las personas en sociedad con el mismo desprecio y la misma desesperanza.

Sobre el liderazgo he escrito en este blog no hace tanto tiempo con la misma intención polí­tica que Pradera aprovechando la ocasión para introducir algunas novedades sobre un artí­culo bien antiguo que publiqué en la Actualidad Económica en el que pretndí­a ser más ambicioso y menos coyuntural. De estas dos piececitas quiero ahora recordar un par de asuntos que vienen a cuento.

No me gusta el liderazgo. Me parece que responde a una noción anticua del hombre solitario que sólo tiene porvenir cuando éste entronca su peripecia vital con la épica de una causa o de un movimiento colectivo, como ocurrió en los tiempos de la frontera, en los que el jinete solitario deja de rumiar su frustración y echa una mano, rematada por un colt, a la colonización civilizatoria del oeste americano. Es quizá este mundo poético el que mejor nos permite captar la decadencia del lí­der-héroe. El vaquero descabalgado para ayudar al débil sólo alcanza su grandeza poética cuando vuelve a su soledad cabalgando hacia el horizonte a pesar de la llamada reiterada que le grita vuelve Shane, vuelve. Desde ese momento preciso, al final de Raí­ces Profundas, los lí­deres sólo lo son cuando renuncian a ejercer como tales.a de la organización que se asocia a la jerarquí­a como algo indispensable para esa organización y, tangencialmente, a una obvia nostalgia de los conducators de este mundo.

Y en cuanto a las jerarquí­as como expresión de la necesidad de coordinación ya escribí­ en el BIAM que cuanto más global se hace el mundo y mayor deviene una organización que se globaliza, menos centralizada necesita ser la coordinación entre distintas de esta organización y más podemos confiar en la coordinación horizontal y espontánea.

En cuanto al sentido común, no es que, como aquel general ante la palabra cultura eche mano a la pistola, pero cuando oigo hablar de sentido común salgo corriendo al aire libre para que se me refresquen las ideas. También escribí­ sobre este horror. Era un artí­culo que solo apareció en esta página web y que estaba escrito con las tripas. También merece algunos recordatorios.

Con relación al liberalismo económico, y a pesar de la sabidurí­a de Adam Smith, parece que el sentido común no ha llegado a captar algunas verdades sino todo lo contrario. En efecto, la planificación central parece de sentido común porque, en el peor de los casos, siempre puede imitar al mercado; parecerí­a también de sentido común cerrar las fronteras si el comercio internacional nos hace perder oro; y parece hoy a la mayorí­a de la gente como algo de sentido común proteger la propiedad intelectual.

Hace tiempo que aprendimos, sin embargo, que el planificador central nunca imitará al mercado porque no puede por falta de información o porque no le dejan quienes le han capturado. Todaví­a hace más tiempo que sabemos que el mercantilismo era una falacia y que la apertura del comercio es buena incluso si se hace de manera unilateral. Y hoy estamos empezando a entender que la protección de la propiedad intelectual tiene lí­mites más allá de los cuales es un barrera objetiva a la innovación.

O sea que termino sin ceder ni un milí­metro. Recelemos del sentido común aunque fuera un pilar de la Common Law (cosa que no veo clara porque los jueces pueden ser tan torpes como los codificadores) y pensemos siempre a la contra, como cuando ante una pendiente cubierta de nieve nos lanzamos al abismo sobre los skies sin inclinarnos hacia la pared, que es lo que nos pedirí­a un sentido común disfrazado de sentido de la supervivencia

En resumidas cuentas que tengo que hablar con Javier y enterarme de esos detalles que las familias guardan bajo siete llaves y siempre sujetas a la conspiración del silencio. Estoy seguro que me ayudará a explorara nuestra relación mutua y la de ambos con los Klosowski.

Acción popular

Ayer Botí­n, hoy Atutxa y mañana Patxi López y el Lehendakari Ibarretxe. Los cuatro están enredados con la justicia en proceos en los que el fiscal no ve delito, en los que no hay acusación particular por parte de alguien que se sienta perjudicado y en los que solo acusa la llamada acusación poular. En el caso de Botí­n la correspondiente sala de la Audiencia entendió que esta última no bastaba y san se acabó. No así­ en el caso de Atutxa ya que el Tribunal Supremo le condena en la sentencia sobre el recurso interpuesto solamente por la acusación popular ante la sentencia absolutoria del Tribunal Superior de Justicia del Paí­s Vasco. Esta segunda interpretación era defendida vehementemente por el Gimbernat penalista en el periódico El Mundo. Tendrá razón pero ¿qué quieren que les diga? a mí­ me parece un linchamiento, no un adelanto del procedimiento penal.

Sabiduría de Taxi

Tomo el taxi en Las Arenas para ir a Bilbao. El taxista tiene la COPE conectada y escuchamos los comentarios mañaneros sobre el affaire Gallardón.

Como respuesta a sus comentarios inteligentes yo digo, más bien por cortesí­a, “vaya usted a saber lo que hay por debajo”. Con tono irritado me replica con tono de generalidad y conteneido posmodernista que “hay lo que se ve” ante lo que yo, obviamente, no tengo nada que añadir. Pero en la misma emisora comienzan los comentarios económicos y este taxista culto me dice que “en esto sí­ que hay algo por debajo”, como si en esto de la economí­a no nos pudiéramos pwrmitir frivolidades.

A mi me suena a contradicción; pero me callo y refexiono mentras él cambia a la SER explicándome que él oye todo y nadie es capaz de engañarle. Créanme que le creo, este hombre sabe de lo que habla.

Pero mi reflexión silenciosa me lleva por caminos insospechados y empiezo a pensar en toda esta gente que cree saber lo que pasa por debajo de lo que se ve. O bien se trata de los teóricos puros impregnados de la filosofí­a de la sospecha, o bien de personas que adolecen de ese sesgo psicológico que te lleva a apostar siempre en contra de tu deseo como forma de cobertura: o bien ocurre lo que deseas o, al menos, has acertado y puedes hacerte con una reputación de profeta.

Pequeñas elucubraciones en un taxi que nunca hubieran ocurrido en Madrid pues los taxistas madrileños están apuntados a una emisora, la que sea, y nunca dudan de las opiniones que escuchan.

Atonement

No he leí­do Atonement de Ian Mac Ewan aunque, como el libro de Coetze del que hablaba hace unos dí­as en un minipost, Diary of a bad year, ha seguido su camino secreto por los vericuetos de mi casa. Pero acabo de ver la pelí­cula (Atonement) y mis quejas se refieren justamente a algo que está en la novela.

No me quejo de la hollywoodiense retirada de Dunkerke recreada con la precisión a la que el cine británico nos tiene acostumbrados. Es más de la tercera parte de la pelí­cula y aburre a las ovejas por lo previsible que resulta. Tampoco dejo de admirar ciertos manierismos expositivos con vueltas atrás de la cámara y otras mañas interesantes. Debo confesar que estoy un poco aburrido de la obsesión británica con la versión doméstica de la lucha de clases. Bien sabido es que la sociedad británica es muy clasista; pero es ciertamente pesado que siempre tengamos que ver con unción las terribles tribulaciones que acarrea a los protagonistas el amor interclasista entre la señorita y el hijo del ama de llaves.

Pero no encuentro nada en el relato de lo que la jóven escritora tenga que arrepentirse ni por lo que deba sentir culpa y deba expiar. Se me hace inverosimil lo que parece ser el eje de la narración. Ocurre que un ataque de celos adolescentes desencadena unos acontecimientos terribles en la medida que la frustración amorosa puede ser terrible y no un tanto risible.

Para el espectador esos acontecimientos resultan estúpidos e increí­bles a la luz de lo que se ve pues lo que se ve, en relación a una violación, es una muestra de la estupidez de la policí­a inglesa. Quizá nos quieren hacer creer que también la policí­a y la subsiguiente justicia están condicionadas por la clase social. Esta declaración no hubiera estado mal; pero no es este el camino que escritor de la novela o el director de la pelí­cula parecen haber elegido.

En consecuencia más que un drama, la presunta tragedia de los dos amantes se me aparece como una tonterí­a, máxime cuando su destino hubiera sido el mismo con o sin delación de la precoz escritora.

Por eso la aparición final de Vanessa Redgrave, aunque emiciona al espectador que, como yo, le ha sido fiel desde Blow-up al menos, pero lo hace por razones inadecuadas. Emociona la excelencia de su actuación; pero es casi un delito que esta aparición no sea más que un toque efectista que, en ningún caso se hace imprescindible y sigue sin justificar la culpa de esta mujer que se atormenta, yo dirí­a, por el placer de hacerlo.

Vayan a verla y disfruten de esos jardines ingleses de interminables parterres y de la espalda de su protagonista femenina en su traje de noche verde. Pero no se les ocurra comparar esta muestra tramposa de cine de calidad con The Go-between, una obra maestra de Joseph Losey quien, con los mismos elementos localistas, desmenuza un mito de nuestro tiempo.

El G-8

Era previsible. El viernes de la semana pasada los ministros de economí­a de Reino Unido, Francia, Italia y Alemania, junto con el Comisario Almunia, tuvieron una primera toma de contacto para analizar la situación económica. Mostraron, como era de esperar, una actitud prudente entre tranquilizadora y alerta y decidieron volverse a reunir la próxima semana, es decir esta en la que estamos, para urdir algún esquema que lleve, espero, a una mayor información sobre la situación real de la banca mundial. Preguntado el Presidente Zapatero sobre la ausencia española de este foro selecto, contestó correctamente que era normal que se reunieran los cuatro miembros europeos de G-8. Yo creo escuchar por debajo de esa contestación el murmullo del deso genuino, y perfectamente coherente con nuestra situación económica, de pertenecer a ese club ahora que hemos sobrepasado a Canadá en PIB y a Italia en PIB per capita medido según la PPP. ¿ Tiene el Presidente un plan para conseguirlo?

Pizarro

El rebote de Gallardón ante la negativa de Rajoy a colocarle en las listas por Madrid, ha ocultado el movimiento, más significativo, de nombrar al último afiliado del PP, Manuel Pizarro, como número dos por Madrid y su posible utilización como gurú económico del citado partido en estos tiempos de turbulencia, segun tenemos que oir todos los dí­as.

Como lanzamiento al ruedo político de esta figura nos han regalado su biografí­a, lo que me exime de hablar largo y tendido de ella. De lo que quiero hablar es de la idoneidad de esa biografí­a profesional para dirigir la polí­tica económica de España desde cualquiera responsabilidad que tuviera que asumir en caso de que el PP llegue a gobernar a partir del 9 de marzo.

Le oí­ a él mismo en TV adornarse con sus dos oposiciones, la de Abogado del Estado y la de Agente de Bolsa que hoy te convierte en Notario. Sabe, por lo tanto, todas las triquiñuelas jurí­dicas aunque esto no le convierte en jurista de prestigio y, al igual que su jefe Rajoy que es Registrador de la Propiedad, es un hombre que da fé de lo que pasa sin entrar en el juicio de lo corecto o incorecto de eso que pasa. Sospecho que quien da fé tiende a no ensuciarse las manos y, por lo tanto, pienso que, si ese fuera el caso de Pizarro, deberí­ ­amos preocuparnos porque no creo que se puede actuar en polí­tica sin estar dispuesto a renunciar a la pureza en favor de la eficacia.

¿Es alguien así­ ­ adecuado para la polí­ ­tica? Igual sí­ ­, pero yo lo dudo por una razón, muy tonta si se quiere, pero que la experiencia me ha ratificado como vá ¡lidad una y otra vez. Los opositores en general se conocen los temas pero no conocen profundamente el porqué de lo que recitan. Te lanzan el tema 17 venga o no venga a cuento y te lo recitan de pe a pa porque así­ estaba en el temario sin pensar que, para el caso relevante del momento, igual bastaba con la mitad de ese tema o igual era necesario adobar esa mitad del 17 con parte del 43.

Pero Pizarro es mucho más que un opositor. Desde su posición de Agente de Bolsa llegóa presidir la Bolsa de Madrid, una función un tanto corporativa pero que va acercando a nuestro personaje a la capacidad de tomar decisiones y a ser un hombre de acción. Nada tengo que destacar de ese perí­odo porque no lo recuerdo muy bien, pero no me extrañarí­a que, en ese tiempo, Pizarro hubiera estado involucardo en la reforma del mercado de valores español que nos puso al dí­a y que coinció en el tiempo, más o menos, con el verdadero despegue económico español a rebufo de la extarordinaria acumulación de capital que experimenta la capital, Madrid, y de la que son artí­ ­fices, como siempre, los periféricos que llegan al centro con ganas de comérselo a bocados.

Se dice de él que, junto con amigos de profesión, igualmente periféricos, apoyaron a Aznar desde muy temprano en su carrera poí­ ­tica y que siempre han tenido influencia sobre el pensamiento económico del ex-presidente del gobierno de España. Ocupan hoy todos ellos puestos relevantes en el mundo empresarial lo que demuestra su capacidad de trabajo y posiblemente su buen juicio y su adapatación a los acidentes del terreno.

Quizá debido a esto Manuel Pizarro llegó, desde la Presidencia de Ibercaja, a ser Presidente de la CECA (Confederación Española de Cajas de Ahorros). Es como tal que yo tuve el gusto de conocerle en una sesión del Consejo Editorial de Expansión y Actualidad Económica y quedé realmente asombrado de su inteligente y simpático populismo. La razón de ser de las cajas o su futura regulación o su transformación hacia una forma de actuar más acorde con la lógica del mercado, recibió por su parte una contestación acorde con su responsabilidad del momento, pero que iba más allá de lo exigible como tal y entraba en una defensa épica de su papel que nos dejó a todos atónitos por su energí­a y su aparente sinceridad. Necesité dos o tres dí­ ­as para encontrar los puntos débiles de aquella argumentación lucidí­sima. No solo era el opositor brillante, sino también el militante del bienestar de ese pueblo al que se debí­a, según él, una dedicación seria y responsable que el mercado no sabrí­a darle y que él, Pizarro, estaba dispuesto a proporcionarle desde las Cajas de Ahorro.

Como se comprenderá esto despertó mis recelos pues no habí­ ­a en su discurso ni un guiño hacia las posibilidades realmente mágicas del mercado. El Abogado del Estado como servidor de ese Estado no podí­a ocultar sus proclividades intevencionistas. No me ha extrañaado nada por lo tanto ni que esté dispuesto a “sudar la camiseta” ni que quiera intervenir inmediatamente en la polí­tica fiscal diciendo que “donde mejor está el dinero es en los bolsillos de los ciudadanos”. Encomiable reflexión que, aunque coincide con la Bush, o quizá por eso, hay que meditar un tanto, especialmente cuando no nos dice en donde está el exceso de gasto o cómo matendrí­amos el sagrardo superavit presupuestario con menores tipos impositivos. Se puede hacer, pero se necesita un cambio fiscal radical como, por ejemplo, el propuesto en su dí­a por Miguel Sebastián y no se puede esperar que esos recortitos mal especificados surtan efecto como por arte de magia ante la situación actual que sigue sin ser diagnosticada con un poco de seriedad y sobre la que todaví­a no ha dicho ni mu nuestro wunder kind.

Me gustarí­a ahora finalmente entrar a considerar la idoneidad de Pizarro, no la personal, sino la derivada de su experiencia profesional, para lidiar contra esa recesión e incluso crisis con la que nos amenazan los dirigentes del PP un dí­a sí­ y otro también corriendo el peligro de que, por exagerar, no les creamos cuando debier ­amos efectivamente pensar sobre ello, tal como he pretendido estos últimos dí­as, preguntándonos de qué hablamos, qué pasa y qué hacer en relación a la situación económica presente.

Para ello lo mejor es repasar la actuación de Pizarro en el asunto de la OPA sobre ENDESA, sin necesidad de subrayar la forma populista en la que sacó a relucir su formación jurí­ ­dica enarbolando la constitución en un formato tan pequeñito que él,también menudo, parecí­ ­a un maestro de madrasa afgano blandiendo el Koran o, todaví­ ­a peor, un prochino de mi juventud arguyendo acaloradamente con el libro rojo de Mao sustituyendo a una buena razón.

No es esto, sin embargo, lo importante. Lo que tenemos que recordar es porqué hubo una OPA y cómo parece que Pizarro supo conseguir para los accionistas un mayor precio que el ofrecido por el primer opante. Déjenme recordar lo que resumí­ en su momento en un seguno artí­ ­culo sobre el asunto que habí­a sido precedido por uno más analí­ ­tico:

Recordemos mi opinión al respecto. Incidí­a en que nos estábamos olvidando de que, si las cosas habí­an llegado a un punto en el que la acción haí­ ­a casi triplicado su valor, deberí­a estar claro que la gestión habí­a sido mala. Es conveniente no olvidar este punto para no entronizar al presidente de Endesa como un gran aportador de valor a los accionistas. Lo ha conseguido; pero solo vendiendo la compañí­ ­a por su verdadero valor, el que él no supo sacarle y eso después de un año de, supongo, no prestar mucha atención a la gestión efeciente de la producción de kilowatios.

Me ha parecido oportuno recordar ese recordatorio pues creo que sigue siendo adecuado para imaginar lo que, con esta actitud, Pizarro harí­ ­a por España. Venderí­ ­a España by the pound ( por recordar una expresión de The Who o quizás de Pink Floyd) y seguirí­ ­amos con ua ridí­cula productividad. Serí­a luego alguien como los Entrecanales los que tendrí­an que arreglar los problemas internos para sostener el falso oropel con que se habí­ ­a disfrazado la compañí­ ­a. No es la persona adecuada para enfrentar los verdaderos problemas económicos de España más allá de la coyuntura. Pizarro no sabe, creo yo, transformar los ladrillos en ordenadores y los camareros en cientí­ficos o, si lo sabe no lo ha demostrado en su prática empresarial última.

Esto es lo que pienso de Manuel Pizarro. Por lo demás, si ha hecho mucho dinero, no me queda más que felicitarle y decirle que lo disfrute, que son dos dí­as.